Para un productor musical, compositor o músico, la tecnología es indispensable en su trabajo diario. No podemos hoy imaginar el desarrollo de nuestro trabajo sin el apoyo de ella, ya que la tecnología constituye una herramienta fundamental en el quehacer de cualquier músico. De pronto comento con algunos colegas el hecho de que el uso de la tecnología está mas relacionado con productores musicales que, por ejemplo, con un músico ejecutante de una orquesta sinfónica que se mueve en el entorno de la música de concierto. De alguna manera esto es cierto: un músico ejecutante invierte la mayor parte de su tiempo tocando y practicando su instrumento, procurando día a día mejorar la calidad de su ejecución, su técnica y su capacidad interpretativa, actividades que además requieren mantenerse practicando de manera continua durante toda su vida. Involucrarse con la tecnología puede, en este caso, disminuir significativamente el tiempo de estudio que él mismo músico invierte buscando mantenerse como un buen ejecutante de su instrumento.

El valor del tiempo

También es cierto que la etapa en la que un músico construye su formación como ejecutante requiere de mucho tiempo. Al inicio, generalmente la etapa de estudiante, un ejecutante puede estudiar hasta ocho horas diarias con el propósito de dominar la ejecución de su instrumento. Aún recuerdo mis largas jornadas de estudio frente al piano en mi juventud. En etapas posteriores, cuando un músico se adentra en el ámbito profesional, las actividades inherentes al ejercicio profesional provocan una disminución natural del tiempo invertido para practicar. En estas etapas, los músicos continuamos practicando, por supuesto, pero sin duda, tenemos menos tiempo que aquel valioso que teníamos en nuestras etapas como estudiantes.

Ahora bien, un productor musical se dedica de tiempo completo a crear música y dirigir proyectos, de tal forma que su relación con la tecnología es mucho más común y estrecha. Un productor musical necesita “practicar” a diario en su estudio de grabación para obtener un buen sonido, cómo desarrollar un cierto concepto musical, cómo combinar los distintos elementos musicales en un arreglo musical y muchas veces crear él mismo el arreglo musical o en colaboración con otros músicos. Los recursos tecnológicos actuales obligan a un productor musical a conocer y saber utilizar dichos recursos y a invertir cierto presupuesto en adquirir estas herramientas, con la meta de obtener un mejor resultado musical.

Por otro lado, un compositor actualmente requiere de igual forma de la tecnología. Las ventajas que hoy ofrecen los programas de escritura musical, gracias a los cuales hoy un compositor puede sonar sus ideas a través de ciertas librerías de sonidos que emulan instrumentos reales, es una herramienta invaluable. Debo mencionar en este punto que a pesar de estas ventajas descritas, el insustituible hecho de sonar la música que uno escribe con músicos reales, representa diferencias fundamentales con respecto al uso de las herramientas tecnológicas que también es necesario considerar. Es aquí donde muchas veces discutimos si la tecnología que puede representar una aliada conveniente para un creador musical, puede también representar un obstáculo por el hecho de que en el mundo real, las cosas son muy distintas.

La tecnología según los requerimientos

Yo personalmente considero que la tecnología bien aplicada es una gran herramienta creativa, y creo también que mucho depende del tipo de música que uno realiza. Para tener una idea equilibrada que plantee la posibilidad del uso de la tecnología o opción por no usarla, en el caso de la emulación de instrumentos, me parece necesario conocer ambos mundos. Si un músico conoce los fundamentos técnicos de un instrumento musical en la realidad, es mucho más probable que pueda emular ese mismo instrumento de manera virtual. De otra manera, la tecnología puede proveer los sonidos y librerías y la opción de programar un instrumento como le venga en gana, pero con el riesgo de que al intentar grabarlo con un músico real, sus ideas no puedan ser ejecutables por un instrumentista, por el simple hecho de desconocer la naturaleza misma del instrumento y los fundamentos de su ejecución.

Ahora bien, insisto en que mucho depende el éxito en el uso de la tecnología del tipo de música que uno compone, produce o ejecuta. La música electrónica nace naturalmente a través del uso de medios virtuales y electrónicos, de tal manera que el uso de la tecnología es parte indispensable del proceso creativo. La música pop puede combinar el uso de la tecnología y la participación de elementos musicales que no se produzcan más que a través de una ejecución por parte de un músico invitado al estudio. Una banda de rock normalmente se fundamenta en la ejecución musical de los miembros de la banda, aunque pueda integrar otros elementos adicionales.

De cualquier manera, la tecnología no se limita exclusivamente al hecho de ejecutar instrumentos reales o virtuales. La tecnología hoy es necesaria para grabar cualquier fuente sonora a través de los programas de grabación llamados por sus siglas en inglés DAW (Digital Audio Workstation o Estaciones de Audio Digital): Pro Tools, Logic, Ableton Live, Reaper y demás. El uso de la tecnología igualmente ha tomado importancia en todos los procesos de grabación, edición, manipulación de las fuentes sonoras e incluso en todos los procesos de post-producción, sincronización a imagen y de manera fundamental en simplificar el trabajo colaborativo a distancia, almacenamiento en la nube, el envío y recepción de archivos, así como muchos otros procesos involucrados en el quehacer musical. Internet es parte fundamental de la realidad tecnológica que vivimos actualmente.

Por ello, considero que a reserva de que un músico se dedique profesionalmente a la producción musical, toque como instrumentista en una orquesta sinfónica o en una banda de blues, la tecnología está presente a disposición de cualquiera de nosotros para brindarnos herramientas que bien usadas, facilitan nuestro trabajo profesional.

En mi caso, la tecnología me asiste en las actividades esenciales que desarrollo como productor musical, compositor, arreglista y músico a través de distintos tipos de herramientas tecnológicas:

• Recursos tecnológicos para componer música: un controlador MIDI, micrófonos, DAW, sintetizadores virtuales, programas para crear música y librerías de instrumentos y sonidos especializados, como Komplete y otros en mi caso.

• Recursos para grabar y mezclar música: una computadora, interfaz de audio, dos buenas bocinas, plug ins, DAW, Pro Tools y Logic, en mi caso.

• Recursos tecnológicos para escribir música: Sibelius y Note Performer 3 como librería de sonidos, en mi caso.

• Recursos tecnológicos para dar clases de música: Screenflow, Keynote, Classroom y varias herramientas de Google.

La conformación de todos estos recursos lleva tiempo y recursos económicos que deben invertirse paralelamente al flujo de los proyectos y del mismo trabajo, siendo un proceso que debe mantenerse en una constante actualización para garantizar que tu equipo de trabajo sea eficiente. Aunque sea un tema recurrente, la queja de muchos productores y músicos, incluido yo mismo, por la obsolescencia programada que las compañías fabricantes de estos recursos tecnológicos ejercen sobre nosotros, los usuarios, la realidad es que hoy necesitamos de la tecnología para poder desarrollar mucho de nuestro trabajo. Y considero como punto final que si bien podemos depender en mayor o menor medida de las herramientas tecnológicas disponibles, estos recursos representan un gran apoyo para quienes saben usarlos; para quienes saben distinguir que detrás de cualquier uso tecnológico, existe siempre un ser creativo que las utiliza en favor de sus propios fines artísticos.

Por Mario Santos*

Es músico, pianista, compositor y productor musical mexicano con 35 años de experiencia en el medio musical contemporáneo. Ganador de un Latin Grammy como productor musical, ha sido director y arreglista en múltiples proyectos y con diversos artistas: Natalia Lafourcade, Café Tacvba, Filippa Giordano, Gustavo Dudamel, Eugenia León, Cecilia Toussaint y Fernando de la Mora, entre otros. Ha sido compositor para diversos proyectos de cine, teatro y danza y es fundador de CCM Centro de Creadores Musicales, pedagogo, conferencista e importante impulsor de la educación musical en México.