Jaime Gómez parecía estar predestinado a las canchas de futbol. Sin embargo, su vida profesional dio un giro para convertirlo es uno de los productores más experimentados de la escena de Guadalajara. Después de un largo recorrido de 26 años por los escenarios, Jaime nos recibió en su oficina del próspero Auditorio Telmex, en el que hace diez años se desempeña como jefe de producción.

Destino impredecible

Para iniciar su historia, Jaime narra cómo fue su infancia y por qué terminó trabajando con artistas y equipos: “En mi casa siempre hubo música. Los discos de música clásica convivían con los de Cri Cri. Mi padre fue un futbolista famoso (Jaime “Tubo” Gómez), y eso significó crecer con un papá al que le pedían autógrafos y se tomaban fotos con él, de modo que para nosotros fue muy natural este entorno. Él era muy amante del arte y siempre estaba fluyendo y dedicándose a algo. En casa había reuniones maravillosas con José Alfredo Jiménez o el maestro Javier Solís y a nuestros cumpleaños invitaba a personajes como Cepillín. De alguna manera hubo algo que nos movía, sin saber que podríamos llegar a trabajar con esta gente”.

Jaime también cuenta cuál fue la coyuntura histórica que lo hizo deslizarse hacia el espectáculo de manera profesional: “Mi ingreso en el mundo de la producción fue obra de la casualidad. Originalmente yo quería jugar futbol de manera profesional; sin embargo, un empresario local (Juan Carlos Delatorre), decidió tomar el riesgo de empezar a traer artistas nacionales e internacionales y formó un grupo de amigos para trabajar. Se puede llamar así, porque en ese entonces no existía la especialización o los crews de producción actuales. Él empezó a perfilar jóvenes que tenían facilidades y a esa empresa llegó mi hermana María Gómez. A ella le tocó la bonita parte de la producción y como siempre hemos sido muy unidos, en ese momento ella me jaló y me subí”.

“Recuerdo que en 1989, Juan Carlos logró realizar el concierto de Rod Stewart en el Estadio Jalisco”, comenta Jaime; “ese fue el primer evento en el que participé y el que fue la punta de lanza que me llevó a decidir que me quería dedicar a esto. Me tocó acompañar a María y fue algo impresionante. En esos años los conciertos estaban prohibidos en la Ciudad de México y no había una estructura como la vemos hoy. Fue hasta el concierto de Bon Jovi en 1990, en el Estadio Tecnológico de la Universidad de Guadalajara, cuando recibí una remuneración económica por asistir a la jefa de producción, que era mi hermana. Fueron momentos muy duros, ya que durante la producción hubo un colapso político estudiantil. Cuando tienes quince años y ves esos movimientos de masas, incluso con gente armada, donde la seguridad eran policías, es algo impactante. Debido a ese conflicto, el concierto del viernes se canceló y el sábado tuvimos que hacer ambos, uno a las cinco de la tarde para el público de la cancelación del día anterior, y al final sacar al público y meter a la gente del segundo concierto a las nueve de la noche. Un desastre organizado. Sin embargo, todo tuvo un final feliz. De ahí hubo una continuidad interesante, con Guns and Roses en el Estadio Jalisco, Iron Maiden y Soda Stereo en sus primeras presentaciones en Guadalajara, además de Miguel Mateos y Caifanes”.

Alianzas y retos para una nueva escena

La experiencia profesional, después de un rudo inicio, siguió dando frutos para Jaime: “Por ahí de 1997 me integré a Cuca, de la mano de Liz Gil, quien era mi jefa, y fui el road manager del grupo por un periodo corto. En ese tiempo empecé a hacer equipo con Wolfgang Schmidt “Wolfie” y empezamos el proyecto Expo Rock, una feria de la que hubo tres ediciones. Ahí fui asistente del productor y coordiné la producción de los conciertos que se realizaron. Derivado de todo esto llegó la oferta para Wolfie y un servidor para trabajar en el Hard Rock Live, que llegó a México en 1998. Permanecimos ahí hasta 2005 y me tocó ser el jefe de producción los últimos cinco años, a la salida de mi antecesor jefe y querido amigo Wolfie. Ahí realizamos grandes hazañas, ya que sigo pensando que fue el parteaguas de la escena internacional en Jalisco porque ahí tocaron músicos importantes. Uno que recuerdo mucho debido a su grado de complejidad, fue Rammstein. Se trataba de hacerlo en un lugar cerrado, donde el cupo era de 925 personas, con un show de pirotecnia. Los reglamentos de protección civil y ayuntamiento fueron un reto. Tuvimos que poner retardante de fuego en todos los rincones de la sala y simular ciertas cosas, como la flecha que lanzaba Till Lindemann, la cual sustituimos con unos cables de acero con unos cohetes que servían de guía para que la flecha pasara cuatro metros por encima de las cabezas de las personas. Fue un show impactante para el tamaño físico del lugar y lo que representaba. También tuvimos duetos como Gustavo Cerati con Café Tacvba y conciertos de Earth, Wind and Fire, Village People y Human Drama. Ellos y todo el repertorio de habla hispana que pasó por ahí, suman más de setecientos shows en los que pude participar”.

Nuevos horizontes

La narración de Jaime en la industria del espectáculo llega al presente: “Cuando terminó mi ciclo en el Hard Rock Live en 2006, me encontré con un gran amigo y compañero, el licenciado Fernando Favela y decidimos caminar juntos. Así nació la operadora de espectáculos Punto Medio y con ella realizamos numerosos eventos y festivales en foros abiertos y cerrados, entre los cuales estaba el Foro Alterno, que existía antes del proyecto del Auditorio Telmex (a unos metros de la ubicación actual), y se nos encomendó la tarea de calentar la zona, ya que todo el mundo la creía inaccesible”.

“Todo este tiempo trabajamos de la mano de muchos promotores y de la misma Universidad de Guadalajara para hacer eventos de numerosos géneros. Al terminar este ciclo en 2009, arrancamos con el proyecto del Auditorio Telmex, entonces llamado Auditorio Metropolitano. Esto fue un gran reto, desde cómo generar la conciencia desde el punto de vista del visitante, hasta la cuestión interna y bajo la premisa del libro bendito que es el rider del artista. En ese entonces era inconcebible cumplir con esas grandes peticiones, como estructuras e iluminación. Ahora es una realidad y tenemos diez años siendo el segundo lugar en venta de boletos más importante de México, después del Auditorio Nacional. Somos uno de los mejores recintos de Latinoamérica en cuanto a infraestructura y equipo de trabajo. Desde ese momento hasta el día de hoy estamos sentados en esta silla, muy contentos y satisfechos de lo que hemos llegado a hacer y de lo que falta”.

A la pregunta sobre qué sigue en su carrera, Jaime Gómez responde: “Para nosotros no hay una repetición o un show igual a otro. El punto es qué voy a aprender mañana, que no me haya sucedido antes. Esto no para. Los equipos evolucionan, el personal tiene que estar cada vez más capacitado. Tienes que cuidar al artista, al público, a tu crew y a ti mismo. Te voy a decir qué es lo que siempre sigue en mi carrera: el siguiente show”.