(Parte 2)

Para continuar acerca de la tarea de los arreglos musicales, comienzo diciendo que lo primero que hago es entender y ver en mi cabeza la idea global, el concepto y las referencias, si existen; saber qué estoy buscando, intentando ver el “cuadro completo”. Generalmente no comienzo con cosas específicas y escucho el tema para adentrarme en él.

Escuchen mucha música: lo que componen y producen es un reflejo de su pensamiento musical, formado por todo lo que experimentan creando, improvisando, escribiendo y escuchando.

¿Cómo iniciar?

Puedo comenzar armando un score en el papel o en el programa de escritura, con todos los compases en blanco, secciones y demás. De esta manera logro ver el mapa o plano general donde voy a trabajar, percibo su tamaño total y veo “qué tan grande es la montaña”. Para mí, este paso es como el plano de un arquitecto. Si por el contrario, comenzara a detallar desde el principio sin haber tenido previamente la visión global del arreglo, perdería de vista dónde estoy parado y no sabría nunca si estoy detallando una milésima parte de un arreglo, que por ejemplo, debo entregar al día siguiente. Detallar sin ver la escena general es comenzar a trabajar para mí en el nivel microscópico del arreglo, cuando al principio creo conveniente comenzar con una visión macroscópica del mismo.

Las únicas ocasiones en las que detallo algo desde el principio, es cuando tengo una muy buena idea para una sección (una introducción, por ejemplo), tengo mucha claridad de cómo deseo orquestarlo y considero necesario hacerlo en ese momento para no perder esa idea en particular. Las buenas ideas pueden disolverse en el olvido si no las pasas pronto de la cabeza a un medio un poco más confiable, es decir: grabarlas o escribirlas. Cuando se mira un objeto con una lupa, se ven los detalles imperceptibles y sutiles del objeto, pero se deja de ver el objeto completo. Hay tiempo para todo, pero yo recomiendo comenzar viendo primero el objeto entero.

En todo momento para mí es fundamental entender cómo suena lo que estoy escribiendo. Una de las barreras más importantes que existe para un arreglista y un compositor es que comúnmente no tiene a la mano los instrumentos para los que escribe; por lo tanto, no puede escuchar exactamente sus ideas y además, se enfrenta al hecho de escribir música para instrumentos que no ha tocado nunca. Hay una vieja y conocida distancia entre la idea que imaginas en tu cerebro y en el hecho de tenerla grabada como tú la imaginas o escrita, describiendo fielmente la idea imaginada.

Puedes imaginar algo que suena maravilloso, pero al momento de producirlo, grabarlo o escribirlo, es decir, al momento de intentar aterrizar esa idea que suena increíble en el mágico mundo de la imaginación, fracasas cuando la idea aparentemente genial suena terriblemente mal en el contundente mundo de la realidad. Y comienza el ataque de las dudas:

¿Qué es lo que está mal: es la idea, o la idea es buena, pero está mal producida o escrita?

Con estos sutiles problemas, vivimos muchas veces.

Estoy convencido de que aún con un talento natural, lleva años a un músico minimizar esta distancia para saber exactamente cómo traducir estas ideas generadas en los momentos de inspiración, logrando que una idea suene exactamente como la imagina en su cabeza. Un problema común, por ejemplo, es estar generando una cantidad de ideas valiosas y de pronto darte cuenta de que te llevaría mucho tiempo escribir todo lo que estás tocando y de que es muy probable que olvides muchas partes al estarlas escribiendo.

Por ello, recomiendo siempre tener el botón virtual de REC a la mano y en todo momento estar en posibilidad de grabarte. Adicionalmente estoy a favor de tener siempre un instrumento a la mano, pues así estás en contacto en todo momento con la materia sonora.

