Siempre me he preguntado: ¿cómo se lleva a cabo el proceso creativo de componer música en la mente de un compositor? Soy uno de ellos y aún así hay procesos en mi trabajo creativo que no puedo definir exactamente cómo suceden al momento de crear música. ¿Es una mezcla de inspiración, creatividad, conocimientos, técnica, intuición, experiencia, improvisación? En mi punto de vista, es una combinación de todos estos aspectos incluidos en la pregunta anterior.

Crear música, el fin de la composición

La composición musical es un acto creativo que involucra el nacimiento de una obra musical que expresa una emoción o una idea especifica; es un proceso que combina distintas habilidades. Componer es crear una obra musical a través de integrar elementos sonoros dentro de una cierta estructura, género o forma musical. El compositor utiliza sus conocimientos, intuición y experiencia para construir una idea coherente en términos sonoros y estéticos, o pensando en que la composición se ajuste a ciertas necesidades, como es el caso de las obras por encargo.

Componer es imaginar una idea musical y construirla a través del uso de una herramienta musical: un instrumento, un papel de música, un software o cualquier medio que permita convertir una idea en sonidos reales, timbres, melodías, ritmos. Es posible componer en solitario en tu estudio, aislado del mundo, o es posible componer de manera colectiva, como sucede con muchas bandas que se reúnen en una sala de ensayos o cabina de grabación.

Es posible también componer en un instrumento y construir las ideas sobre la marcha, trabajando con el instrumento a la mano. Los compositores que han estudiado música formalmente pueden componer directamente en un papel a través de la escritura musical. Los autores de canciones componen con una guitarra o piano para proponer un acompañamiento y con su letra escrita frente a ellos si ya está terminada, con un cuaderno para escribirla al mismo tiempo que componen la música. Parte de la experiencia de ser compositor es crear obras para otros instrumentos musicales, voces, sin que necesariamente el compositor sea cantante o domine la ejecución del instrumento para el que concibe música.

Hay compositores que componen con un mouse en una computadora, escogiendo pedazos de audio sampleados, a partir de sonidos, texturas o ritmos específicos; hay compositores que crean música a partir de técnicas específicas como el dodecafonismo, en el cual, las doce notas de nuestro sistema musical se organizan en una serie consecutiva que da origen al material melódico y armónico.

John Lennon y Paul Mc. Cartney no estudiaron composición musical de manera formal, jamás escribieron una sola nota en un pentagrama ni concibieron su música a través de la escritura musical y podemos decir, sin dudar, que son dos de lo más grandes compositores en la historia. Johann Sebastian Bach, Ludwig Van Beethoven, Johannes Brahms, conocidos como las “tres grandes B’s” de la música alemana occidental fueron compositores que estudiaron composición, escribieron su música, improvisaron y tocaban extraordinariamente un instrumento. Agustín Lara componía sus canciones en el piano, Sting compone en su bajo, Stravinsky componía con partitura y el piano al frente, Kate Perry con una guitarra, Edgar Varése a través de experimentar con ruidos, Steve Reich a través de repetir patrones, Mozart de acuerdo a una tonalidad claramente definida, Anton Webern por medio de una serie melódica, un músico hindú a través de un kirtana y Deadmaus con sintetizadores y diversos programas de software. Cada compositor aborda una forma personal de componer, de acuerdo a su búsqueda personal, a factores culturales que lo influyen y al motor creativo que lo impulsa a componer.

María de Arcos divide las obras de un compositor en dos grupos:

·La música autónoma, la música que componemos por necesidad natural sin que nadie nos encargue hacerlo, es la obra original del compositor que no se ajusta a ninguna necesidad externa más que a las decisiones que toma el compositor.

·La música aplicada, la que componemos por encargo o un proyecto originado por el compositor para ser sincronizado con algún medio visual, escénico o multimedia, normalmente es una obra por encargo que debe ajustarse a ciertas necesidades extra-musicales.

¿Qué tanto necesitamos saber para componer música?

Tradicionalmente, la composición está dividida en cuatro aspectos: teoría, armonía, contrapunto, instrumentación y forma musical.

La teoría abarca todo el conocimiento de los fundamentos musicales: cómo están organizados los sonidos musicales en una escala, las relaciones entre los sonidos llamados intervalos, la formación de acordes para crear armonía, los principios de la escritura musical, los fundamentos del ritmo y la organización del tiempo, los términos musicales y varios conceptos más. La teoría musical provee al músico de un marco conceptual que le permite comprender los aspectos básicos para abordar la creación musical.

La armonía comprende el estudio de los acordes y sus enlaces y constituye el contexto del acompañamiento de una melodía. La armonía se estudia en las escuelas de música durante por lo menos dos años, ya que representa uno de los conceptos más complejos en la estructura musical, contribuyendo en gran medida al contenido emocional, psicológico y a la sensación de desarrollo de una idea musical en el tiempo.

El contrapunto es el estudio de la melodía, en particular de cómo pueden combinarse dos o más melodías simultáneas, fenómeno que ocurre en cualquier tipo de música. El contrapunto es mucho más característico en la música antigua, en especial en la música del Renacimiento y Barroco, aunque de manera general, es una de las áreas de estudio más importantes incluso en la música contemporánea, pues determina cómo pueden combinarse dos elementos melódicos para que suenen correctamente de acuerdo a ciertos parámetros estéticos.

La instrumentación es el estudio de los diversos timbres, representados lógicamente por la diversidad de instrumentos musicales que conocemos, desde los instrumentos característicos de la música occidental, hasta los instrumentos orientales o de diversas culturas. En el estudio de la instrumentación, el compositor se concentra en las características propias de los instrumentos, su sonoridad, en sus timbres y en las posibilidades técnicas del instrumento relacionadas con la ejecución de los mismos. La intención del estudio de la instrumentación es concebir ideas musicales adecuadas para los instrumentos musicales que se escribe o se planean utilizar en una composición musical.

La forma musical es el estudio de las diversas estructuras que puede tener una composición musical. Así, una canción con música y letra puede tener una forma AABA, que es un formato clásico que muchas composiciones de este tipo poseen. Un compositor clásico aprende la forma sonata para crear un cuarteto de cuerdas, que es una forma musical muy acostumbrada en el período clásico, para brindar a la composición una secuencia de distintas secciones con características propias, que se combinan para crear una experiencia sonora en la audiencia a través de la obra. De manera similar, el compositor estudia la forma musical para una vez comprendida y desarrollada a través de varias obras, pueda abordar formas completamente libres de acuerdo a sus propias necesidades creativas o las exigencias de una escena de una película o cualquier medio similar.

Sin embargo, a reserva de cuál sea el propósito al componer música, la creación de una obra musical puede estar basada en el conocimiento, conciencia y aplicación de los puntos expuestos en este artículo, pero también puede ser crearse música por medio de un proceso meramente intuitivo. La improvisación musical es un fenómeno de composición musical espontáneo que ocurre al momento de manera intuitiva. Aún así, es importante que el músico o compositor desarrolle un trabajo de entrenamiento previo, que le permita improvisar con absoluta libertad, dentro de un contexto coherente según el tipo de música o idea que se esté generando al momento de la improvisación.

Volverse experto en algo implica practicarlo con disciplina y continuidad. Por lo tanto,  la mejor manera de aprender a componer música es para mí, aprender los fundamentos musicales que requiera saber el compositor de acuerdo a sus metas y mantenerse componiendo a diario; crear, analizar y revisar lo creado, generar un hábito de componer o producir música que sea constante, nutrir la inspiración al observar a otros artistas y mantener esas fuentes de inspiración, buscar un propio lenguaje y propuesta musical; ejercitar con pasión y compromiso aquello que deseamos dominar y desarrollar.

Por Mario Santos*

*Es músico, pianista, compositor y productor musical mexicano con 35 años de experiencia en el medio musical contemporáneo. Ganador de un Latin Grammy como productor musical, ha sido director y arreglista en múltiples proyectos y con diversos artistas: Natalia Lafourcade, Café Tacvba, Filippa Giordano, Gustavo Dudamel, Eugenia León, Cecilia Toussaint y Fernando de la Mora, entre otros. Ha sido compositor para diversos proyectos de cine, teatro y danza y es fundador de CCM Centro de Creadores Musicales, pedagogo, conferencista e importante impulsor de la educación musical en México.