Fue la mente de P. L. Travels quien en 1933 dio vida a una nana inglesa llamada Mary Poppins, cuyas aventuras fueron conocidas exclusivamente en papel hasta que en 1964 la empresa Walt Disney le puso ritmo a aquellas páginas. Así, Mary ingresó al mundo de los musicales de la mano de una película. Ese filme, a la larga se transformaría en un clásico si de hablar de musicales se trata; sin embargo, en México no se había producido una puesta en escena que llegara a las alturas de la chica de la sombrilla voladora hasta ahora, que el Centro Cultural Telmex presenta Mary Poppins. El Musical.

“Se trata de una puesta en escena brillante”, explica Morris Gilbert (productor en México junto con Federico González Compeán). “Desde que la vi por primera vez lo supe, pero lo que nosotros hemos conseguido hacer aquí es una versión corregida y aumentada respecto a la que reestrenó en Londres y Nueva York recientemente. Se trata de una obra encantadora porque posee ingenuidad, pero también resulta esperanzadora”. Pero, ¿cuál es la labor de Morris en el teatro? Él mismo lo explica: “Como productor, mi tarea en un proyecto como éste es ser aprendiz de todo y especialista en nada.  Al principio, el equipo creativo de Disney me decía cuál era mi papel, y yo les contestaba que me informaran de todo lo que ocurriera para que lo entendieran. Y es que, básicamente, mi trabajo es resolver problemas. Cuando no haya problemas yo estaré desocupado, pero cuando las piezas no embonan, las circunstancias se desfasan y las personalidades chocan, estoy muy ocupado intentando arreglarlo todo”.

La carrera teatral de Morris Gilbert es de 38 años de experiencia y de gran reconocimiento en México: “Algo he de haber aprendido en todo ese tiempo”, dice al respecto, y cuando explica qué tan hondo se ha involucrado con su labor no queda más que darle la razón: “Las relaciones humanas son fundamentales en el mundo del teatro, porque aquí todos tienen su carácter, y mi labor es conciliarlos. No todo es amor; hay momentos difíciles en los que sientes que te vas al precipicio. Woody Allen dijo que en la era moderna todos somos neuróticos, así que el reto es complicado: conseguir que nuestra neurosis funcione con la de los demás. Yo trato de hacer eso. Ser ecuánime”.

“En realidad, estoy en medio de todo nuestro equipo de producción artística, técnica y de negocios”, continúa Morris; “reviso que todos los departamentos funcionen coordinadamente”. De este modo, el productor lo mismo está pendiente de que el encargado de la grúa no se enferme un día antes de que introduzca toneladas de escenografía al teatro que de quién se encarga del rol protagónico del musical: “cuando se acercaban las fechas para hacer audiciones, yo intuía quiénes podrían hacer determinados papeles y pensé en Bianca Marroquín para el estelar, así que le llamé, hizo la audición y pasó por el mismo proceso que todos los actores”.

Pero, dirigiéndose a la producción detrás del escenario, ¿cómo fueron las charlas para que Disney y Cameron Makinstosh –los propietarios del personaje Mary Poppins y del musical, respectivamente- se decidieran a traer a la nana superdotada a México? Jaime Matarredona (supervisor de producción), tiene la respuesta: “Se negoció largamente, tanto con Disney Theatrical como con Cameron, quienes representan a dos de las empresas productoras de teatro más importantes del mundo. La negociación duró unos cuatro años debido a que de hubo que revisar que todos los requerimientos técnicos estuvieran en orden y que también el mercado funcionara apropiadamente. Ellos analizaron en qué momento era adecuado liberar producciones”.

Con los papeles en regla, se arrancó formalmente con la preproducción de la puesta en escena.  Jaime Matarredona continúa: “a  partir de que se cerró el trato, como hace año y medio, los encargados de producción nos pusimos a planear cómo meter la escenografía al teatro y, antes, traerla desde Londres. Prácticamente se trata de la misma puesta en escena que se llevó a cabo en Broadway, aunque con unas pequeñas variaciones para hacerla más práctica; aunque, bueno, como decía, toda la utilería se hizo en Londres, así que si algo se rompe hay que comprarlo de nuevo allá, incluso las cosas más pequeñas, como las cartas y los periódicos que se leen en escena”.

