Actualmente, es fácil que los presupuestos actuales de las producciones de Hollywood excedan los doscientos millones de dólares. Películas como “Avengers: Endgame” y “The Lion King”, superan esta barrera fácilmente, rebasando inclusive los trescientos millones por costo total de producción y posproducción. La gran mayoría de estos presupuestos van directamente al elenco, escritores, publicidad, mercadotecnia y gastos de locación, como la construcción de gigantescos sets completamente amueblados y listos para simular grandes escenas de acción. 

Las grandes ligas

En correspondencia a semejante tamaño de inversión, el costo de producir la música que acompaña la trama de estas superproducciones es inmenso. Si bien es cierto que en comparación a otros gastos dentro del presupuesto, como publicidad y mercadotecnia, el costo de la música no es tan elevado, en comparación a una producción promedio de un álbum de pop moderno es mucho mayor.

Con un precio de contado de seis millones de dólares, es posible contratar a uno de los mejores compositores de cine como Alan Silvestri o Hans Zimmer, y grabar y mezclar el score orquestal para una nueva película. ¿Por qué cuesta tanto dinero crear un score de cine épico del calibre de una superproducción de Hollywood moderna? Examinemos.

La mayoría de los espectadores que van al cine a ver “El Rey León” o “Avengers: Endgame” jamás van a sentarse a pensar en la cantidad de trabajo arduo y sacrificio que se implementó en la creación de la música que acaban de escuchar en el filme. La dedicación, entrega y talento de cientos de asistentes, internos y personal que ni siquiera tuvo créditos en la pantalla pasará por alto ante la hambrienta audiencia de la película. Todos estos trabajadores, o la mayoría por lo menos, tiene salarios y cuentas que pagar. Sería maravilloso para los productores ejecutivos que fuera suficiente pagarnos con sueños, esperanzas y la gloria de haber trabajado en una producción de este calibre, pero esa no es la realidad.  Inclusive el personal de limpieza y corredores en las grandes salas de grabación de orquesta en Los Ángeles y en las avanzadas instalaciones de los compositores cobra una pequeña parte del costo total de producir un score de cine. Las interminables horas de edición y mezcla, cada uno de los músicos de la orquesta, los copistas que imprimen las partituras y cada una de las personas involucradas en semejante proceso recibe una parte de este presupuesto.

La magnitud e industrialización del proceso de creación de un score de cine es monumental y su impacto en la trama e historia es de características proporcionales. Sin música, una película carecería de contenido emocional relevante, sería una experiencia diluida y sin color. Por eso se sigue invirtiendo tanto dinero en la creación de ésta.

¿Cómo se inicia?

Todo empieza con una llamada de Christopher Nolan o John Favreau (directores) a Hans Zimmer. Se saludan, intercambian bromas y plática casual, luego se habla del último proyecto en el que ha estado trabajando Chris o John y la necesidad de un score de cine gigantesco que sólo Hans podría concebir y llevar a cabo. Se discute el presupuesto e itinerarios y ya que hay un acuerdo mutuo se puede concertar una cita en persona y empezar a discutir la necesidad de la historia por la música y la visión del director para ésta.

He tenido la oportunidad de presenciar estas juntas en las que Hans y los directores, productores, ejecutivos y editores de una película se juntan por primera vez a discutir cómo debe sonar la música de una película. Generalmente, los editores de video han posicionado música temporal sobre las escenas con el fin de demostrar lo que podría llegar a ser un producto terminado. Muchas de las decisiones creativas en el futuro parten de estos fundamentos.

El primer paso para escribir un score es el proceso de spotting: esto se refiere al acto de ver la película en su estado actual (puede ser que no se haya completado la filmación en este momento) y posicionar marcadores con ideas en la línea de tiempo. Se decide la longitud de las canciones (o music cues) en escena y dónde dividir de una canción a otra para facilitar el proceso de escritura, grabación, mezcla y edición. El compositor, sus asistentes y el editor de música toman notas substanciales de todo lo que van a necesitar y de sus ideas preliminares al momento de ver la película por primera vez.

Ya que el compositor y su equipo tienen una visión concreta de cómo debe sonar la música de la película y se toman en cuenta las referencias temporales de los editores de video, es posible empezar a escribir la música y a experimentar con sonidos hechos a la medida.

