Detrás de la música publicitaria. Una conversación con Rodrigo Barberá

Por Jairo Guerrero* 

Cuando se habla de sonido y de creación musical, pensamos que se trata únicamente de dinámicas asociadas con productores musicales, artistas o personas vinculadas con la producción de discos, conciertos y eventos. Sin embargo, pocas veces incluimos dentro de esa ecuación a todos los productores que trabajan desde el mundo publicitario, quienes al igual que el resto de la industria de la música, también tuvieron que adaptarse a nuevas realidades en los últimos años.

El primer reto fue la pandemia, que significó un reacomodo de los espacios de trabajo y de las formas de interacción con artistas, músicos, voces comerciales y todas aquellas personas con quienes habitualmente colaboraban. A ello se sumó, durante los últimos años, la aparición y democratización de herramientas generativas basadas en inteligencia artificial, que también los ha llevado a dar un giro en la manera como trabajan.

Prado Sur, bandera del gremio

Para conocer de cerca estas transformaciones, conversé con Rodrigo Barberá, uno de los productores y músicos más importantes del ámbito publicitario de nuestro país durante las últimas décadas. Su estudio, Prado Sur, no solo ha trabajado en innumerables proyectos y con diversas agencias de publicidad, sino que además ha sido reconocido como uno de los estandartes del gremio, obteniendo importantes menciones y premios publicitarios a lo largo de su historia.

Después de todos estos cambios, él trabaja hoy desde un espacio mucho más personal e íntimo, donde la creatividad, el hardware y el software sostienen el proceso. Por eso me pareció importante hablar con él sobre cómo ha cambiado su flujo de trabajo y cómo ha enfrentado las nuevas dinámicas de la producción musical publicitaria con herramientas de IA. Nuestra conversación comenzó en un lugar llamado pandemia.

Jairo (J): ¿Dónde sientes que ocurrió el cambio más profundo en todo el ecosistema de producción musical para publicidad a partir de la pandemia?

Rodrigo (R): Creo que el cambio más profundo no fue el hecho de dejar el estudio físico para trabajar desde casa, sino la transformación completa de la manera de colaborar. Antes de la pandemia, muchas decisiones creativas ocurrían en una misma sala: agencias, clientes, productores y músicos escuchábamos, discutíamos y resolvíamos en tiempo real. Eso yo lo hago desde hace mucho tiempo; en 2010 me fui a vivir a Berlin varios años y trabajaba a distancia desde entonces, y mi estudio estaba en mi casa de Berlín y Prado Sur Audio en la Ciudad de México. Esos años fueron, de hecho, los más productivos de la compañía.

Con la pandemia eso se volvió obligatorio; tuvimos que trabajar a distancia para evitar el contacto humano por el temor al virus. Aprendimos a comunicarnos de forma más eficiente, a presentar ideas con mayor claridad y a apoyarnos en herramientas tecnológicas que permitieran mantener el mismo nivel de calidad sin compartir el mismo espacio. Esa experiencia nos hizo mejores, la distancia dejó de ser una limitación y pasó a convertirse en una oportunidad.

J: ¿Qué beneficios te ha dado trabajar ahora desde un estudio instalado en tu propio espacio de vida?

R: La principal ventaja ha sido recuperar tiempo para dedicarlo a lo verdaderamente importante: crear. Antes había una gran cantidad de tiempo invertido en traslados, reuniones presenciales y procesos que hoy pueden resolverse de manera mucho más eficiente. Eso no significa trabajar menos; significa invertir más energía en la música.

Hoy, trabajar en un espacio encerrado de cuatro paredes con materiales acústicos especializados puede volverse negativo en términos de creatividad. Estar en un lugar más libre y cómodo, como tu casa, abre otras oportunidades de producción. Puedo integrar músicos, orquestadores, mezcladores o especialistas de cualquier parte del mundo con una facilidad que hace algunos años era impensable. No quiere decir que no se necesite grabar o mezclar en un estudio bien construido y con alta calidad de sonido, pero es hasta el final de la producción.

J: ¿Qué aspectos de tu trabajo se han visto beneficiados o afectados por la inteligencia artificial? ¿Te has sentido vulnerado?

R: La inteligencia artificial representa uno de los cambios tecnológicos más importantes y transformadores que ha vivido la humanidad, y como toda herramienta poderosa, tiene dos caras.

Por un lado, acelera procesos que antes consumían muchísimo tiempo: búsqueda de referencias, generación de ideas, organización de sesiones, edición, restauración de audio o incluso exploración de estilos musicales, pero también plantea preguntas muy importantes sobre los derechos de autor, la propiedad intelectual, el valor del trabajo creativo y la accesibilidad a crear música a personas que no han estudiado nada relacionado con la música y solo le dan prompts a la AI. ¿Qué pasa ahí?

La inteligencia artificial permitirá que personas sin formación musical generen piezas de jazz o música orquestal. Podrán obtener el resultado, aunque no conozcan los instrumentos ni comprendan cómo se construye esa música. La duda es si realmente puede considerarse una creación propia, cuando fue la máquina la que resolvió el proceso.

