Vanguardia. El estado de San Luis Potosí en la República Mexicana se ha convertido en un polo de desarrollo. Su gran atractivo no es sólo por tener un hermoso centro histórico, una talentosa Orquesta Sinfónica, el equipo de futbol o sus reinas gruperas. Esas eran algunas de sus atracciones, hasta hace poco.

El plan. A la oferta nacional de grandes recintos se suma el Centro Cultural Universitario Bicentenario (CCUB), un suntuoso complejo de edificios multiuso, ubicado en terrenos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Se trata de un proyecto que alberga trece salas para cien espectadores, zonas destinadas a exposiciones, un gran auditorio, cafetería delicatessen, estacionamientos varios y tienda de recuerdos.

 
Fogata encendida. El CCUB surgió de las arenas gracias a la visión del licenciado Mario García Valdez, rector de la UASPL, además del talento de un grupo de diseñadores formados en esa misma casa de estudios.

Inagurado en junio de 2010, durante sus primeros seis meses de vida el CCUB ha hospedado tanto conciertos de la Orquesta Sinfónica del Estado como eventos corporativos y exitosas obras de teatro  como La Dama de Negro o el taquillero Timbiriche El Musical.

Funciona. Con la intención de conocer este flamante conjunto arquitectónico, la visita al estado potosino era obligada, como también lo fue la conversación con la licenciada Cynthia Valle, directora de Difusión Cultural de la UASLP, al igual que el personal que hace posible la correcta operación del CCUB, para así conocer a detalle sobre la planeación y operación de este recinto.

Muros transparentes
Vista interior. Desde la oficina de Cynthia Valle se pueden contemplar las salas individuales, la entrada al auditorio y un claro de sesenta metros en el edificio, donde se montan las exposiciones. Todo está integrado, protegido por una estructura futurista, acurvada y ligera.

¿Cómo surge la idea de construir una nueva instalación? La directora de Difusión Cultural de la UASLP responde: “El proyecto se creó por la necesidad de tener un espacio donde la universidad pudiera llevar a cabo actividades académicas y culturales. En la UASLP no teníamos un espacio donde se pudiera desarrollar un congreso para mil 400 personas y se creó a partir de esa visión”.

Empezar de cero. El rector Mario García Valdez propuso una construcción hecha por los mismos maestros y alumnos de la casa de estudios: “tanto el diseño como los trabajos, que llevaron tres años”, explica Cynthia. “Fue un departamento universitario el que hizo este edificio. El teatro se concibió como auditorio y se visualizó para satisfacer las necesidades de la ciudad y el estado”, agrega.

“Desde su inauguración y hasta fines del año pasado se agendaron más de sesenta fechas. La gente ha respondido muy bien. Les gusta el lugar y por acogedor y práctico. Tiene servicios, internet inalámbrico y estacionamiento. Es fácil de llegar y además goza de mucha comodidad y elegancia”.

Faro del desierto. El CCUB mantiene su papel de difusor cultural: “puede llegar a ser un espacio de actividad y llevar a cabo talleres”, subraya la directora de Difusión Cultural; “ahora, ¿qué vamos a presentar? Tiene que ser algo de calidad, que dé respuesta al lugar dónde está. Tener aquí, además de eventos que lleguen de fuera, nuestras expresiones culturales, y que la sociedad las pueda apreciar”.

Concurrido. En el nuevo edificio se han efectuado igualmente actividades sociales y empresariales de todo tipo: “esa sería otra parte”, distingue Cynthia, “un espacio con la función de dar un servicio al cliente y que se sienta satisfecho de estar en este espacio por bonito y moderno. Por ejemplo, tenemos una asociación de médicos que viene desde el Distrito Federal”.

 
  Para este año, los proyectos propios son básicos para el Centro Cultural Universitario Bicentenario, tal y como comenta la directora de Difusión Cultural de la universidad: “La UASLP tiene una pequeña orquesta de sesenta músicos, que es la Sinfonieta Universitaria, así como  también la Compañía Artística Universitaria. Por fuera, queremos traer al Teatro Negro de Praga, un ballet y algunos tenores”.

