“Si hablamos del sonido conceptual de la banda, es el mismo, pero con ciertas evoluciones y diferentes propuestas, porque estamos hablando de que demoramos siete años grabando este último álbum: una trilogía que tiene la participación de 55 músicos de diferentes lugares y sonidos”. Habla Sinuhé Padilla, integrante, ingeniero de grabación y uno de los productores de “Vibración por simpatía”, el disco trilogía de Jarana Beat, combo que desde el Bronx de Nueva York retrata el carácter global de la música.

El objeto llamado disco

Con un disco y dos EPs en su haber, Jarana Beat ha desarrollado desde 2010 una propuesta que sacia la inquietud de documentar la música tradicional y cómo se expone en la Gran Manzana:

“Antes de grabar el primer álbum de Jarana Beat hicimos otros dos que eran solamente música regional y cuando nos pusimos a tratar de capturar esos efectos nos pusimos a explorar más en la cuestión técnica. Entre las grabaciones anteriores y ésta tuvimos dos años de preproducción porque queríamos capturar ‘los armónicos del aire’, como les decíamos nosotros, en todas las voces que queríamos grabar. Quisimos experimentar con uno o dos micrófonos puestos como si fuera una persona, en ángulo emulando la cabeza y orejas de alguien y así grabamos todas las jaranas con los micrófonos como si fueran un jaranero más. Nos gustan mucho los sonidos de la música tradicional y todo lo que se grabó es acústico, lo que nos dio un montón de texturas que no queríamos perder. Si bien sabemos que los micrófonos tienen sus reglas de dónde, cómo y por qué posicionarlos de cierta manera, de algún modo no hicimos tanto caso y quisimos experimentar”.

De esta manera, “Vibración por simpatía” es una trilogía de tres movimientos donde 55 músicos trazan diversas propuestas que pueden reconocerse dentro de una unidad, lo que era fundamental: “En cuestión de producción, este proyecto también atiende algo que ya no tenemos y que acabamos de presenciar: el fin del formato del disco compacto y con ello del concepto del álbum. Hoy la gente compra, en el mejor de los casos, canciones, atiende a los hits y las playlists, pero antes había una historia que ya hoy se pierde; al hacer un álbum, las canciones preceden una a la otra por una razón, para decir algo, y es muy interesante cada propuesta”.

“Sin embargo, eso se acabó, y por eso los tres movimientos de este disco. Dijimos: ‘si la gente ya no se va a sentar a escuchar un disco como antes, si les damos ahora estos tres movimientos, los tendrán que escuchar así, que una canción se transforma en la otra y la coda de una canción es la introducción de la que sigue y así se va contando una historia. Cada movimiento dura alrededor de 25 minutos y es para que lo escuchen con audífonos de arriba a abajo y noten que cada canción se transforma en la otra, porque está contando una historia. Llegó el confinamiento sanitario y bueno, creemos que ahora la gente se sentará a escucharlo porque tiene tiempo. Habrá gente a la que le guste y a la que no, pero no lo vamos a saber, sino hasta verlo y escucharlo, porque hay 55 historias interactuando de músicos que estamos en esa escena del sur del Bronx”.

Una producción de otras ligas

Grabado en el estudio Jarana Records en su mayoría, otro aspecto distintivo en la estética de “Vibración por simpatía” fue la grabación de campo, un 85 por ciento tomadas del ambiente neoyorquino con colaboraciones a la distancia de Argentina y otras regiones de los Estados Unidos: “Hice muchas grabaciones ambientales del tren; a los tamboreros los grabé en un parque al aire libre, por ejemplo. Hubo muchas y variadas locaciones, algunas eran a la intemperie, otras de lugares que buscábamos por alguna reverberación que se usara a favor. Fue muy interesante, porque a partir del segundo año de producción se nos fue la prisa; entendimos que el proyecto iba a otro lugar y eso le dio mucha riqueza al sonido”.

“Aquí en el sur del Bronx donde estamos hay una sonoridad que, por ejemplo, es la que se plasmó en la salsa de los setenta, que fue la primera mezcla que tuvieron los músicos latinos con los jazzistas, un sonido muy callejero, de Fania , el Gran Combo y Rubén Blades, una escena que se generó en este barrio y en Harlem; lo mismo el hip hop que tenía un sonido callejero, no tan definido, no tan brillante, y eso mismo en la salsa. Yo prefiero eso, que suene como si se hubiera grabado en la cocina, no tan claro, brillante y definido cada instrumento, pero sí que suena más sabroso, sin que me parezca malo o no acertado”.

“La interpretación de esos sonidos y la mezcla de los armónicos es el tipo de música que hacemos en Jarana Beat, que se basa mucho en el fandango de Sotavento, donde hay cientos de cuerdas siempre sonando, no todas afinadas ni a la misma frecuencia, y eso genera un baño de armónicos donde a veces se escuchan voces que nadie está cantando. Cuando ya lleva el fandango dos horas, la gente ya está respirando al unísono, ese tipo de cosas son las que queremos capturar”, menciona Sinuhé.

“Por todo esto, claro que fue toda una aventura la producción. De hecho, todas las leyes de producción las cambiamos. Todo dependió de nuestras motivaciones, esto fue más bien un soundtrack de nuestra comunidad y salió algo muy interesante, porque todo mundo convive aquí. Esta época global, en Nueva York se deja ver muy claro, y en todo el mundo ya pasa, se acabó aquello de que si tu querías tocar tal estilo tenías que haber nacido en tal lugar. Esa es la razón por la cual el álbum se llama “Vibración por simpatía”; es un fenómeno que ocurre en la música, pero no solo en ésta, también en la gente”. 

Para el trabajo de mezcla, oídos amigos: “Con este material necesitamos descansar los oídos. Tengo amigos ingenieros en los que confío y siempre recibí su retroalimentación. Es muy recomendable que si uno produce, graba y mezcla, tengas oídos de respaldo, porque el músico está poniendo más atención en la parte musical y no tanto en el sonido: si pones el track, él se fijará si el violín está dando o no una nota. Por eso están las especialidades en esto”.

Sinuhé habla con la experiencia de quien aprendió a grabarse con carrete, la Tascam de cuatro canales y todo el advenimiento de la era Pro Tools y el ámbito digital: “He tenido la suerte de convivir con muchos buenos ingenieros y a cada uno le he ido aprendiendo algo y no solamente con Jarana Beat que es mi proyecto, al cual pertenezco también, porque yo trabajo produciendo a otros (como el Mariachi Flor de Toloache que recién ganó un Grammy), gente de diferentes culturas y países. Ha sido una lista grande, creo que Jarana Records ha grabado alrededor de treinta discos desde que lo fundé en 2009”. 

“Me fui haciendo de mis cosas y poco a poco fuimos armando más el estudio; también los cuartos son buenos, los fuimos acondicionando acústicamente. A mí lo que más me llama son las grabaciones de campo y tenemos la posibilidad de hacer sonido móvil, de llevar todo en un par de maletas. Hoy estamos con la idea de entrar al sonido inmersivo, porque es lo que más se asemeja al tipo de sonido que estamos buscando”.

Un mundo feliz

Sin o con pandemia, el músico radicado en Nueva York debe mostar un profesionalismo a prueba de mitos y limitantes. Un entorno donde ser disciplinado y saber delegar también es crucial:

“Dentro de Jarana Beat hay varios productores: el que toca requinto es productor graduado de Berklee, el que toca el vibráfono es productor con Grammy en producción, entonces eso ayuda bastante, que todos saben a lo que vamos. Todos son muy respetuosos de cuando alguien está a cargo. Ser el productor, el que canta y todo eso tiene sus límites y ahí puede haber dificultad, pero en cuestión musical, lo que veo es que se ayuda bastante, porque uno está muy claro de cómo debe sonar y cuál es el papel que uno tiene que hacer en cuestión musical”, puntualiza para concluir Sinhué.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco