Para Juan Carlos Lozano, sostener en su manos su más reciente álbum, Nada haces por mí, significa mucho más que sentirse orgulloso de debutar como “solista” —antes fue fundador de Moenia y luego se puso la piel de Morbo—, pues desde su perspectiva se trata de un disco que le tomó toda su vida concretar: “Uno va arrastrando lo que ha aprendido en el pasado, así que en realidad me tardé más de treinta años para hacer este disco; es el resultado de todo el tiempo que llevo haciendo música”. Para alcanzar este punto, Juan Carlos contó con la colaboración de Phil Vinall en la producción y la composición de los temas; él mismo explica por qué: “Tomé la decisión de permitir que Phil llevara mis composiciones a un lugar que yo no tenía planeado porque él veía en ellas cosas que yo no. Y finalmente así fue, llevó todo mi trabajo hacia una dirección que me agrada bastante”.  
   ¿Por qué decidiste poner este álbum a la venta con tu nombre en la tapa y no con el de Morbo, para continuar con aquella historia?
“En realidad el plan original era ese, hacer el tercer disco de Morbo. Pero no sé, creo que comencé a sentir miedo. Es que con Electroguitarpop (último disco con ese nombre), musicalmente conseguí algo que me encantó, pero comercialmente el producto fue un fracaso. La disquera no lo quería promover y yo me propuse enseñarle a la industria cómo se hacían las cosas —fui muy arrogante— y me resultó un martirio. En ese momento decidí que no volvería a publicar música nunca más, para no poner a prueba mis temas. Porque es cierto que hago música para mí, pero también me encanta que mis canciones conecten con la mayor cantidad de gente posible. Nada haces por mí nació con un planteamiento lírico muy claro: abordar mis miedos. Me hubiera gustado contar con un nombre de pila más apantallador, pero desde que empecé a moldear el álbum sabía que ya no sería más Morbo, sino mi proyecto, con mi nombre. Al fin estoy dando la cara”.
¿Se trata de un disco de pop?
“Es difícil determinar si las canciones que hago son pop porque la palabra tiene sus connotaciones negativas, aunque este género pop es como la buena comedia, o sea, es difícil encontrar un chiste que no hayas escuchado previamente. Ahora mismo, lo que quiero es encontrar canciones que sean bonitas porque antes ya estuve melancólico y también ya pasé por una etapa un tanto inocente, donde no sabía bien qué quería hacer. Sí es un disco de música pop en el sentido de que busco encontrar conexiones con la gente, aunque Phil me decía que ciertas canciones le recordaban a Tom Petty, alguien cuyo trabajo me gusta, aunque jamás ha definido mi camino como músico. Pero ya sabes, tras escuchar que mis canciones se parecían a las de él, me iba a buscar sus discos para cerciorarme de que era cierto”.

¡Tom Petty! Bueno, entonces es un disco de rock
“Es que tampoco es rock, no propiamente, aunque, por ejemplo, las baterías suenan muy rockeras. Phil y yo sólo lanzábamos ideas e intentábamos crear alrededor de ellas buenas canciones y hacerlo lo mejor posible. A veces tomábamos una guitarra y la distorsionábamos, ¿eso es rock? Tal vez, pero no nos importaba definirlo como tal. Rentamos una casa en las afueras de la ciudad para ir a despejarnos porque nos resultaba más barato que hacer lo mismo en un estudio, y alguna vez Chucho de Zoé fue a visitarnos; sin planearlo metió algunos teclados en una canción que terminó sonando muy ¿electrónica? ¡Qué importa! En algún momento llegué a pensar en géneros, a redundar en teorizar demasiado lo que estaba haciendo, pero lo hice a un lado porque no me llevaba a ninguna parte provechosa”.

 

Además de Phill Vinall y Chucho, ¿hubo alguien más involucrado en la producción?
“Con este disco aprendí a valorar ciertos factores que antes ni siquiera contemplaba. Solía ser muy egoísta; no reconocía la participación de los demás, pero hoy descubrí la cantidad de personas que están a mi alrededor, apoyando la creación de las canciones. Ya me desprendí de esas ansías de control que antes tenía; creo que hoy permito que las participaciones de los demás fluyan correctamente y además, valoro mucho que eso suceda. En algún momento de la grabación estaba afinando los detalles de una letra cuando caí en la cuenta de que Phil llevaba cuatro horas intentando sacar el sonido de un bombo; entonces me sentí afortunado, dejé de distraerme y recapitulé las cosas buenas que estaban ocurriendo, el gran equipo que estaba junto a mí. María Barracuda (Jot Dog) hizo algunas voces, Yamil Rezk también hizo algunos pianos desde su estudio y Paco Huidobro y Jorge “Chiquis” Amaro metieron mano en la consola; yo hice prácticamente el resto. Se trató de un disco “solista” —que es un término francamente mañoso; nadie hace un disco solo—, porque estaba muy claro que requeríamos de cierta sencillez, aunque luego nos la complicábamos y teníamos que buscar el reencuentro con la simpleza”.
 
 
¿Cuánto tiempo le tomó a ambos construir los temas que integran el disco?
“La pre producción duró alrededor de diez días; un día para cada canción. Luego estuvimos veinte días dentro del estudio Honky Tonk; ese periodo los partimos en dos, pues le dedicamos diez a la producción en sí y otros diez a la mezcla. Phil trabaja con equipo análogo porque son los componentes que te permiten equivocarte, y justo en esos errores están las claves que llevan a la música a otra dimensión, las circunstancias que finalmente consiguen sorprenderte”.

¿Cuál es el balance final, cómo te sentiste al trabajar tan cerca de Phil?
“Él mezcló el disco previo de Morbo y desde entonces me gustó su grado de involucración. Luego, cuando hice a un lado la promoción de ese disco él se molestó y nos distanciamos. Nos reencontramos cuando le propuse hacer este disco juntos y de nuevo se involucró a un nivel muy profundo conmigo, con mi vida. Me parece que se trata de un gran productor, porque no impuso estilos, sino que trató de comprender qué era lo que yo buscaba. Es más, hasta de mis puntos débiles sacaba provecho, consciente de que nadie puede tocar un instrumento igual que los demás. Ese concepto me fascinó, porque yo sólo tenía que tocar, procurando que todo sonase lo mejor posible pero sin clavarme demasiado en utilizar la técnica más apropiada. Voy a atesorar esta experiencia porque me he sorprendido de lo bueno que fue deshacerme de ese viejo afán controlador”.