Hans Zimmer, por ejemplo, cuenta con un equipo de personas que se dedica exclusivamente a diseñar muestras (samples) de sonidos a la medida de su visión. Para la película de “The Lone Ranger”, Hans decidió que uno de los sonidos principales del score debía ser un piano roto y desafinado muy de acuerdo al género western y al tipo de pianos que se encontraría en una cantina tradicional de la época. El equipo de muestreo (sampling) salió en búsqueda de este tipo de sonidos y terminaron decidiendo comprar un piano viejo y lo dejaron caer del tercer piso de las instalaciones de Hans, acabándolo de romper por completo, para después proceder a tomar muestras de cada nota del piano para convertirlo en un instrumento virtual para que Hans pudiera jugar con estos sonidos contra video. Ya que estas muestras se encontraron programadas en un instrumento virtual, fue muy fácil editar y manipular los sonidos vía MIDI a través del score entero. Para el score de “Dark Phoenix”, por ejemplo, se grabaron y editaron más de diez mil eventos de voz para crear uno de los instrumentos virtuales más ambiciosos que han existido. Se contrataron varias vocalistas de sesión que grabaron prácticamente cada sílaba en diferentes notas, tempos e inflexión dinámica, para crear un instrumento polifónico de una profundidad abismal.

Caminos interesantes

El proceso de escribir un score puede durar desde un par de semanas hasta uno o dos años, todo depende del presupuesto y los lineamientos de tiempo. Muchos trabajos de scoring pueden ser designados como de rescate, como pasó como pasó con el score de “Blade Runner 2049”, que estaba siendo escrito por el compositor ganador del Oscar Jóhann Jóhannsson, cuando el director de la película, Denis Villeneuve, decidió cambiar el giro por completo y contrató a Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch. Hans y Ben escribieron, grabaron, mezclaron y entregaron el score de la película en un mes, todo un logro si consideramos que Hans estaba trabajando en “Dunkirk” durante este periodo. La única forma de lograr este esfuerzo es mediante la ejecución de años de experiencia, el equipo de personas adecuadas y todos los recursos en el arsenal de Hans. Al final del día, el resultado final es un score de cine gigantesco que hace justicia a la calidad cinematográfica de la película. Muchas veces, las limitaciones de tiempo, dinero o personal es lo que hace a las mentes creativas trabajar más eficientemente y a desencadenar una serie de decisiones virtuosas que generan resultados sorprendentes.

Ya que se han escrito las piezas de música en un secuenciador utilizando instrumentos virtuales y una que otra grabación de solistas, se envían los demos y referencias a los directores, editores y productores para su examinación. Muchas veces, la música es perfecta y aprobada al instante, pero muchas otras se pueden enviar decenas de versiones de la misma canción hasta que satisface todos los recovecos de las obsesiones del director y es aprobada. Ya que todas las canciones han sido aprobadas, entonces las secuencias MIDI se envían a un orquestador.

El trabajo del orquestador es observar la pieza musical y decidir qué notas le corresponden a cada instrumento dentro de la orquesta. Como muchas veces el compositor no se detiene a pensar en todo esto y sólo escribe sin limitaciones, es posible que las melodías y pasajes que se escribieron no sean posibles de ejecutar por un instrumentista en la realidad, así que el orquestador divide las partituras dependiendo del rango de notas a cada instrumento correspondiente y también se hace una estrategia de grabación para poder capturar todo lo que se necesita, aunque se trate de pasajes “imposibles” de interpretar.

