De verdad que es un total absurdo: un instrumento musical que no produce sonido. ¿A quién le interesaría algo así? Sin embargo, los anuncian en revistas, en internet y se ofrecen en gran variedad en las tiendas de música. No, esto no puede ser posible. Seguro que los mercadólogos nos han lavado el cerebro. Debe ser una conspiración de las multinacionales de la industria musical para hacernos desear algo que no necesitamos. Sí, eso es, porque, ¿qué tonto compraría dicho instrumento?

La realidad

Bueno, pues yo sí he comprado alguno; de hecho, varios. Todavía conservo mi viejo teclado Roland AX1, con casi cuatro octavas de teclas ligeras y su flamante chasís rojo pero que –aquí viene lo interesante–, en su panel posterior no incluía ninguna salida de audio, sólo el botón de encendido, la entrada de corriente y un conector circular portando las palabras “MIDI OUT”. Este teclado es sólo un ejemplo de un instrumento controlador: no sale sonido de él, porque su única función es transmitir datos MIDI. A través de este puerto de salida, los controladores mandan mensajes correspondientes a las teclas pulsadas, a las posiciones que toma la rueda de modulación al girarla y a la activación de otros dispositivos que incorpora el instrumento; dichos mensajes serán recibidos por un instrumento MIDI que pueda producir sonido en respuesta a ellos, como un sintetizador, un piano electrónico o un instrumento virtual alojado en una computadora o tableta.

Para entender de dónde surgen los controladores, hay que hablar de dos elementos constitutivos de los instrumentos musicales electrónicos (según el modelo del músico Jeff Pressing): la interfaz de ejecución y el generador de sonido. La primera es todo aquello que el músico manipula cuando interpreta el instrumento y que comprende un selector de altura –generalmente conformado con base en un instrumento acústico de teclado, aliento, percusión o cuerda–, y varios controles suplementarios como ruedas, botones, pedales, perillas y controles deslizables (sliders), entre muchos más, que permiten añadir expresividad a la interpretación musical. El generador de sonido, como su nombre lo indica, es el que realmente produce el sonido, ya sea a través de algún tipo de síntesis sonora –sustractiva, por frecuencia modulada o aditiva, por nombrar sólo algunas–, o con grabaciones digitales de instrumentos acústicos. A continuación se muestra la aplicación de estos conceptos.

Un instrumento que consta únicamente de la interfaz de ejecución es un instrumento controlador. La gran mayoría de los controladores utilizan un teclado que emula al del piano o al del órgano, pero están lejos de ser los únicos que existen, porque los hay de tipo guitarra, aliento, percusión e varios más que no tienen ningún parecido con los instrumentos tradicionales. Por el contrario, a un instrumento constituido solamente por el generador sonoro, se le denomina módulo de sonido y se asemeja a una simple caja con varios botones o perillas que sirven para seleccionar el sonido deseado o para modificar, en sintetizadores y samplers, los parámetros constituyentes de sus timbres. Otros nombres utilizados para estos módulos son “tabletop”(de sobremesa o escritorio), “rackmount” (para montaje en bastidor) y “tone generator” (generador de tonos). Se puede decir que un módulo de sonido está hecho para ser controlado, ya que no emite sonido alguno si no recibe las instrucciones de algún dispositivo como una computadora, un secuenciador de hardware, un teclado electrónico de 1983 –año de invención del protocolo MIDI–, o de un instrumento controlador.

Y aquí viene la pregunta obligada: si a fin de cuentas voy a requerir un controlador para hacer sonar al módulo de sonido, ¿cuál es la ventaja de encontrarlos por separado? (¡Lo sabía! Es un vil truco mercadológico para que dilapidemos nuestro dinero, una conspiración empresarial para exprimirnos a los músicos al máximo; ups, perdón, afloró mi personalidad negativa; por supuesto que hay una explicación.

