“No tenemos piano de cola”, dijo el ingeniero mientras me mostraba el cuarto de grabación de su estudio. “Pero tenemos un muy buen piano electrónico y uno eléctrico que te pueden gustar”.

“¿Eléctrico? ¿Electrónico? Entonces, ¿no son lo mismo?”, estuve a punto de decir, pero me dio pena mostrar mi ignorancia.

Saber para crear mejor

El ingeniero advirtió mi cara de confusión e intentó explicarme: me habló de los electromecánicos y los electroacústicos, de válvulas termoiónicas y de transistores, de cierto artilugio que podía ser electromagnético, electrostático o piezoléctrico. Me sentí abrumado: el mundo de la tecnología musical puede ser muy complejo. Sería ideal poder explicarlo de una manera sencilla y comprensible, sin detalles que pudieran confundir, pero evitando también llegar a una extrema simplificación. De hecho, este último enunciado resume el objetivo central de esta columna; veamos si lo consigo, entrando, pues, en materia.

Cuando a cualquier persona no experta se le pregunta qué es un instrumento eléctrico, la respuesta ineludible es: “el que utiliza electricidad”. Pero esta respuesta, aparte de no diferenciar de los electrónicos, nos puede llevar a incluir en esta categoría a instrumentos insospechados. Por ejemplo, el órgano tubular, conocido también como órgano de pipas, que podemos encontrar en catedrales y templos, requiere que se encienda un motor eléctrico para suministrar el aire que hará sonar a los tubos del instrumento. Evidentemente, este tipo de órgano no es eléctrico ni electrónico: el sonido se origina por el aire que entra a los tubos o pipas y el motor eléctrico simplemente sustituye a las dos o tres personas que antiguamente se necesitaban para presionar el fuelle. Otro instrumento acústico que utiliza un motor eléctrico lo tenemos en el vibráfono; en este caso no es para producir el sonido, sino para crear una especie de “vibrato”, efecto del que se deriva su nombre (aunque en realidad el efecto es un trémolo, ya que son variaciones de volumen y no de afinación).

Descartada esa primera definición, será útil ahora hacer un breve repaso sobre el funcionamiento de los instrumentos acústicos. Hay que recordar que el sonido requiere un objeto en vibración (movimiento de oscilación o vaivén), un medio que pueda transmitir estas vibraciones (para nosotros principalmente el aire), y un ser humano que pueda recibir esas vibraciones con sus oídos e interpretarlas con su cerebro. En los instrumentos acústicos, las vibraciones pueden producirse golpeando (las cuerdas del piano, la membrana de un tambor, los palos de la clave), pulsando (las cuerdas de una guitarra o de un clavecín), frotando (con un arco, las cuerdas de un violín), o soplando (en una flauta, clarinete o fagot). Estas vibraciones son amplificadas por la caja de resonancia o cuerpo del instrumento y de esta forma es que el sonido llega al oyente.

Acústico, eléctrico, electrónico

Comparemos ahora a los instrumentos acústicos con otras especies sonoras, por ejemplo, con la famosa Fender Stratocaster (una guitarra que usualmente se denomina eléctrica y no electrónica). Entre las características diferenciadoras que más salta a la vista, es que el cuerpo de la Fender está formado por una pieza sólida de madera (no existe una caja hueca como en la guitarra acústica), por lo que la pulsación de las cuerdas produce un sonido apenas audible. Como no hay caja de resonancia para amplificar las vibraciones, entonces se utiliza un transductor que transforma las vibraciones mecánicas de la cuerda en una señal eléctrica que va a un amplificador y de ahí a un altavoz, donde, por fin, el instrumento se escucha con claridad. Este tipo de transductor es conocido comúnmente como “pastilla” (pickup, en inglés), y aparecen tres de éstas en el cuerpo de la Stratocaster. Ahora es posible presentar una definición de instrumento musical eléctrico: es aquel en que el sonido se produce por medios acústicos (golpeando, pulsando, frotando o soplando), pero como no tiene caja de resonancia, utiliza un transductor para convertir el sonido en corriente eléctrica que irá al amplificador y después al amplificador. A continuación se muestran algunos ejemplos:

1. El piano Rhodes (o Fender-Rhodes). Utiliza barras de metal que son golpeadas al pulsar el teclado, donde cada tecla tiene asignada una barra, cuya longitud definirá la altura escuchada. Las barras metálicas vibran enfrente de un altavoz electromagnético (el transductor necesario para amplificar su tenue sonido). Por supuesto que existen otros tipos de pianos eléctricos, pero éste en particular (con su brillante timbre como de pequeñas campanas), es muy apreciado en el jazz, el pop y el rock.

