La década de los ochenta y los noventa vieron nacer en nuestro país a una cantidad respetable de músicos con un discurso nuevo, que hablaba de la necesidad de hablar de distintos temas y experimentar con nuevos sonidos y que se desarrollaron en la trinchera del rock subterráneo. Ese fue el contexto en el que el guitarrista, ingeniero de audio en vivo y en estudio, y a la postre productor Marc Rodamilans, asumió un importante rol en este quehacer, gracias a La Cocina, espacio que fue mucho más que un estudio de grabación.

“Yo calculo que en dos o tres años, será posible una grabación de buena calidad a distancia, y esto se va a poner muy interesante para la producción de discos”.

Una trayectoria en el rock no comercial en México

Después de varios años de estar alejado del medio musical y de haber cambiado su lugar de residencia a San Antonio, Texas, Marc Rodamilans se dio cuenta del cambio en la escena: “Entré hace muy poco tiempo a las redes sociales y descubrí una gran cantidad de grupos de rock en México y me sorprendí, porque incluso en los Estados Unidos, donde estoy viviendo ahora, no hay tantos. Como siempre, todo está centralizado en Los Ángeles y Nueva York, pero en México se nota mucho movimiento”.

Como algo necesario en la música, el rock subterráneo no se ha acabado y siempre ha estado presente para ciertos sectores del público, tanto en México como para el mundo, como explica Marc: “Yo pensaría que no hay realmente una gran diferencia entre la posición actual, comparada con la posición en el pasado. Obviamente, el rock en nuestro país tuvo un momento muy grande a finales de los ochenta y noventa y después fue bajando conforme a lo que ha pasado a nivel mundial, pero pienso que hay oportunidades ahora para tener un resurgimiento de ese rock mexicano a un nivel más comercial”.

Una de las principales razones por el surgimiento de más propuestas de este estilo es también la tecnología, que por supuesto nos ayuda a grabar música de una manera más accesible, a diferencia de hace treinta o 35 años, cuando se requería de un estudio de grabación en forma: “Bueno, mi estudio nunca fue formal”, bromea Marc, “pero sí, definitivamente, la tecnología ha avanzado muchísimo, aunque muchas cosas que hoy pueden hacerse son muy recientes, de hace tres o cinco años. Ahora estoy haciendo producciones a distancia, no por la situación sanitaria, sino porque es posible hacerlo. Estando en San Antonio puedo producir a grupos mexicanos, ayudarlos en la mezcla y promoverlos”.

Marc recuerda los inicios de La Cocina: “Cuando yo empecé mi estudio en 1984, básicamente creo que era el único estudio en el país que grababa en un portaestudio Tascam. Mi primera grabación fue de Las Insólitas Imágenes de Aurora, a quienes invité porque habían abierto conciertos de mi banda en ese tiempo (Mistus), y en ese equipo grabamos su demo. Nunca pasó nada con él, pero siempre hay una base y un principio”. Esta base fue la que pocos años después se convertiría en la banda Caifanes.

Los cimientos de La Cocina

El productor e ingeniero de audio voltea al pasado un instante: “Empecé con mi grupo Mistus en 1977 y para 1980, empecé a tener muchos problemas con el sonido de mi guitarra. Notaba que variaba mucho de lugar en lugar cuando tocaba y entonces empecé a investigar qué pasaba. Todo esto me llevó por un par de años a construir con el grupo nuestro propio PA. Cortamos madera, compramos bocinas y demás, y si no fuimos el primero, fuimos de los primeros grupos en tener un PA propio. No era muy bueno, obviamente, pero así fue como empecé a tener más interacción con el sonido y la grabación, porque también me dediqué a grabar los conciertos que dábamos. A partir de que salí de Mistus, en 1983, empecé a investigar más profundamente, compré mi grabadora, abrí el estudio, y empecé sin cobrar. Renté una casa, la acondicioné yo mismo, instalé el poco equipo que tenía, invertí el poco dinero que tenía, y de ahí partí para grabar grupos. Ya que tenía unos cuatro, empezaron otros a conocerme y hubo otras bandas que me empezaron a hablar para que les ayudara con su sonido en vivo. Me contactó el grupo Neón y los sonoricé por dos o tres años, y fue de las muchas bandas a las que hice el sonido en vivo, más las que yo grababa en el estudio, de forma que todo me ayudó muchísimo en ambos rubros”.

“A medida que iba trabajando con más grupos, La Cocina empezó a crecer en cuanto a reconocimiento, pero no en equipo, primero porque lo que yo tenía no permitía cobrar mucho, pero los grupos que llegaban sin recursos para grabar en un estudio profesional acudían al estudio, porque además no había estudios que se dedicaban a grabar exclusivamente rock. Sí grabé mariachis y cumbia, pero no en La Cocina”, ríe Marc, “pero fue parte de mi aprendizaje. En algún momento decidí dedicarme solamente a grupos de rock, lo que me ayudó mucho a que los grupos escucharan hablar más del estudio y quisieran ir”.

“De La Cocina hay muchísimas experiencias muy buenas. Una de las más interesantes para mí fue la grabación del segundo disco de Consumatum Est, “Intolerancia”, cuando salimos del estudio y lo hicimos en una casa en Morelos durante un mes. Todo lo que sucedió y el aprendizaje y el resultado, fue algo muy valioso. Nos enseñó mucho y nos movió hacia el futuro en el sentido de lo que podíamos hacer produciendo o grabando”.

