Durante el último trimestre de 2019, el trompetista venezolano Pacho Flores llegó a la Ciudad de México para interpretar en el Palacio de Bellas Artes el Concierto de otoño para trompeta y orquesta de Arturo Márquez (México); “Concierto venezolano para trompeta y orquesta”, de Paquito D´Rivera (Cuba); “Crónicas latinoamericanas para trompeta y orquesta, de Daniel Freiberg (Argentina), y el concierto para trompeta de Efraín Oscher (Uruguay), junto a la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM), dirigida por Carlos Miguel Prieto.

Dada la singularidad del evento, una muestra especial de la música latinoamericana y repertorio para trompeta, se aprovechó para grabar un álbum bajo el sello Deutsche Grammophon en los Estudios Churubusco. Con la ingeniería de grabación a cargo de los Tonmeisters Ingo Petry y Hans Kipfer (Alemania), y Novelli Jurado (México) en la producción técnica, la sesión tuvo la coordinación técnica de Ricardo “Rocoto” Mantini, quienes comparten los pormenores de la sesión.

Preproducción, la base de todo

Es Novelli Jurado, compositor e ingeniero de grabación con experiencia en Estados Unidos, México, y miembro activo de Audio Engineering Society, quien habla primeramente acerca de su proceso de trabajo: “Bob Schwendeman (Coordinador Artístico de la OSM), fue quien me invitó a participar en la producción técnica; desde que me platicó de qué se trataba me interesé mucho, pues en la historia discográficamente en México no ha habido otra producción para este importante sello. Eso fue trascendente”.

“Cuando me confirmaron que el proyecto se llevaría a cabo, llamé al ingeniero Christian Chavero, quien fungió como mi asistente. Como yo estaba en ese momento en Minnesota, él fue quien hizo el scouting junto con “Rocoto”, con quien pudimos tener un excelente primer arranque”, continúa Novelli. “La preproducción fue de aproximadamente cuatro meses; aún no había sido aprobado el presupuesto para el proyecto y yo ya estaba en pláticas con Ingo y Hans para saber sus necesidades en cuanto el equipo”.

¿Cómo se eligió el estudio de grabación de los Estudios Churubusco? Novelli responde: “Fue básicamente por el espacio para tener una orquesta sinfónica y también porque lo podíamos usar durante una semana entera sin tener que quitar y poner las cosas. Realmente todos los requerimientos técnicos fueron importantes en la producción, como la micrófonía high end que proporcionaron Bogdan Zawitowski y Rocoto, los preamplificadores, convertidores y demás. La parte más complicada de cumplir en los requerimientos definitivamente fueron los más de 45 canales con frecuencia de sampleo a 96 khz, para convertirlos para las entradas ópticas y BNC que tiene la interfaz de audio USB3 MADiface XT”.

De lo más importante durante esta grabación, en la parte de ingeniería, fue ser testigo del trabajo de Ingo Petry y Hans Kipfer. En palabras de Novelli Jurado: “Fue muy interesante ver trabajar a estos dos grandes Tonmeisters y ver cómo resolvieron retos que la sala de grabación les generaba, desde la colocación de los micrófonos hasta el aspecto musical. Tienen una gran musicalidad.

Equipos y equipos

“Dado el tipo de proyecto, una mezcla de música clásica —y por ende, sección de cuerdas y metales—, con salsa, groove y latin jazz, se buscaba una consola que pudiera cubrir la sonoridad y diversidad tímbrica del proyecto” Así comienza Ricardo Mantini “Rocoto” a compartir su experiencia durante este proyecto.

“Me involucré primero como proveedor de microfonía y sistema de grabación; al principio nos habían solicitado unos preamplificadores de los que no hay la cantidad que nos pedían en México, así que le propuse a Novelli usar la consola S6L de Avid, conociendo la calidad de la mesa y que podía cubrir lo que se requería. Ingo y Hans aceptaron y luego se determinaron los demás elementos, una vez definido el programa que se grabaría, así como el input list”.

Cumplir con lo requerido permitió resolver y atender sin contratiempo peticiones extra, como  considerar un set de jazz con batería y contrabajo y un micrófono Neumann que no había; así lo evalúa Rocoto: “Es gente muy profesional con la que se armó un buen equipo. No encontraron sorpresas y siempre hubo apertura. Básicamente, la mayoría de la microfonía fue DPA y Neumann, seleccionada y solicitada por ellos, con la Venue S6L con cuatro canales que se llevaron a aproximadamente 23; se grabó en un sistema Pro Tools de back up, y un remoto llamado Sequioa, que es donde ellos prefieren grabar”.

“El set de jazz no estaba, surgió y debimos ver cómo se solucionaba. Se pidió un micrófono específico que no teníamos, pero dimos opciones y se cubrió. También habían pedido un amplificador de audífonos que nos hizo prever llevar más, que finalmente se usaron para que escucharan la pista el pianista, el bajista y el contrabajista, además de quien iba al control room a escuchar”.

Al preguntar sobre el sonido de la mesa, la respuesta fue valorar siempre a la música como lo más importante: el lugar, la esencia, la vibra, lo que imprime el músico. “En este proyecto hay gente con mucho nivel, con un sello como Deutsche Grammophon detrás, por lo que la calidad que se pretende es mucha. Haber escogido a México y a la Orquesta Sinfónica de Minería y todos los involucrados (músicos, técnicos, fabricantes y quienes invierten en equipo), habla de que hay un gran talento para hacer las cosas”, menciona Rocoto, y continúa: “Se trata de grabaciones que no son comunes en Latinoamérica, con músicos, compositores, arreglistas y dirección orquestal increíbles como Pacho Paredes, Paquito D’ Rivera, Carlos Miguel Prieto y los músicos que se sumaron, como Luri Molina. Son artistas de tal nivel que de acá van a tocar a Polonia, Nueva York, Tokyo o Frankfurt y se mantienen con gran humildad y trato sencillo”.