Alternativas. “Buscaremos opciones que beneficien a la universidad; que el espacio pueda ser auto financiable. Tiene un costo muy alto abrir la puerta”. Cynthia concluye: “Ahora lo vemos hermoso, pero siempre estaremos preocupados por cuidarlos para que no se deteriore”.

No fue espejismo. La universidad comenzó con la obra negra hace tres años e hizo las licitaciones de ley con varias empresas proveedoras, pensando en que una de las partes importantes del CCUB era la acústica del auditorio principal y sus sistemas de audio e iluminación.

Seriedad en todo momento
Audio Acústica y Electrónica, compañía mexicana con categoría y trayectoria en la industria del espectáculo, fue la ganadora del concurso de licitación, integrándose a fines del 2009 a los esfuerzos. De esta manera, se instaló el equipo de audio, luces robóticas, video proyección, mecánica teatral e intercomunicación y se implementó tratamiento acústico al foso de orquesta y al teatro de mil 400 butacas.

Oídos cien por ciento  nacionales. El diseño acústico fue realizado por los ingenieros Javier Posada y Francisco Aguilar, director y gerente general de Audio Acústica, respectivamente. Es Francisco quien comenta las adecuaciones realizadas por la empresa: “En la sala, uno de los principales retos fue elaborar un diseño acústico teniendo en cuenta la clase de recinto que se estaba construyendo; cumplir sus necesidades y llevar a cabo la realización física del proyecto, en el que estuvieron involucrados tapiceros y carpinteros. El resultado fue fundamental, porque hizo que la sala se oyera bastante bien”.

Durante el acondicionamiento, el techo de la sala fue planeado como una estructura sin plafón. Hecho de loza-acero y concreto, incluye además esferas de unicel para amortiguar el ruido, las que resultaron esenciales: “el secreto fue encontrar acústicamente, el punto ideal del recinto”, señala Francisco, “es un diseño en el que está involucrado todo el auditorio y pueden presentarse conciertos, obras de teatro o conferencias y donde todo debe oirse bien”.

El proceso giró sobre cómo obtener una adecuada reflexión del sonido y un tiempo de reverberación natural: “la madera que usamos en las paredes lateras y en la zona que divide al balcón de la galería es pino de nueve milímetros montada sobre un bastidor de tela con figura de triángulos, una forma que nos permite dirigir perfectamente las reflexiones”, precisa Francisco, “para que no haya una mala referencia. Todo se hizo pensando siempre en el escucha”.

Detrás de la madera se dispuso el material acústico llamado velcro laminado, “para evitar el efecto de resonancia”, añade el gerente general de Audio Acústica, ”ya que podemos alcanzar niveles elevados de presión sonora y con este material el bastidor no presentará vibraciones. Logra su cometido bastante bien”.

“Con base en el tamaño del recinto, se hizo un cálculo de las condiciones de la sala usando el software de predicción y análisis Display, de Martin Audio. Con él, vimos la cobertura que tendríamos, la respuesta de frecuencias y el nivel de presión sonora”, comenta Francisco Aguilar.

El cálculo acústico partió de un análisis matemático, pensando en que sería un local multiusos: “la parte del escenario está tratada”, plantea el ingeniero, “para ofrecer una buena referencia sonora, tanto para los actores como hacia el público, que es lo más importante”.

En cuanto al equipo humano de la UASLP, Francisco comenta: “Se fue dando una relación de mutua colaboración. Afortunadamente tienen personal competente y con conocimiento de los sistemas. Normalmente hay un encargado de audio, uno de iluminación y el jefe de foro, que coordina la mecánica teatral, que es manual. Fueron 16 personas a las que se les capacitó y que estuvieron involucrados en el ajuste del audio, el manejo de la consola y el análisis de los sistemas”, concluye el gerente general de Audio Acústica; “varios ya tenían experiencia, como Raúl Pedro Torres, quien conoce mucho de iluminación y sonido”.

 

Jefe de foro, figura básica

Gran esfuerzo. Raúl Pedro Torres fue parte de un equipo multidisciplinario de electricistas, arquitectos y estructuristas que construyeron el Centro Cultural Universitario Bicentenario. Presenció todo, desde sus cimientos y la llegada de tres plantas de luz destinadas para iluminación, audio o sistemas contra incendio; circuitos que fueron desplegados por separado.

