La prolongada pausa de la actividad en los escenarios ha activado un instinto de supervivencia en los diferentes grupos artísticos. La consolidación del streaming causada por la inesperada pandemia ha pasado por una acelerada evolución, en la cual el formato se ha convertido en una herramienta vital. Los artistas consolidados como la banda tapatía Cuca lo capitalizan y a modo de un acercamiento inusual en sus producciones, el pasado de agosto realizaron una sesión íntima, en vivo, lo que reactivó brevemente la trunca celebración de los treinta años de la banda, el 14 de febrero pasado, con la salida del álbum “Pornoblatea”, y la gira promocional correspondiente, pospuesta indefinidamente. 

Primeras veces

El bajista Carlos Aviléz es el indicado para narrarnos cómo fue esta nueva aventura, así como sus impresiones acerca de la situación de la banda ante la alarma sanitaria: “La actividad de Cuca después de la llegada de la Covid-19 ha sido nula y hemos tomado este tiempo como si fuera un sabático. Todos los planes para apoyar nuestro nuevo álbum quedaron en suspenso y nuestros contratos hechos antes de la restricción por salud permanecen esperando. Estamos aguardando la oportunidad de volver al escenario”. 

Carlos conversa acerca de la invitación para incursionar en el concierto en línea: “Fue una propuesta que nos hizo llegar nuestro management y accedimos con algunas condiciones. Lo hicimos en Guadalajara y se transmitió desde ahí para evitar viajar. También decidimos hacerlo como una sesión en vivo, no un concierto convencional. Esto se hizo como se hace en el estudio o cuarto de ensayo: viéndonos unos a otros, sin apuntar hacia algún objetivo o a la cámara, como es en una audición o concierto. Tocamos todos los temas de manera continua, uno tras otro, sin grandes pausas o interacción verbal entre canción y canción. Cabe agregar que fue la primera vez que hicimos algo así. Muy pocas veces ha habido gente externa a la banda en algún ensayo, sobre todo si estamos en proceso de composición”.

El bajista de Cuca manifiesta cómo se hizo la selección de la sede y del staff que haría posible este nuevo esfuerzo: “A partir de que la propuesta fue aceptada, hablé con Andrés Huerta, propietario de Sound Tube Studios, y acordamos hacerlo ahí. Lo propuse a la banda porque el estudio tiene todas las condiciones para hacerlo. La sala es bastante amplia y agradable; muy similar a lo que nosotros teníamos como cuarto de ensayo. Además, el estudio tiene las cámaras y la iluminación adecuada. Así se hizo el diseño de lo que fue la parte visual del show y para nosotros fue algo muy especial y diferente”.

Andrés Huerta interviene para darnos los pormenores de la producción, además de mostrarnos las credenciales que lo hicieron ser el elegido para realizarla: “Tengo veinticinco años como ingeniero de audio y gran parte de esta experiencia la he dedicado al audio en vivo en diferentes áreas. En todo este tiempo hemos venido forjando este proyecto de estudio que se llama Sound Tube Studios, que ha ido creciendo como todos los negocios, desde una pequeña sala hasta un estudio profesional diseñado por John Brandt, habilitado con lo último y suficiente para hacer el trabajo que se requiera. Los últimos cuatro años hemos venido equipando el tracking room con equipos de iluminación, video y un pequeño switcher, ya que tenemos la percepción de que la música ya no se vende solamente por los oídos, sino también por los ojos. El mayor flujo de música es por las redes sociales, y el aspecto visual en imprescindible. De esa manera fuimos adaptando este estudio tradicional de grabación en un set de televisión para tener contenidos audiovisuales. Eso permite a las bandas capturar su material en un solo lugar a precios más accesibles, con el control ágil de los datos y sin problemas de manejo de datos, lo que nos ha llevado a que bandas tan importantes como Cuca nos haya buscado para generar esta sesión en vivo que a nosotros nos encantó hacerla”.