Ahondando en el tema de la preproducción, Jaime Matarredona continúa: “el momento clave en ese proceso fue decidir cuál escenografía usaríamos. Fuimos a ver dos producciones de Mary Poppins con diferentes escenografías y vimos que funcionaban muy distintas entre sí, al menos a nivel técnico. Una vez que elegimos la más apropiada, fuimos tras el equipo de iluminación, un número impresionante, donde contamos con reflectores de LEDs que cambian de color. Conseguir esos aparatos fue muy difícil porque son especiales para teatro y hay muy pocos en renta”. Jaime considera que vivir en una época donde la tecnología avanza a pasos agigantados hace la diferencia: “he estado involucrado en muchas producciones y Mary Poppins es la obra, a nivel técnico, de mayor complejidad que hemos realizado. En verdad vamos un paso adelante. Incluso la escenografía y sus movimientos se controlan con una computadora de última generación. Claro, en el escenario todo sucede de maravilla, pero esto es un arte”.

Para que Mary hiciera de las suyas bajo los reflectores, fue necesario que Natasha Katz, reconocida diseñadora de iluminación a nivel mundial, y Anthony Lyn, director en nuestro país, visitaran México.
Respecto a la presencia de Anthony, Morris argumenta que “estuvo con nosotros durante las nueve semanas que duraron los ensayos y nos conocimos desde las audiciones. Es una persona excepcionalmente clara y profesional, sabe bien hacer su trabajo y fue una experiencia muy rica conocerlo. Hay que mencionar también que todo este proceso tuvo un carácter multicultural porque todo el equipo creativo era de origen inglés, pero el personal técnico (conformado por montaje, automatización, luces y demás), venía de Disney, Estados Unidos, más el staff de producción en México”.

Los detalles finos de la producción
Como un enorme rompecabezas que se arma y desarma en cada función, Mary Poppins requirió de toda la atención en su realización, sobre todo en el departamento de producción, donde todas las necesidades convergen en busca de solución. En su versión mexicana, la puesta en escena tuvo a Pamela Vidal como coordinadora de producción, quien ha subido escalones hasta llegar a este nivel, desde que inició en Ocesa Teatro como seguidorista en Hoy No Me Puedo Levantar, como menciona: “También participé en Bella y Bestia, Dulce Caridad, Mamma Mia!, La línea del Coro y Peter Pan, hasta llegar a coordinar la producción en Mary Poppins”.
“El proceso de preproducción, en mi caso, comenzó nueve meses antes del día del estreno. Durante este tiempo armé el calendario de producción, mismo que cambiaba semana a semana y que tenía que ser coordinado con mucha gente. Realicé el presupuesto de la obra en coordinación con José Luis Rodas, coordiné al equipo de Disney Theatrical con el nuestro en cuestión de todas las necesidades técnicas; hubieron audiciones y muchas rondas de call backs, y tuvieron lugar muchas llamadas en conferencia entre nuestro equipo y el de Mary Poppins, todo para integrar los ingredientes del pastel para su realización. La comunicación fue de vital importancia en este proceso”.
En definitiva, sin comunicación todo se vuelve más complejo y durante el montaje de Mary Poppins no faltó, aunque hubo que adaptarse a los retos que se iban presentando: “En todos los montajes hay un periodo en que pareciera que el teatro tiene que acostumbrarse al equipo con el que cuenta la producción en turno. En este caso nos ocurrió unos momentos con la automatización, otros con la iluminación y otros más con el video. El factor más complicado siempre es el tiempo, porque hay cosas que suceden a las diez de la noche que tienen que estar resueltas a las ocho de la mañana. En estos casos, la creatividad al resolver problemas es lo que nos ayuda a salir adelante”, señala Pamela.

El aprendizaje es un elemento valioso y sin lugar a dudas Mary Poppins ofreció muchas enseñanzas. La coordinadora de producción concluye: “En este proyecto trabajamos con un equipo nuevo, y esta obra nos permitió aprender cómo trabaja cada uno y conocer sus fortalezas y debilidades. De esta manera forjamos un equipo de trabajo nuevo con el cual seguimos armando proyectos”.

Al lado de Pamela Vidal se encontró siempre Tania Ordóñez en la gerencia técnica, quien para traer la puesta en escena a México estuvo en Nueva York estudiándolo. Ellas representan el rostro femenino de la producción. “Si hay que cargar triplays, yo los cargo también, y me ensucio las manos”, explica Tania. “La obra está completamente automatizada, y eso lo encuentro precioso. Mi trabajo en el musical arrancó desde que me juntaba con la producción y juntos revisábamos los pendientes del día con calendario en mano. Así hicimos los planos para meter la producción al edificio al comienzo, y ese fue todo un tema. Trajimos una grúa y un motor, porque se trataba de piezas muy grandes y pesadas que dividimos en tres descargas: una de utilería y dos sesiones de escenografía”.