El sonido final del score será tan bueno como el eslabón más débil en la cadena de producción. Si se parte de un fundamento de calidad excepcional y se lleva a cabo utilizando las mejores herramientas, en teoría el score debería sonar increíble. Es por eso que la mayoría de las superproducciones de Hollywood se graba en Londres en el Lyndhurst Hall, en Abbey Road o en Los Ángeles en la sala Eastwood, Newman o Streisand. La Orquesta Sinfónica de Londres y de Los Ángeles son las mejores del mundo, cuentan con los más talentosos intérpretes que a su vez cuentan con instrumentos invaluables que suenan como su creador los concibió siglos atrás. Estas salas de grabación llevan años siendo las más utilizadas para este propósito y de cierta forma se encuentran albergadas en el subconsciente de la audiencia, ya que han escuchado estos espacios acústicos en innumerables películas desde su infancia. Estas salas como Abbey Road o Synchron en Viena se encuentran equipadas con la más alta tecnología y las colecciones de micrófonos mas envidiadas del mundo. Cada micrófono que el ingeniero escoge es un valioso micrófono vintage alemán que ha grabado miles de orquestas a lo largo de, en algunos casos, más de cincuenta años de vida. Asimismo, los ingenieros y asistentes involucrados en estas grabaciones son veteranos con años de experiencia, especializados en grabación de scores de cine; realmente hay muy pocos ingenieros en el mundo que pueden lograr este tipo de grabaciones bajo tanto estrés y limitaciones de tiempo. Un día de grabación en una de estas salas con músicos e ingenieros tan talentosos cuesta mas de cien mil dólares por aproximadamente nueva horas de grabación. Generalmente, un score para una película como “Avengers: Endgame” necesitará más de una semana de grabaciones, lo cual eleva el costo total de grabación a uno o dos millones de dólares.

El toque final

Ya que la música ha sido grabada, todas las tomas se envían al equipo de mezcla, en donde las grabaciones se unen a los instrumentos virtuales y materiales adicionales como overdubs de solistas. Todo se organiza en sesiones de Pro Tools listas para mezclar. Generalmente, un score de este calibre requiere de múltiples computadores conectadas a través de una red para su reproducción y mezcla. Como ejemplo, en la película “Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales”, tuvimos mas de mil doscientas pistas de audio en las sesiones de mezcla. Utilizamos tres computadoras para mezclar la música de ese proyecto en un cuarto con una Avid S6 y sonido 7.1 con bocinas ATC.

Las mezclas para scores de cine siempre se hacen en “stems”, porque a diferencia de la música para álbumes, la mezcla de los scores no es el proceso final donde se manipulan los balances; de la sala de mezcla de música, los “stems” se envían a la sala de dubbing, donde se finalizará la mezcla global de una película y donde todavía es posible manipular los elementos individuales del score para hacer funcionar el diálogo y/o efectos especiales de sonido. Los “stems” de un score se pueden comparar a los grupos alimenticios en una pirámide nutricional: grupos de instrumentos que van de la mano se agrupan juntos como toda las percusiones graves o todas las guitarras, separadas de la orquesta A, B y solistas.

Generalmente, la mezcla del score es un proceso simultáneo a la mezcla global de la película, únicamente trabajando con una semana de diferencia, donde la música va adelantada a la mezcla final por un carrete de veinte minutos únicamente. La posproducción de sonido, junto con la corrección de color, son los últimos procesos antes de la distribución de una película, por lo cual siempre hay mucha presión sobre los ingenieros de mezcla, tanto de música, como de “dubbing”.

En este punto, y ya que la película está en su camino a los teatros y cines, lo único que falta es crear el álbum del soundtrack para su distribución física en CD y digital en plataformas de streaming. Generalmente, para construir el álbum del soundtrack, el ingeniero de mezcla se reúne con el compositor a decidir qué piezas funcionan mejor para el CD. Muchas veces se cortan y pegan múltiples canciones para formar piezas más coherentes en su reproducción aislada en un álbum. Las mezclas para el álbum parten de los “stems” del score (generalmente), para crear una interpretación fiel al sonido de la película, pero esta vez en estéreo y pensando en la experiencia musical tal cual por sí misma.

El proceso de creación de un score de cine puede ser un camino difícil, plagado de problemas y muchos sacrificios personales, pero también es un proceso mágico, lleno de creatividad y amor por el arte. Al final del día, la música de una película existe para servir a la historia y para amplificar las emociones que se ven en escena. Muchas veces menos es más y el silencio es la música más adecuada para la trama.

Ingeniero de grabación y mezcla mexicano radicado en Los Angeles. Ha trabajado para Hans Zimmer (compositor alemán de bandas sonoras cinematográficas), durante los últimos cuatro años.

Por Alfredo Pasquel*