Le tomó un lustro su llegada. De nombre Zion, se trata del nuevo disco de Ely Guerra y su existencia está precedida de un trayecto marcado por la búsqueda, dirigido por la intuición y ajeno a la manera de resolver las situaciones ya exploradas por la cantante para concebir su música. Un proceso que, además, le mostró recursos vocales inexplorados y el uso de diversos idiomas, como español, inglés y portugués, además de arameo.

Fuera de la zona de confort

En entrevista y sesión especial de escucha, la también compositora desmenuzó la dialéctica provista en este proyecto: “Se trató de un peregrinaje lleno de bajas y subidones; de emociones muy fuertes. Fue llegar a otro extremo de un camino creativo que no conocía; por ejemplo, siempre quise escribir en prosa y ahora lo hice. La música es un vehículo increíble y dejarte llevar por esa fuerza es lo más parecido al amor, ese que te lleva a atreverte a todo, sentirte vulnerable y gozar del resultado de esas experiencias; justo lo que llamo vida”.

“Todo me cuestioné, me pregunté ¿por qué quería hacer algo así? Digamos que yo tengo una carrera resuelta, por así decirlo; entonces, ¿por qué meterme en estas broncas, qué me quiero demostrar? Tiendo a echarme la culpa, a ponerme en un lugar vulnerable y me lo preguntaba mucho. Por eso, esta creación fue liberadora y también una declaración, pues siempre me grabé con mi guitarra, hice todo, pero ahora es más notorio, nunca he estado protegida al cobijo del productor y esto es el resultado. Algunos colegas lo han escuchado y me han dicho que no habían oído algo igual y, como en su momento me pasó con Lotofire (2006), que a la disquera no le gustó, creo yo que y, sin querer sonar pretenciosa—, quizás vayamos un paso adelante con esto, algo que aún no se entiende y abrirá nuevas puertas. Me encontré con mi voz por primera vez, con todos sus referentes. Fue un encuentro conmigo, con la capacidad que tengo. He aprendido a gozar ese idilio”.

Búsqueda, temple e intuición

Antes del trabajo de grabación en sí, la fase de espera por las herramientas idóneas tuvo en la mentoría y complicidad de personas como Camilo Froideval, Mani Calderón y Tony Rancich de Sonic Ranch, así como la asesoría y visión de Laura Delgado de Shure para Representaciones de Audio y, en ese momento, Pepe Reveles de AVID, la clave para dejar a punto lo que la intérprete necesitaba en la comodidad de su hogar.

“Diría que el proceso tuvo tres partes: la primera se trató de aceptar y entender el camino personal que estaba tomando porque, con veinte años haciendo música y discos, y acompañada de una formación de músicos, me cuestionaba por qué irme hacia otro lado. La segunda fue descubrir cómo hacerlo. Eso me llevó al tiempo de esperar por el equipo adecuado (en cuanto a las herramientas para grabar), y finalmente, la parte de sentarme frente a Pro Tools y comenzar a trabajar”, evoca reflexiva.

“Fueron como dos años en eso, porque no se trató sólo de esperar los equipos, como era el caso de la interfaz HD Omni que aún no salía, sino de reacomodar, probar y montar el estudio en mi casa hasta sentirme cómoda: Camilo me ayudó junto a Mani Calderón, un amigo que trabaja en Sonic Ranch y que se lanzó desde Texas; en ese lapso también pude entender hacia dónde quería ir. No tenía ideas ni nada. El proyecto nació solo, sin nada preconcebido; esos dos años me ayudaron a apaciguar emociones, saber por dónde andaba y llegar creativamente a culminar todo un trabajo sónico que pasé durante tres años”.

De alianza añeja con Shure y Avid, la intervención de ambas firmas trascendió el patrocinio: “Tuve la oportunidad de probar veinte micrófonos distintos; entonces, cuando el disco planteaba voces muy graves o agudas, quise probar algo que tuviera condensadores sin que cambiara el sonido de mi voz, y el micrófono que terminó respetando todas las áreas que yo requería fue el KSM44. Si llegaba la ráfaga creativa y se me ocurrían cosas, probaba para tener otra textura, pero al final se quedaba lo que hacía con el KSM44”.

“Respecto a Avid, yo uso Pro Tools desde que tomé clases con Salvador Tercero. Empecé con una interfaz digi003 y luego tuve la Mbox, para hacer cosas entre los viajes de las giras, pero para mí, el espacio creativo debe tener un aislamiento y requería algo silencioso. Supe de la interfaz Omni, que iba a tener Thunderbolt; la esperaban en un año, así que ese tiempo también lo tomé para ir a Sonic Ranch, además de hacer varias cosas con equipos Avid, clínicas y demostraciones”.

En Zion, todo lo que se oye son primeras tomas: “No hay repetición ni búsqueda de perfección; se respetaron las emociones de lo que ocurría. No fue como hacer un pastel, que tienes todos los ingredientes, mezclas y ya; todo fue una sorpresa y era muy agradable ir descubriendo esa música poco a poco. La inspiración iba mandando y no tenía tiempo de repetir”. 

