Gran disco. Afuera parece la final de un concurso de belleza. Ángeles sin alas están formadas para entrar a su lugar favorito. Adentro, la diversión es celestial, la hospitalidad poblana y el universo miran como testigos. La única razón que tienen para dejar el paraíso unas horas es la de venir a bailar aquí, hasta el amanecer. Ahora sabemos por qué al municipio le llaman Angelópolis.

Cautivante. Igual que la mina de diamantes en África, el Damtshaa esconde tesoros. Es un centro nocturno como pocos. Milagro de la tecnología, su diseño futurista y ecológicamente amigable lo hacen el ideal de la vida espirituosa. Talento nacional, los socios del espacio son inversionistas mexicanos que arriesgaron grandes sumas por el placer puro de ver a otros divertirse.

 
  Esos son anfitriones. Discoteca sin precedentes en México, Damtshaa merece ser visitada, sin importar desde qué tan lejos. Para desenterrar el tesoro se ocuparon dos años de trabajo, duro y en equipo. Arquitectos, iluminadores y especialistas en programación dejaron su alma en la mina. Por ello, con la intención de corroborar los motivos de tanta alegría, la siguiente es la historia de creación y los generadores de esta brillante obra.

Un proyecto digno de la ciudad de los ángeles
Filósofo de la noche. Eduardo Ramos Ramírez, de Africa Group encabeza este grupo de socios que administra varios establecimientos en el estado de Puebla, como La Roca, El Banquetazo y una decena más de restaurantes. Empezó en la industria del espectáculo por gusto y gradualmente fue creando un negocio a su alrededor, que lo ha llevado a buscar lo más avanzado en tecnología.

“Cuando decidimos hacer este proyecto”, recueda Eduardo, “queríamos algo diferente. ¿Cómo debía ser para mover emociones? Y finalmente, se logró éste lugar. Es un sueño, pero más que otra cosa, este lugar lo hicimos al gusto de mis cuatro socios. Todos somos de la misma edad, poblanos y compañeros de escuela. Fue todo un tema concretar el proyecto, ya que es un negocio riesgoso en toda la extensión de la palabra. Entran mil personas y no se sabe si la gente reaccionará favorablemente, pero afortunadamente les gustó”.

Por otra parte, la forma de Damtshaa fue idea del arquitecto Carlos Murillo. Artista del espacio, este profesional propuso a los socios una estructura radial para colocar la iluminación, en vez de seguir una línea recta. Su consideración fue que no había otra forma de colgar tantas lámparas para hacer una figura básica. “Es un concepto nuevo, que tiene gran resistencia por su forma. Se logró algo muy interesante para obtener puntos donde se puede colgar hasta media tonelada en cada uno y a la vez fuera una guía de luces”, comenta Carlos.

“A esta estructura se le llama anticatenaria; cuando dejamos colgar una cadena, se forma una catenaria. Si le damos la vuelta, por la línea que traza, es una estructura anticatenaria. Como fue una nave industrial, cuando llegamos nos encontramos con los muros y lo más importante era perder la impresión de fábrica. Hay una cubierta tradicional a dos aguas y se le trató de cambiar la forma; es como el techo de un domo”.

Sobre la anticatenaria fueron montadas unas espirales, en las que se colgaron 672 lámparas de LEDs, que nosotros llamamos pixeles. De esta forma se generan formas de círculos que bauticé como Turbo LED. Parece un motor de avión, porque se forman las aspas de una turbina”.

Carlos Murillo fabricó quince aros. Los círculos luminosos siguen la forma de un aspa y cuando encienden pueden activarse círculo por círculo o girarlos individualmente.

Sin duda, un diseño de expertos
Decano del buen gusto. Ricardo Flores, jefe de diseño de Damtshaa, tiene una carrera que se forjó en gran medida cuando trabajó en el Instituto de Bellas Artes como técnico del Ballet Folclórico de México, donde tuvo la oportunidad de estudiar iluminación con los diseñadores que venían desde Nueva York a las giras del ballet.

