Audiosincrasias: el regreso

Por Alejandro García*

Corría el año mil novecientos noventa y tantos cuando obtuve mi propia columna en sound:check Magazine, llamada “Audiosincrasias”. Ahora, más de veinte años después, vuelvo a casa. Regreso con nuevos bríos, con el entusiasmo de un veinteañero y con un bagaje suficiente como para tener algo que compartir.

Mi trayectoria dentro de la industria del audio y la música me ha llevado por caminos diversos, como tocar en conciertos para más de 40 mil personas, componer y producir música para series de televisión, películas y jingles, mezclar en vivo musicales, realizar diseño sonoro para teatro de cámara, musicales y eventos corporativos, y hasta llegar al lugar donde hoy me encuentro: la postproducción de audio.

En la postproducción de audio, detrás de cada sonido hay una decisión y un propósito: contar mejor la historia, generar una emoción y encontrar, en el proceso, alguna que otra audiosincrasia.

A simple vista, la post es la menos glamorosa o atractiva para la mayoría que buscan la fama convirtiéndose en ese quinto Beatle, pero créanme que, con la madurez, uno entiende el peso específico de cada rubro en esta complicada y a veces frustrante industria. Sin embargo, vale cada maldito y glorioso segundo.

La post de audio es un mundo que maneja su lenguaje aparte, que posee flujos propios, que tiene tiempos distintos y que, aunque comparte herramientas similares a las demás ramas, habita un entorno distinto. Es como viajar; lo puedes hacer por mar, por tierra o por aire. Ojo: esto no quiere decir que la post sea mejor o peor, solamente es distinta. A veces es vista como aburrida al compararse con estar en la consola de FOH (Front Of House, por sus siglas en inglés: consola de sala en español), en medio de 5 mil personas desbordando una energía imposible de ignorar, que te invade y transforma en otro espectador más.

El propósito de esta columna es llegar a los que comienzan, a los que tienen dudas, a los que tienen la pasión, pero les falta dirección, a los que solo piden una indicación del camino a seguir, alguna experiencia real compartida honestamente. No obstante, cualquier luz en la oscuridad ayuda a medio-vislumbrar el laberinto.

Empecemos, pues, este periplo:

El primer contacto

Antes de abrir tu estación de trabajo de audio digital (DAW por sus siglas en inglés: Digital Audio Workstation), el proyecto empieza con comunicación humana (al menos, todavía). Esta es la habilidad que necesitas al trabajar en equipo. Es lo que, en inglés, llaman soft skill, y sin este talento, lo demás no vale tanto. No llaman al ninja del Pro Tools por sus habilidades técnicas solamente; buscan al que “saque la chamba”, pero que sepa comunicarse de manera simple, amable, cortés…sobre todo, una persona no conflictiva.

No sabemos con quién tendremos ese primer contacto —depende del tipo de proyecto—. En publicidad tiene variantes, porque no es lo mismo un spot TVC (Television Commercial por sus siglas en inglés) que uno de radio. En mi experiencia, ese contacto es con el post productor de la casa productora, quien funciona como puente entre la agencia, el cliente, el editor de video y los distintos departamentos involucrados. Coordina necesidades, calendarios, revisiones, especificaciones y entregables; en pocas palabras, procura que lleguemos bien y a tiempo.

Otro elemento que a veces entra en juego cuando es un TVC es el editor de video. Él es quien cuenta la historia y ensambla todo en algún programa de edición no lineal (NLE por sus siglas en inglé: Non Linear Editor). Muchas veces, los editores entienden bastante de audio, aunque no siempre es así; ahí es cuando las habilidades de comunicación deben tender puentes, no dinamitarlos.

Las habilidades técnicas pueden abrir muchas puertas, pero son la comunicación, la cooperación y la capacidad de tender puentes las que permiten que un proyecto llegue a buen término.

Kit para post de audio

En algún momento, nos harán llegar el material para poder empezar a trabajar. Este kit incluye:

  • AAF (Advanced Authoring Format; en español, “Formato de Autoría Avanzado”) u OMF (Open Media Framework, o sea, “Marco de Medios Abierto”).
  • Estos son archivos de intercambio estándar, que sirven para transferir sesiones de audio multipista, cortes, posicionamiento temporal y metadatos, desde un NLE a un DAW.
  • Una diferencia entre el AAF y el OMF es que este tiene un límite de 2 GB cuando los audios van incrustados (embedded) en el propio .omf, mientras que el AAF, dependiendo del NLE, tiene más capacidad de metadatos, como automatizaciones, escena, toma, código de tiempo (time code)… y respeta los nombres de los canales que el editor escogió.
  • En algunos NLEs se pueden consolidar efectos de audio que el editor haya utilizado. Si bien nos pueden servir como referencia de la idea que esperan, preferimos el audio sin procesos.
  • Por más que el AAF sea el estándar de la industria, no nos espantemos si en algún proyecto nos mandan un viejo y querido OMF.

Video de referencia del corte con audio (mixdown de referencia)

  • A este video también se le conoce como “testigo”. Idealmente, el video lleva un 2-pop, que es un tono de referencia de 1kHz de un cuadro de duración y que suele estar 2 segundos antes del FFOA (First Frame Of Action; es decir, el primer cuadro de acción) o del inicio definido del programa. Este nos ayuda a comprobar el 2-pop dentro del AAF/OMF, contra el 2-pop en el video de referencia, y sirve como punto común de sincronización entre imagen y audio. Sin embargo, no siempre vendrá este 2-pop, y eso no quiere decir que esté mal. 

Este kit lo prepara el editor de video. Si hay algo que no funciona correctamente, es cuando entramos en contacto con él. Recordemos que lo importante es generar un ambiente de cooperación. Somos del mismo equipo y si creamos una buena relación profesional, todo fluye mejor.

Revisar el material

Es vital que revisemos que el kit está completo y que “jala” bien, y hacerlo lo más pronto posible, porque si hay algo mal o falta, lo podremos detectar rápido y el editor tendrá tiempo para corregir. Los tiempos hacen la diferencia entre trabajar a gusto o en un barco en llamas.

Quiero compartir mi experiencia y el flujo de trabajo que a mí me acomoda. Por supuesto, cada quien tiene sus preferencias; hay más de una manera de pelar un pollo. Igualmente, tratemos de, por el bien de nuestro ritmo de trabajo, ejercer buenas prácticas e intentar estar dentro del estándar. Nunca sabemos si el proyecto terminará en manos de algún colega.

Mi forma de revisar el material es la siguiente:

  1. Abro mi template (si no tienen uno, ¡háganlo ya!).
  2. Sobre mi template, importo el video con su respectivo mixdown. Al revisar sobre una sesión que ya tiene todo, gano tiempo.
  3. Verifico que el audio del video coincida y tenga sincronía.
  4. Importo el AAF/OMF y reviso que no falte nada.
  5. Una vez que tengo importados los canales en mi sesión, los agrupo para, ahora sí, verificar que el audio de la “ref” coincida con los audios del AAF/OMF, y si hay un 2-pop, ver que haga sync.
  6. Si todo está bien, podemos movernos al siguiente paso, donde comienza lo interesante, la tierra del audio, donde detrás de cada sonido hay siempre una decisión, un propósito y, por qué no, alguna que otra audiosincrasia.

Continuaremos con estos temas en las siguientes ediciones. ¡Hasta la próxima!