Nuevos foros naturales desafían la capacidad de experimentados equipos de producción. Desde 2010, el Monte Masada en Israel ha sido elegido como escenario para fastuosos espectáculos operísticos (primero Nabucco y después Aída), y este año el Festival Israelí de Ópera designó a Carmen, la obra maestra de Georges Bizet, para ser interpretada por la Orquesta Sinfónica de Israel, el Coro de Ópera Israelí y Nancy Fabiola Herrera como Carmen, todos ellos dirigidos por Daniel Oren y Giancarlo del Monaco como director artístico, en un evento donde la perfección fue la consigna.

Justo al pie del monte, a la orilla del Mar Muerto, la compañía de soluciones de producción técnica líder en Israel, The Design Group, regresó al lugar creado hace dos años, esta vez para una producción que resultó tan extrema como las altas temperaturas del desierto en donde se llevó a cabo. La producción en este escenario aprovechó el entorno natural árido y con grandes extensiones de terreno rocoso para  brindar una apariencia completamente diferente y dar una sensación realmente innovadora a esta ópera, en la que algunos aspectos incluso del terreno tuvieron que ser modificados para satisfacer necesidades como el cableado de equipos.

 
 

Con el diseño de producción visual de William Orlandi, la dirección musical de Daniel Oren y el arte de Giancarlo del Monaco, Carmen contó con un diseño de iluminación creado por Avi Yona Bueno “Bambi”, reconocido profesional que tiene ya varios años de colaborar con la Ópera Israelí.

Por su parte, el equipo de The Design Group estuvo liderado por el director de producción Eyal Lavee y el jefe de producción en sitio Elad Mainz, (quien adquirió su aprendizaje durante los dos años previos en los que se realizaron las óperas Nabucco y Aída), quienes crearon lo que se convirtió en un entorno real de trabajo práctico, con grandes desafíos que superar.

Carmen empleó las habilidades y recursos de dos de las tres compañías de The Design Group y tanto Eyal como Elad trabajaron con los 150 miembros del staff y técnicos en el lugar por dos meses. Así, fue construida la escenografía se proveyeron todos los accesorios para las áreas de actuación y equipos técnicos, incluidos el audio y la iluminación. El paquete incluyó el suministro de graderías para ubicar a los más de 7,500 asistentes cada función (cinco en total) y todo lo necesario para la infraestructura de producción.

 

El proceso involucró colaboraciones cercanas con el equipo de producción de la ópera, dirigido por el jefe de eventos y operaciones, Uri Hartman, con quien The Design Group tiene una relación muy armoniosa. Por otro lado, las compañías de renta británicas HSL y Britannia Row fueron de nuevo las que brindaron los equipos de audio e iluminación. Con tres años de experiencia trabajando en difíciles ambientes climáticos, todos sabían que esperar, incluyendo lo imprevisible de la vida natural e incluso de la tecnología. Éste fue uno de los muchos hilos que dieron como resultado otra mágica y completamente única producción en Masada.

Única, desde la puesta en escena

La escenografía en un principio debió haberse visto muy sencilla, pero pronto tuvo que modificarse el panorama y las rocas fueron esculpidas para que la arena se convirtiera en el telón de fondo sevillano en donde Carmen se desenvuelve, lo que significó un gran esfuerzo y una cuidadosa planeación. “Trabajar en un escenario desnudo como éste requirió un enfoque completamente diferente y entrar en un espacio visual distinto”, explica Elad Mainz.

Una gran cantidad de tecnología también fue instalada en el lugar, como monitores de piso y luminarias, junto con copiosas cantidades de cables. Para mantener el mejor lugar para la orquesta, fue cavado un nuevo foso y las pequeñas montañas-escenario en la parte trasera, así como las cuevas que cruzaron el espacio escénico fueron trazadas de manera intrincada, junto con una enorme cantidad de montículos y colinas cuidadosamente talladas con el propósito de ocultar otros elementos. De amplia extensión, el espacio entero tomó casi una apariencia fílmica.

En lugar de presentar un conjunto de parámetros estéticos creativos predeterminados, las imaginaciones individuales de todos trabajaron intensamente para crear sus propias variaciones del escenario. Varias piezas grandes de escenografía fueron construidos, incluyendo un tren de 15 metros de largo y que incluyó una locomotora y tres vagones, para lo que también fueron construidas 50 metros de vías sobre el escenario.