El trabajo de Tania era (y lo es, mientras la obra esté en funciones), revisar que todo estuviera funcionando correctamente. En temas como la iluminación, por ejemplo, el teatro incluyó 70 cabezas móviles extras a las que ya posee; dispositivos cambiadores de color LEDs que no se habían sido requeridos. La gerente técnica finaliza feliz: “Cada semana ya quiero sea jueves para estar en el teatro y divertirme”.

Arriba del escenario, como calling stage manager, encontramos a Willis Estrada, joven pero experimentado profesional del teatro. “Desde lo que a mí me toca hacer”, continúa Willis, “hubo que juntar dos producciones extranjeras para al final tener la nuestra. Para todos los movimientos de escena nos basamos principalmente en la producción australiana y para la iluminación utilizamos la versión del Tour Nacional de Estados Unidos. Juntar esto no fue fácil. Otro reto fue que durante los ensayos había que llamar el show en inglés y en español a la vez. Había que saber qué llamar en español y qué llamar en inglés a cada momento sin equivocarse. Esa parte fue divertida”.

¿Cuáles son los elementos más importantes a tomar en cuenta durante las funciones? Willis contesta: “Que todo esté funcionando correctamente. Lo más importante es que los actores puedan desenvolverse plenamente mientras están en el escenario frente al público. Para eso preparamos la función dos horas antes. Revisamos la iluminación, la automatización, el vestuario, los micrófonos y demás, para que nada falle mientras estamos haciendo la función. Si detectamos alguna falla, tenemos el tiempo suficiente para solucionarlo, y si encontramos un problema que requiera “cirugía mayor”, ideamos un plan B. Pero a la hora de estar haciendo la función tenemos que estar muy atentos a lo que está ocurriendo. Dado que es un espectáculo completamente vivo, siempre existe un margen de error. Mary Poppins es un espectáculo muy complicado y peligroso a la vez, por eso requiere de mucha atención y especial concentración”.

Un elemento nuevo para Willis, como para la mayor parte del personal de producción, fue el sistema de automatización. “Es muy complejo pero a la vez facilita muchas cosas, como los cambios de escena y los tiempos y la fluidez con que estos ocurren. Eso es lo que convierte a esta obra en algo tan espectacular”, finaliza el calling stage manager.

Magia sonora
Como en todas las áreas de Mary Poppins, el audio en el Teatro del Centro Cultural Telmex debía igualar el nivel de calidad que el escuchado en las versiones internacionales. Gastón Briski, cuya experiencia fue reconocida por el equipo creativo de Disney, Cameron Mackintosh y el personal mexicano de producción, fue el encargado de diseñar el audio.

“Lo más atractivo para mí son los desafios, y Mary Poppins es sin duda un gran desafío como diseñador sonoro”, comienza Gastón. “El diseño empezó meses antes de la fecha de estreno; tomé en cuenta las necesidades del show y el espacio donde se representaría. Casi todas las demás decisiones giraron en torno a estos dos factores”.
El trabajo en equipo es fundamental para lograr los mejores resultados, Gastón lo sabe: “las diferencias de opinión generan nuevas opciones que muchas veces sirven para nuevas creaciones. Como diseñador de sonido, con quien más intercambio conceptos y opiniones es con el supervisor musical. Tanto Disney como Mackintosh exigen el más alto nivel de compromiso y eficiencia en sus proyectos. He trabajado para ellos durante más de 15 años; en este nivel de exigencia son muchisimos los detalles que hay que cubrir, diría que el buen o mal resultado depende directamente de la suma apropiada o no de todos estos detalles, y no hay que olvidar que hay presupuestos a los que hay que ajustarse, pero sin lugar a dudas el show tiene un estándar de calidad altísimo”.
Finalmente, Gastón Briski comparte su aprendizaje de este montaje: “Siempre es mi meta buscar la esencia y el espíritu de la musicalidad de la obra. Soy admirador de los compositores y orquestadores y siempre busco que ese lenguaje sea recibido por el público con la misma frescura y vitalidad que el compositor y orquestador soñaron a la hora de crearlo. Entender eso es lo que más me gusta de mi trabajo, y lo tengo que hacer de manera desapercibida, dejando el protagonismo para los artistas en el escenario y los músicos en el foso, en este caso. Mi reto más grande esta vez fue crear una sonoridad de orquesta, rica en matices, colores y timbres desde un foso profundo y cerrado sin que se note la amplificación, aún a niveles altos”.
En mancuerna con Gastón Briski, Sergio Santoyo es responsable de la mezcla de audio durante cada representación de Mary Poppins, gracias a la experiencia recopilada durante mucho tiempo en el medio. Tiene una responsabilidad inmensa que él mismo desmenuza: “La gente que trajo la obra nos dio especificaciones claras para la puesta en escena en México; por nuestro lado, escuchamos con atención cómo estaba planteado el tema del sonido en Broadway y se hizo todo lo posible con tal de replicarlo aquí, bajo las normas que Disney estableció”.
“Respecto a los recursos técnicos, trabajamos con el equipo del teatro (sistemas sonoros Meyer Sound, consolas Yamaha y un software llamado Tubelab para lanzar efectos de sonido)”. Cabe resaltar que algunos de los efectos sonoros que se aprecian en el musical van a la par de la música, es decir, además de mezclarlo todo, los encargados de la consola deben permanecer atentos cada vez que cierto actor realice determinado movimiento, pues en ocasiones éste debe ir acentuado con un efecto de sonido. Así que no se admiten distracciones.