2. En la sección de cuerda frotada es posible encontrar no sólo violines eléctricos, sino también violas, cellos y contrabajos, ya sea que tengan un cuerpo sólido o que estén sólo formados por un perfil de madera u otro material (que delinea una imaginaria caja de resonancia), al que se le añade el mástil o diapasón. Instrumentos de este tipo existen desde principios del siglo veinte, y en la actualidad son fabricados por compañías como Zeta y Yamaha.

3. Sólo hace falta un instrumento eléctrico donde el sonido se origine soplando. La base para uno de ellos se tiene en el armonio, un tipo de órgano cuyo teclado hace sonar lengüetas libres (como las del acordeón y la armónica), y su fuelle es accionado por los pies. Fue patentado en 1842, pero en la década de 1930. al inventor Benjamin Miessner se le ocurrió colocar dos pastillas electrostáticas cerca de cada lengüeta. Sobre esta idea, Hoschke produjo el Orgatrón, que después la compañía Wurlitzer modificó un poco para crear un órgano eléctrico que fue comercializado en 1947.

Es momento de hablar de los instrumentos electrónicos: ¿Cómo se diferencian estos de los eléctricos? Bastante simple: un instrumento electrónico no necesita transductor para la transformación de las vibraciones mecánicas en corriente eléctrica porque ésta última es generada directamente por un oscilador electrónico que produce fluctuaciones regulares en un circuito eléctrico; en este caso, sin embargo, “las fluctuaciones no se producen por medio de componentes móviles, sino por medios puramente electrónicos”, explica Hugh Davies en la enciclopedia de música New Grove, y quien continúa diciendo: “Esta categoría comprende aquellos instrumentos cuyos sonidos se generan mediante componentes electrónicos como osciladores analógicos y generadores de ruido o, más recientemente, a partir de la síntesis digital o la re-síntesis de sonidos muestreados”.

Ejemplificaré el concepto anterior. Si se observa el interior de un piano electrónico, se advertirá que no hay partes mecánicas que produzcan sonido, como las barras metálicas del piano Fender-Rhodes, y aunque exista un mecanismo para el teclado y sus teclas emitan cierto ruido al ser pulsadas, éste no formará parte del sonido que se escuche en los altavoces. Cada tecla que se pulse, será como un interruptor que activará el oscilador electrónico, cuya señal será amplificada y llegará así al altavoz. Un ejemplo muy conocido de piano electrónico es el Clavinova de Yamaha, que se puede encontrar en muchas escuelas de música como sustituto muy digno y accesible del piano acústico.

El sintetizador también utiliza circuitos eléctricos en la generación del sonido y por eso se le denomina electrónico, al igual que los siguientes instrumentos: el Theremin (1920), uno de los primeros instrumentos electrónicos exitosos; el Ondas Martenot (1928), para el que escribieron compositores como Milhaud, Jolivet, Honegger y Messiaen, y el sampler (década de los setenta), cuyo sonido se deriva enteramente de grabaciones digitales.

Sólo falta agregar, para concluir, que los instrumentos eléctricos y electrónicos forman juntos la familia de los electrófonos, que se definen como los instrumentos cuyas vibraciones deben de pasar por un altavoz para llegar a nuestros oídos y poder así disfrutarlos.

*Organista egresado de la Facultad de Música de la UNAM. Es profesor del Conservatorio de Música del Estado de México. De 2001 a 2004 fue tecladista del grupo de rock progresivo Iconoclasta y con su agrupación GOVEA ha producido dos discos compactos y un DVD. En marzo de 2010, la revista Músico Pro nombró a GOVEA ganador del concurso “Estrella Independiente”.

Su obra “Subliminal” —para cello y electrónica—, aparece en el CD “Impulse Codes” (2019), de Jeffrey Zeigler, ex-integrante del grupo Kronos Quartet.

Su música puede escucharse en www.youtube.com/user/superprogre