Tengo un libro maravilloso que se llama “¿Cómo escribir una película en 21 días?”, de una autora llamada Viki King. En este ingenioso libro, la autora expone un concepto que me parece interesante, sobre el momento en el que alguien comienza a escribir una historia:

Las buenas ideas pueden disolverse en el olvido si no las pasas pronto de la cabeza a un medio un poco más confiable, es decir: grabarlas o escribirlas.

“Escribe primero tu idea con el corazón y re-escribe todo después con tu cabeza”.

Se refiere a algo muy simple y muy real: al estar creando una historia, lo mejor es dejar que tus ideas fluyan sin pensar demasiado. Piensa solamente para resolver algo concreto, pero deja que las emociones y la inspiración te guíen para que expulses todo lo que sientas, todo aquello que nace directamente de tu impulso emocional. Una vez hecho esto, al día siguiente revisa todo lo que hiciste en la primera etapa emocional, pero ahora analizando, corrigiendo, cortando, añadiendo y demás.

En la composición y el arreglo sucede algo muy similar. Muchas veces escucho la base grabada de un tema y se me ocurre una buena línea para la trompeta y ya sea que la cante o que la toque en el piano, escribo, grabo o registro en MIDI la idea latente, sin mayor razonamiento, sin mucho análisis. Lo importante es captar esa primera idea creada, para ya luego analizarla, ver si técnicamente es posible y corregir los detalles.

Cualquiera que sea el proceso, es importante entender el proceso por medio del cual cada uno de nosotros escribimos o producimos música. En cada persona el proceso es diferente. En mi caso, a través del tiempo me he dado cuenta de que no tengo un solo método para escribir o crear música, aunque sí puedo enunciar en una lista algunos conceptos sobre mi proceso: Una idea puede surgir en tu cabeza, relacionando esa idea específicamente a un instrumento o voz. Te imaginas una línea con una trompeta, un ritmo con un tambor específico, una melodía con tu propia voz o para ser cantada por alguien: imaginas la idea ligada a un timbre concreto.

Una idea creada en tu cabeza sin estar necesariamente relacionada a ningún timbre, es solamente la idea musical que probablemente creas en un piano o guitarra y que después en tu estudio, buscando en librerías, orquestando o con un músico a tu lado, asignas a algún timbre concreto.

El timbre está muy relacionado con la tesitura. Imaginar ideas en una tesitura aguda, estará relacionada a ciertos instrumentos que son capaces de sonar en ese rango. Una idea puede comenzar siendo un ritmo, una secuencia armónica, una textura, un arpegio o una melodía y a partir de ahí crear todo lo demás. Escucha todos los instrumentos musicales, en todas sus dinámicas y rangos posibles y de preferencia escucha estando al lado de un músico real y no con librerías. Pueden buscar videos de clases o demostraciones con músicos reales. Aquí dejo algunos links:

Guitarra: https://www.youtube.com/watch?v=A0yAeCxAfCU

Bajo: https://www.youtube.com/watch?v=uGJoEVcATEc

Instrumentos de viento-banda: https://www.youtube.com/watch?v=CCTeSjpDsIs&t=866s

Instrumentos de orquesta: https://www.youtube.com/watch?v=zgaQFLUdUL0&list=PLqR22EoucCyccs5J639SCefaM7mD9dMSz

Además, escuchen mucha música: lo que componen y producen es un reflejo de su pensamiento musical, formado por todo lo que experimentan creando, improvisando, escribiendo y por supuesto, por la música que escuchan.

Por Mario Santos*

*Es músico, pianista, compositor y productor musical mexicano con 35 años de experiencia en el medio musical contemporáneo. Ganador de un Latin Grammy como productor musical, ha sido director y arreglista en múltiples proyectos y con diversos artistas: Natalia Lafourcade, Café Tacvba, Filippa Giordano, Gustavo Dudamel, Eugenia León, Cecilia Toussaint y Fernando de la Mora, entre otros. Ha sido compositor para diversos proyectos de cine, teatro y danza y es fundador de CCM Centro de Creadores Musicales, pedagogo, conferencista e importante impulsor de la educación musical en México.