Sobre la microfonía, Sergio sigue: los micrófonos que usamos son Sennheiser para los actores; contamos con 40 piezas inalámbricas funcionando, mientras que en el teatro vecino hay un número similar (conseguir tener en orden tantas frecuencias ha sido gracias a esta marca de micrófonos). Respecto a las consolas, tenemos cerca de cien entradas en cada una; la primera la usamos para voces y la otra para la orquesta. Los músicos utilizan microfonía Neumann y un kit Sennheiser para batería. ¿Por qué Neumann? Sergio tiene la respuesta: “por su versatilidad. Por ejemplo, los KM184 se los pones casi a cualquier cosa y funcionan bien. Es cierto que se trata de un micrófono muy sensible, pero la orquesta de Mary Poppins está en un foso y eso es de mucha ayuda para evitar problemas en ese sentido”.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas cuando los micrófonos se encienden. “Tenemos muchos micrófonos en escena”, prosigue Sergio Santoyo; “y si no están en la posición adecuada a la hora de dar la función no hay lugar para hacer correcciones. Por eso tenemos a dos personas que están al pendiente de que no se tapen los micrófonos, que no existan desperfectos tanto en las voces de los actores como en los instrumentos de la orquesta. Por otro lado, técnicamente hay que resaltar ciertos detalles de las partituras; saber dar prioridades a determinadas notas para que éstas vayan bien ligadas con el texto”. ¿Cuánto tiempo tomó al equipo de sonido dejar todo listo para recibir aplausos? “Seis meses de trabajo previo”, responde el responsable de audio en sala. Trabajamos duro, prácticamente a la par de los ensayos generales y las pruebas de escenografía, porque había que definir dónde colocar altavoces y micrófonos, además de saber cómo sería el vestuario de los actores. En la práctica, la verdad es que debemos funcionar como un reloj”, finaliza.

Luces innovadoras
Manuel Ruiz trabaja en Ocesa Teatro desde 1997 y ha tenido la oportunidad de colaborar en todos los musicales de la empresa, además de conocer a todos los creativos que han llegado de fuera para establecer los parámetros en cada obra, como sucedió con Natasha Katz para Mary Poppins: “La obra llegó a México con varios elementos ya muy bien definidos, así que sólo se hicieron ajustes para adecuarlos al tamaño del teatro”, comenta Manuel; “hemos hecho estudios para que todo resulte de lo mejor. Hoy día, los avances técnicos ayudan bastante a aligerar el trabajo, por ejemplo, la consola que usamos ahora (una ETC EOS), podemos manipularla virtualmente desde una PC. Por otro lado, hay luces robóticas y de LEDs que cuentan con un sistema robotizado que posee una gran gama de colores que nos permite manejar diversos tonos para acentuar vestuarios, gestos y movimientos. Son efectos se enriquecen gracias al trabajo de luces”.

Tras repasar la inmensa cantidad de elementos que se alinean para que la familia goce de las aventuras de Mary Poppins, Morris Gilbert se muestra humilde: “Trabajo en una empresa enorme donde se involucran muchas personas; parezco un tipo ecuánime, pero a veces puedo decir cualquier barbaridad en estado de crisis; sin embargo, he aprendido que el que se enoja pierde. Además, los problemas se solucionan previniéndolos”.

Finalmente, Gilbert regala una postal del espectáculo que ayudó a volverse realidad en México: “Mary Poppins cuenta con una producción maravillosa, con miles de momentos hermosos, pero cuenta con un momento especial, que llega al corazón de todos: el minuto cuando Mary se queda sola en el escenario y se da cuenta de que debe irse porque su labor ha terminado. Sí, es un instante doloroso para nosotros, los involucrados en la producción del musical, pero gozamos cada vez que sucede porque somos los responsables de contar una historia que, de alguna u otra manera, vivimos de principio a fin”.

Redacción: Alejandro González