El contacto de Andrés con Cuca tiene antecedentes: “Además de que son amigos de toda la  vida, ya habíamos trabajado con ellos previamente. Alguna vez les hice monitores y trabajé en las dos óperas rock de José Fors, de modo que ya sabemos cómo trabajamos”.

Sonido rockero de estudio

Carlos nos cuenta cómo fue el ingreso al estudio: “Fue todo un día de trabajo. Una parte importante de esto fue que para estar tranquilos, nos hicieron una prueba de Covid-19 a todos los que estuvimos dentro del inmueble, antes de llevar a cabo la transmisión. Cuando los resultados arrojaron resultados negativos de todos, ingresamos. Fue una sesión que nos dejó muy buen sabor de boca, porque además teníamos ocho meses que no tocábamos con Alex Otaola debido a la cirugía de hombro que tuvo. El ensayo de algunos de los temas fue durante la prueba de sonido, la cual fue muy larga, pero muy agradable”. Andrés agrega: “Otra medida de seguridad fue que se hiciera con el menor número de gente posible. Estábamos mi hermano Juan Pablo, que también es operador y mixer, y yo haciendo el show y los músicos. Ellos también trajeron una persona que nos ayudara con lo necesario. Fue una producción pequeña”. 

Andrés Huerta prosigue la crónica: “Desde la primera vez que platicamos Carlos y yo, él visualizó un show más íntimo, en el que los fans tuvieran acceso virtual al cuarto de ensayo, y que los pudieran ver de cerquita, sin mucha producción. Para esto, ubicamos las cámaras hacia ellos con planos más cercanos. Las cámaras que se usaron fueron una cámara HD estática para cada uno, y yo usé una cámara de mano con estabilizador para caminar entre ellos. En cuanto a iluminación, lo que hicimos fue enfocarlos individualmente; utilizamos leekos en tres posiciones: dos por atrás y uno por adelante para cada uno, de manera que estuvieran iluminados sólo ellos con un efecto semi obscuro”.

En cuanto al audio, el ingeniero ahonda: “En esta área buscamos que fuera un sonido muy de cuarto de ensayo. Desde que conozco a Nacho González (batería), siempre ha buscado que su sonido sea muy natural, acústico y grande, tipo Led Zeppelin. Lo que buscamos con la microfonía fue balancear el sonido natural de la batería, de manera que sonara como si uno estuviera al lado de los tambores. No fueron tantos micrófonos. De hecho, muchos de los que se ven en video en la batería eran refuerzos en caso de ser necesarios. Básicamente lo que está sonando son bombo, tarola y overheads. Nacho quedó muy contento con el sonido”.

Andrés describe cómo fue la labor de microfoneo de bajo y guitarra: “El bajo fue por línea: una caja directa y de ahí a Pro Tools. En cuanto a la guitarra, Alex Otaola usó un amplificador Kemper, lo que facilitó mucho la grabación. Esos equipos suenan muy bien y no lo pasamos por una bocina; nos fuimos directos a la consola. El micrófono de José fue un Shure SM58. No hay mucho secreto, ya que Cuca es una banda que tiene que sonar así: duro, fuerte y clásico. En resumen, todo fue directo a Pro Tools: grabación, monitoreo y prácticamente mezclamos ahí, en vivo. Todo fluyó de manera adecuada y todas las opiniones que he recibido han sido buenas”.

Carlos Aviléz nos cuenta acerca de lo que sigue para Cuca: “No hemos planeado en tocar en auto-conciertos, porque no ha habido una propuesta formal y si llega, en su momento lo platicaremos. En este caso, quedamos muy contentos con el resultado y espero que el público también. Por el momento cada quien estamos en cosas distintas desde sus casas. Es importante que nuestros seguidores vayan a las páginas oficiales, nos sigan y nos apoyen escuchando nuestra música en plataformas digitales. Esto mantiene vivo el movimiento”.

Andrés Huerta cierra su charla con su punto de vista final acerca de la virtualidad en la música:  “Creo que queramos o no, los shows por streaming llegaron para quedarse. Es una herramienta que hay que aprovechar”.