“Para mí, los años de obra fueron muy buenos”, comienza Raúl. “Arquitectónicamente, el diseño fue idea de la universidad y la adquisición del equipo se hizo por concurso, aceptando la excelente propuesta de Audio Acústica y Electrónica. Lo primero que se trabajó fue el equipo eléctrico, junto con el material acústico. La sala tiene acondicionamiento en paredes y techo, con un velcro que nos da el tiempo de reverberación justo. El audio se montó en dos meses”.

“El sistema sonoro consta de ocho altavoces por lado de Martin Audio W8LM, seis subwoofers WSX colgados, side fills, monitoreo de piso F12 o F15 y un back para la sección bajo balcón. La amplificación también es Martin Audio y se montaron dos consolas Yamaha M7CL de 48 canales; una de monitores y otra en sala”.

El jefe de foro continúa: “Después siguió la iluminación: tenemos 256 circuitos instalados en cinco varas contra pesadas de escenario. Los dimmers son Technobeam Technology y ya están en las varas. Además, están colocados en dos puentes y en las varales. La señal viaja por Ethernet y ya no necesitamos un cuarto de dimmers. También contamos con luminarias Martin Professional Mac 700 Profile, TW1 de tungsteno (óptimas para teatro), Mac 700 Wash, estrobos Atomic 3000, máquinas de humo y chasers. Estamos manejando todo con una consola Maxxyz, también de Martin Professional, que es muy práctica para el uso de luces robóticas, porque puede personalizarse casi para cualquier cosa, inclusive diseñar: trae consigo un visualizador en 3D para montar shows enteros, sin necesidad de tener prendido nada, lo que abarata mucho los costos”.

En el CCUB el tiro más largo es de 110 metros y llega detrás del escenario: “contamos con diez sub masters y se pueden manejar cualquier número de canales. Dentro de los universos, se puede hacer parcheo”, explica Raúl. “Ahora estoy ocupando siete universos por parcheo”.

Si llegara un espectáculo y necesita un universo extra, se le asigna desde la cabina, “sin problema y listo. Todo está saliendo distribuido desde el switch, por un solo cable Cat 5, que va por Ethernet repartiendo la señal a las estaciones Passport”, reconoce el jefe de foro, “Ethernet nos permite controlar cualquier canal y cada toma puede ser programada como entrada, salida o asignarla a un universo”.

Por su parte, la mecánica teatral consta de treinta tiros manuales de doble acción. Se motorizaron el bambalinón y la pantalla de video proyección: “es una pantalla de 6.50 por 8.50 metros”, apunta Raúl Pedro, “la nueva versión que tenemos, además de ser retráctil (con el motor propio de la pantalla), tiene un tiro eléctrico que la baja a piso y podemos moverla a cualquier espacio. Usamos un video proyector de 10 mil lumens que, incluso puede proyectar desde el foro”.

Para terminar, Raúl comenta sobre la importancia de los sistemas de intercomunicación: “Son  importantísimos. En el teatro tenemos estaciones Clear-Com de cuatro canales distribuidas, desde la taquilla, las dos cabinas, el escenario, proscenio y traspunte hasta los camerinos. Para todos lados. Nos ayuda bastante para estar comunicados”.

Visionario. El Centro Cultural Universitario Bicentenario se inauguró pensando en ampliar la gama de espacios que apoyan las propuestas culturales de la ciudad, pero también ofrece comodidades de primer mundo en eventos empresariales. Se planeó con el fin de fomentar la creación artística, pero también recibe grandes producciones comerciales. Es la sede de la Sinfonieta Universitaria y al día siguiente puede alojar a más de mil profesionistas en un congreso nacional.


La persona indicada en el lugar justo
Ingeniero en electrónica, el gerente de audio del CCUB, Severiano González, comenzó en el mundo de los fusibles hace catorce años, trabajando con un grupo musical familiar. Combinando sus estudios con el trabajo, obtuvo una formación relacionada siempre con el soniodo: “Así es, soy el jefe de sala, desde la operación, asistencia y mantenimiento del sistema instalado”, cuenta orgulloso.