En escenario de danza tuvo 120 metros cuadrados de extensión y fue construido en 20 segmentos, mismos que tenían que ser cargados sobre el escenario, ensamblados y removidos en un tiempo mínimo. En la parte trasera del área de actuación, fue hecha una instalación a escala industrial con torres de alta tensión y postes de telégrafo, paisaje contrastante con el árido desierto.

 

 
 

El equipo de The Design Group comenzó el trabajo en primavera; la operación fue escalada en diferentes niveles, acabando a tiempo para los primeros ensayos de vestuario y la noche de prensa. Como una novedad, este año fueron agregadas pantallas LED a los lados que fueron alimentadas desde una cámara central ubicada en sala, al mismo tiempo que los subtítulos bilingües (en hebreo e inglés), fueron desplegados en tres pantallas desde la pared del foso de la orquesta y hacia el frente.

Como un montaje único al aire libre, la pasión y el drama de la historia de Carmen combinó a la perfección con el trabajo realizado detrás del escenario. Y mejor aún, durante las presentaciones nocturnas el clima fue templado, cerrando de esta manera semanas y semanas de trabajo comprometido.

 

Iluminación para el desierto

Fue la tercera vez que Ian Stevens, jefe de personal de HSL, colabora en este evento en Monte Masada, y aunque seguían existiendo las mismas condiciones complicadas de trabajo, la experiencia y adaptación también hicieron que fuera mucho más fácil. Este año, Ian se unió a Matt Brown y ambos trabajaron con tres de los más importantes iluminadores de Israel, convocados para la ocasión: Tsafrir Dagan (Saffi), Itay y Ran Hafner. Para la dirección artística, Giancarlo del Monaco tuvo una visión muy clara sobre lo que deseaba ver en el escenario en términos de luces, que debían verse lo más natural posible. Como con los elementos escénicos, las impresiones superficiales sugerían al comienzo una fácil tarea, pero Bambi hizo su trabajo para tener la adecuada planeación y calidad específica en las necesidades de iluminación para lograr la atmósfera general previamente visualizada. Las escenas con luz de día estuvieron basadas en sutiles tonos blancos en diferentes temperaturas de color y ámbar, mientras que las luces nocturnas se basaron en glamorosos tonos azules.Sencillo, tradicional, efectivo. Los retos de trabajar con restringidas paletas de color también trajeron una resonancia real y profundidad en el escenario. Se instalaron grandes pórticos de iluminación a cada lado del escenario, mismos que funcionaron de manera muy efectiva con ajustes rígidos. El área de control de sala fue construido en la parte trasera de los asientos de la tribuna principal.

Las casi 150 luces móviles empleadas fueron esta vez todas de Robe, especificadas por Bambi gracias a razones como su probada resistencia a las inclemencias del clima, incluyendo el calor intenso, polvo y viento, además de su intensidad, como en el caso de las 82 ColorSpot 2500E AT y las 32 ColorSpot 1200E AT, necesarias para cubrir las largas distancias hacia el escenario, que llegaron a ser de hasta 80 metros.

Y no sólo eso: 30 luminarias REDWash 3·192 fueron ubicadas sobre el escenario, ocultas por las montañas hechas por escenografía y empleadas para iluminar la longitud del escenario. Estas fuentes de luz fueron de las favoritas de Bambi y brindaron excelentes efectos.

Otros dispositivos de iluminación que HSL proveyó incluyeron 200 luces ETC Source Four, fresneles Strand 5K Bambino equipados con adaptadores para scrollers de color Chroma-Q M5 Mk II; un surtido de luces PAR sencillas, así como Raylites y varias tiras de ACL de 250 y 600 watts, además de todos los dimmers, distribución y cableado.

El Monte Masada fue iluminado en momentos estratégicos con 60 seguidores Panther 5K y 20 sets de ACL de 600 watts de HSL, todo corriendo en un sistema inalámbrico DMX City Theatrical, también de HSL. Por su parte, Alon Cohen programó y operó el show durante las cinco noches usando una consola CompuLite Vector Red y teniendo otra más como respaldo.

¿La anécdota en tanto estrés de trabajo? El departamento de iluminación se superó a sí mismo creando facilidades detrás del escenario como refrigeradores, hotspots de conexión Wifi y el que se convirtió en una leyenda: Stevens Café & Grill, donde los sandwiches tostados de Ian se convirtieron en un obligado de Masada.

Sonido a la perfección

Muchas caras nuevas aparecieron en el personal de la compañía proveedora Britannia Row este año, incluyendo al nuevo jefe de personal, Tristan Farrow, que no se inmutó por los desafíos del desierto y mantuvo siempre la camaradería y el buen ambiente de trabajo en las largas jornadas de producción y realización de Carmen.

El sistema de audio elegido fue L-Acoustics Kudo, que trabajó exitosamente al año pasado y que fue elegido de nuevo en esta ocasión, diseñado ahora por Jonathan Dunlop y Bryan Grant, de Britannia Row, y Josh Lloyd, ingeniero de sistemas el año anterior y también jefe de personal.

 

14 cajas Kudo fueron colgadas a los lados y otros siete, con seis subwoofers SB218 sobre el piso a cada lado, también fueron empleados. En total fueron 55 metros de ancho en el escenario y que presentaron sus propios detalles para el audio, además del foso de la orquesta y el volumen generalmente alto de los cantantes, por lo que se incluyeron otros refuerzos sonoros para ubicar el peso del volumen en la parte central de la sala, principalmente. Estos consistieron en cuatro pilas de tres altavoces dV-DOSC, acompañados de otros tres subwoofers dV SUB. Además, el delay estuvo conformado por ocho altavoces detrás de la primera grada de asientos y otros más a medio camino hasta las gradas.

El encargado de la mezla de audio en sala fue Barry Bartlett, quien usó una consola Midas XL8 con todas las facilidades on-board y sólo un periférico: un reverb Lexicon 960 para las cuerdas, coro y solistas. Los monitores fueron mezclados por Dee Miller desde un cómodo contenedor climatizado tras bambalinas y que reunió todos los racks de sistemas inalámbricos Sennheiser. Usualmente, la ópera no echa mano de monitores cuando actúan en algún recinto, pero en este escenario sin muros en el Monte Masada, su función fue esencial.

El anillo de monitores frente al escenario estuvo conformado por dispositivos Turbosound TFM420, completamente enterrados en la tierra del piso del escenario. Cuatro altavoces dV y un subwoofer dV-DOSC SUB colgados por lado cubrieron los “muros” a la mitad del escenario, con pilas de dos cajas dV-DOSC para lograr el efecto de pared trasera, en las montañas hechas de escenografía. El concepto funciónó muy bien, marcando un campo de sonido para los artistas. Los micrófonos usados fueron las diademas DPA 4061; diez principales y 30 en el coro, así como una selección de micrófonos shot-gun para ambiente en el escenario, mientras que la orquesta utilizó 54 canales de Schoeps.

Por otro lado, el sistema inalámbrico Sennheiser 5000 consistió en 48 receptores 3782 Mk II y 48 emisores 5212, operando gracias a ocho antenas distribuidas por el escenario y ruteadas con un sistema de distribución personalizado de la marca. Esto fue pensado por Barry McLeod, quien encontró algunas sorpresas cuando descubrió los niveles reales de interferencia de radio frecuencia (y sus fuentes), presentes increíblemente en un espacio vacío en el desierto.

Britannia Row también brindó un sistema completo de llamada a show basado en un sistema de matriz y procesamiento Yamaha DME (Digital Mixing Engine), operando a través del protocolo Dante. Esto alimentó 48 altavoces Turbo Impact vía una mezcladora Yamaha LS9 de 16 canales, cubriendo todo el backstage, así como los vestidores y áreas técnicas.

Carmen fue otro gran logro, tanto creativo como técnico, para la Ópera Israelí y la compañía proveedora The Design Group, que resultó gracias a la unión de muchas disciplinas, habilidades y talentos, aportando energía para crear eficientes equipos de trabajo y produciendo resultados asombrosos.

El entusiasmo masivo, imaginación y talento se fusionaron y produjeron tres shows muy distintos durante los anteriores festivales de ópera en este enigmático país. Con una reputación internacional y creando un fenómeno de evento innovador (literalmente en medio de la nada, en pleno desierto), este equipo de producción ha sido anunciado para continuar con el trabajo en este festival, con la siguiente encomienda que será ni más ni menos que Turandot de Giacomo Puccini.