Complicidad y confianza

Para la mezcla, la relación con Avid también hizo posible el encuentro entre Ely y Frank Filipetti, (en el marco de una sound:check Xpo): “Nos conocimos de forma muy espontánea, luego de que ambos dimos unas demos; luego de eso nos pusimos en contacto por internet y nos fuimos haciendo cómplices. Un día me atreví a preguntarle si podía escuchar lo que estaba tramando, algo totalmente vocal, y me dijo que sí. Le mandé “Into the Desert”, la sesión completa de Pro Tools, y me dijo que estaba impresionado. Eso fue un momento clave para mí, porque iba en la tercera canción y sentía una gran inseguridad de lo que estaba realizando, tenía la decisión del tipo de disco que estaba haciendo, pero me sentía bastante sola en el trayecto. Al escucharlo decir que era un gran camino el que estaba tomando y que, efectivamente, era algo en lo que nadie me podía acompañar y debía atravesar sola, me dio mucha seguridad y me permitió continuar con más tranquilidad”.

Así las cosas, Frank fue el responsable de la mezcla del álbum en su estudio en Nueva Jersey, para después dejar la masterización en manos de Ten Jensen. “Frank es más que sólo un ingeniero que ha tenido éxito. La oportunidad de estar en mezclas tan diversas, incluyendo teatro musical, le permite ser alguien sumamente humilde ante la consola y el artista. Eso me dejó una gran certeza desde el comienzo. Le mandé unos tracks y me dijo: ‘Ely, en tu mezcla, lo único que haré es darle dimensiones y profundizar, pero sólo tú diriges este nuevo concepto en tu música’. Eso me alivió. Entendió y estuvo siempre conmigo, a un lado, preguntándome cuáles eran los momentos que quería resaltar, porque hubo ruidos y cosas extrañas que hice con mi voz y él me ayudó a ponerlas al frente. Fue un trabajo en conjunto y también hizo propuestas como en “Mía patria”. Nos fuimos de la mano”.

“Yo trabajo con profesionales y me gusta darles su lugar, respetar su espacio, así que para la masterización le pregunté a Frank quién quería que la hiciera. Su respuesta fue el nombre de Ted Jensen y fue claro porque es su colega, con quien ha trabajado, se entienden y saben que va a respetar lo que Frank quiere escuchar. Fue increíble y muy sencillo trabajar con él; hizo diferentes versiones, nos permitió escucharlas, al final se quedó una versión A y una B, y honestamente, dejé en manos de Frank elegir. Es lindo trabajar en equipo desde esa posibilidad, porque todo sonaba bien”.

Una conexión distinta para escuchar

Zion coexistirá en el ámbito análogo y digital, aprovechando las tendencias y el contexto actual de difusión y consumo de la música: “Desde el disco “Hombre invisible” abrazamos las plataformas digitales de manera muy contundente. Ahora para nosotros es un sistema sencillo, nos encanta que exista la opción digital porque es la mejor forma que tenemos para reproducir la música, pero seguimos sintiendo que la entrega del objeto físico es importante. En esta ocasión, para una entrega como Zion, creamos un libro-folleto con un arte bellísimo que hizo Gustavo García Villa, quien también estuvo cinco años sumergido en el proyecto. Lo podrán notar en las fotografías que se ven en la página de internet y que son parte del trabajo visual que tiene este libro con su CD”.

“Hoy, la tecnología de los medios nos permite lanzar algo así y que haya un eco distinto, favorable. Zion entró en un juego distinto que rebasa los parámetros comerciales, pero también brinda la oportunidad de abrir un espacio inédito; es una información más, pero siento que con cierta elevación, un flujo de consciencia que lo hace música viva; de ahí que lo ofrecemos para compartir y empatar a otro nivel emocional”.

Con este proyecto, Ely recordó emociones que quizás tienen que ver con la edad, y existieron dos palabras relacionadas a ello: contemplación y rendición. “Estuve en un acto de total rendición con esta música, así como de contemplarla. Era mi necesidad de entenderlo y observarlo todo”, menciona.

Es el momento de reconectar emocionalmente y Ely Guerra tiene razón: “El arte cura y es una responsabilidad generar esas emociones”. Le acompañamos en esta intención de un espíritu tan alto.

ZION, escrito e interpretado por Ely Guerra.

  • Editora: Homey Company.
  • Producción y grabación: Ely Guerra en Casa Homey Estudio, CDMX.
  • Coproducción y mezcla: Frank Filipetti en The Living Room Studio, NY.
  • Masterización: Ted Jensen en Sterling House, NY.
  • Mentor de producción general: Camilo Froideval.
  • Coordinación y administración general: Paula Balbi.
  • Diseño y preparación Casa Homey Estudio: Camilo Froideval y Manuel Calderón.
  • Soporte y asistencia técnica para Casa Homey Estudio: Daniel Langarica.
  • Una producción grabada con equipo Avid (HD Omni) y Microfonía Shure (KSM44).
  • Ely Guerra usa microfonía Shure.
  • Ely Guerra patrocinada por Avid Technology.
  • Una producción Homey Company 2019

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco