Tradición oral. En un mundo saturado de información, es difícil hacerse escuchar sin una buena melodía. Es la opción con la que los bienes entran por los oídos y conquistan el alma. Siempre habrá un modo de dejar claro el mensaje. Existen comerciales que viven en el refranero popular de la memoria colectiva, marcando el paso de una época a otra.

A soñar despiertos. En México, pocos son los creativos que mantienen una carrera ascendente en medio de esta selva. Uno de ellos es el equipo de Prado Sur Audio, cuatro estudios empeñados en diseñar fantasías y darles nombre. Al frente de estos encantadores de públicos contamos a Rodrigo Barberá Durón, un cazador de ideas que utiliza la música y el sonido para hipnotizar a la multitud, igual que aquel flautista mágico. Y sí, son los autores del legendario spot Cielito Lindo, producido para un reconocido banco mexicano.

 
  Suena milagroso. Rodrigo proviene de una familia de músicos clásicos: abuela, maestra de piano en el Conservatorio Nacional, madre, concertista de clavecín y un abuelo, director del Coro de Bellas Artes. Para Rodrigo, Johann Sebastian Bach y Franz Schubert fueron de niño sus Cri Cri. Acudió al Colegio Madrid y tomó clases de piano desde muy pequeño, terminando la carrera en la Escuela Nacional de Música. Aprendió a tocar jazz con Enrique Neri, tomó talleres de música en Cuba y en el Conservatorio de Rotterdam,Holanda, el Berklee College of Music europeo y fue becario en 1998 del FONCA.

Formó parte de bandas de Rock, Pop y Jazz, pero no resultó muy rentable y decidió probar con un estudio  de grabación: “invertí mucho tiempo al estudio y energía para crear diseño sonoro y música para publicidad. Cuando llegué a este medio no tenía cabeza para hacer una síntesis musical en treinta segundos”, recuerda Rodrigo al comenzar su conversación, “fue justo después de haber ido a tocar al Festival Internacional Cervantino con un trío de jazz fusión, cuando comencé a acostumbrarme a componer temas de cuatro y cinco minutos.

Roberto Behar, el veterano director de comerciales, le dio su primera oportunidad en 1992: “Me invitó a un concurso y gané. Pasaron varios meses, gané otro y empecé a picar piedra. Trabajaba mucho freelance y tocaba puertas para que me dieran oportunidades. Tenía que hacer música y ganar concursos con las herramientas que tenía”. En la actualidad, se crea mucha música original en este medio. En palabras del fundador de Prado Sur, se crea un diez por ciento de covers y noventa por ciento de música original, principalmente por costos.

Prado Sur Audio crea en su mayoría temas originales, lo cual siempre ha sido un estandarte en la empresa.

Desde los noventa
En aquellos años, apareció la computadora Atari, que manejaba el software Notator: “Esto era una llave enorme que se usaba a través de un puerto SCSI atrás de la computadora y con lo que se podían realizar secuencias MIDI”, señala Rodrigo Barberá. “Era la locura, y después, esa compañía se transformó en Logic, que lanzó Logic Audio, el primer secuenciador con interfaz de audio. Trabajé mucho con esa empresa; después la compró Apple y ahora no lo suelto; es muy fácil de usar y tiene posibilidades impresionantes”.

Sus primeros clientes le proporcionaban formatos de video VHS: “Y no tenía con qué amarrarme para la sincronización, era a ojo. Contábamos y a la de tres arrancaba la imagen para después revisar si quedaba. En ese tiempo trabajábamos a una casa productora llamada San Pedro Post. Fueron los primeros que tuvieron Pro Tools en México. Hace veinte años nadie sabía qué era Pro Tools”, recuerda Rodrigo, “masterizaban la música, la cerraban en veinte segundos o en diez cuadros y la nivelaban. Editábamos perfecto, para entregarle al cliente una mezcla de veinte segundos”.  

La formación académica, vital
“Para mí, definitivamente fue benéfica mi formación musical clásica. En publicidad se tiene que producir todo tipo de música; desde algo popular hasta algo técnicamente complejo. Si hay una preparación académica, se puede usar para lo que sea: tocar mejor salsa, bolero, una sonata, escribir para orquesta o un trío de jazz. En Prado Sur, los productores tienen una formación académica y todos han pasado por el Conservatorio o la Escuela Nacional de Música; tenemos herramientas de trabajo que aprovechamos”.

“Si haces algo popular, el oído está educado. Escuchas la música de otra manera y compones de otro modo. A Prado Sur viene gente con formación académica en muchas ocasiones y se les debe entregar una partitura bien escrita, de lo contrario no tocarían una sola nota. Es una costumbre y respeto por la música escrita. Si la partitura o el score no está correctamente escrito, la grabación se atrasa y el estado de ánimo de los ejecutantes se ve afectado negativamente, pero si está perfecta, puedes obtener lo mejor del intérprete, y sólo te llevará grabar dos o tres tomas para obtener la mejor ejecución. Es una maravilla tener ese aprendizaje y aprovecharlo”, comenta Rodrigo.

 
 
En el Desierto de los Leones
Rodrigo Barberá vivía en la zona alta del Distrito Federal, en el kilómetro 29 de la carretera hacia Toluca, mientras que su estudio se ubicaba hacia el sur de la ciudad y a veces le resultaba imposible desplazarse. Si había tráfico, manejaba dos horas para ir a una reunión. Incluso, padeció el llegar a casa y recibir un telefonazo: ‘oye, se nos olvidó pedirte algo, ¿te regresas?’.

Esto no importó: él cosechaba trabajo en las agencias. Le llamaban con mayor frecuencia y de repente, se vio planeando mucha música, tal y como relata: “Me empezó a ir bien, pero también comenzó a rebasarme el volumen de trabajo; ya no podía hacer todo ni tenía capacidad física de seguir. Llamé a músicos con quienes había tocado antes, para que me ayudaran ahora en los proyectos. Yo decidía quién me ayudaba con cada proyecto dependiendo de sus estilos personales, unas veces con Santiago Ojeda, otras con Juan Cristobal Pérez Grobet y otras más con Darío González Valderrama. Escogía los temas que más me gustaban y que implicaran un mayor reto, pero siempre me involucraba en las producciones de los otros músicos, para hacer correciones y pulir detalles”.

 

De armar un proyecto a la semana, Rodrigo Barberá pasó a entregar cinco. Y siguió adelante: cuantos más clientes surgían, más músicos tenían que grabar y hacer otras tantas sesiones con diseñadores de audio, lo que generó situaciones negativas. Ahí reconoció que si no se movía de lugar, no podría crecer.

Las conexiones de internet en esa época tampoco ayudaban: “nos conectábamos con unos módems de 28 K y tardaba un siglo en mandar algo”, recuerda Rodrigo, “ni siquiera había codecs para hacer MP3”.

¿Copilco o Contreras?
El músico fue a buscar casas en Coyoacán y la Condesa, cuando de repente vio que se rentaba una casa en las Lomas de Chapultepec: “Se veía chica desde afuera y estaba algo abandonada”, comenta, “me encantó el árbol de la entrada; era como los que había en el Desierto de los Leones, donde abría la ventana y estaba el bosque. Por eso, desde que planeé los estudios pensé que debían tener ventanas hacia afuera, porque no puedo encerrarme en un lugar oscuro; así no me sale ni media nota. Y no cerramos ni una ventana, aunque en esos momentos los estudios eran como cavernas”, recuerda Rodrigo.

Los ventanales de la casa permanecieron idénticos, sólo que ahora tienen doble vidrio. Tratamos de tener la mayor simetría posible y en lo que se pudiera, romper el paralelismo. “Uno de los estudios tiene una forma extrañísima. Los otros son bastante simétricos; se abren muy bien. No tienen muros paralelos ni nada. Son de un diseño bastante bueno y han funcionado”.

 

Así, el egresado de la Escuela Nacional de Música se mudó a su nuevo estudio. Para tener un ambiente verde, sembró bambús e inició la búsqueda de más colaboradores, porque al principio, “me tocaba hacer los diseños de audio, la música, llevaba el recibo y cobraba, pero los diseños me empezaron a demandar tiempo y prefierí concentrarme en hacer música. Empecé a contratar diseñadores, creativos que inventan sonidos y recrean emociones. Lo ideal es que tengan la parte técnica resuelta y sean talentosos”, señala Rodrigo.

La aventura de la obra
Realizar las adaptaciones en la nueva casa de Prado Sur Audio no fue fácil. Su director empezó a transformar el lugar con la ayuda de ingenieros y albañiles. Pasaba el tiempo y Rodrigo Barberá no veía gran avance, hasta que: “Un día, a los tres meses, llegué y pensé: ‘¡está fatal! Esto no va a funcionar, se ve pésimo’. Sin ser ingeniero acústico, me dí cuenta que la obra no estaba hecha con los requerimientos de ingenieria acústica. Paré la obra. Me costó mucho dinero. Estuve a punto de abortar la misión y devolver la casa”.

 
“Me serené y después de un mes, hablé con Luis González Lobo, un ingeniero químico amigo de mi hermano, quién tiene una mente muy especial y es el padre de Darío, que es parte fundamental del equipo de Prado Sur Audio, excelente músico. Le comenté a Luis: ‘necesito tu ayuda para armar urgentemente un nuevo equipo de trabajo porque estoy en un gran problema, ya no tengo dinero, estoy pagando una renta muy alta y si no termino la obra en cinco meses voy a estar completamente quebrado y sin estudio de grabación”, comenta Rodrigo.

“Luis González era el coordinador. Llegaba a la obra todos los días. Me ayudó mucho, porque yo me tenía que poner a trabajar como loco para sacar los gastos. Gracias a él, se pusieron bien todos los tornillos, los cables y más. Hicimos un buen equipo y logramos un muy buen resultado.


“Por suerte, dimos con David Baksht, genio fantástico que acababa de armar la Sala Churubusco. Era el asesor acústico y de los fierros. Para el diseño de los estudios, contraté a Roberto Velazco, para la parte acústica. Y busqué al arquitecto Pablo Serrano, que no conocía entonces pero me gustaban mucho sus proyectos para el diseño arquitectónico de Prado Sur Audio. A él le decía: ‘necesito que sea un lugar habitable”.

“Mientras Pablo Serrano hacía el proyecto arquitectónico y Roberto le comentaba sus necesidades, en muros y ángulos, por ejemplo. Yo daba mi opinión: ‘está increíble; pero necesito espacio y meter dos sillones más’. Al principio, sólo había dos estudios en el proyecto; finalmente les dije que necesitábamos un tercero, que es el más pequeño y funciona muy bien”.

Rodrigo continúa: “Arrancamos la obra y terminé primero con un estudio para empezar a trabajar; pero seguían con los otros, que ya estaban en obra negra. Luego se terminaron los muros y acabados. Los muros no son tan anchos, ya que utilizamos materiales de alta densidad, lo que nos dio un menor volumen”.

“Encontramos este material, que se llama Plycem. La capa exterior es muy delgada y la pusimos como vista, porque la atornillas y se acabó; pero abajo hay una capa de dos pulgadas de Plycem, que son pesadísimas. Luego, pusimos unos bastidores; después neopreno, otro bastidor y al final tabla roca de triplay. Son unos muros muy densos que ayudan bastante”.

“Estas soluciones fueron muchas de Pablo Serrano, fue muy listo para encontrar materiales. Ahora Roberto Velazco aplica mucho el Plycem en otros proyectos. Estuvimos con un maestro carpintero, que ya se volvió el carpintero de los estudios de grabación, porque lo hizo muy bien. Logré pagar la inversión del estudio y empezamos con un equipo chiquito y sólo trabajábamos en el primer estudio que terminamos. Entraba un poco de dinero, pudimos armar el segundo y luego el último”, continúa Rodrigo.

“Al principio quería una consola muy grande, pero me dí cuenta de que nadie más la iba a tener en México. Pensé que sería mejor ser prácticos: Pro Tools y una consola fácil de operar, con buenos convertidores y capacidad mínima de 44-48 kHz para las producciones de audio para comerciales”.

“En cada estudio de Prado Sur hay un buen preamplificador para voz. Usamos Manley, que me gustan mucho. Luego, compramos uno de ocho canales, para grabar instrumentos como baterías, y también es importante que los cables sean buenos; las conexiones a las cabinas están blindadas”, señala Rodrigo Barberá, y sigue: “Prado Sur Audio es el resultado de tener un excelente equipo de trabajo humano, que además de ser todos muy buenos profesionalmente, somos en primer término amigos, lo que provoca una diferencia enorme en la manera de trabajar y de relacionarnos. Hemos creado una familia y estoy muy contento de contar con todos ellos actualmente en la empresa. De otra manera la compañía no habría crecido de tal manera”.

En tecnología, así como en audio para publicidad, la evolución es vertiginosa, y en Prado Sur se sabe bien, de tal manera que su fundador desea ofrecer servicios que estén a la altura de las necesidades. “Están saliendo nuevas interfaces para trabajar de manera remota; son equipos que quiero implementar. Esto de las estaciones remotas es sorprendente porque podemos implementar que seis o diez personas en lugares distantes estén presentes en un proyecto, revisando al mismo tiempo la sesión y con calidad de audio broadcast. Así es posible que el productor esté en Los Ángeles; el cliente, en Chicago y yo en Malinalco grabando al locutor que a su vez está en Prado Sur. Y todos escuchando el audio, como si estuviéramos sentados aquí”.

“Ahora podemos ubicar a un cliente que esté en cualquier parte del mundo y recibe el material en un minuto. Todos vamos para allá: a estar donde sea y operando desde ahí estos fierros. Es impresionante. En cine se está usando mucho. La eficiencia y velocidad de respuesta será brutal, aunque en México hay que resolver todavía cuestiones como los servidores de internet, y el ancho de banda que ofrecen las empresas de telecomunicaciones”.

Para concluir: ¿Y el viejo equipo?
“Creo que si eres un sibarita, pues claro que te gusta cocinar con tus mejores ingredientes. Todavía es un placer usar estos fierros; pero para responder a las necesidades diarias y a la velocidad a la que estamos acostumbrados, es fantástico que las computadoras ya tengan todo lo necesario”, concluye Rodrigo Barberá, apasionado por la música y talentoso creador de sonidos presentes en lo más fino de la publicidad en México, anuncios como antídotos al clásico estático, que abren la puerta a un mundo fascinante.

Fábrica de sueños sonoros, Prado Sur Audio es uno de los máximos exponentes en México sobre el buen difundir. Con presencia en los mercados publicitarios más competidos, su perfeccionismo e imaginación los ubican en el cuadro de ganadores. Trabajo en equipo y valor agregado es la fórmula secreta de Rodrigo Barberá.

Redacción: Víctor Baldovinos