Calacas emergió en la ciudad de México a finales de 2006, en la Escuela de Música DIM, como una propuesta muy mexicana del dixieland, un estilo del jazz en el que predominan los metales y la improvisación y que es resultado de la imitación que hacían los músicos blancos del estilo Nueva Orleans, ejecutado por los músicos afroamericanos, en la década de los veinte.

Conformada por María Arellano (voz), Jazmín Luna (sax), Ángel Leal (trompeta), Cristian Merino (banjo), Gary Anzures (tuba) y Alejandro Hernández (batería), el grupo se caracteriza por tener un sonido acústico y alegre, que es complementado por la improvisación, elemento que le imprime un toque pícaro.

Su álbum debut, Gracias por cooperar, grabado, masterizado y editado por Icautli Cortés, Gonzalo Chacho Peniche y Gabriela Méndez, está conformado por piezas de época tan variadas como All of me (coescrita por Gerald Marks y Seymour Simons); After you’ve gone, de la autoria de Marion Harris; Some of these days, del pianista Shelton Brooks; My bucket’s got a hole in it, de la leyenda del country Hank Williams, y hasta el Pink Panther theme, de Henry Mancini. Conozcamos un poco más a las calacas:

 
 
El estilo de jazz que interpretan es muy especial, ¿cómo ha evolucionado su sonido desde su creación hasta el momento en que empezaron a grabar el disco de forma profesional?
Alejandro: “Creo que la banda sonaba, al principio, un poco más retraída, no estábamos tan seguros de qué tocar o qué hacer, al menos en mi caso. Éramos muy respetuosos en cuanto a las formas de ejecutar los instrumentos de cada uno, pero ahora que hemos hecho cosas por nuestra cuenta, le damos más fuerza a la hora del en vivo. ¡Antes éramos demasiado tranquilos!”.

María: “Se está forjando el estilo de la banda, al inicio se imponía el tema con la partitura, se tornaba un poco más serio, teníamos la idea de que sonara como antes. Conforme hemos tocado, ya suena más fresco, más actual, pero con mucha energía, eso nos gusta. A veces no son canciones de la época, pero este sonido muy mexicano (de ahí lo de Calacas) le da un toque pícaro”.

 

¿Tenían un concepto claro del sonido que buscaban desde el principio?
Gary: “Sí, aunque éste ha cambiado. Yo era de los que creía que el jazz debía ser una música muy solemne, o quizá demasiado seria, pero con el tiempo y la alineación de la banda nos hemos dado cuenta que el género que tocamos se presta mucho a la improvisación, a jugar. Con el paso de los años, y a través de nuestro trabajo, hemos tratado de llevar el jazz a los parques, ponerlo al alcance de todos, quitarle ese estigma de elitista”.

¿Cómo se dio la oportunidad de grabar Gracias por cooperar?
Ángel: “Para una banda como nosotros fue difícil, pero a la vez fue natural porque el género es de fiesta. Cuando tocamos en la calle, la gente se emociona, se prende, le gusta, nos apoya, así que decidimos hacerlo de forma profesional. Fue una buena experiencia y el disco es más maduro”.

La grabación de Gracias por cooperar se realizó en el estudio de Icautli Cortés por Chacho Peniche en la ciudad de México. Cabe mencionar que Chacho ha trabajado con figuras como Benny, Horacio Franco, Armando Manzanero y Moenia. La mezcla y la edición del álbum también estuvo a cargo de Chacho y Gabriela Mendez González en El Bunker. Cristian menciona: “Fue un trabajo muy profesional con Pro Tools HD, en el que por supuesto se cuidó cada detalle. Todo fue totalmente digital, no grabamos juntos, excepto un par de canciones”.

 

“Fue una cosa especial, porque como es la primera vez que grabamos un disco de forma profesional no teníamos idea de cómo hacerlo, si grabarlo todos juntos o por separado, pero al mismo tiempo, nos enseñó muchas cosas. Ya sabemos para lo que venga, cómo seguir una línea, cómo se debe grabar y cómo se debe hacer el tipo de edición”, menciona María y continúa: “la experiencia que me dejó fue que no nos dábamos cuenta que si tocábamos todos juntos podía haber muchos errores o detalles que había que corregir, en cambio, grabando uno por uno y escuchando los tracks de cada quien— por lo menos en mi caso—, me di cuenta que podíamos corregir. Comprobé que sí hay un antes y un después del disco”.

“Todos hemos notado la diferencia de tocar juntos, después de haber grabado, fue un período un poco largo de grabación, de aprendizaje, de batallas, pero sí hubo un cambio muy notorio, en el antes y después”, comenta Alejandro.

Al momento de la grabación, cada uno de los instrumentos tuvo una función especial, como ellos mismos mencionan: “El saxofón toma un papel fundamental porque trata de imitar lo que es un clarinete en una banda de dixieland”, dice Jazmín, mientras que María recuerda que su formación en canto clásico significó muchas ventajas: “Siempre tuve la inquietud de cantar en una banda de jazz, a los 21 años inicié en la escuela, estudié fusión del clásico con jazz, en la Escuela de Música DIM con José Luis Domínguez. En el jazz puedo cantar con mayor libertad, no me imaginaba que podía hacerlo de esa forma, pero me gusta haber iniciado en el clásico porque me facilitó las cosas”. Por su parte Christian comenta que estudió guitarra clásica tres años y de ahí pasó al DIM a estudiar guitarra eléctrica pero se empezó a interesar más por el jazz: “Curiosamente me di cuenta que en este género no se usa mucho la guitarra, así que aprendí a tocar banjo con la teoría que tenía”.

Con picardía, sentido del humor y la música a cada paso que dan, Calacas Jazz Band ofrece una refrescante visión de lo que es una música tan clásica como el dixieland, para nuevas generaciones en las que la moda no lo es todo.
Redacción: Natalia Cano