Siempre será interesante conocer cuáles son los gustos personales y elecciones de la gente que admiramos, sean artistas, profesionistas, deportistas y demás; saber qué automóvil conduce normalmente un piloto de Fórmula Uno, cómo es la casa de un gran arquitecto o hablando de música, cómo sería la sala de conciertos ideal de un músico consagrado si pudiera construirla a su gusto.

A principios del mes de junio de este año vio la luz uno de los sueños más anhelados de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM): el Centro Cultural Roberto Cantoral (CCRC), proyectado para ser un espacio donde tanto los compositores consagrados como los de nueva generación puedan presentar sus obras. Se trata de un auditorio vanguardista y uno de los más modernos de América Latina y en el inicio estuvieron tres personas que jugaron un importantísimo papel en la realización de este proyecto: el licenciado Roberto Cantoral Jr., director administrativo de la sociedad de autores y compositores de México (SACM), y los reconocidos arquitectos Gerardo Broissin y Omar Saad, coordinando un ejército de colaboradores que hicieron posible esta obra.

 
  Como pilar y uno de los principales impulsores del proyecto estuvo Roberto Cantoral Jr, quien comenta la visión que tiene sobre este importante logro: “Para todos los autores mexicanos esto será algo extraordinario, pues se trata de un gran espacio para que las nuevas generaciones puedan exponer y presentar su trabajo, pero también para los autores consagrados que han dejado huella con su música a nivel mundial. Aquí se podrá escuchar toda esa gran música mexicana y se mantendrá vigente gracias a los conciertos. Es el centro cultural más moderno de Latinoamérica, podemos incluso decir que es el recinto con mejor acústica de todo el país”.

“Nuestro gran reto fue construir un auditorio digno de SACM, donde la música de los grandes autores que la integran se escuche como en ninguna otra parte. Para esto recurrimos a los arquitectos Omar Saad y Gerardo Broissin, que hicieron un trabajo extraordinario; sin duda, el CCRC es un espacio que hacía falta en México, que brindará la tan necesaria cultura al público mexicano. Se ofrecerá muy buena música y de todos los géneros. Se contó con el apoyo de empresas como Yamaha, que contribuyó al proyecto donando el piano CFX Gran Concierto, de los que sólo hay 12 en el mundo y uno de ellos está hoy en este centro cultural”, finaliza Roberto Cantoral Jr.

Espacios integrales
Gerardo Broissin, arquitecto mexicano reconocido internacionalmente en el 2007 por la publicación Architectural Record de Nueva York y fundador del taller de arquitectura BROISSINarchitects fue el responsable de la edificación del CCRC. “El maestro Rubén Zepeda tuvo la gentileza de llamarme para invitarme a construir una sala de conciertos, yo desde luego acepté la invitación y poco después presenté una propuesta ante el consejo directivo con base en los requerimientos que él me había planteado”, inicia Gerardo.

“Este consejo estuvo integrado por grandes músicos como el maestro Armando Manzanero, Reyli, Alex Lora, el licenciado Roberto Cantoral Jr. y su padre, el maestro Roberto Cantoral (q.e.p.d), que en ese tiempo todavía vivía. Cuando la propuesta fue aprobada, apoyada y promovida pusimos manos a la obra; todo empezó como una sala de conciertos privada, pensada sólo para 500 personas, pero poco a poco el proyecto fue creciendo, aumentando la capacidad para la audiencia, las oficinas, estacionamiento y demás, al punto que hubo que cambiar de ubicación, pues el terreno inicial no tenía el área suficiente para lo que proyectamos”.

Finalmente, el CCRC se concluyó con una capacidad para 850 personas y se dividió en luneta baja, luneta superior, palcos, balcones laterales, balcón superior, suite uno y suite dos, escenario con capacidad para ochenta músicos, estudio de grabación, sala de consejo y cuatro niveles de estacionamiento; al surgir la necesidad de que fuera una sala de conciertos pública se agregaron dos áreas de snacks, dos bares, valet parking y el área de oficinas creció, al igual que los camerinos.

En cuanto el escenario, éste puede dividirse en dos secciones; el proscenio es totalmente removible para reducir el espacio a un 75 por ciento de su capacidad, pudiendo aprovecharse el 25 por ciento sobrante para ubicar ahí una orquesta de treinta o cuarenta músicos. De igual manera, las dos filas del coro ubicadas atrás con butacas también móvibles tienen comunicación directa con el montacargas, de manera que el espacio puede utilizarse también para colocar una pequeña escenografía y que le otorga mayor versatilidad al auditorio para presentar alguna pequeña ópera o un musical de teatro sencillo.

El arquitecto en jefe continúa: “Además de todo, el centro es un edificio amigable con el medio ambiente, pues posee ventanas de iluminación natural que permiten tener ensayos con luz natural, lo que se traduce en un gran ahorro de energía eléctrica; entre el diseño de las ventanas y la cubierta evitamos arrojar a la atmósfera 65 toneladas de dióxido de carbono. Por otro lado, la altura tanto de los plafones y de los techos, así como el diseño pensado para conseguir una ventilación natural, contribuyen a que el aire acondicionado prácticamente no tenga que ser utilizado”.

 

“El principal reto en realidad fue sentarse a trabajar con músicos para trabajar en un espacio destinado a la música, cuando en realidad yo ni siquiera sé tocar ningún instrumento”, reconoce Gerardo, “ellos conocen de acústica, cómo acomodar una orquesta y muchos detalles más; esto es realmente una especialidad, no es como construir una casa, tuve que estudiar y analizar guiado por ellos para que toda línea trazada estuviera sustentada según las necesidades reales”.

“El maestro Armando Manzanero, al igual que el licenciado Roberto Cantoral Jr. estuvieron siempre muy atentos y trabajaron de la mano conmigo durante todo el proyecto; se involucraron mucho desde el comienzo, desde las excavaciones y los cimientos. Son personas a la que debes presentarles de manera muy clara todas las ideas y propuestas, pues seguramente las tomarán muy en serio y serán partícipes de ellas. Hubo muchas juntas con especialistas internos y externos, todo se revisó varias veces hasta estar seguros de que cada detalle funcionaría. Hubo otros ajustes, sobre todo en el escenario, de acuerdo a las necesidades a las que nos enfrentamos cuando ya estuvieron los músicos ensayando y realizando algunos conciertos”.

 
 
Las palabras del arquitecto Broissin concluyen: “Me llena de mucha satisfacción todo el trabajo realizado y esta obra tiene otra envergadura, un tamaño muy grande que tendrá otra proyección, lo cual me compromete aún más con mi trabajo y me obliga a ser mejor cada día. Me ha dejado muchas cosas buenas, pues conocí mucha gente extremadamente sensible al arte y a la arquitectura y es una situación que yo no había vivido antes; es el proyecto más especializado en el que he participado”.

Espacio y acústica
El arquitecto Omar Saad, ganador de la medalla Robert B. Newman por mérito en el estudio de la acústica arquitectónica, fue responsable del diseño acústico del recinto y también comparte su experiencia sobre su incursión en tan especial proyecto: “Fui invitado por Gerardo Broissin para colaborar en la asesoría acústica y comencé a trabajar sobre la propuesta básica que él ya tenía. Fue una cosa sumamente complicada y detallada; cada elemento que conforma el interior del auditorio está específicamente planeado según el diseño acústico que hicimos”.

El despacho arquitectónico de Omar lleva por nombre Saad Acústica y fue fundado por su padre, el reconocido arquitecto Eduardo Saad hace más de cuarenta años, especializándose en acústica arquitectónica. La compañía ha colaborado en grandes proyectos como la Basílica de Guadalupe, muchos grandes teatros y auditorios de México, hoteles, proyectos especiales y residenciales.

 

“Normalmente el diseño de los plafones acústicos de un auditorio presenta uno o dos cortes”, continúa Omar, “pero aquí nos encontramos con infinidad de cortes debido a la arquitectura del lugar y esto elevó el grado de dificultad para hacer los cálculos correctos en la respuesta acústica. Para lograrlo desarrollamos un modelo en el que prácticamente rebanamos la estructura y realizamos pruebas y mediciones de cada una de estas partes para ver cómo funcionaban acústicamente, haciendo las modificaciones necesarias y volviendo a medir hasta lograr que la respuesta del recinto fuera sumamente eficiente”.

“En el tema de acústica”, explica Omar Saad, “en la mayoría de los auditorios que tenemos en México lo que se hace es instalar material absorbente en todo el espacio y transmitir la música a través del equipo de sonido, pero aquí, además de lograr esto, el lugar debía proyectar una buena acústica por sí mismo para conciertos de orquesta y piano, por ejemplo, donde habrá muy poca o nula utilización de equipo de amplificación”.

“En este proceso perseguimos dos objetivos: lograr una acústica con cero ecos, lo cual logramos a través del diseño de los plafones, manteniendo así la claridad y definición del sonido y en segundo lugar lograr un concepto que actualmente se denomina energía lateral, que es una característica que poseen los mejores auditorios del mundo y que consiste en lograr que el sonido envuelva al espectador, es decir, crear la sensación de que la música se está recibiendo de todos lados, no sólo de la parte frontal”.

Omar describe que los recintos acústicos mejor diseñados a nivel mundial son realmente lugares angostos, lo que favorece el logro de esa sensación de sonido envolvente. Él consiguió lograr este mismo resultado a través del correcto diseño de los plafones, determinando también la altura y profundidad de los balcones laterales, todo con el fin de que el sonido no se escape hacia arriba o hacia el fondo, sino que a través de todos esos elementos este rebote llegue de manera controlada al espectador.

 

“Con todo esto conseguimos que el público viva una experiencia que ya no es muy común hoy en día: la percepción del espacio a través de la acústica, pues no es lo mismo escuchar música por altavoces, aún cuando éstas sean de primera calidad con muy alta definición, que escuchar música en un espacio acústicamente diseñado para llevar el sonido a nuestros oídos de manera natural y que al estar oyendo una orquesta, por ejemplo, con los ojos cerrados podríamos saber claramente dónde está cada uno de los instrumentos, lo cual no se puede hacer escuchando el sonido amplificado”.

Otro detalle importante que se cuidó fue la isóptica, un concepto que plantea que al tener el espectador los ojos a la misma altura que los oídos, si logra ver bien también escuchará bien. De la mano de esto se determinó la profundidad del lugar, de tal manera que estando en la primera fila uno alcanza a ver el rostro del espectador que está en la última, lo que al final es algo muy agradable y gratificante tanto para el público como para el artista.

 

“Ahora bien, para resolver la respuesta acústica del lugar cuando se utiliza equipo de sonorización instalamos elementos absorbentes en lugares estratégicos que pasan prácticamente desapercibidos, como cortinas de doble capa en los muros que bajamos o subimos de manera controlada según las necesidades. Con el apoyo de Meyer Sound instalamos un arreglo de altavoces de la línea MINA que permite de manera electrónica hacer los ajustes necesarios para compensar las atenuaciones de sonido según el incremento de distancia y ángulo para que el audio llegue al mismo nivel y con la misma claridad en cualquier lugar del auditorio. De esta forma tenemos un recinto que acústicamente funciona a la perfección para cualquier situación. Fue un trabajo que comenzamos desde hace cuatro años aproximadamente y que requirió de ir haciendo varios cambios y correcciones sobre la marcha para conseguir un resultado idóneo”, continúa el arquitecto acústico.

Por otro lado, y para adelantar un poco lo que significó la construcción del estudio de grabación en este centro cultural, Omar Saad concluye: “goza de un diseño room in a room que consistió en construir dos habitaciones flotantes (cuarto de control y cuarto de grabación) dentro de otro cuarto más grande. De esta forma se consiguió un aislamiento extraordinario de las vibraciones provenientes del exterior. Una característica importante es que la grabación se puede volcar hacia la sala de conciertos, pues gracias al diseño y control acústico realizado, el auditorio puede convertirse en un espacio enorme, con una fidelidad extraordinaria”.

Estudio de grabación,
al detalle
Sin duda, otro de los espacios más importantes del Centro Cultural Roberto Cantoral es el estudio de grabación. Con un control room de primer nivel y la sala entera como cuarto de grabación, ofrece opciones ilimitadas. Alejandro Zepeda, destacado músico mexicano, funge como el director del mismo y explica cómo este recinto vio la luz: “Mi hermano Rubén Zepeda fue quien presentó al consejo directivo la idea de crear el espacio y fui invitado en primera instancia a participar como asesor en la instalación del estudio; después recibí la propuesta de encargarme de la dirección de operaciones del mismo, la cual por supuesto acepté y estoy muy agradecido por ello”.

La oportunidad de que los músicos y compositores diseñen un estudio de grabación es única. Por eso, el director de operaciones seleccionó cuidadosamente el equipo a instalar: “se procuró conseguir lo mejor, tanto del mundo análogo como digital. La consola es una Neve Legend y se adquirió equipo periférico análogo de las marcas Manley, Neve, Avalon, GML y reverbs digitales como el Lexicon PCM90 y TC Electronic System 6000. Como back up se instalaron cuatro grabadoras JoeCo que presentan características a prueba de fallas impresionantes. Como plataforma se cuenta con Pro Tools HDX de 128 canales y la computadora es Apple Mac Pro 12 core, todos los plug-ins de Waves y los UAD de Universal Audio. Como monitor de referencia cercana encontramos Adam S4X y de referencia media tenemos altavoces personalizados de Quested”. Con Alejandro Zepeda se encuentra Icautli Cortés, quien como ingeniero de grabación del estudio se involucró por supuesto en la selección de los equipos.

“El cuarto de grabación es totalmente independiente y ahí tenemos un piano Steinway, pero también pueden grabarse baterías, metales y todo lo que se necesite. Acústicamente es una habitación tanto con zonas muy vivas como con áreas secas, lo que lo convierte en un espacio muy útil y versátil, ya que dependiendo de la colocación pueden grabarse por ejemplo voces sin necesidad de agregar algún tipo de ayuda acústica”.

Alejandro Zepeda finaliza: “El estudio se pensó primeramente para los miembros de SACM pero también está abierto al público. Además de la grabación se ofrecen servicios de mezcla y masterización con opción online, doblaje vía streaming o en estudio y también Source connect, que en cierta forma es una grabación streaming pero en tiempo real, de tal forma que podemos grabar una orquesta localizada en Europa como si estuviera aquí mismo con una calidad de audio de primer nivel”.

Por su parte, Guillermo Solís, ingeniero en electrónica con especialidad en acústica y experiencia de cuatro décadas, colaboró también en la construcción de este singular estudio: “la obra civil duró aproximadamente tres meses; lo complejo de esto es que prácticamente todo está montado en cantiléver, es decir, está soportado sólo en la parte de atrás, colgado del muro posterior del recinto sin nada que lo sostenga en la parte baja ni frontal y todo está proyectado hacia el interior del auditorio. Una vez terminado esto comenzó el aislamiento acústico, conformado por siete puertas, separando las áreas y la creación de dos nuevos cuartos dentro de la construcción como tal”.


El piso del estudio está elevado 15 centímetros del piso de la construcción y está montado sobre tres capas de fibra de vidrio de una pulgada, una capa de madera y una losa de concreto de siete centímetros y medio, que tiene una separación entre un cuarto y el otro. Sobre estas losas se construyeron los dos cuartos internos utilizando materiales ligeros, de tal manera que entre los muros de estos cuartos y los del cerramiento de la obra llega a haber una separación que va de los 15 a los cincuenta centímetros. El aislamiento logrado es excelente, al punto de que dentro del estudio el nivel de ruido intrínseco es de 18 decibeles NC (Noise criterion) cuando el promedio en estudio profesionales es de 24.

“El cuarto fue diseñado por George Augsburger, personaje reconocido internacionalmente por el trabajo que ha realizado en cientos de estudios en todo el mundo. Las puertas y ventanas son de origen alemán, con un cierre hermético y sobre las cuales se montaron diferentes combinaciones de cristales en tres capas: la primera de cristal laminado de cinco milímetros, pegado a otro cristal de cuatro milímetros, separado 12 milímetros del último cristal de seis milímetros; la cámara entre estos dos cristales está llena de gas argón, el cual evita la transmisión tanto del audio como de la temperatura”, especifica el ingeniero. “Además, para el aire acondicionado se especificó que la cantidad de ruido emitido fuera menor a los 20 decibeles NC, aún cuando en un cuarto se generan dos toneladas de aire acondicionado y en el otro cinco”.

“Por último puedo decir que una de las cosas que me gustó mucho es que logramos una fusión perfecta entre los sistemas análogos, de los cuales yo soy fanático y los sistemas digitales, teniendo la capacidad de ofrecerle a los músicos y productores lo mejor de ambos y todas sus combinaciones posibles”, finaliza Guillermo.

Con una construcción llevada al extremo y con equipos de la mejor calidad, el recién inaugurado Centro Cultural Roberto Cantoral es sin duda un espacio para la cultura y la música del que México puede enorgullecerse y del que estamos seguros nos llevaremos una grata experiencia al asistir a uno de sus eventos o grabar en su extraordinario estudio.
Redacción: Carlos Gálvez