Desde 1993, Edi, Teo y Ro se han dedicado a confeccionar una música que ellos mismos prefieren denominar como rock pop psicodélico empeyotado, un asunto serio que no cualquier productor consigue plasmar en un disco, de ahí que la lista de aliados que el trío ha conseguido sea de lo más célebre. Y aunque Gustavo Santaolalla, Aníbal Kerpel, Emmanuel del Real y Adrián Sosa han manipulado las perillas de discos como Jardín (2004) y Perfume pantera (2007), ha sido en realidad Andrew Weiss (alguna vez músico de Yoko Ono, Rollins Band y Butthole Surfers, además de productor de Ween, Babasónicos y Café Tacvba), quien mejor ha comprendido las aspiraciones sónicas del grupo, de ahí que su crédito como productor aparezca en Karaoke (2001), Kimono en llamas y el regreso de los insectos (2009) y el más reciente álbum de los músicos, titulado Ven ven. Es desde el estudio de grabación de Liquits que Edi (bajista) habla sobre la experiencia que significó realizar su nueva placa al lado de Andrew.

Comencemos ahondando sobre el proceso de pre producción de Ven ven
“Se hizo casi a la par de Kimono en llamas (el disco que se nos atravesó cuando encontramos la máquina con la que trabajábamos de niños y una caja con cuarenta cintas de material de aquellos días). Empezamos haciendo las maquetas de 25 rolas, que finalmente quedaron en diez”.

 
 
Y decidieron repetir con Andrew Weiss, su productor favorito, quien incluso vivió con ustedes durante la grabación, es decir, trabajó en el estudio de Liquits
“Desde hace años decidimos que Andrew era nuestro productor ideal. Ocurrió gracias a un disco de Ween (Chocolate and cheese), que cambia de estilo radicalmente entre tema y tema; primero homenajea a Prince y de pronto se burla de la música country. Juega con el humor, pero con maestría y profesionalismo. En 2001 estábamos en una disquera que contactó a Andrew, nos lo trajo y así se dio que nos hicimos amigos de vida hasta ahora, que estuvo viviendo con nosotros doce días. El plan de producción fue de a día por rola. Primero vaciábamos ideas, todo lo que pasaba por nuestras cabezas, para que luego él seleccionara qué se quedaba y qué no. Es decir, Andrew se llevó a su casa los miles de sonidos que plasmamos en nuestro estudio; una gema en bruto que cinceló en la mezcla”.

¿Cómo se sintió Weiss al maniobrar en un estudio ajeno?
“Él es muy nómada. Tiene un lugar fijo donde trabaja, pero lo mismo ha ido a Haití a hacer música vudú que a Argentina con Babasónicos. Viaja por todo el mundo para producir cosas. Cuando planeábamos el disco nos dijo: ‘puedo hacerlo con cero pesos  o con lo que tengan’. Nos advirtió que conforme aumentara el presupuesto la calidad mejoraría. Así que nos fuimos con varios amigos de otros estudios, a rentar y pedir prestado equipo. Reforzamos lo que tenemos en nuestro estudio para contar con la mayor cantidad de juguetes y así Andrew jugara con ellos”.

Invitaron a varios músicos a grabar, entre ellos a Julieta Venegas
“Las canciones nos mostraron sus necesidades y nosotros como músicos hemos comprendido que debemos trabajar por ellas; no lucirnos como instrumentistas, sino preocuparnos por la trasmisión de emociones que sugieren las letras de los temas. En cierto momento nos encontramos con una canción onda norteña y necesitábamos un acordeón; nos preguntamos cuál era el acordeonista que teníamos cerca, alguien bueno, y pues Julieta vive en Coyoacán, ¿para qué buscar más? Le hablamos  y vino a grabar. Julieta es muy popular, pero no la invitamos a cantar, algo que en términos comerciales hubiera sido lo mejor, sino que vino a aportar lo que la canción requería”.

Comentas que Andrew se llevó mucho material a casa, ¿qué hay de la mezcla, cuánto le tomó concretarla?
“¡Le tomó un año mezclar este disco! Lo hizo mientras andaba de gira en Europa y Estados Unidos. Se iba un mes de viaje y nos mandaba una rola mezclada, luego se iba dos meses a Europa y nos enviaba otra canción. No nos quedó de otra que aceptar ese ritmo de trabajo, hacer un disco de modo independiente te orilla a eso, pero atenernos a la lentitud nos hizo ver todo de forma positiva, porque durante ese año que duró la mezcla, el disco estaba en constante crecimiento. Por nuestra parte, en el estudio, nosotros seguíamos grabando; traíamos a un trombonista, re-grabábamos voces, guitarras, y le mandábamos los archivos a Andrew, un trabajo pesadísimo. Fue un proceso largo ése, recibir mezclas y hacer apuntes, subirle acá y bajarle allá; pero así, sin prisas, llegamos al disco que buscábamos, la paciencia y experiencia que hemos acumulado nos ha servido para crear un álbum que, creemos, nos va a gustar toda la vida”.

Pablo Romero (vocalista y guitarrista del grupo argentino Árbol) produjo dos temas, ¿por qué recurrieron a él?
“En realidad nos alcanzó para tener a Andrew aquí doce días y así se estructuró el tiempo de producción. Empezábamos a las once de la mañana y acabábamos a las cinco de la madrugada a diario. Fue muy productivo todo, pero un par de temas quedó fuera del estándar de calidad. A Pablo lo conocimos de gira con Árbol y nos hicimos muy amigos. En cierta ocasión vino al Distrito Federal y estábamos en el estudio, entonces le preguntamos muy casualmente si nos producía lo que nos faltaba del disco? Y nos dijo que sí. Entonces le cambiamos su boleto —estaba a punto de volar a su país— y empezamos a grabar al día siguiente. Con Pablito fueron como cinco días de trabajo, intensivos también, donde entendió muy bien nuestra onda, al grado que hizo giros drásticos. Hubo boleros y norteñas que no nos esperábamos. Sumar ambos talentos fue propositivo y positivo porque Andrew es como nuestro papá, un sabio que siempre anda descalzo y en pants, pero su perspectiva es totalmente anglo, así que requeríamos de un perfil latino”.
 

¿Y cómo suena Ven ven?
A pesar de que contiene el estilo de Andrew, que puede considerarse atascado, se trata de un disco balanceado. A diferencia de antes, esta vez quisimos hacer algo menos acelerado. Ven ven es una invitación a nuestro momento. No quisimos repetir el absurdo, sino plasmar una reflexión festiva de la etapa que estamos viviendo. Ven, ven: a la fiesta, intégrate a nuestro plan, porque hicimos un disco de emociones, no tanto de viajes fantásticos, aunque siempre seremos un grupo surreal con buen humor”.