 
  En 1972, Ricardo decidió cambiar de aires. Se mudó a Acapulco en 1972 y la empresa donde trabajaba ganó el concurso para instalar el sistema de video en el Centro de Convenciones de la ciudad. En 1976 diseñó su primera discoteca, Le Jardain, y adquirió fama internacional por sus esfuerzos en la construcción del Baby’ O, bajo los planos de Richard Long, gurú de la estética disco. Con los años, Ricardo viajó igual a España, que a la India o Venezuela, para modelar discotecas.

Con sus propias manos. “Siempre que hago un lugar, lo hago con diseños personales”, dice Ricardo, “son diseños que construyo e instalo y así fue en el caso de Damtshaa. Esto no existe en ningún otro lado. Lo que se ha hecho es algo que ha revolucionado los sistemas de iluminación. Rompimos un molde y quisimos ser un parteaguas entre lo que se usaba y lo que se usará. Ha sido un trabajo de mucha gente, desde los fabricantes de lámparas, los diseñadores, programadores e instaladores”.

“Para Damtshaa fabricamos e instalamos motores controlados por lenguaje DMX y en unas plataformas monto los videoproyectores. Desarrollamos una interfaz para controlar todos estos parámetros y la entrada, el encendido, apagado, pan, tilt, brillo y color se pueden manejar desde la consola. Hay dos videoproyectores, de tal manera que con un software de iluminación se puede controlar no solamente su movimiento, sino también sus parámetros”.
 
“El videoproyector es Panasonic de 6 mil lúmens. La fábrica nos proporcionó su protocolo RS-232 para desarrollar la interfaz; creyeron en nosotros y nos proporcionó un proyector que puede trabajar en cualquier forma o movimiento. No tiene ningún problema, sobre todo en la ventilación, porque los proyectores pasan mucho tiempo de cabeza. Hasta ahora no hemos tenido fallas”.

En todo el muro principal, Damtshaa cuenta con doce pantallas de plasma de 42 pulgadas. Ricardo Flores explica: “Las pantallas giran 180 grados sobre su propio eje y de forma individual. Manejan un sistema de video muy sofisticado, el cual se alimenta con ocho fuentes de señal: dos servidores, la resultante de un mezclador de video y cinco reproductores de DVD”.

“La idea fue que en cada monitor se puedan entregar infinidad de efectos. Los videos se mandan producir y se almacenan en una computadora como un servidor. A través de un ruteador, la señal se envía al proyector uno o la pantalla cuatro. Tenemos un generador de efectos Edirol y por ejemplo, si se crea un tigre, éste correrá por toda la discoteca porque gira. Se pueden generar efectos de reptiles en el piso, hacer llover o lo que sea”.

Reflejos que evolucionan
Por otro lado, la bola de espejos tradicionales de efecto discotheque ha mutado en Damtshaa hacia una esfera similar a la que Ricardo había instalado en otro club nocturno y el resultado fue una esfera de LEDs que gire y haga efectos. A nivel prototipo, es una esfera que cambia de color y proyecta figuras. “Este modelo se llama Sistema Galaxia 3D, lo diseñé hace treinta años y estaba pegada a un plafón. Ahora hice diez niveles de esa misma galaxia; significa que son diez capas de LEDs, una sobre otra. Para crearlo usé tubos de acrílico; para colocar las luces dentro, y mediante el software Madrix, hice primero el mapeo, para establecer la información de cada pixel. Cada punto es un canal DMX y acabamos teniendo ocho universos. Serían cinco mil canales. El mapeo es acomodarlos físicamente en el programa, para que cuando corra una secuencia, haga el efecto”, explica Ricardo.

 
 
En cuanto al consumo de energía eléctrica, el diseñador en jefe de Damtshaa señala: “Los recibos se van al piso; porque los LEDs consumen dos watts cuando están prendidas en blanco. Significa que cada pastilla tiene tres LEDs y la suma de las tres genera el blanco. Cada lámpara tiene seis LEDs SMD. Cuando enciende todo, las 672 lámparas y los controladores, estamos hablando de mil 500 watts, pero  en términos reales, consume 500 watts. Ahora, la Galaxia todavía consume una fracción de eso. No llega a 300 watts”.

Luz, parte del tesoro encontrado
Pintor con luces. A Roberto Malváez siempre le ha gustado la música y la iluminación. Al inicio de su carrera, trabajó en Control Data, una compañía de computadoras para la que daba mantenimiento. Era 1979, cuando un closet guardaba 8 K de memoria. Por su esfuerzo, lo enviaron para entrenamiento a la ciudad de Minneapolis, donde se vivía la Fiebre de Travolta. Conoció a directivos de Freedom Electronics (una empresa que se dedicaba a instalar dos discotecas por semana) y entró al equipo. Regresando a México, empezó por construir sus propios chasers. Viajó por el interior, programando iluminación para discotecas, cuyos clientes pronto le pidieron traer audio Cerwin Vega. Después, el ingeniero inició un negocio, importando videoproyectores de tres lentes.

En los últimos años, Roberto se ha dedicado a los programas de iluminación. Conoció a Ricardo Flores en el Christine Vallarta y desde entonces trabajan juntos. Cuando Ricardo hizo los planos y los mandó con Roberto para realizar esas ideas, la programación fue esencial. El ingeniero materializó aquellas iluminaciones dinámicas gracias a su conocimiento del software Madrix, sistema con el que pudo visualizar los trazos, investigar cómo hacerlos y apoyarse con sus proveedores de Alemania.

“En Damtshaa estamos utilizando un programa alemán llamado Madrix, dedicado para los LEDs de la Galaxia y la pantalla Turbo LED. Vienen con diferentes grados de apertura y en función de ello es la definición que maneja. En el caso de la Galaxia 3D, usamos unos de 180 grados, los cuales se pueden ver desde cualquier punto”.

“Madrix nos permite trabajar como si fuera un software de video y otro de iluminación. Generara efectos espectaculares y tratamos de darle al operador de luces la posibilidad de dispararlos rápidamente, para que no sea tediosa la noche, porque a veces están hasta ocho horas trabajando. Deben tener la facilidad de controlar todo con los dedos y que no les sea cansado, sino muy sencillo y puedan estar bailando con la música”, comenta Roberto.

“Aunque se vea muy complejo y con muchos elementos, Madrix, termina trabajando como una luminaria robótica más del software Sunlite, de la consola o del programa Maxxyz de Martin Professional, que controla la iluminación ambiental. Acaba siendo parte de la consola y el operador tiene todo en un mismo software; con un solo teclado MIDI M-Audio. Es muy práctico”.

¿Pasamos al audio?
Roberto Malváez continúa: “Tenemos dos arreglos lineales Meyer Sound, con seis altavoces M2D por lado y cuatro subwoofers 700 HP. La idea principal era que se iban a hacer conciertos en vivo y la retroalimentación era un problema, por la forma del salón; que es como un teatro, se tiene muy buena acústica y el techo es el escenario. Cuando se monta un arreglo lineal, tienes que tomar una opción: o la dirigen hacia la pista, para que la gente baile o hacia el público, como un concierto. Aquí atendemos las dos necesidades.

“Lo que hice fue diseñar un sistema de motores y su posición original es dirigidos hacia la pista; se aumenta la presión sonora en las dos cajas de abajo y en las siguientes se atenúa, para no molestar a los clientes sentados. Cuando hay un show, las bocinas se abren 31 grados y medio, con esa precisión; para que queden en formación de concierto”.

”Por su parte, tenemos el sistema procesador Galileo, que tiene doble configuración, para una y otra necesidad. Aprovechando que tiene seis entradas, dos son para la música grabada y las demás para la consola. Ya vino personal técnico de Meyer Sound a medir la sala con el SIM y está perfectamente ajustada”.
 
Con Via Láctea propia. Damtshaa ofrece a sus angelicales clientes las tentaciones que no existen en el cielo: música giratoria, danzas sensuales y el gusto de pasar la noche fuera de casa. Mega antro, lo mismo ha sido pista de bailes rituales, que escenario de Belinda. Aduana celestial entre infinito y profano, es paso de los sentidos exaltados.

Desde la noche de los tiempos, las parejas siempre han buscado el mejor lugar para navegar la oscuridad. Y se encuentra aquí, generoso oasis de fiesta, mina de luz y señorío. Evolución lógica de la arquitectura, Damtshaa recuerda que el manejo del fuego nos distingue; pero el baile nos libera.
Redacción: Víctor Baldovinos