Ruzzi, cuando el talento innato se potencia

Cantautora, productora y música de sesión, el de Marian Ruzzi es un perfil provisto por el talento y la determinación para sacar el máximo de las oportunidades que ha encontrado para proyectar su carrera. Desde niña contó con el impulso familiar y ello le permitió enrolarse, ya en su juventud, en Berklee College of Music en Estados Unidos y, luego, en la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE). Sus créditos como música acompañante incluyen a Julieta Venegas, Café Tacvba, Ximena Sariñana, y en el terreno personal, logró la mención como Mejor Nuevo Artista del Grammy Latino 2025.

Aprendí a producir terminando mi propio disco: tuve que hacerlo sola y ahí entendí cómo llevar una canción de la intuición al resultado final”.

¿Por qué no música?

En entrevista, aprovechando su participación con la masterclass “Hacer de todo un mucho”, en la pasada sound:check Xpo, Ruzzi cuenta cómo fueron sus inicios musicales, del lobby familiar a la profesionalización: “Mi mamá tocaba la guitarra y el piano por hobby. Ella me dio clases de niña, pero al cumplir 18, le dije a mi papá que quería estudiar Arquitectura, y fue él quien me dijo, ‘¿y por qué no música?’. Yo nunca lo había pensado como algo profesional, siempre me ha encantado y tengo obsesión con los instrumentos desde los diez años. Pero mi papá creía que me iría muy bien, incluso me veía abriendo una escuela de música para niños, algo que hasta hoy es uno de mis sueños. Busqué y supe que la mejor escuela de música contemporánea es Berklee College of Music en Boston”.

“Apliqué, hice la audición y me aceptaron, pero tenía que conseguir beca completa y aunque tardé cuatro años en que pasara, lo conseguí. Luego supe que había una escuela de música en México afiliada a Berklee, que era Fermatta en la Ciudad de México, resultó que había otra escuela de ellos en Guadalajara, y me lancé. Después busqué otra opción ligada a Berklee y fue como di con la SGAE en España, que daba becas presidenciales a compositores iberoamericanos, y conseguí una”.

En este proceso, y para continuar su formación en Berklee, Ruzzi conoció a Juan Manuel Torreblanca, quien le abriría el camino para tocar con Julieta Venegas: “Lo conocí en un concierto de Natalia Lafourcade y nos hicimos amigos. Me empezó a dar clases de canto y yo a él de guitarra, y fue quien me recomendó con Julieta para entrar a su banda, cuando tenía 21 años. Me fui de gira con ella y ese fue mi primer trabajo profesional”.

La obsesión y musicalidad innata en Ruzzi, le permite explorar e interpretar varios instrumentos, una llave que le abrió puertas: “Lo de Julieta se dio incluso porque necesitaba a alguien que tocara el acordeón. Yo no sabía tocarlo, pero me clavé y pude hacer la audición, quedándome a colaborar con ella. Me empezaron a ver tocando en su banda y así empecé a hacer conexiones para tocar y producir, como en el caso de una canción para la película ‘La Nave’, para la que me pidieron producir, pues ya tenía cinco años de estar con Julieta, involucrada en la manera de hacer música; y luego me invitó Meme del Real a estar con Café Tacvba”.

El llamado de su propia creación

En medio de esa faceta como música acompañante, Ruzzi supo que debía atender el llamado de sacar su propia música y así lo hizo. Su disco “Nave Especial”, salió en 2018: “Con el dinero que gané girando con Café Tacvba, hice mi disco. Lo grabé en el estudio de Jennifer y Juan Ayala, unos amigos en Londres, y con Ernesto García (q.e.p.d.), que era un ingeniero de audio y productor buenísimo. Yo no tenía idea de lo que conllevaba hacer un disco, así que hice unas canciones en Londres y lo demás lo terminé en México, en Valenzo Studios, y el estudio de Leonel García, que también me apoyó mucho para aprender a grabar voces, al igual que Alan Saucedo, que era su ingeniero en ese entonces y que ahora es el director de los estudios de Sony Music en México. Él me enseñó a usar Pro Tools y a editar, porque al fallecer Ernesto, tuve que terminar sola, y así fue como aprendí a producir, terminando mi propio disco”.

Esa experiencia sembró la semilla de la producción, la cual inició entre mujeres: “Ximena Sariñana me invitó a un song camp de Warner Music de puras mujeres y me invitaron como productora. Estuve con Ximena e hicimos dos canciones y le gustó mi manera de trabajar. De ahí hice cosas para artistas independientes y lo más reciente es que este año salió el disco que trabajé con Julieta, que se me hizo muy bonito porque fue como una manera de cerrar un círculo que viví”.

La curiosidad instrumental de Ruzzi le abrió puertas: aprendió acordeón para audicionar con Julieta Venegas y convirtió ese reto en su primer trabajo profesional.

De forma independiente, Ruzzi produjo su nuevo disco, “Mariana”, en Sonic Ranch: “Toqué todos los instrumentos y me fui allá porque me gusta mucho el sonido que consiguen, sobre todo de las baterías. La experiencia de autoproducirme es porque estoy en la vía independiente y, además, soy una persona que me cuesta mucho delegar, sobre todo en mi música. Pero eso me ha ayudado a trabajar con otros artistas. Ahora estoy explorando algo más electrónico, para salir de mi zona de confort. Estoy tratando de reinventarme”.

Además de la producción, Ruzzi también se involucra en los procesos de mezcla y masterización: “Me hago presente en todas las etapas y lo que me pasa mucho es que, cuando empiezo a mezclar un track, termino de darme cuenta qué funciona y qué no en la producción; esos elementos que quedan flojos en el rango o donde faltan agudos y demás. Eso lo aprendí mucho trabajando con un productor que se llama Phil Vinall (q.e.p.d), pues varias canciones de mi primer disco las hice con él, y aprendí mucho sobre el espectro, cuándo buscar más low end y los conceptos técnicos que afinan todo. También aprendí mucho sobre mezcla a Eduardo Del Águila. Para mí, estos procesos son muy técnicos, pero lo que más disfruto es cuando me divierto y no me lo tomo tan en serio, como en la vida”.

Actualmente, en su espacio de creación, Ruzzi cuenta con una interfaz Apogee Duet de Universal Audio y su computadora: “Digamos que mi home studio lo uso solo para pre y post producir. Tengo un par de micrófonos y un SM7B de Shure; en monitores tengo los de la marca mexicana Margules que suenan muy bonito, e incluí un subwoofer KRK. En mi experiencia, mis demos los hago en mi lugar, pero ayuda mucho ir a un estudio profesional, por los compresores y demás equipo que puede encontrar”.

Con el presente en pleno, Ruzzi se mantiene activa trabajando nueva música, sin etiquetas: “Trato de no encasillarme en un género, porque quiero explorar diferentes estilos. Me gusta mucho el corrido, la música electrónica, el pop… por eso me encanta trabajar de todo un poco, o de todo un mucho”.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco