Ganador de nueve premios Grammy, conferencista y maestro de generaciones de profesionales de la grabación sonora, Jim Anderson pertenece al selecto grupo de especialistas que registran inmaculadamente los caprichos de la voz y los instrumentos acústicos. Músico de origen clásico, con su talento inmortalizó el canto de la Diva, el diálogo arriba de las tablas y el poder de la risa. Su devoción por el bien sonar lo llevó a vivir las más grandes aventuras…incluso con Los Muppets.

Prominente. Jim es un puente entre épocas: durante los años sesenta se educó en el conservatorio Duquesne University School of Music de Pittsburgh, PA. “Ahí tenían un estudio en el que un compañero y yo éramos los ingenieros encargados de hacer grabaciones para la escuela”, asegura al principio de la entrevista; “aprendíamos sobre la marcha, grabando recitales que después transmitía la estación de radio en Duquesne”.

Un graduado en Nueva York. Al salir del conservatorio, durante los setenta, Jim entró a trabajar en la National Public Radio y en un verano libre se hizo estudiante de la Eastman School of Music.  “De hecho, era uno de los pocos alumnos que tenían un empleo y ya había grabado varias orquestas sinfónicas para la NPR”, afirma; “me llevé las cintas y se las puse a cada instructor que tuve para que las criticaran”. Así, el impetuoso joven buscaba la perfección no como un fin, sino como método.

Cuando comenzó. “Lo normal era grabar en 16 o 24 canales”, continúa el visionario; “pero lo que nosotros hacíamos era directo a dos canales estéreo, ya fuera una big band o una orquesta. De forma que realmente dependías de tu preparación para lograr un buen sonido estereofónico”.

Es tiempo de poner la música
Jim Anderson entró al Show de Los Muppets en 1985 y durante diez años trabajó al lado de Jim Henson. Musicalizó tanto los videos de la película Treasure Island como otros proyectos del creador de la Rana René: las series Dog City, Jim Henson Hour y una producción de cuatro capítulos para HBO, The ghost of Faffner Hall.

“Cuando hicimos la película de Los Muppets la rodamos en Londres, donde grababan la mayoría de los programas de televisión”, precisa el soundman; “lo que hicimos en Nueva York fueron los videos que se vendían junto con la película. Más adelante, durante dos años hicimos el programa Dog City, con Kevin Clash (Elmo) como personaje principal”.

En The Henson Hour, la misión de Jim fue captar cualquier cosa que sucediera en el escenario. “Grabando en general todas la voces”, plantea, “trabajaba con Jim Henson y los demás marionetistas, porque los diálogos eran en vivo. No los hacían en post producción. Todas, hasta la marioneta con forma de montaña, tenía a alguien hablando y moviéndose. Era prácticamente como una grabación única y en vivo”.

El formato de The ghost of Faffner Hall era que Los Muppets pudieran entrar a cualquier habitación y encontrarse con un artista. “De repente podía ser James Taylor el que estuviera ahí”, sonríe; “Los Muppets hablarían con él y después cantaría una canción. En un capítulo, ellos entraron a una habitación y ahí estaba la Orquesta de Gil Evans, una big band de 20 músicos. Y yo hice todo, desde el primer Muppet que habla hasta los 20 instrumentistas”,  bromea Jim Anderson. “Nunca sabíamos quién vendría, de manera que tuve muchas experiencias”.

Colaborar con Henson, especial
“Sobre todo en la Jim Henson Hour transmitida por NBC”, añade, “hubo un par de veces que hicimos locación en un lugar llamado SOB (Sounds of Brazil), un centro nocturno. ¿Recuerdan al saxofonista de Los Muppets, Zoot, el que siempre fallaba la nota al final?”, pregunta el entrevistado; “pues estuvimos grabando en el SOB al Cuarteto de Jazz de Buster Dexter, con Zoot en medio de toda la acción. Pienso que fue uno de los momentos más felices en que vi a Jim Henson en el set”.

Los Muppets encajaban perfecto en la agenda de Jim. “Todos éramos colaboradores eventuales trabajando 15 horas diarias durante dos semanas, y tal vez no nos veíamos durante tres meses, hasta que Jim Henson volvía a grabar”.

Esos intervalos de tiempo le permitieron al experto en grabación buscar nuevos tesoros. Fue el productor de las transmisiones de radio In Performance at the White House y la The Kennedy Center Gala con la National Symphony Orchestra. Compartió sus conocimientos de audio entre otras, con estudiantes de la Berklee School of Music, Penn State University y la Universidad de Massachusetts. En 1999 ocupó la silla principal en Audio Engineering Society Sección Nueva York (AES) y actualmente es Vicepresidente de la Sección Este de la asociación en los Estados Unidos.

Posición y resultado
Las producciones de Jim Anderson muestran su personalidad. “Adoro la microfonía en estéreo”, reconoce, “soy un gran seguidor, así que me gusta mucho utilizar técnicas estereofónicas para grabar. Uso métodos muy clásicos de captación. Cuando me involucro en un proyecto, trato de crear en cada instrumento un sonido tan tridimensional como sea posible y después, juntarlos todos”, relata.

Acompañantes personales. “Tengo muchos micrófonos. En la mayoría de mis grabaciones pueden escucharse”, indica el ingeniero. “Hay un micrófono japonés que utilizo mucho, el Sanken CU41. Es un micrófono grande de condensador. Tiene estilo, un bello sonido y lo uso bastante”.

Al recordarle la grabación del CD Café Blue de Patricia Barber, Jim Anderson no duda. “Es un álbum importante. Fue el primero que hicimos con ella en Chicago y el micrófono fue el Senken CU41”, relata. “Lo que fue casi tan importante para el proceso que hicimos, fue que estuve usando muy buenos preamplificadores; utilizamos mucho los John Hardy, tratando de sacarles el mejor sonido posible”.

Jim Anderson descubre el resto de su arsenal: “Tengo un Neumann USM 69, el micrófono estéreo de esa marca; me encanta. También tengo cuatro Brauner VM1 de bulbos, que es un micrófono muy potente, cálido y que uso para la mayoría de las voces”, ataja; “en las nuevas grabaciones que he hecho, la mayoría de los cantantes usaron este micrófono”.

Cosas de Jim
“Lo que trato de hacer es comprar micrófonos que los estudios no necesariamente tengan”, expone sus razones,”porque todos los estudios tienen más o menos lo mismo, pero a mí lo que me gusta es encontrar piezas que nadie más tiene. Y así, todo lo que intento es tratar de que el sonido de mis grabaciones sea diferente al de los demás; por supuesto, utilizando equipos distintos”.

En cuanto al equipo dinámico del estudio, el ganador de varios Grammys destaca:.”Los aplico solamente si es necesario. Si la música necesita mucho procesamiento, lo haré, pero si no, los insertamos lo más ligeramente posible. De manera que me gusta usar los procesos donde sean transparentes”. Puede que no se escuchen mucho, pero ahí está y se mezcla para obtener un buen sonido pop. Es lo que puedo hacer: lo estrictamente necesario”, sentencia Anderson. “No me gusta el sonido con mucha compresión; pero no me importa usarla si tengo que marcar un ajuste. Puede que tenga que hacerlo, pero no se notará”.

Siempre pensando a futuro. Jim Anderson está listo para el siguiente cambio en la industria del espectáculo. “Debo decir que disfruto mucho mezclar música en 5.1 canales. Es muy divertido”, reconoce al final”, y pienso que es bueno para la música con sonido 5.1 que todos los altavoces sean de rango completo, más que esos pequeños satélites que se usa para la televisión”, y remata: “creo que mientras más puedas agregar a tu sistema en cuanto a gabinetes acústicos, lo disfrutarás más al escuchar la música como la mezclamos en el estudio, donde todos los altavoces son iguales”.

Sonidos de sabia sencillez
Redacción: Víctor Baldovinos