Marc tiene una visión particular de los equipos de La Cocina: “Siempre he tenido una teoría con respecto a esto: Si compro una Les Paul de cinco mil dólares y me la cuelgo, eso no quiere decir que automáticamente yo sea Eddie Van Halen, sino que hay un trabajo y una creatividad que se necesita para utilizar esta guitarra al máximo. Muchas veces me decían que comprara micrófonos más caros, por ejemplo, pero yo sabía que lo que sacaba del estudio no me daba para comprar esos equipos, y aunque los tuviera, no tenía toda la infraestructura que debería venir con esos micrófonos, que es de cientos de miles de dólares. Hay que tratar de entender el negocio que uno está haciendo e invertir de acuerdo a eso. Precisamente eso fue lo que llamó la atención de muchos grupos, que usábamos recursos muy pequeños, pero lográbamos sonidos muy interesantes. Eso ayudó a que se diera el crecimiento de La Cocina de una manera orgánica, en un momento en el que no había ni celulares”.

Una de las claves para que cada banda grabada en La Cocina tuviera su estilo en particular era justamente la relación de Marc con los músicos: “Éramos muy cercanos; básicamente todos los grupos con los que trabajé son mis amigos. El background que tenía ayudó mucho, porque viniendo de tocar con un grupo, entendía la parte de cargar el equipo, armarlo, desarmarlo y convivir con la gente que está en la banda. Eso ayuda a la conexión con los grupos que produzco;  siento que eso es hasta independiente del sonido que se logre, sino que se trata de poner lo que el grupo representa en una grabación”.

“A los grupos nuevos les recomiendo que aprendan todo lo que tiene relación con su grupo, desde cargar el equipo, conocerlo, no gastar dinero antes de que lo puedan producir, aprender cómo está montado su escenario, saber algo de audio, luces y de producción de sus discos”.

Más que producción y grabación

Además de la mera producción de los discos, las bandas podían ensayar en La Cocina: “Había cuartos para ello; Guillotina ensayó ahí diez años, Consumatum Est también lo hizo por un tiempo, de forma que convivíamos mucho tiempo, lo que ayudaba a la comunicación y aprendizaje juntos en muchos sentidos. Todos interactuaban entre ellos y yo solamente coordinaba lo que sucedía. Poco a poco, el estudio fue creciendo hasta un punto en el que todo el rock subterráneo nos conocía y muchos de los no subterráneos también”, recuerda Marc.

La nueva faceta de La Cocina está comenzando, como explica Marc: “Me di cuenta de la cantidad de buenos grupos actuales en México y de que las posibilidades técnicas son infinitamente mejores y accesibles, de manera que vamos a operar como estudio de producción, disquera independiente y promoviendo grupos”.

“Empezaremos lanzando el acoplado ‘Sin Alternativa 3’, que se quedó inconcluso en 2000, pero que me parece un buen puente para que nos conozcan. Ya estamos preparando también ‘Sin Alternativa 4’, con grupos nuevos, y estoy produciendo un par de bandas, mezclando a la distancia. Por otro lado, Carlos Walraven (músico e ingeniero de audio en vivo y grabación), producirá bandas desde Vancouver y Toño Sánchez (que era el cantante de mi segundo grupo, llamado Klon), que vive en Buenos Aires, será la conexión para llevar grabaciones de México a Argentina y al revés”. Entre los grupos que están en producción están Hueco y The Dragulas, y con Klon, Marc se encuentra grabando nuevo material depués de 23 años.

“Hay muchos grupos muy buenos, como antes los había también, pero el nivel técnico y creativo ha crecido gracias a la facilidad que tenemos de encontrar las formas de mejorar las ejecuciones de instrumentos y eso ha ayudado a los músicos más jóvenes a superarse rápidamente”, menciona Marc. Esta superación, si bien tiene que ver con los recursos tecnológicos, también está relacionada con la manera en la que el músico adopta el factor aprendizaje: “Pienso que la escuela para profesionalizarse en la música y la producción no está mal, pero si no hay práctica, no hay nada. Esto se necesita para realmente lograr lo que quieren hacer. Cuando empecé no había escuelas para estas carreras y lo que hice fue leer los libros que había y practicar. Realmente uno no deja de aprender, y es parte de lo interesante de esto, que lo que uno hace evoluciona y hay que seguir aprendiendo. La creatividad puede ser el ochenta por ciento y la tecnología el veinte, pero si no sabes encausar la creatividad, será muy difícil, y para eso están los productores, para que conozcan el mapa completo de elementos que las bandas necesitan alrededor”.

La convivencia con los grupos, tanto en el estudio como en los conciertos, ayuda a que las bandas entiendan todas las variantes involucradas en su labor, como concluye Marc Rodamilans: “Tenía 17 años, tocaba con mi primer grupo y pensaba que sólo necesitaba tocar. Nos dimos cuenta de que no era así solamente y por eso aprendimos tantas cosas”.

El aprendizaje como motivo y meta. La experimentación sonora en todo su espectro. Larga vida a La Cocina y sus bandas. Larga vida a Marc Rodamilans.