Antihéroe. Cuando Bruno era niño, la serie de televisión El Zorro era muy popular. El borrachín y gordinflón Sargento García era un torpe enemigo para el invencible paladín encapotado. A Bruno le pareció gracioso adoptar ese nombre: “si todo mundo quería ser El Zorro”, explica de entrada, “yo sería el Sargento García. Creo que él es un verdadero hombre del pueblo”.

Francés global. Bruno nació en un pequeño pueblo cerca de la frontera con Suiza, con conexiones familiares que van desde el País Vasco hasta Argelia. De joven vivió en Bilbao y empezó a tocar el bajo a los catorce años. Gustaba de los Ramones y The Clash. En 1984 volvió a Francia para formar Ludwig von 88, un popular grupo punk con quienes grabó diez discos, pero con el tiempo se volvió fan del reggae. Durante los años noventa, la música latina y el hip hop se volvieron su proyecto paralelo, en el que empezó a usar el nombre artístico de Sargento García.

Inventor del salsamuffin
Con motivo del lanzamiento de Una y otra vez, sexto álbum de Sargento García en su nueva etapa, se hizo necesaria la conversación con el compositor, para escuchar de viva voz sus procesos creativos. Comenzamos.

 
 
¿Cómo se hizo la grabación del nuevo disco?
“Empecé en mi casa de Valencia (España), donde grabo siempre. Ya tenía un material que me permitió hacer buenas bases. Mis guitarras las pude grabar aquí tranquilamente y hacer el esqueleto de los temas. Me gusta buscar, porque lo que haces como maqueta, es un momento en la vida. Lo interesante es que hoy los demos pueden ser definitivos. No tengo un gran estudio, pero es un buen lugar”.

¿Con qué sistema empezaste a trabajar?
“Generalmente grabo con Logic 8, en una computadora Mac, y para este disco, a partir de ahí, trabajé con algunos teclados viejos, como el Mini Moog; o no tan viejos, como el Nord Lead. También eché mano de mi guitarra Godin, ya que soy más guitarrista que pianista. Me gusta hacer los arreglos con guitarra, y también tengo algunos buenos micrófonos”.

¿Dónde produjiste las bases?
“Fui a París, donde tengo a los músicos que me acompañan desde el principio; ahí está el cuartel del Sargento. Fui a un estudio que se llama Soyuz, con el ingeniero Cyril Reptile Noton. Es muy interesante: tiene tres cabinas donde podemos hacer grabación de toda la base rítmica al mismo tiempo, con la batería en una cabina, percusión en otra; teclado, bajo y guitarra en la sala de control. Es lo que quiero, para conservar una forma más antigua de hacer las cosas”.

Pero también grabaste en los Estudios Audio Naranja, de Colombia, ¿no es así? Háblanos sobre los músicos que invitaste. Hay unos muy jóvenes. ¿Qué aprendiste de ellos?
“Siempre se aprende mucho. He estado yendo a Colombia desde hace cuatro años y poco a poco he ido conociendo a más músicos. Esos jóvenes están manteniendo la cultura tradicional y yo, a mi tiempo, la estoy llevándo a sonidos más modernos. Creo que aprendemos todos: por mi parte, tengo más experiencia en la producción, además de cuestiones tradicionales que no conozco porque no soy colombiano”.

“Por otro lado, la mezcla la hicimos en un pequeño estudio a las afueras de París, en casa del mismo  Cyril. Aunque no es un estudio de grandes dimensiones, es un cuarto que él conoce perfectamente y tiene buen equipo, con el que llegamos a lograr el sonido adecuado”.

Eso es importante mencionar: un estudio no necesariamente debe de tener una gran cantidad de equipo para encontrar lo que cada grupo quiere y necesita.
“Claro. Primero que todo, las tomas son muy importantes. La base es la misma y también el tiempo. En un estudio grande existen limitaciones de tiempo, pero en casa de Cyril teníamos tiempo de volver a hacer algún tema, hacer pruebas con diferentes tipos de sonido y modificar las mezclas que no nos gustaban. Tardamos un mes en mezclar los quince temas.

“Para este disco he querido tomármelo con mucha calma. Ya no tenía la inquietud que hay en las disqueras grandes, que deben salir en fechas rígidas. Me dije: ‘voy a hacerlo; pero a mi ritmo’. Y las cosas han venido tranquilamente. Me la pasé muy bien, grabando y mezclando”.

 
 
Ya habías lanzado cuatro discos con una de estas disqueras grandes, pero quisiéramos saber acerca de tu experiencia al regresar con una firma independiente. ¿Cómo lo decidiste?
“Hace muchos años, cuando estaba en esta disquera, trabajaba a todo lo que da la vida y al final, cuando empecé a grabar Máscaras, me pareció que ya era poco para lo que quería, porque no había mucho espacio para un artista como yo, que tiene proyectos de grabar en cuatro países. Me pareció más inteligente montar el proyecto de una manera independiente: tener a la gente concentrada, organizando nuestros tiempos y trabajo. Es más fácil; porque tengo recursos económicos y eso nos permite trabajar en nuestro proyecto”.

“Una y otra vez se co-produjo con el sello Cumbancha, que saca el disco en diferentes países. Ellos tienen experiencia, porque vienen de Putumayo Records. Son gente que conoce mi trabajo. Es muy importante que confíen en ti, que entiendan que en estos proyectos locos hay mucha música, arte, cosas interesantes y músicos invitados. Me pareció importante, al momento de quedar con quién íbamos a sacar el disco, que fuera un socio y no solamente el gerente de una disquera”.

¡Pura vida! Seis grabaciones después, la orden sigue siendo bailar. La mezcla de hip hop y salsa hicieron del Sargento García un ídolo de masas. Esas arengas provocativas que Bruno canta, son la poesía del cuerpo. Las presentaciones, divertidas y sensuales, por fin le han mostrado a aquellos europeos estirados que corren peligro de volverse una cultura atrasada si dejan de mover sus caderas una y otra vez.
Redacción: Víctor Baldovinos