Hoy tampoco puedo. Tengo show. El síndrome de las cuatro paredes

Por Alejandra Bejarano*

Lobby call a las 5:40. Seis en la van, tres horas de carretera, cero palabras.

Esperar el vuelo. Esperar el load-in. Esperar al artista. Esperar el load-out. Esperar el bus. Una espera encima de otra, y ninguna termina antes de que arranque la siguiente.

Nadie te cuenta esto cuando entras al medio: el show dura dos horas y lo demás es esperar. Esperar en un pasillo sin silla. Esperar en el andén de carga con el sol de frente. Esperar a que el promotor confirme, a que llegue el equipo, a que el recinto abra la puerta. Y esperar cansa distinto: estás quieto, pero no descansas, porque en cualquier momento te llaman.

Y mientras esperas, la vida de afuera sigue en el teléfono: el grupo de la familia, la foto de la comida del domingo, el mensaje que contestas a medias porque ya te están llamando a escenario. Haz la cuenta de lo que te perdiste este año. La boda de tu prima. La comida del domingo. El cumpleaños que celebraste por videollamada desde un camerino. Los shows caen en fin de semana porque es cuando la gente está libre y es justo cuando la gente tiene tiempo de encontrarse, festejar y demás. Desde que firmas la gira, tu trabajo y tu vida corren en sentidos opuestos.

El show dura dos horas; todo lo demás es esperar. Y esperar cansa distinto: estás quieto, pero nunca descansas, porque en cualquier momento te llaman.

Cuatro paredes

Le pasa al de monitores, al runner, a la de vestuario, al tour manager y al artista. En una gira nadie es dueño del calendario. Cada quien lo carga a su modo.

Después del show viene la parte que nadie ve. Load-out, cargar el camión, regresar al hotel a las dos de la mañana con la adrenalina todavía arriba. A veces hay chance de dormir, otras muchas solo un par de horas para el siguiente llamado y el siguiente transporte. Porque después de un show casi siempre viene otro: a menos que sea domingo, en unas horas es el lobby call para el siguiente foro.

Cuatro paredes de hotel. Cuatro de camerino. Cuatro de van. Cuatro de sala de espera. El cuarto es tuyo ocho horas, si bien te va, la ciudad, una noche. Pasas el día rodeado de gente, y a las tres de la mañana, con el catering frío en la mano, estás solo.

Ninguna de esas paredes es tuya. En el hotel, si es que tocó, no cocinas, no eliges la almohada, no dejas nada fuera de la maleta. En el recinto tienes un rincón entre estuches y cables. Y en cada ciudad repites la misma pregunta al despertar: “¿dónde estoy hoy?”.

Y desde afuera se ve increíble. Otra ciudad, otro escenario, la foto con miles de luces atrás. Y sí, hay momentos increíbles. Pero lo que sale en las historias es el show; las cuatro paredes son todo lo demás.

Aquí se aguanta

En este medio, aguantar es casi parte del gafete. Te enseñan a resolver con lo que hay, a dormir donde caigas y a no hacer drama. Y todos conocen la regla, aunque nadie la escriba: el show tiene que salir, y lo demás es lo de menos.

Y luego está la obligación de ser el fuerte. Todos necesitan algo de ti, esperan algo de ti, dependen de ti. Casi nadie te pregunta en serio cómo estás. Así que aprendes a poner buena cara, seguir funcionando y resolver.

¿Y a quién le dices: “estoy cansado”? ¿Al de al lado, que lleva las mismas horas que tú, el mismo café recalentado y las mismas ganas de llegar a su casa?

Y ahí está la trampa de las cuatro paredes: estás rodeado de personas que viven exactamente lo mismo que tú y nadie lo dice. El de luces piensa que es el único que extraña a sus hijos, a la novia, a los amigos, a su perro. La de producción piensa que es la única que ya no duerme bien y tiene ataques de ansiedad, el runner piensa que así es esto y mejor ni quejarse, porque hay diez esperando su lugar.

Tres de cada cuatro. Esa es la proporción de profesionales de touring que dicen que la gira les ha tensado sus relaciones personales, según un estudio con más de 1,400 personas de la industria*. Si te ha pasado, estás en la mayoría. Y lo que vive la mayoría merece dejar de cargarse a solas.

Y sí: la gira es movimiento, y el movimiento implica ausencia. Mientras un show tenga que ir de una ciudad a otra, hay cosas que difícilmente van a cambiar. Aceptar eso es parte del oficio. Lo que sí podemos hacer es mirar de frente lo que la gira nos está costando, y cuidar lo que sí está en nuestras manos.

Lo que podrías hacer…

Para ti, que estás de gira:

Elige una sola rutina que viaje contigo. La llamada de las diez, el audio de buenas noches, el café por videollamada antes del sound:check. Una. Que no dependa de la ciudad ni del horario del show. Cuando todo cambia, esa se queda.

Deja acordado antes de salir cómo y cuándo se van a hablar. Ponerse de acuerdo desde casa evita que cada llamada empiece con un reclamo o termine con un pendiente.

Para ti, que tienes gente a cargo:

El descanso, la seguridad y un lugar digno donde estar, también van en el rider.

Así como se revisa que el camerino tenga lo que pide el artista, revisa que tu crew tenga horas reales de descanso entre el load-out y el siguiente lobby call, un lugar para comer sentado y condiciones seguras para trabajar en altura, con carga y con corriente. Ningún show sale bien con un crew agotado.

La próxima vez que vibre un teléfono en la van y nadie levante la vista, mira alrededor. Todos los que van ahí cargan lo mismo, cada uno callado. A veces basta con que alguien pregunte: “¿y tú cómo vas?”.

Si la gira ha tensado tus relaciones personales, no estás solo. Lo que vive la mayoría merece dejar de cargarse en silencio y empezar a hablarse.

Hoy tampoco puedes, tienes show. Pero de esto sí podemos empezar a hablar.

Cuéntanos: ¿qué rutina te salva en gira? ¿Qué te has perdido por un show?

En diciembre: volver a casa. Regresar de gira toma muchísimo más tiempo del que se habla, y merece su propia columna. Si tienes una historia de regreso, mándanosla.

Sobre esta columna: Cada mes, sound:check Magazine abre espacio para hablar de lo que pasa detrás del show: lo técnico y lo humano. Si tienes una historia, un dato o una pregunta, escríbenos.

*Fuente: Newman, C., Borer, Z., et al. “Mental Health Issues Among International Touring Professionals in the Music Industry”. Journal of Psychiatric Research (enero 2022).

* Construye comunidad, herramientas y bienestar para el crew del espectáculo en vivo en México. Tiene formación en pedagogía y viene del acompañamiento a quienes cuidan y educan. Hoy pone esa mirada detrás del escenario: audio, luces, producción, rigging y todos los oficios que sostienen el show sin aparecer en la foto.