Desempacada de su gira por España y como abridora de los conciertos de Rodrigo y Gabriela en los Estados Unidos, Silvana Estrada comparte las canciones de su disco “Marchita”, grabado en El Desierto en la Ciudad de México. Es el sencillo “Te guardo” el motivo para develar el proceso creativo que la acompañó.

“Me tiene muy contenta poder compartir esta canción que, creo yo, es esencial en mi nuevo disco; me parece una de las canciones más representativas de ‘Marchita’ porque es la primera canción que escribí abriendo esta época con esta serie de canciones que hablan del mismo dolor o inquietud. ‘Te guardo’ ya había existido y existe en las plataformas de distribución musical, pero para mí era muy importante darle su casa correcta, ponerla en el lugar donde pertenece y darle su sonido verdadero”, comparte la cantautora. 

Con la producción de Gustavo Guerrero y la ingeniería de grabación y mezcla de Daniel Bitrán, “Te guardo” tomó una segunda vida —apareció primero en 2018—, con cambios que la resignificaron. “Quise darle el espacio al que pertenece esta canción y que creo es mucho más amplio, minimalista, trascendental y atemporal. Con Gustavo no había trabajado, aunque nos conocimos hace unos cuatro años y nos hicimos muy amigos. Pasaron cosas en aquel proceso y mi manager fue la que sugirió que trabajara con él y creo que tenemos mucho en común: oímos las mismas músicas, nos gustan las mismas películas, tenemos una sensibilidad muy especial por la poesía, todo el tiempo nos estamos regalando libros de poesía. Empezamos a trabajar juntos y fue un proceso muy largo porque me desentendí de lo que estaba haciendo; tuve unas semanas para reflexionar cómo quería que sonara por fin y empezamos a trabajar”.

“Estuvimos en el estudio El Desierto y creo que también tuvo mucho que ver este lugar con el sonido del disco, la mezcla y la ingeniería de audio. Hay mucho room, pero seco, no de eco, sino literalmente del espacio en el que se estaba grabando. Hay muchos sonidos de afuera que no se limpiaron, como las hojas que caían o la madera que tronaba, porque estábamos grabando en un lugar vivo, con instrumentos vivos. Respetamos todos esos sonidos para generar el universo ‘Marchita’, que logramos en dos semanas. Además, El Desierto tiene todo el equipo que pueda imaginarse, pero con el marco de la naturaleza, entre orquídeas y con noches llenas de estrellas y mañanas con frío y un café bien caliente en el jardín. Ahí hay todo ahí: tanto la inspiración, como la  tecnología lista para funcionar”.

“Te guardo’ ya había existido y existe en las plataformas de distribución musical, pero para mí era muy importante darle su casa correcta, ponerla en el lugar donde pertenece y darle su sonido verdadero”.

Compañía musical

Los músicos que acompañan a Silvana Estrada en “Te guardo”, son José Andrés Márquez (percusión), Roberto Verástegui (vibráfono y piano) y un cuarteto de cuerdas: “Andrés vivió muchos años en Nueva York, estudió en Berklee y es un baterista increíble y un percusionista maravilloso. Roberto y yo ya tenemos muchos años colaborando juntos y me apoyo mucho en él, porque es muy sensible, es un arreglista excelente y también un gran pianista, además de tocar el vibráfono en mi grupo cuando toco en vivo; es mi mano derecha en cuestiones de arreglos y música”.

“En lo que respecta a las voces, fueron grabadas por Gustavo y Silvana, y por otro lado, las cuerdas  fueron lo más complicado de grabar, porque fue hecho todo en un solo cuarto y ahí nos llevamos bastante tiempo, pero fue un aprendizaje y al final lo logramos”.

El trabajo de mezcla y masterización es un asunto de distancia con indicaciones claras. Así lo relata Silvana:

“Yo quisiera involucrarme más, pero lo cierto es que me estresa mucho, me cuesta mucho escuchar sin parar una canción mía. Llevo muchos años escuchando estas canciones, así que la verdad el proceso de mezcla de ‘Marchita’ fue bastante distante. Hablé muy claramente con Gustavo y con Daniel sobre qué quería que se rescatara. No fue fácil de mezclar por su carácter y también fue un reto para Daniel; no queríamos que limpiara tanto la grabación para rescatar el espacio y mis respiraciones para darle al escucha la posibilidad de cerrar sus ojos y que sienta que está junto a mí o que estuvo en el room con nosotros”.

“Estuvimos en el estudio El Desierto y creo que también tuvo mucho que ver este lugar con el sonido del disco, la mezcla y la ingeniería de audio”.

“Al final de la mezcla hubo una escucha general del disco y le di el visto bueno. Todavía en la masterización hubo que cambiar algunos volúmenes de la voz, pero eso fue todo”.

“Marchita” devela un proceso de búsqueda lírico y sonoro fascinante de esta cancionista que sigue ganando la escucha de sus canciones en todo el mundo con composiciones que tienen a su cuatro venezolano como alma:

“El cuatro y yo siento tenemos una relación como muy amorosa. Lo descubrí a los 16 años, más o menos, en el estudio de mi papá cuando estaba buscando un instrumento chiquito para ponerme a componer y del que no supiera nada. Tocaba el piano en ese entonces y como estudiaba jazz, de repente quería escribir y cantar mis canciones; estaba en la búsqueda de algo diferente, de un sonido que me permitiera expresarme con apertura y más sencillez y entonces encontré el cuatro, que nunca lo había tocado, veía que mis papás lo tocaban en las fiestas, que tienen su repertorio de música venezolana que cantan en las reuniones y así fue como lo tomé y me encantó”.

“Me enamoré del sonido, de hecho, la primera vez que me puse a tocar el cuatro, no sé, me puse a tocar en la mañana y en la tarde ya había escrito una canción, como que me fue sacando un montón de música y de canciones, me dio muchas posibilidades y me gustó mucho que mis canciones tengan dos o tres porque son los que me sabía en el cuatro.  Fue un proceso precioso, a veces tengo nostalgia de cuando empecé con el cuatro, porque todo era nuevo, y me pasó un poco con la guitarra, porque en la cuarentena aprendí mucho más de ese instrumento. Hice un disco solo de guitarra que todavía no grabo, pero era lo mismo: un nuevo acorde ya era una excusa para hacer una canción”.

“Ha sido un proceso bien interesante entender cómo amplificar, grabar y sonar al cuatro en vivo. Me costó mucho llegar a donde estoy ahora en cuanto a sonido. Ha sido un largo camino de acuerdo a la manera en la que toco, pero muy satisfactorio”, finaliza Silvana.

“Al final de la mezcla hubo una escucha general del disco y le di el visto bueno. Todavía en la masterización hubo que cambiar algunos volúmenes de la voz, pero eso fue todo”.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco