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delantado al tiempo. Pocos han visto el futuro tan claramente como Jacques Dornbierer. Desde que estudiaba secundaria en los años setenta ya tenía un par de tornamesas para LPs con las que arrancó su primer negocio: Disco Fantasy 2000, un sound system ambulante para el que diseñaba sus propios altavoces. Conseguir los componentes era difícil, ya que las fronteras estaban cerradas a la importación. Era otro México.

La perla. Jacques comenzó a estudiar Ingeniería Electrónica en la Universidad Autónoma Metropolitana; pero debido a las huelgas de entonces, no terminó. Inquieto, se mudó a Guadalajara para inscribirse en ingeniería de sistemas y su vida cambió: el empresario Alfredo Dehmlow (qepd), lo invitaría ser parte de Acoustic Control de México, compañía fabricante de audio que vio potencial de crecimiento en el joven.

En los Estados Unidos, Acoustic Control fue una marca reconocida durante los años sesenta, pero los de Jalisco crecieron tanto, que su principal cliente terminaría siendo el mismo mercado norteamericano. “Posteriormente, vino la apertura comercial y la competitividad se volvió muy difícil. El gobierno no nos ayudaba. Había muchas fábricas de altavoces y todas cerraron”, lamenta Jacques; “pero nosotros seguimos con Acoustic, fabricando arneses de cable, snakes y cables de micrófono. Si tienes un estudio de grabación, necesitarás un snake a la medida y nosotro los haremos”.

Tras la pérdida de su gran amigo, Jacques Dornbierer quedó al frente del Grupo Casa Wagner, menudista con una cadena de tiendas y distribuidor de las marcas Pearl, DAS y Roland. “Desafortunadamente, ocurrió después de las grandes crisis económicas y no fue posible salvar a esas empresas”, suspira el directivo; “sólo Acoustic sigue viva”.

Dor Internacional, desde 1993

Jacques arrancó una empresa alejada de la industria musical. “Era menudeo de artículos de belleza, ¡imagínense!”, sorprende con gracia; “nos fue impresionante. Eran unos peines llamados Peina Fácil. Empezamos desde cero. Invertí todo lo ahorrado, compré un molde, hicimos un peinecito y poníamos carretas en centros comerciales. Seis meses después, teníamos 80 en toda la República; “¡vendimos una locura! Fue un negocio relámpago. Le pegué y se acabó. Paralelamente, ya estaba trabajando en el mercado del cine”.

img_1555En una ocasión, un buen amigo, le pidió hacer un cine dentro de sus instalaciones. “No sabíamos nada”, admite Jacques; “pero vinieron unos españoles y me enseñaron: fuimos a visitar algunos cines y nos dimos cuenta de lo atrasados que estábamos en México, en todo sentido. Y el sonido, ni se diga. Terminando, me presentaron a Don Enrique Ramírez (qepd), patriarca y fundador de la Organización Ramírez. Lo visitamos en Morelia y nos dio la oportunidad de instalar un cine en Guadalajara”, subraya; “su primer Cinépolis, allá en La Gran Plaza Fashion Mall. En aquel entonces, con un canal central, un subwoofer y cuatro altavoces en surround. Ni siquiera era biamplificado. Poco a poco, mutuamente nos fuimos educando”.

Proveedor de Cinemex. “Les vendimos una pantalla de altavoces en Metepec. Salió bien y les gustó”, relata Jacques; “pero Matthew Hayman de Cinemex me dijo: ‘funcionó, me caes bien, aunque no te voy a comprar nada, porque necesito una solución completa; no compro altavoces por un lado y amplificadores por otro, sino que me resuelvan de cabo a rabo”.

Matthew Hayman mencionó a un conocido, que trabajaba en la compañía Christie. “Él sólo tenía proyectores, pero no vende nada en México. Ni hablar”, pensó Dornbierer; “muchas gracias. Me regresé a Guadalajara. El lunes a las siete de la mañana hablé a California: busco a esta persona. Me lo comunicaron y le expliqué que me interesaba vender sus proyectores”.

Le ofrecieron regresarle la llamada en una semana. Colgó. A la hora, le llamaron para decirle que habían  preguntado por él y que en efecto, lo conocían en los Estados Unidos. “¿Cuándo vienes?’, preguntó el ejecutivo de Christie. Me lancé al aeropuerto, compré el boleto más caro de mi vida, me subí al siguiente avión, llegué a Los Angeles, renté un auto, me fui a Christie, comí con los señores y regresé con la distribución”.

Así de claro. “Christie era una compañía pequeña, que se dedicaba a proyectores de 35 milímetros”, explica Jacques; “llegué con Matthew de Cinemex y le dije: ‘ahora sí, te vendo la solución completa. Y nos asignó nuestro primer complejo, en Avenida Legaria”.

Cuatro mil pantallas después. “Empezamos en abril de 1998 y en 16 años llevamos a Christie de un market share del cinco al setenta por ciento”, asegura Jacques Dornbierer; “somos la empresa de cine en México. Ahora, tenemos 60 personas, con 20 técnicos especializados en audio y cine digital. Nunca me lo imaginé, pero estamos instalando 200 pantallas al año y hay proyectos muy interesantes: estamos desarrollando un producto para control remoto de cines. Es un sistema cien por ciento nuestro y consiste en dispositivos Android; ¿no les ha pasado en el cine que el volumen está alto, hace frío o no apagaron las luces? Hay que buscar a alguien que corrija el problema. Nuestro sistema tiene un dispositivo NFC que corre un check list de calidad y si encuentra algo mal, desde el dispositivo el operador lo puede corregir instantáneamente”.

“Este producto lo desarrollamos para el mundo entero. Estamos en pláticas con distribuidores en los Estados Unidos y Europa”, concluye Jacques Dornbierer; “es una combinación de software y hardware, con un sistema de redes muy seguro. Está muy protegido y le tenemos mucha fe”.

Familia de innovadores. Por sus venas corre la fórmula del éxito: soñar para organizar. Jacques Dornbierer es el ejemplo.

Redacción: Víctor Baldovinos