“Es un festival que nació en el corazón de la Argentina, en Córdoba, y lo curioso es que la gente comenzó a venir desde todos los rincones del país. A partir de 2017 empezamos a recorrer el mundo y ya hemos hecho ediciones en México, Colombia, Chile, Perú, Bolivia, Uruguay y España. Cosquín Rock creció en Latinoamérica con muchos esfuerzos, paso a paso, trabajando con socios de cada uno de los países donde hemos ido, y desde el 2017 se transformó de ser un fenómeno regional y entendimos que teníamos que hacer una plataforma que acompañase al festival para que desde estos países se pudiera ver tanto el festival proveniente de Argentina y viceversa”. Esto lo relata José Palazzo, fundador de éste, un evento panregional cuyo alcance y visión le permitió confrontar los efectos de la pandemia mediante la tecnología.

Como antecedente, en febrero de este año, como parte del festejo por su edición número veinte, el festival hizo un homenaje a Charly García, quien no pudo asistir en persona por un accidente, pero ahí se pudo convocar a su celebración a amigos como Nito Mestre y León Gieco, lo que hizo del evento un recuerdo memorable. Pendiente quedó también la versión en México y España, donde ya se alistaba un Cosquín contundente, casi sold out, con artistas como Andrés Calamaro, El Mató a un Policía Motorizado, Ratones Paranoicos, Loquillo y Fangoria, entre otros.

Alcance panregional, asistencia virtual

En 2019, el Cosquín Rock estrenaría su nueva plataforma en línea —desde hace una década el festival transmite por su página los conciertos—, pero se pospuso por una cuestión presupuestaria; posteriormente, llegaría la pandemia este 2020 y ello aceleró su diseño e implementación: “En tiempo récord, junto a las empresas Indexar y Magnética, que son socios nuestros, decidimos construir esta plataforma que ya está en marcha: se pudo ver el Cosquín Rock hispanoamericano con cuatro escenarios simultáneos. Más de sesenta bandas tocando en vivo, con sus formaciones originales y su producción, desde el Estadio Luna Park de Buenos Aires, en el foro la Trastienda en la Plaza de la Música en Córdoba, el Teatro Gardel de Rosario, en el Carnaval en Montevideo, en el Centro Cultural de Paraguay y en distintos lugares de otros países, con invitados de Cuba, Ecuador, México, Chile, Perú, Uruguay, Bolivia y España. Fue la punta de lanza de lo que será esta plataforma, donde usaremos tecnología 360, realidad virtual, salas de chat y meet and greet con los artistas, aprovechando todas las posibilidades que nos da la tecnología”, detalla José.

El objetivo de la edición no era propiamente mostrar la plataforma, sino dar oportunidad a las bandas de volver a tocar con su staff completo: “En Argentina fue la primera vez que los músicos regresaron al escenario, sin público, es verdad, pero en formato concierto. Fue una odisea coordinar con cada uno de los managers y las producciones técnicas el formato del material con las características que nosotros necesitábamos para poder cumplir con todos estos requisitos de la tecnología, que fue un gran desarrollo. Por otro lado, tuvimos que romper el paradigma del en vivo y de nuestro festival, pues su característica principal es que fuera presencial, a donde llegan más de 150 mil personas que viajan por carretera por toda la República de Argentina para ir, personas con las que ya hicimos comunidad y que ahora no podemos ver ni disfrutar”.

“Este año queríamos hacer México, Colombia, Uruguay, Paraguay, Estados Unidos y España y todo se ha reprogramado para el año que viene. Se trata de un esfuerzo, de poner este granito de arena para que los músicos, técnicos y productores de todos los países que están involucrados puedan tener una moneda y trabajar, ir a un estadio o una sala y ayudar a su banda, verse y decirse: ‘Hey, acá andamos y estaremos bien’, comparte José Palazzo. 

La edición de 2020 en agosto pasado fue la primera vez que el festival se lanzó en línea, cobrando entradas: “Fue difícil explicarle a la gente que ahora las entradas se cobrarían, después de haber recibido durante tres meses material gratuito desde las casas de los músicos, pero acá hay dos cosas muy importantes: primero, que el dinero recabado, mucho o poco, estaría destinado a pagar los costos de producir este evento de los artistas, tanto sus honorarios como los de su staff y que eso es una forma de darle vida a la música en vivo, si no corre el riesgo de extinguirse; segundo, que hay que acostumbrarse a que muchos de los contenidos que uno recibirá serán de pago para poder mover a la industria, mientras podamos regresar al recital en vivo. Asimismo, fue la primera vez que nos dimos el lujo de invitar a todos nuestros hermanos de Latinoamérica y que desde su casa se pusieran al día con nuestro rock”.

“Todas las bandas estuvieron de acuerdo”, explica el director del festival; “a varias se les hacía difícil pensarse tocando en un lugar vacío, pero otras ya estaban más familiarizadas; sin embargo, esto es una nueva realidad y hay que afrontarla lo que queda de este año. Serán constantes los eventos en streaming y ojalá entendamos que serán limitados, porque si se hacen uno o cuatro seguidos se acaba la posibilidad de sorprender, porque ahora no se sigue la lógica de una gira donde se hacen treinta o hasta sesenta shows seguidos. Creemos que es una buena causa y la gente nos acompañó adquiriendo sus entradas. Se manejó el cobro con compañías boleteras y monedas locales y la entrada incluyó un mes de suscripción gratuita a la plataforma para ver otras cosas, como la muestra de los veinte años de Cosquín en fotos; muchas perlas para ver y, como seguramente no se alcanzó a ver todo de un jalón, se pudo hacer en ese mes”.

Logística e integración tecnológica

El diseño de la nueva plataforma, iniciado en octubre de 2019, se cubrió en un tiempo record de sesenta días, lo que permitió armar el primer show en streaming en julio de 2020. Se trató de un trabajo muy específico para entender que se debía imaginar y realizar un festival desde lo digital, no pensarlo desde lo físico y cubriendo toda la mixtura de estilos que han dado identidad al evento, que, en condiciones normales se realiza con alrededor de 3,500 personas participando en él evento, entre producción, técnica, seguridad, staff, todos los que arman sus ocho escenarios para atender a 150 mil personas durante dos días y donde tocan 150 bandas. Las versiones más chicas, como las realizadas en Colombia, Bolivia o México, han tenido cinco escenarios. “Para esta versión en línea, trabajaron 600 personas en Córdoba, entre técnicos, músicos, asistentes y producción general, todos siguiendo las medidas sanitarias pertinente, y calculamos que sumando a todos los asistentes y gente de todos los países, fuimos como dos mil personas para esta edición online del Cosquín Rock”, revela José.

Cabe mencionar que la logística señaló un promedio de entre tres y cuatro foros por localidad, con apego a los protocolos sanitarios que demandó el reto, en Argentina, de tener más de una sede para evitar el bloqueo por tiempo que se pide para sanitizar entre el desalojo y la ocupación de un sitio, lo que no funcionaba para coordinar varios artistas en un solo recinto. “Para concretar la programación de cada día, tuvimos que conseguir más lugares. La provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe están en distintas fases de confinamiento, así que atender el protocolo fue algo casi quirúrgico”.

La producción también implicó atender la captura de la imagen en directo a cuatro cámaras: “Si bien se hizo una mezcla general y hubo un director de cámaras, debimos cumplir la posibilidad de elegir tomas, dependiendo de las cámaras. Otra regla fue tocar con staff completo, con armado de la producción, el sonido y demás, porque ahí está la vía para darle trabajo a la gente, los motores de esta actividad; y finalmente que tocara en vivo. Preferimos que estuvieran los que sí podían, porque necesitábamos que el artista estuviera lejos, pero tocando su show en vivo para el público”, señala José Palazzo, quien también es firme en que esta modalidad en línea podrá coexistir con los conciertos en vivo: “Creo que el streaming se quedará como un complemento para los artistas, una vez que la gente entienda que se trata de un servicio y que deben pagarlo. Pienso que ante el desconocimiento y la necesidad de los artistas de expresarse, además del encierro de la gente, haber dado las cosas gratis hizo que ésta asimilara que así debía ser siempre, pero no. Si esto fuera así, la industria de la música no tendrá sustento”.

Finalmente, el director del Festival Cosquín reflexiona: “Cuando la industria de la música vuelva a sonar con los artistas y su público, esto será un complemento interesante, porque ya estarán armadas las plataformas, hechas las inversiones y construidos los recintos virtuales que permitirán a los artistas tocar un show, por ejemplo, en el Foro Sol de México, y transmitirlo a todo el mundo, cobrar una cantidad razonable para contar con un dinero que le permita al artista hacer una transmisión con más tecnología o tener material de archivo. Ese valor será extra para las bandas y la industria de la música. Es un gran desafío y hay que tomarlo”.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco