Fundado en 2005 por Carlos R. Peniche (bajo), Jazz 4 All es un ensamble que interpreta el jazz de la llamada época dorada —de inicios de 1930 a mediados de 1960—, donde participan Carlos Gallegos (piano), Pablo Prieto (batería), Joe d’Etienne (trompeta) y Federico Hülsz (saxofón). Su primer disco, “Simone”, fue grabado en Sala de Audio en la capital mexicana y es una selección de standards que, además de agotar su edición nacional, tiene una versión remasterizada en los estudios de JVC en Japón bajo el formato XRCD24 (Extended Resolution CD), disponible en más de quince países. Estos son los factores de una producción doblemente singular.

“Bajo la premisa de hacerlo todos en simultáneo y sin overdubs posteriores, la grabación de ‘Simone’ fue posible gracias al apoyo de Salvador Tercero y su programa de entrenamiento en Sala de Audio”.

De la tocada al estudio, madurar un sonido

“Amarrar un estilo, apropiarse de un sonido es algo que toma tiempo para la grabación de un proyecto”, apunta Carlos, cuyos inicios como músico tienen su sitio en el rock, experiencia de la que no pudo dejar registro y no quería que le pasara nuevamente: “Tenía el anhelo de dejar plasmado mi trabajo y no quedarme sólo con las tocadas de los fines de semana. He tenido un proceso de maduración distinto al de mis compañeros, que han trabajado con otros artistas o bien son independientes y tienen sus discos. Tuve un grupo de rock en los años ochenta (contemporáneo de Ritmo Peligroso y Los Amantes de Lola); no nos iba mal, pero nunca llegamos a grabar. No quería que eso me pasara con este proyecto”.

“Simone” fue el resultado de un largo periodo de presentaciones en vivo —17 años—, con una alineación estable. Esa experiencia marcó la fase de preproducción y el planteamiento del repertorio para grabar, bajo la premisa de hacerlo todos en simultáneo y sin overdubs posteriores, lo que fue posible con el apoyo de Salvador Tercero y su programa de entrenamiento en Sala de Audio: “Fuimos madurando y eligiendo el repertorio que nos dejó listos para el momento de entrar a grabar. Nos aventuramos incluso a improvisar haciendo un tema original, “Jazz 4 All Blues”, que compuso el pianista una noche antes del segundo día de grabación. Fue un regalo para el grupo, como aventarse en un paracaídas y sentir esa adrenalina de hacer música en el momento, como en las grabaciones históricas del jazz, y que también, pienso, ayuda a mantener vigentes los standards, pues siendo los mismos temas, la interpretación de los grupos es la que les da otro sello”.

“La grabación la pudimos hacer con la ayuda de Salvador Tercero y Sala de Audio, que tiene un programa muy interesante de apoyo para que se vayan fogueando sus estudiantes de ingeniería en audio. Sin ser una producción con todo lo que implicaría en presupuestos y demás, le tomamos la palabra y eso nos facilitó el tiempo de grabación, además de fijar las condiciones, pues en ese momento sólo tenían un estudio, así que grabamos juntos y lo que se hizo fue cuidar mucho la captura del micrófono respecto al sonido de todos los instrumentos. Fue un poco complicado, pero se logró y no tuvimos overdubbing. Si bien lo digital facilita tener los tracks independientes y combinar lo que más te guste de cada toma, aislando los sonidos por instrumento, nosotros grabamos como antaño y así se mezcló, dejando —si se quiere llamar así—, los errores, manteniendo esa magia”.

Luego de dos días de grabación, la mezcla se dejó en los oídos de Juan Switalski y con esos parámetros se lanzó la edición de diez temas en México, la cual se agotó en los conciertos del grupo.

“La mezcla se dejó en los oídos de Juan Switalski y con esos parámetros se lanzó la edición de diez temas en México, la cual se agotó en los conciertos del grupo”.

Alta fidelidad, una vía para la internacionalización

La historia de la edición japonesa de “Simone” se remonta a 2014, cuando Carlos conoció al productor Kiuchi San, del sello discográfico Master Music:

“Literalmente me dijo, ‘échenle ganas’, aunque lo que le mostré fue una especie de maqueta de lo que estaba haciendo con el grupo. Ya que grabamos, le mandé una copia y luego de un par de meses me escribió sorprendido, pues no tenía nada que ver con lo que le había mostrado. Le gustó mucho y me dijo que preguntara al grupo si les interesaba tener una edición bajo un proceso exclusivo de la compañía JVC llamado Extended Resolution, algo en lo que estaba dispuesto a invertir”.

“No me la creía, por supuesto aceptamos y bueno, el tema con esas producciones es que, de entrada hay un consejo que da visto bueno, en este caso el de JVC, y pasado el filtro se hizo la edición. Ellos pasan toda la cadena a 24 bits/ 88kHz; convirtieron el master digital a analógico y de ahí remasterizaron todo con su tecnología, un proceso distinto a la producción de un disco normal. Ese master sólo permite hacer un número limitado de copias, y si se quisiera otra reimpresión, se repetiría el proceso. Fueron 2,500 discos en esa edición, que está disponible en 17 países, y ha sido muy gratificante ver cómo lo usan de muestra en ferias de audiófilos en varias partes del mundo”, expone satisfecho Carlos.

El llamado formato XRCD24 (Extended Resolution CD), patente de este proceso, es un estándar que no limita la reproducción del formato en los equipos de audio convencionales, pues “a la hora de imprimir el disco se hace a una resolución de audio de 16bit / 44khz, por lo que se reproduce en cualquier equipo”, detalla el bajista.

Si bien esta edición supera el costo promedio de un disco compacto, la experiencia sonora lo vale; así lo aprecia el también fundador de Stylus AV, firma distribuidora de equipos de alta fidelidad:

“La producción por eso incluyó el apoyo para distribuirlo en mercados extranjeros, donde ayuda mucho el hecho de tenerlo en alta fidelidad; también ha funcionado mostrarlo y ponerlo a disposición entre públicos audiófilos como la Sociedad de Audiófilos Mexicanos, y pensamos que ese debe ser el camino. También hemos habilitado estrategias en tiendas digitales, donde se puede adquirir incluso a meses sin intereses con entrega a domicilio”.

Mientas el ciclo de vida para “Simone” sigue, el ensamble alista un segundo material para grabación, al tiempo que vela por una rotación más constante en el circuito de foros para la síncopa y los festivales donde ya fue recibida su propuesta (CCB del INBA, Festival de Jazz de Querétaro, Conservatorio del Estado de México, Palacio de Minería, anfiteatro Simón Bolívar (UNAM), Fonoteca Nacional y SACM (Sociedad de Autores y Compositores), entre otros:

“La situación ha sido complicada en el país y lo que queremos es lograr sonar más en vivo, ser parte de la cartelera de los lugares de jazz en México y, desde luego, mantenernos en forma como músicos. Seguimos buscando más alternativas para salir de México vía alianzas como Japo-Méx, de quienes ya hay interés por un segundo disco, tras lo ocurrido con el primero”, concluye Carlos entusiasmado.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco

“Ya que grabamos, le mandé una copia al productor Kiuchi San, del sello discográfico Master Music (…), y me escribió sorprendido. Le gustó mucho y me dijo que preguntara al grupo si les interesaba tener una edición bajo un proceso exclusivo de la compañía JVC llamado Extended Resolution, algo en lo que estaba dispuesto a invertir”.