El cuarto de siglo que ostenta como operador de monitores le hace un especialista de esa labor dentro del audio en vivo. Gustavo Zertuche creció al cobijo de una familia de inclinaciones artísticas y eso, más el entusiasmo por experimentar el escenario en vivo y los controles en cabina, fueron la semilla de esta vida dedicada al sonido, donde ha girado con Moenia, Plastilina Mosh, El Círculo, Maldita Vecindad, Pepe Aguilar, Sin Bandera, RBD, HaAsh, Café Tacvba, Zoé, Jaguares, Sasha Benny Erick y Ricky Martin, entre otros, además de ser partícipe de sociedades expertas en el diseño, ajuste e instalación de audio para eventos especiales, centros comerciales y de recreación, como Zero Phase e IP Audio Arquitectura.

Musicalidad de cuna, experimentación y oficio

“Crecí con las reuniones bohemias que armaba mi tío y entre sus amigos estaba Luis Demetrio y gente de esa época. Además, mi madre era pintora y bailarina; mis hermanos y yo estuvimos en contacto con la música desde siempre. Mi hermano tiene un doctorado en piano y mi hermana tiene una academia de baile”, comparte de inicio Gustavo. 

Fue a finales de los ochenta, con la banda de su primo (Shaba Daba), que se inició como técnico: “Les ayudaba a conectar los amplificadores de guitarra, yo tenía 16 años y dos años después, cuando terminaron, me fui a trabajar a una discoteca tipo cantabar en la Condesa y me quedé como jefe de cabinas: vigilaba que los equipos sonaran bien con los conocimientos empíricos que tenía. En 1993 entré a trabajar a La Piedra, conocí a Rodrigo López y empecé a aprender un poco más la parte de audio, ya como operador. Mi primo armó otra banda y nos fuimos a trabajar una temporada al Hard Rock Café de Cancún. Cuando eso acabó, volví a trabajar en bares de la Ciudad de México y tomé la decisión de irme a estudiar audio al Musical Institute en Los Ángeles, sabiendo que eso era lo que quería hacer”. 

De vuelta a México, en 1996, un reencuentro con Rodrigo les hizo trabajar juntos en la compañía Master Promotions, lo que formalizó y detonó su labor como sonidista en vivo: “Teníamos equipo Community y brindábamos servicio de montaje y sonorización. Lo primero que hice de manera profesional fueron festivales en el Hard Rock Café de Polanco, el Teatro Lírico y el Tequila Boom. Él hacía sala y yo monitores”.

Mundos paralelos: monitores e instalación

“En 1997, Rodrigo entró a trabajar con Moenia, no tenían monitorista y me ofrecieron hacerlo. Fue la primera banda que me contrató en forma y un año después comenzamos a trabajar con Plastilina Mosh y luego tomamos caminos separados: yo me fui a trabajar con El Círculo, Linda, La Maldita Vecindad y los que me llamaban”, recuerda Gustavo.

“Para el año 2000, Rodrigo López, que hacía monitores con Sin Bandera, me contactó para trabajar con ellos y ahí conocí a Rudy Rosales. Simultáneamente, trabajaba en la compañía Audiofilia como jefe de instalaciones y realicé varios proyectos como el Hipódromo de las Américas, los Yak y Sports Book de CIE y en paralelo, hacía la gira de Sin Bandera. En 2003, salí de Audiofilia y meses después, Rodrigo López, Luis Quiñones y Fernando Guzmán, fundadores de  Zero Phase, me invitaron a colaborar con ellos. En este punto, intercalaba la gira de Sin Bandera con la operación de audio para Pepe Aguilar, La Quinta Estación, Jaguares y la gira de despedida de RBD”, continúa.

“En 2008, entré a trabajar con Zoé y paralelamente con HaAsh, y en junio de 2010, Jorge Soto, Rudy Rosales y yo nos separamos de Zero Phase y formamos IP Audio Arquitectura, para seguir atendiendo el área de instalación, haciendo venta, diseño de audio, análisis y ajuste de sistemas, aprovechando que Jorge es de los mejores en ese ámbito en México y Latinoamérica, y también seguimos trabajando con artistas. Ese mismo año hicimos el Unplugged de Zoé y de ahí vinieron más proyectos de ese tipo: Aureo Baqueiro y otros productores me llamaron para colaborar en las grabaciones en vivo de Sasha Benny Erick, La Oreja de Van Gogh, HaAsh, Ana Torroja y Emmanuel, y también me tocó el tributo a José José, en monitores”.

“De lo más reciente que he hecho fue a Ricky Martin en la segunda parte de su residencia de Las Vegas. Fue importante, pues me enfrenté a otra forma de trabajar: allá también escoges tus herramientas de trabajo, pero tú te encargas de acomodar, conectar y de estar listo; si acaso tienes asistente y el de sala también. En México llegamos a operar, es más servicial el asunto. Eso te enseña mucho también”.

“En instalación hemos hecho restaurantes, discotecas, tiendas y cerca de treinta centros comerciales”, recuerda Gustavo: “Reebok, Adidas; los nuevos conceptos de Starbucks (en Perisur, Guadalajara y Monterrey), Galerías Serdán, Galerías Toluca, Galerías Mérida y Perisur entre otros, así como Perinorte, Angelópolis y City Shops de Valle Dorado, proyectos en los que hicimos diseño, venta e instalación. En ajuste de sistemas, Miriam Villalobos nos invitó para formar parte de  la primera visita del Papa en Silao, en la que recomendé a Rodrigo López, y posteriormente, para la visita a Guadalajara, Jorge Soto realizó el ajuste”.

Para 2010, Gustavo quedó a cargo de la coordinación de audio y la operación de monitores de las Lunas del Auditorio Nacional, y cuatro años después: “Jorge Soto y Rudy Rosales se habían sumado al proyecto haciéndonos cargo del ajuste, operación de sala, monitores y coordinación de audio en general, siendo el marco que nos ha dado la oportunidad de probar tecnologías y cumplir el gran reto de un evento así. Hemos aprendido mucho y ha sido algo sumamente gratificante”.

Aprendizaje y adaptación

En la historia de la tecnología para el audio, Gustavo menciona: “Me tocó trabajar con consolas de 28 canales, de ocho y 16 mezclas; luego las consolas analógicas más grandes y el cambio a digital (me tocó ver la llegada de la PM1D de Yamaha). Lo digital fue un cambio abismal en sonido, practicidad y herramientas. Antes tenías un refrigerador de puro equipo (compresores, gates, efectos y preamplificadores), y hoy todo lo tienes en la consola, si acaso en una superficie más grande o en un rack. Hoy, los equipos están más optimizados en tamaño”, reflexiona.

“En el caso de los monitores personales, el primer grupo con los que los usé fue El Círculo. Luego, con Sin Bandera ya tenían Shure PSM y a partir de ahí, combinaba monitores de piso y sistemas personales, y así ha sido mi evolución. El side fill me gusta mucho porque le da otra sensación al escenario.

“Un reto para mí fue la gira “Jaripeo sin fronteras” de Pepe Aguilar, en la que teníamos muchísimos canales (la mayoría microfoneado): mariachi, banda sinaloense, norteña, acordeón, requinto, todo fue acústico”.

El perfil del monitorista

“Luego de 25 años me he especializado como monitorista y, si bien entender el audio es importante, para ser monitorista se debe generar un vínculo con el artista, ser como su psicólogo y ganarse su confianza. No habla de qué tan bien o tan mal hagas tu trabajo, sino de la relación con el artista: ser muy receptivo a lo que quiere, estar un paso adelante y poder provocarle algo; eso va más allá de cómo suenas porque, además, el audio es muy subjetivo”. Gustavo continúa: “Es un gran reto porque hay que darle gusto a muchas personas, distintas cada una; poder generar sensaciones con base en los elementos que posees, conocer los sistemas y tecnología con los  que dispones. Y es también hacer equipo, pues en el espectáculo todos jugamos un rol importante”.

Comunidad, trabajo y misión

“Gremio es una palabra que se usa mucho en México, pero que se llevaba a cabo poco. Cuando yo inicié, la gente era celosa de su trabajo. Hoy, afortunadamente, ya hay muchas fuentes de información, internet y escuelas, y la situación ha tenido que cambiar porque la información fluye más”, menciona Gustavo.

“Hoy, aprender lleva un rol muy importante, al igual que hacer equipo: estamos en una cadena de trabajo que nos pone en el mismo canal que, a su vez, nos vuelve un gremio u organización de trabajo importante para que esta industria siga creciendo con talento propio, como el de ahora que conoce y usa las nuevas tecnologías dentro y fuera del país; eso permite que haya muchos festivales y que diversas compañías estén haciendo cosas grandes de alto nivel técnico”.

“Es importante valorar el trabajo de todos; me encantaría que eso cambiara y por eso se formó Volumen 6 (en el que participamos Jorge Soto, Rudy Rosales, Óscar Tovar, Luis Román y Rubén Álvarez), del que derivó Del In al Out, donde damos cursos, para que la gente sea profesional en su trabajo y no se piense que por falta de un título no se puede progresar y que lo hagan por su conocimiento y experiencia. Queremos cambiar ese chip, la idea de malbaratar afecta el trabajo de todos y en eso está un nuevo reto: hacer Del In al Out la plataforma que haga ese cambio posible”.

Finalmente, en esta temporada que enfrenta la industria del entretenimiento, Gustavo tiene esta reflexión: “En este mundo del espectáculo todo es cooperativismo y a veces simbiótico. Siempre requerimos de la cooperación y apoyo de algún compañero y a veces dependemos del trabajo de otro; todas las áreas requieren de las otras”.

“Sin artistas no habría espectáculos, pero sin técnicos, los artistas no podrían realizarlos, así como sin fuerza de ventas tampoco se venderían, o sin creativos, carecerían de espectacularidad”.

“Sin empresarios no habría espectáculos y/o teatros, auditorios, festivales, etcétera, y cada persona que trabaja para esta industria realiza una función primordial para el desarrollo de la misma”.

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Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco