Transcultural. Orly Beigel Productions, compañía de promoción y producción de espectáculos liderada por Orly Beigel, se ha convertido en una empresa independiente con reconocimiento global. Trabaja con institutos y organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas o Amnistía Internacional. Dedicada a promover el intercambio de bellas experiencias, suele llevar artistas consolidados a nuevos mercados, ofreciendo proyección internacional a los movimientos vanguardistas.

Dedicada. Los eventos que Orly Beigel produce son humanos pero profesionales hasta el último detalle. Reflejan la personalidad de su fundadora, cuya herencia cultural es tan diversa como el repertorio de artistas que presenta, pues ha sido precursora en la promoción del jazz y el blues al llevar a Cancún grandes estrellas como Al Jarreau, Earl Klugh, Ray Charles, la Orquesta de Duke Ellington y Manhattan Transfer, entre muchos otros.

 
Conmovida. Por el aniversario número sesenta del fin del holocausto, la productora ofreció el espectáculo Nunca Jamás: un concierto por la vida, donde Philip Glass, Denyce Graves, Shlomo Mintz, Giora Feidman y el director Elli Jaffe refrendaron su compromiso con esta fecha. El evento fue ganador en 2006 del premio al Mejor Espectáculo Alternativo en Las Lunas del Auditorio.

En años recientes, su empresa ha presentado el performance multimediático de Laurie Anderson, la gama asombrosa de Ute Lemper, la belleza multifacética de Teresa Salgueiro, el ensueño de Madredeus y el virtuosismo del Kronos Quartet. Para descubrir el orígen de la mágia, nos reunimos con Orly Beigel y conversamos sobre los invisibles encantos de la música.

Experta
“El otro día dí una plática para promotores y les llevé una carta con mi timbre, un fax y el Telex con el que empecé”, relata de inicio, “ni siquiera tenía dinero para comprar la máquina; me suscribí a una compañía donde hablaba y mandaba la información. La gente estaba sorprendida”, sonríe Orly.

Pura intuición.”Fui aprendiendo sola; por lógica, y justo me vino esta idea: el show business me buscó y me encontró”, se alegra la promotora,”busqué el show business por casualidades de la vida y descubrí una profesión”.

El inicio, con Mercedes Sosa en Israel: “Yo vivía allá. Me quedaba muy lejos Argentina y los demás países con los que trabajaba”, nos sorprende, “puras largas distancias y en aquel entonces, el teléfono era muy caro, pero era el medio de comunicación. Yo no sabía a dónde me metía ni tenía un plan de: voy hacer ésto”, reflexiona, “Mercedes tenía que cantar en un teatro. Entonces renté el teatro, pero de cero, desde ir a preguntar”.

Empezar en lo alto. “Era muy terrible la presión que sentía por haber empezado con la más grande cantante de Latinoamérica”. Pero Orly se armó de valor: “dije: voy abrir el mercado latinoamericano”.

Tercera llamada
Más adelante, la vida la llevó por nuevos caminos. “Se me abrió el mundo de la música clásica. Busqué artistas del bloque comunista para llevarlos a Israel, porque eran prohibidos y me parecía muy interesante, sólo de imaginar la cantidad de público que tendrían. La profesión fue creciendo en mí y juro que no es una oración trillada: soy una mujer muy transparente en mi vida. Eso me ha mantenido donde estoy. Y sigo aprendiendo de cada producción”.

En 1987 la compañía estableció sus oficinas centrales en la ciudad de México y presentó a la Orquesta Filarmónica de Israel bajo la dirección de Zubin Mehta. “Por una cancelación que tuvo la Filarmónica (venían con otro empresario) ellos dijeron: ‘vamos hablarle a Orly a ver si puede”. Ella salvó el concierto, otra vez usando sólo su intuición: “tan no sabía trabajar ni conocía ciertas cosas, que tomé el depósito, fui y toqué la puerta. ‘¿Qué haces aquí? Les traje el depósito. ¿No oíste que hay bancos y transferencias? Claro; pero estoy tan emocionada que se los traje personalmente”. En los meses siguientes, Orly Beigel Productions presentó a la Orquesta Sinfónica de Leningrado, Ravi Shankar, Pilobolus, Diamanda Galas, Tito Puente y Natalie Cole.

 
  Creadora de públicos
Luego de 25 años, el proyecto de Orly está empresarialmente consolidado. “Por supuesto hay mucha gente a mi lado en los proyectos: mi asistente, un chofer para llevar y recoger material, un diseñador gráfico exlusivamente para los materiales que hacemos de los artistas, además de un administrador,  contadora y personal que se encarga de las redes sociales y nuestra página web, más la digitalización de materiales, videos, audio, fotos o presentaciones, y una persona que hace la coordinación del catering en las producciones; eso es muy importante”.

La planeación es vital. “Cuando nos proveen el equipo, nosotros traemos a un coordinador de montaje”, plantea, “no importa que el lugar tenga un coordinador técnico; yo tengo el mío para que ayude y supervise todo junto con el staff del artista; que se sientan atendidos y protegidos en los aspectos de la producción”, y Orly revela, “no todos los artistas vienen con técnicos: ha habido quienes deciden ya no traerlo porque aquí también los hay”.

Los retos no se terminan: “Continuamente los artistas que represento los están pidiendo en México y con muchos de ellos, más que un contrato hay un código ético entre ellos y yo”, continúa la productora, “aparte de que no quieren venir con otros promotores, porque la verdad los consiento mucho”.

El 100 por ciento como mínimo

“Ese es mi rango y puede ser mucho más”, y se apasiona, “es por sentimiento. He ido a comprar (para la mezzo Frederika von Stade o para Kathleen Battle) medicina para la garganta con los hierberos del mercado de Sonora. Fui con Ute Lemper a la parte de juguetes de ese mercado”, y aflora la guía turística, “hacemos muchas cosas: con Zubin Mehta, el mejor director del mundo, fuimos a comer tacos. Padrísimo”.

Siempre se anticipa. “Hay que buscar nuevos mercados, nuevos públicos y escenarios. Puedes hacer shows en una iglesia; hay tantos artistas que quisiera traer, que la verdad no me alcanza el tiempo; porque también son importantes mis proyectos personales”.

“Por ejemplo, quiero tomar un curso de audio y luces. Ya sé algo por experiencia, pero quiero aprender bien las diferencias entre unos equipos y otros y para saber cómo sacarles más provecho”, y considera, “por supuesto que tengo gente muy profesional que me asesora, que trabaja conmigo en la producción; pero a mí me gustaría saber más”.

Al final, Orly Beigel hace un balance de su oficio: “si lo ves como un mero negocio, la fábrica de cuadernos con producción en serie, no la haces. Ese es uno de los regalos que todavía tengo”, explica, “disfruto de verdad. No que disfrute todo el proceso; hago corajes y tengo mi fama de difícil; creo que la gente confunde el concepto de difícil con profesional. No quiero pecar, pero soy exigente a mucha honra”, y se despide, ”soy muy feliz de ser así. Por eso sigo. Si algo me ha mantenido en el mercado es que cuido, no solamente al artista: cuido a mi cliente”.

Cálida. Orly establece una relación personal con los artistas, quienes son su prioridad. Sus eventos son tertulias exquisitamente preparadas, como si ella invitara a sus amigos para escuchar música que la conmueve; pero en vez de la sala de su casa, en los auditorios de México y el mundo.