Nahuel Schajris Rodríguez adquirió fama hispanoamericana por haber sido la mitad del popular dueto Sin Bandera. Nacido en Argentina, de niño, Noel tenía en el canto su actividad normal, imitando todo lo que por medio del tocadiscos llegaba a sus oídos. En el año 2000 formó SB, junto con Leonel García, con quién grabó siete exitosos álbums.

Al separarse el dúo en 2009, Noel tomó su piano, lanzó su carrera solista con el CD Uno no es uno (registrado en los míticos estudios Abbey Road) y treinta mil copias después, demostró que en solitario conservaba el favor de las adolescentes enamoradas.

Sin descanso. Nacionalizado mexicano en 2005, el intérprete ahora lanza su segunda entrega solista, una colección de canciones famosas con nuevos arreglos. Acompañado por un grupo de ensueño, reinventó doce melodías que viven en el ADN colectivo, como Tu cárcel, La incondicional y Quién como tú. Con motivo de esta nueva fase, Noel nos hace conocer los detalles alrededor de esta ambiciosa placa de Grandes canciones.

 
  La red protectora
“El disco fue producido por Sebastian Krys”, comienza Noel, “con él hice los arreglos de las canciones. Para mí era muy importante generar versiones diferentes y Sebastián es mi brother. Como puse en agradecimientos: es mi amigo productor y es un alivio hacer piruetas siempre sabiendo que está tu red protectora. Seba me da tranquilidad para hacer mis cosas y si tiene que decir algo me lo dice. Hay confianza y me siento feliz, porque él está ahí, cuidando lo demás”.

Con Sebastián, Noel hizo la pre producción en Estudios Cosmos, de Armando Ávila, en la ciudad de México: “también agradezco a Armando por su generosidad. Después de esto nos fuimos a Los Ángeles, a los Castle Oaks Studios en Calabasas, California; muy cerca de Woodland Hills”.

El proceso de grabación duró una semana: “Sebastian fue el ingeniero de grabación. Eso me permitió dar el cien por ciento. En tres días hicimos las bases y en dos, la voz de las doce canciones. Esto es como un récord personal: nunca había hecho eso. Solamente se puede lograr con un tipo como Sebastián, que me dio confianza en mí mismo, sin que me lo diga necesariamente. Simplemente, la hace sentir”.

Arreglos diferentes, músicos impresionantes
Grandes canciones cuenta con el talento de músicos legendarios como Tony Levin: “Con él hay una amistad muy bonita. Cuando tocó en El Lunario con su grupo Stick Men nos conocimos; fuimos a cenar. Es una persona que admiro mucho y es el tipo más sencillo del mundo. Debía estar en el disco y tuve la bendición de que se acomodó a los horarios. Tiene esa capacidad de generar motivos inolvidables. Esas frases con el bajo en el pre coro de Tears in Heaven son increíbles.

Otras de las figuras que grabaron fueron Lee Levin en la batería y Dan Warner en la guitarra: “Lee es de los mejores bateristas que hay; un reloj. Para que se le vaya el tiempo, debes empujarlo de la batería. Tiene poder, buen gusto y técnica. Nunca toca de más y en este disco hace una maestría en su instrumento. Es impresionante escucharlo en la base, con Tony”, señala Noel.

Respecto a Dan, Noel comenta: “está en todos los discos de música latina que puedan imaginar, con gente como Luis Fonsi; es un músico con mucho sentimiento. La verdad, estoy agradecido de que pude hacer este disco con ellos; interactuando de esta manera y divirtiéndonos”.

Posteriormente se editará un documental de la grabación de Grandes canciones, que Noel ya está visualizando: “Ahí se podrá ver lo bien que la pasamos. Fue una experiencia tan buena, que estoy considerando seguir ese camino por un rato. Esa interacción que se logra en el momento es algo muy poderoso”.

 
  “Antes, lo más que hacía era que baterista y bajista, con un piano y una voz de referencia, grababan, y después guitarras, pianos y voces separadas. En esta ocasión fue piano, guitarra, bajo y batería, todos juntos. Sólo si Dan tenía que grabar guitarras acústicas se iba a otro cuarto, porque estaba microfoneado”.

Durante este proceso, Noel fue el único que estuvo apartado: “Porque el piano necesitaba un microfoneo y se podía colar con lo que tocaban los músicos. Toqué un Yamaha C7, microfoneado con un AKG C-414, además de unos Neumann U-87. Bajo, batería y guitarra estaban en otro cuarto y constantemente nos veíamos. Nos comunicábamos por los audífonos, para que después de tres o cuatro tomas pudiéramos mirarnos y escoger: ‘la segunda, ¿verdad? Sí, la segunda’. Y a partir de ahí, poner otras cosas”.

Para la voz, Noel Schajris usó el mismo micrófono que en su disco Uno no es uno: “Me quedé enamorado desde que grabé con el Soundelux. Es un tubito maravilloso, se ve muy chiquito, pero tiene un cuerpo increible y entrega unos agudos perfectos. La voz suena brillante, como me gusta, con una curva que no tiene tantas frecuencias medias”.


“Lo pasamos por un pre amplificador Fairchild, que es alucinante. Hay muy pocos en el mundo y a veces lo usan como compresor, pero no me gusta usar mucho usarlo así, sino que la voz suene lo más natural posible. Nunca uso auto tune, ni siquiera para colorear. Quería lograr el ambiente de en vivo: cantaba la rola de principio a fin y arreglaba pedacitos, donde no había quedado bien, pero nada más”, señala Noel.

La idea detrás de este disco vino del corazón. Tuvo que ver con la relación que Noel Schajris tiene con sus jóvenes seguidoras. Es un disco tocado en vivo, con versiones frescas y divertidas; porque Grandes Canciones constituye un desafío al regreso. Suspiro.
Redacción: Víctor Baldovinos