Muchos modelos de sintetizadores han salido al mercado en dos versiones, una de ellas como módulo de sonido y la otra completa –esto es, con teclado incluido–. Si el músico cuenta ya con algún instrumento MIDI que tenga un teclado cómodo para su estilo y su técnica de ejecución, será muy inteligente ahorrarse algunos dólares al comprar un sintetizador en módulo en lugar de su versión completa, ya que, al fin y al cabo, ambas versiones del mismo modelo sonarán exactamente igual. Como el teclado de estos instrumentos puede ser de las partes más costosas del mismo –sobre todo si cuentan con aftertouch, release velocity y teclas pesadas que emulan el mecanismo del piano–, vale la pena considerar la compra única del generador de sonido. Por ejemplo, el sintetizador Moog Voyager (2003) con su teclado, pitch bend, rueda de modulación y touchplate–, un área rectangular sensible al tacto que permite modificar hasta tres parámetros del sonido–, costaba 3,195 dólares y el mismo instrumento en versión “Rack Mount Edition” (2005), se vendía en 2195 dólares. Y el Minimoog Model D, cuya edición del 2016 se vendía en 3,500 dólares, al aparecer la versión en app para tableta–, una réplica exacta en software del generador de sonido del Model D–, llegó al bajísimo precio de ¡quince dólares!

Variedad de opciones

Por otro lado, si uno es adicto a los sintetizadores, pronto se encontrará con la escasez de espacio en el cuarto de estudio, problema que se puede evitar adquiriendo los instrumentos en forma de módulo. Y también a la hora de ir a tocar es mucho más práctico tener los módulos de sonido acomodados dentro de un rack –donde ya estarán conectados en la configuración MIDI necesaria– y utilizar sólo un teclado controlador maestro para mandar mensajes a cualquiera que se elija de forma individual o a varios de ellos en diferentes combinaciones requeridas.

Esta separación del instrumento en generador de sonido y controlador también es útil cuando algún músico quiere usar sintetizadores y samplers a través de una interfaz de ejecución diferente al teclado; esto es, a través de algún controlador alterno –como son llamados comúnmente–. Por ejemplo, para los ejecutantes de instrumentos de aliento, existen controladores desde hace varias décadas, incluso desde antes que apareciera el MIDI, como es el caso del Lyricon, que a mediados de los años setenta permitió a los saxofonistas accionar sintetizadores analógicos. Años después, en 1987, la compañía Akai presentó dos instrumentos: el Electronic Wind Instrument (EWI) para los instrumentistas de alientos-madera y el Electronic Valve Instrument (EVI) para los trompetistas.

Acorde con nuestra definición de controlador, ninguno de estos instrumentos produce sonido, y aunque la entrada de aire por la embocadura origina cierto ruido, éste no forma parte del sonido emitido por el altavoz. Esta corriente de aire que suministra el intérprete es captada por un sensor que mide su intensidad y la convierte en números para controlar –en combinación con las llaves presionadas–, a un generador de sonido. En el EWI actual, el módulo de sonido incluido ya no es proporcionado de manera física, sino en forma de software para computadoras Mac o PC. Los controladores de guitarra también tienen una larga historia, con instrumentos como el SynthAxe (1985), la guitarra Yamaha G10 (1988) y varias versiones –desde finales de los años setenta hasta la actualidad–, del sintetizador de guitarra GR de Roland. Ejemplos de controladores de percusión son el MalletKat, el Korg Wavedrum, el Octapad de Roland y, por supuesto, cualquier batería electrónica. En la familia de la cuerda frotada existen instrumentos eléctricos –desde violines hasta contrabajos–, con pastillas capaces de convertir las notas tocadas en mensajes MIDI.

También hay controladores MIDI alternos sin semejanza con ningún instrumento acústico, como el Push –conformado por 64 pads de colores que sonarán diferentes alturas o timbres al ser percutidos con los dedos–, o la aplicación MIDIWrist, que permite al usuario controlar un sintetizador desde su reloj inteligente. Lo que es la tecnología, ¿verdad?

*Organista egresado de la Facultad de Música de la UNAM. Es profesor del Conservatorio de Música del Estado de México. De 2001 a 2004 fue tecladista del grupo de rock progresivo Iconoclasta y con su agrupación GOVEA ha producido dos discos compactos y un DVD. En marzo de 2010, la revista Músico Pro nombró a GOVEA ganador del concurso “Estrella Independiente”.

Su obra “Subliminal” —para cello y electrónica—, aparece en el CD “Impulse Codes” (2019), de Jeffrey Zeigler, ex-integrante del grupo Kronos Quartet.

Su música puede escucharse en www.youtube.com/user/superprogre