“Quienes producen son gente con un oído increíble y lo que nos queda es aprender y ver que las cosas se pueden hacer bien. Todos se quedaron con un muy buen sabor de boca de México por el trato y por haber cumplido con los requerimientos. Me siento honrado de poder haber participado y que me hayan invitado y aportar con un grano de arena”, concluye Rocoto. 

Desafío técnico, compromiso y responsabilidad, he ahí la tríada que debe distinguir las producciones hechas en nuestro país.

 

Para Deutsche Grammophon con amor

Ingo Petry y Hans Kipfer, Tonmeisters y productores de la disquera alemana, llegaron a la capital mexicana por primera vez para el registro sonoro de Pacho Flores y la Orquesta Sinfónica de Minería. “Tratamos de motivar a los músicos y de asegurar que todo estuviera listo para que se cumpliera el score de la mejor manera posible, optimizando el tiempo en el estudio. Se trataba de que el estudio fuera flexible para los músicos, porque hubo muchos crossovers de música latinoamericana e instrumentos clásicos y los músicos tenían que sentirse cómodos”, comentan. Ellos conocen a Pacho desde su último disco en Deutsche Grammophon, con la Norwegian Arctic Philharmonic Orchestra, en el que grabamos distintos estilos musicales, y el trompetista solicitó la colaboración de los profesionales en su siguiente proyecto, para grabar piezas latinoamericanas. Y la idea era grabar en México, así que cuando se resolvieron los detalles financieros, todo comenzó.

“La preproducción duró más de un año”, recuerdan Ingo y Hans. “La idea surgió hace mucho tiempo y se tuvo que escoger bien el repertorio y organizar a la orquesta. En cuanto al estudio, fue una forma de trabajar muy tranquila. Combinamos los micrófonos que había en México, con la interfaz que trajimos nosotros; realmente fue una buena forma de trabajar, con la misma calidad que tiene la disquera en todos sus proyectos”.

“Después de la grabación, regresamos a Estocolmo”, mencionan Ingo y Hans. “Para este proyecto, la mezcla es compleja; la escucha del material se llevará un buen tiempo para editarlo y Pacho irá al estudio para revisar las tomas que quedaron. Editar y mezclar es un proceso cuidadoso, para tener un buen resultado final. Especialmente en este proyecto, la mezcla es compleja porque se trata de varios ritmos, con piano, metales y percusiones latinas, además de los solos de trompeta y piano”.

“Creemos que la experiencia más importante que nos llevamos es conocer una nueva orquesta y nuevos músicos, que fueron muy entusiastas. Siempre estamos emocionados por saber cómo sonará cada orquesta, y la OSM estuvo muy bien preparada, con mucho groove. Fue una vivencia muy positiva. Estamos muy orgullosos del resultado final de la grabación”.

 

Una locación como los Estudios Churubusco

Gonzalo Romero, ingeniero de grabación y mezcla 5.1 de los Estudios Churubusco, fue el responsable de tener las instalaciones a punto para el proyecto de Pacho Flores: “Cuatro meses previos a la grabación, tuve un primer contacto con el maestro Bob Shwendeman, con quien ya había trabajado anteriormente y quien conocía las características del estudio. Una vez confirmada la fecha, Novelli Jurado se puso en contacto conmigo para agendar una visita junto con Rocoto y Christian Chavero (asistente de producción). En dicha visita se analizaron aspectos técnicos de la sala y de la logística para el día del montaje”.

“Los primeros en llegar fueron los ingenieros de grabación a cargo del proyecto, Ingo Petry y Hans Kipfer, quienes aun no conocían la sala Silvestre Revueltas de los estudios, y por lo tanto, requerían de un primer reconocimiento del espacio para decidir de manera rápida cuál sería la mejor forma de acomodar a la orquesta de acuerdo a las características del estudio. En seguida llegó Rocoto con todo el equipo técnico y humano necesario para trabajar en conjunto con los ingenieros de grabación y cubrir cada una de las necesidades que se tenían ya previstas, además de las que surgieran en ese momento. A partir de ese punto, cada uno de nosotros puso manos a la obra en las diversas tareas que fueron necesarias para el montaje, instalación y prueba de todo el equipo, con el fin de que todo quedara listo para el día siguiente para iniciar la grabación”, explica Gonzalo.

“Desde la llegada del mobiliario para la Orquesta Sinfónica de Minería, pasando por la instalación del equipo de grabación y culminando con la llegada del piano y los instrumentos de percusión, el tiempo aproximado fue de doce horas continuas, desde las nueve de la mañana y hasta pasadas las diez de la noche. Se realizaron cuatro sesiones”.

La misión de Gonzalo fue estar atento a que todos los requerimientos referentes al estudio se llevaran a cabo en tiempo y forma y dar soporte a cada uno de los equipos involucrados, incluyendo a los ingenieros de grabación, el equipo encargado de la producción, a los proveedores de equipo de grabación y por supuesto al equipo encargado de los requerimientos por parte de la OSM. Así concluye: “Mi aprendizaje fue que pude conocer cada uno de los procesos involucrados en un proyecto de estas características y comprender de manera profunda el momento justo en el que los conceptos técnicos se fusionan con los conceptos artísticos y viceversa con el único fin de obtener todas las piezas que conforman una obra artística”.

 

Entrevistas: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco