iGeraldine Larrosa suele anunciarse bajo los reflectores como Innocence, el apelativo que ha conseguido que la también actriz franco- española tenga un lugar especial en la escena dance europea con tres producciones discográficas. La más reciente, titulada This is love, entrecruza los caminos de una voz educada, barroca y plena de matices, con la inmediatez de los ritmos sintéticos propios de una pista de baile y que llega a México para provocar lo que ya ha conseguido sobre todo en tierras españolas. Bajo la producción de Carlos Marín (miembro del grupo Il Divo) y un puñado de remixes cortesía del DJ Brian Cross, la obra se anuncia como un avance definitivo en la historia de la cantante y de paso abre una brecha inexplorada, como ella misma comenta: “lo que quería con este disco era acercar la parte del canto clásico a las generaciones más jóvenes. Y creo que lo hemos logrado. Hablo en plural porque Carlos y yo encajamos muy bien desde siempre y eso es una fortuna en este ámbito, y lo mismo ocurrió con Brian; los dos entendieron el estilo que yo estaba buscando y concretamos un buen trabajo”.

“Estuvimos alrededor del año preparando este disco ya en forma -continúa Geraldine-; “apenas pasaron cuatro meses después de mi embarazo y arrancamos con la grabación en Madrid, mientras la mezcla tuvo lugar en el Reino Unido”. El estudio madrileño Idemma, según explica el dúo, es un lugar excepcional, pues cuenta con una cúpula transparente que les permite a los visitantes gozar de las modificaciones celestes que suceden conforme el día avanza y las sesiones tienen lugar. “Una vez en la cabina de grabación –prosigue la cantante-, “estuvimos un año yendo y viniendo, escuchando y buscando canciones”. En ese sentido, Carlos tuvo una voz importante, pues tomó decisiones determinantes en cuanto al repertorio final: “yo soy duro, perfeccionista, y ella me tiraba zapatazos, pero en buena onda, porque somos grandes amigos. Mi lugar se encontraba del lado de la consola y mi deber era permanecer atento a cada movimiento con alguien encargado de las perillas. Al otro lado estaba Geraldine, haciendo lo suyo, que no es poca cosa”.

Ahondando en el terreno de las composiciones, cabe destacar que la dupla echó mano de talento internacional, de personajes que lo mismo han trabajado con Madonna que con Kylie Minogue. “Conseguimos juntar un equipo fantástico- continúa la cantante-, “luego de seleccionar algunos de los cuarenta temas con los que contábamos. Y por si fuese poco, también echamos mano de las remezclas de Brian Cross, un DJ español muy popular. La verdad es que éste es un disco único que esperamos que suene en todas las discotecas porque ese es nuestro plan; inclinarnos a la pista de baile”. Quien continúa es Carlos; “ella tiene un rango de voz inmenso. Cuenta con una voz pop, por decirlo de algún modo, muy abierta, pero también puede hacer trabajo lírico, como una soprano. Además, ha hecho musicales, películas, de todo. Y todo ese bagaje está en el disco, porque si bien es música dance la que procura, habría que hacer una pregunta al público: ¿había alguien escuchado música bailable con voces agudas?  Aquí lo que existe es un sello nuevo, algo que marca la diferencia”.

El tejido de la grabación

Respecto a las herramientas del registro sonoro de This is love, Geraldine registró sus voces con un micrófono Sony que, según la propia cantante, “cuenta con una cápsula que no distorsiona y a cambio envuelve mi voz. Además, funciona muy bien con mis tonos graves”. “Se trata de un micrófono que lo mismo ha usado Tony Braxton, que Celine Dion y Mariah Carey –remata Carlos Marín. Aunque cabe mencionar que para los directos usamos Sennheiser con cápsula Neumann que en directo funciona igualmente de maravilla”. Al momento de cantar y grabar, la rubia solicita “mucho reverb. Esto ocurre porque, no sé cómo explicarlo, pero me gusta sentir esa parte etérea de mi voz que me emociona. Siempre pido que mi voz se encuentre encima del resto de la instrumentación y me preparo de forma especial, buscando crear armonías líricas que me compenetren con la música”.

El proceso de mezcla del trabajo merece un párrafo aparte, y Carlos explica por qué: “la historia de la mezcla es especial porque estamos hablando de música dance, así que el bombo debe estar más alto, contar con una presencia especial, mientras los sintetizadores deben ocupar un segundo plano. Tomando esto en cuenta, queda claro que las voces significan una lucha, porque si las subes de más ya estás pisando los terrenos del pop, y si cedes espacio, pues el bombo se las traga. El truco es conseguir una mezcla donde tanto bombo como voz se lleven bien. Yo estuve con el director de coros Alberto Quintero haciendo esto y finalmente conseguimos una armonía. Puedo decir que la mezcla es otro mundo, en realidad se transformó en una guerra para defender voces con agudos líricos conviviendo con bajos graves”.

Geraldine considera que “fue un reto lograr un buen resultado, al mezclar correctamente la delicadeza y la estridencia. Cuando escuché la mezcla por vez primera me encantó, porque los productores entendieron bien lo que yo buscaba. Este disco consiguió sacarle un tono metálico a mi voz que me fascina y esto puede apreciarse en Houdini girl, mi canción favorita del álbum que, además, opera como un homenaje a mi padre, porque él era mago (mi madre, bailarina clásica de la ópera de Marsella)”. Carlos Marín apunta que la obra fue grabada bajo las leyes de los procesos digitales debido a que “no hay forma de escapar de esa tendencia, aunque se trate de una herramienta que significa un riesgo para el usuario, porque es fácil extraviar las riendas con ella; por fortuna éste no fue nuestro caso. Además, el futuro está ahí, en las computadoras, porque éstas abaratan los costos de producción; no olvidemos que ya no hay lo que existía antes, cuando se invertían millones en estudios carísimos; ahora los sellos disqueros calculan cuánto venderá alguien para luego decidir qué tanto merece que se le invierta a su proceso de grabación”.

Con referentes sónicos que van de Ultravox a Kate Bush y de Pitbull a Inna, Innocence confiesa que su futuro está en las manos del público, aunque tiene la certeza de que “este disco puede sonar en todas partes. Yo estoy segura de que les va a encantar, porque en México hay pasión por la música y estos temas están hechos con eso, con pasión. Además, esta propuesta no se parece a nada hecho antes, porque ¿dance y ópera unidos, cuándo se había escuchado?