Hay una frase que me gusta mucho que me decía un maestro de piano: “1, 2 ,3, ‘Get on the stage and play”. Si no lo puedes hacer, quiere decir que no estás listo todavía. El sentimiento de tocar, componer, arriesgarte, sentir y plasmarlo en una grabación o en un concierto en vivo, es increíble y esa energía es totalmente humana. No tengo idea de lo que vaya a suceder, pero lo que sí puedo decir es que yo la estoy usando y hay un diferencial entre un músico usando IA para crear música contra alguien que no la sabe.

No me siento reemplazado por la inteligencia artificial, pero creo que nos obliga a elevar el nivel de nuestro trabajo. Si lo único que hacemos es producir música genérica, probablemente una máquina podrá hacerlo cada vez mejor.

J: ¿La inteligencia artificial te ha quitado trabajo o te ha abierto nuevas posibilidades?

R: En mi caso, ha abierto muchas más posibilidades de las que ha cerrado. Hoy puedo explorar ideas con mucha mayor rapidez, presentar conceptos en menos tiempo y dedicar más energía a desarrollar las propuestas que realmente tienen potencial. La IA no compone por mí; lo que hace es acelerar muchas etapas del proceso para que yo pueda concentrarme en aquello que sigue siendo profundamente humano: la emoción, el criterio y la narrativa musical. Creo que la inteligencia artificial no sustituye al productor; sustituye muchas tareas repetitivas que antes consumían una enorme cantidad de tiempo.

J: ¿Qué puede resolver hoy una inteligencia artificial y dónde sigue siendo indispensable un productor?

R: La IA ya puede generar música sorprendentemente convincente. Puede imitar estilos, crear arreglos, generar voces, producir maquetas y resolver muchas tareas técnicas con enorme rapidez.

Pero una campaña publicitaria no necesita solamente música. Necesita contar una historia, entender una marca, interpretar un brief. Necesita emocionar a una audiencia específica. Y todo eso sigue dependiendo de algo que ninguna inteligencia artificial posee: experiencia, intuición, contexto cultural y criterio.

La diferencia entre una pieza correcta y una pieza memorable casi siempre está en decisiones que todavía pertenecen al ser humano.

J: ¿Qué tendrá que aprender un productor para seguir siendo relevante?

R: Creo que el productor del futuro tendrá que aprender dos cosas aparentemente opuestas. La primera es dominar la tecnología y la segunda es desarrollar todavía más su sensibilidad artística y nunca dejar de estudiar. Durante muchos años bastaba con saber utilizar herramientas. Hoy, esas herramientas están al alcance de prácticamente todos.

Lo que empieza a diferenciar a un productor no es qué software utiliza, sino cómo piensa, cómo escucha y cómo interpreta una necesidad creativa y claro, su background. Sus estudios, su experiencia en la industria, su gusto, su sensibilidad, en fin, muchos factores que siguen siendo afortunadamente muy importantes. El conocimiento técnico dejará de ser una ventaja competitiva y el criterio será el verdadero diferencial.

J. ¿La IA está cambiando las expectativas de agencias y marcas?

R: Sin duda. Actualmente, las agencias esperan procesos mucho más rápidos, más versiones, mayor capacidad de adaptación y respuesta. La inteligencia artificial ha elevado las expectativas de velocidad, pero eso también implica un riesgo: confundir rapidez con creatividad.

Una buena idea sigue necesitando reflexión. Las herramientas pueden acelerar la producción, pero no deberían sustituir el proceso creativo que da origen a una propuesta realmente valiosa.

Además de los equipos que tengo, he incorporado distintas herramientas de inteligencia artificial para acelerar procesos de investigación, generación de conceptos, diseño sonoro y exploración creativa. No las veo como sustitutos del compositor, sino como asistentes que amplían las posibilidades del proceso creativo.

La conversación con Rodrigo deja ver que la transformación del oficio no pasa únicamente por incorporar nuevas herramientas, sino por la manera en que cada productor decide integrarlas a su experiencia, su formación y su forma de escuchar. Los estudios han cambiado, los procesos se han acelerado y la inteligencia artificial ya forma parte de esta nueva realidad, pero la música sigue dependiendo de algo que no puede automatizarse por completo: la sensibilidad para interpretar una idea y convertirla en una pieza capaz de comunicar, emocionar y responder a una necesidad concreta.

Es artista sonoro y productor musical con una larga trayectoria en la música electrónica, el arte sonoro y la experimentación. Su obra cruza sonido, literatura, memoria e imagen en proyectos como Techxturas Sonoras. Es creador, productor y conductor de Atmósfera Cero, programa de música experimental en Opus 94 FM / IMER. Miembro de The Recording Academy (GRAMMY®) y The Latin Recording Academy (Latin GRAMMY®). Contacto: www.soyjairoguerrero.com.

La configuración actual del estudio de Rodrigo Barberá

  • Logic Pro
  • Interfaz Apogee
  • Monitores Genelec y Bowers & Wilkins
  • Minimoog
  • Fender Rhodes
  • Prophet 08
  • Nord Lead 3, Nord Stage
  • Vocoders
  • Piano de cola Petrof
  • 2 pianos verticales, 2 clavecines
  • Espineta
  • Percusiones africanas
  • Taiko
  • Percusiones de Medio Oriente
  • Instrumentos de cuerda
  • Dos torres de preamplificadores
  • Preamplificadores de bulbos y de estado sólido