Juan Aguirre y Eva conforman Amaral, el combo madrileño que recién terminó la producción de su más reciente álbum, Hacia lo salvaje, un trabajo que, en voz de Juan, simula un estado de tránsito espiritual que le ha venido bien a la dupla luego de quince años de carrera discográfica, ya instalados en su propio estudio de grabación y llevando las riendas de su cancionero desde la trinchera independiente.

“El disco lo grabamos en O´Gato Negro, nuestro estudio en el centro de Madrid –comenta Juan. Contamos con un equipo humano pequeño, por eso cuando se trata de grabar guitarras y voce, nosotros mismo manejamos el equipo, desde la consola hasta los micrófonos, pero cuando se trata de hacer baterías sí que dejamos esa labor a un profesional, porque ese es un trabajo para expertos y así lo reconocemos”. El guitarrista explica que su estudio está concebido, casi exclusivamente, para la captación del sonido, es decir, jamás construyeron el espacio pensando en hacer mezclas ahí, ¿por qué? “Porque sólo queríamos ganar autonomía al momento de grabar, contar con un lugar donde pudiéramos experimentar. Porque puedes tener muy clara la estructura de una canción, pero crearle una personalidad sonora no es tan sencillo, no es algo que se consiga en una hora, para eso se necesita un espacio adecuado y mucho tiempo de trabajo”.

Virtudes que se valoran

Juan Aguirre considera que tanto él como Eva cuentan con la disciplina para hacer las mezclas de sus propios temas, pero también saben resultaría negativo abarcar todos los procesos de la producción musical, de ahí que su sala de grabación cuente con un acondicionamiento sonoro bien cuidado, de control fiable; pero eso no significa que no deseen enriquecer su sonido con la ayuda de un experto. En ese rol, la mezcla de Hacia lo salvaje se llevó a cabo en los estudios Electric Lady, de la mano de Michael Brewer, mientras que la masterización sucedió en Sterling Sound. “Este disco no cuenta con un gran trabajo de edición –explica Juan-; probamos hacer muchas ediciones pero se perdía magia. Mi lema es: si un instrumento entra tarde, imperfecto, está bien; si entra en el momento, perfectamente, fue un error. Y lo digo porque para mí lo mejor es arrastrar las cosas, dejar un tanto de lado la cuantificación cerebral. Por otro lado, queríamos que este disco tuviera un carácter orgánico, pero esto no quiso decir que nos deshiciéramos de los avances de la música electrónica. De hecho, los implementos técnicos deben estar al servicio de la canción sin que ésta pierda expresión, porque finalmente se trata de contar cosas. Es decir, los micrófonos están al servicio de uno, no al revés”.

Ahondando respecto al equipo con el cual cuenta O´Gato Negro, Juan comenta que el dúo usa mucho el modelo Vox AC30 como amplificador: “tenemos algunos viejos, de los años sesenta, pero no los sacamos de ahí porque son aparatos frágiles. También contamos con versiones del AC30 fabricadas en Dinamarca, con mucho head room”. Y continuando con el tema de lo micrófonos, revela los gustos de Eva: “ella tiene un rango vocal muy amplio, pero cada vez gusta más experimentar con sus tonos graves porque le parece que éstos resultan más confesionales. Y es cierto, bajar el tono de una canción consigue una cercanía especial con el escucha, algo que no pasa con las tonalidades agudas. En ese sentido, su micrófono de cabecera es una reedición del Neumann 47 que suena fantástica, aunque últimamente también trabaja con micrófonos dinámicos más accesibles, e incluso algunos que cuentan con un rango de frecuencia estrecho”.

“Incluso hemos usado distorsión en la voz, utilizando pedales para guitarra o emuladores de amplificadores pasados por el micrófono. También usamos distorsión valvular en los preamplificadores, para dar un sonido caliente”. En esa línea, Juan Aguirre confiesa su predilección por los “pre amps Telefunken, de los cuales tenemos dos, pero también usamos, a veces, algunos de estado sólido de Neve o API (somos fans de la serie 5000). Y ya que hablo de esa marca, me encantaría que se cuidara más el punto de la solidez de la fabricación, porque tenemos una lunchbox que jamás movemos de su lugar; sin embargo, ya la hemos reparado varias veces”.

Comparado con el de otros discos, el proceso de grabación de Hacia lo salvaje fue más corto, en buena medida debido a que el sistema de trabajo del dúo cambió, pues estuvieron alrededor de un mes ensayando y haciendo demos, bajo la batuta de Juan de Dios Martín, hasta que lograron familiarizarse con los temas, acompañados de una banda pequeña -batería, guitarra, bajo y, ocasionalmente, un sintetizador. “Cuando ese proceso terminó, empezamos a grabar formalmente. Todos tocamos juntos, a la vez, pero sólo grabamos la base rítmica; el bajo se iba por línea para que la batería quedara aislada.

Cuando la base rítmica estaba bien, volvíamos a grabar el bajo, pero ya microfoneado, en varias líneas para después comprimirlas o distorsionarlas por separado. Yo usé emuladores de guitarra para no montar todo mi equipo, mientras Eva cantaba desde el cuarto de control. Algunas de esas tomas de voz informales finalmente se quedaron en el disco, esto debido a que la emoción que conseguimos tocando juntos no la pudimos reproducir de nuevo con Eva cantando a solas”. Sobre las menudencias del software usado, Juan Aguirre explica: “lo hicimos con Apple Simphony, pero creo que también podemos cambiar para mejorar ciertos puntos”.

Como punto final, Juan comenta sobre su sentir respecto a grabar en su propio estudio: “solíamos salir de los estudios de grabación con un sentimiento de frustración porque la actitud de los conciertos en vivo no se proyectaba en los discos. Decidimos entonces construir nuestra propia unidad de trabajo para conseguir salvar ese bache y desde entonces hemos dado un salto sonoro muy grande. Pero esto no ha sido fácil; pasamos horas buscando diferentes formas de acercar el micrófono al cono y probando con diversas marcas. Porque el hecho de que un músico se compenetre así con su sonido es maravillo, pero la música no es una labor solitaria; hacer canciones, escribirlas, sí que lo es, pero el resultado final depende de mucha gente. Por eso no creemos que los estudios profesionales desaparezcan jamás. Más bien consideramos que hay que ubicarse justo en la medida justa entre el presente y el futuro, pero siempre pensando en beneficiar a la música”.

A pesar de que Hacia lo salvaje goza de éxito en su natal España, Amaral no se ha dormido en sus laureles y está decidido a triunfar de este lado del océano, donde ya lo presentó en un formato acústico y muy personal, tanto en nuestro país como en gira por Argentina, Perú, Venezuela y Chile.