Severiano entró al staff hace un año: “Estuve desde que empezaron a instalar el sistema de audio, colaborando con Audio Acústica y Electrónica. Hay mucho equipo y ellos dejaron la amplificación a punto, usando las configuraciones de fábrica. Es gente muy profesional y se nos brindó la capacitación para que no hubiera ningún problema”.

“Lo que considero más importante de la instalación es la operación de las dos consolas, las conexiones, todos los diagramas que existen y los procesos que tiene el sistema: desde la mesa de control, procesadores y amplificadores hasta la interconexión entre sala y monitores. Nos dieron pláticas sobre microfonía inalámbrica y lo que puede hacerse con el equipo. En lo que respecta al sistema de Martin Audio, pienso que lo principal de su sonido es que es muy natural. Tiene la amplificación adecuada para lograr el nivel necesario en toda la sala. Desde la primera butaca hasta la última, es la misma cobertura”.

Tramoya, desde el inicio y hasta que se va el último asistente
Desde sus inicios, hace quince años, Mauricio Vidales trabaja para la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Los primeros cuatro colaboró en el departamento de difusión cultural y de ahí lo trasladaron al Auditorio Rafael Nieto, ya como tramoyista. Durante diez años trabajó duro y gracias a su experiencia fue reasignado al Centro Cultural Universitario Bicentenario como jefe de tramoya.

“Un día normal de función para mí es que cuando llega la producción me pongo de acuerdo con su jefe de tramoya y vemos lo que tenemos disponible, lo que sirve, lo que se quita y lo que no. En el teatro somos cinco operarios de base y cuando se requiere, pedimos apoyo al personal de la universidad”, comenta Mauricio y continúa: “ Los accesos para meter equipo al CCUB son muy cómodos; el área disponible para carga y descarga tiene una cortina especial que no tiene contacto con la sala ni otra parte del teatro”.

De los meses que el CCUB tiene operando, el jefe de tramoya recuerda a Timbiriche El Musical: “Ha sido tal vez la producción más complicada, traían una pantalla de casi trescientos kilogramos. De ahí en fuera, tanto con ese show como con los demás, todo ha sido tranquilo. En lo personal, buscamos la superación y aprender más de los espectáculos que vienen.

Experiencia y preparación, en piso
El responsable de piso, Jorge Nesme, empezó estudiando una licenciatura en arte dramático y tiene quince años dedicados al teatro. Colaboraba de planta en el Centro de las Artes de San Luis Potosí cuando le llamaron para trabajar en Jarocho durante la inauguración del CCUB y al ver su trabajo, los directivos le propusieron quedarse. Habla de las prioridades durante el montaje: “Desde que llega la escenografía debo coordinarme con el personal de producción para que la organización del evento se lleve a cabo bien desde el principio. Si una escenografía se monta antes de la iluminación, ésta se vuelve muy complicada”.

“Ya que acabe el montaje está la operación: cerrar telones y que todo esté en orden, recibir a los artistas y entregar los camerinos, estar en comunicación con la cabina de audio para dar tercera llamada, prevenir si no enciende alguna luz o avisar de situaciones que surjan de repente”.

“Todos los montajes son retos diferentes. Siempre hay un detalle y tengo que estar pendiente para seguir adelante con el evento. Creo que llegará el momento en que no haya ningún problema y tener todo controlado, pero puede ser que se nos escape algo. Además, nuestro trabajo es de servicio, pero también de echar una manita extra para que todo salga bien”, continúa Jorge y finaliza: “Ahora somos un equipo de trabajo muy compacto y pienso que sería un reto tener más gente o hacer cosas más grandes; llegar a hacer producciones propias de teatro, no solamente que vengan aquí, sino tratar de producir”.

Ágora de concreto. Monumento al ingenio potosino, el CCUB comprueba la teoría de que lo primero para salir airoso del desierto es tener un buen mapa o imaginación para quedarse y construir un oasis de espectáculos. Ese es el plan.