A poco más de un mes de cumplir un año de confinamiento sanitario y como resultado la disminución, casi desaparición de espectáculos en vivo, los artistas se encuentran en un momento de búsqueda para encontrar un nuevo formato que les permita reanudar sus presentaciones en vivo con audiencias presenciales, sin correr riesgos y manteniendo a su público seguro y con las menores probabilidades de contagio.

Fue así que la banda de rock originaria de Oklahoma, The Flaming Lips presentó la idea de realizar un concierto en el que tanto los músicos integrantes como la audiencia se encontraran dentro de burbujas de plástico inflables en un concepto que nació gracias a la larga historia del cantante, Wayne Coyne, con este tipo de burbujas, pues desde antes de este episodio, él ya las usaba para acercarse al público y lanzarse sobre la audiencia durante sus conciertos, siendo el único artista en realizar una actividad de este tipo.

El intento de nuevas formas

La primera prueba de este formato se realizó en junio del año pasado, durante el programa estadounidense “The Late Show with Stephen Colbert”, el cual fue utilizado por The Flaming Lips en parte como prueba de concepto y grabación del video musical para su nueva canción “Raze for the Prize”, en el que hubo un total de veinte burbujas y se presentó únicamente esa canción.

Una vez probada la idea y su viabilidad empezaron los planes para realizarlo en un espacio más grande y con mayor cantidad de espectadores. El show estaba planeado inicialmente para presentarse en diciembre; sin embargo, un pico en los contagios de covid-19 obligó a la banda a posponer su presentación y realizarla un mes después de lo planeado.

Fue hasta el pasado 22 de enero cuando la banda presentó su concierto “World’s First Space Bubble Concert” en el recinto The Criterion, en su natal Oklahoma, teniendo un espacio de 10 por 10 burbujas inflables (cien burbujas en total), con capacidad para máximo tres personas por espacio. Esta gira fue creada para promocionar su nuevo álbum “American Head”, lanzado el año pasado.

Dentro de cada una de estas “burbujas espaciales”, como las llama Wayne Coyne, se encontraban diferentes artículos para mejorar la experiencia y superar algunos de los obstáculos que este nuevo formato presenta. Uno de los aspectos más importantes fue cómo mantener la calidad de sonido a pesar de encontrarse dentro de una burbuja y esto fue resuelto con una bocina de alta frecuencia que podía colgarse al cuello. El calor y la posible falta de oxígeno eran otros aspectos preocupantes, para los cuales existían dos opciones: la primera, dentro de la burbuja se encontraba un pequeño ventilador portátil, que les fue regalado al final del concierto, mientras que  la segunda fue que dentro también contaban con la posibilidad de solicitar al personal que refrescaran la burbuja con aire nuevo. Además había manera de avisar para acudir al baño y contar con una botella de agua.

El último aspecto a cuidar, era la posible condensación de aire dentro de cada burbuja, por lo que su paquete incluía un paño que les permitía limpiar el interior y continuar viendo el espectáculo sin mayor problema.

Medidas preventivas

Cabe mencionar que durante todo el evento se procuró mantener la sana distancia y evitar al máximo los contactos, previniendo la propagación del virus. Teniendo esto en mente, el acceso al recinto y a cada burbuja se realizó de manera ordenada, guiados por el personal, quienes acomodaron a la audiencia fila por fila. El uso de cubrebocas era obligatorio, permitiendo que el público se lo quitara una vez dentro de su espacio personal.

Debido a la complejidad dentro de la logística, para evitar el contacto entre asistentes al evento, se pidió a la audiencia que llegara con una hora de anticipación, con el fin de poder realizar el acomodo de acuerdo a las normas de salubridad. Teniendo en cuenta la sana distancia, el cantante comenta que el recinto en el que se realizan estos eventos debe contar con un amplio espacio en el que la audiencia pueda esperar a ser acomodada.

El ambiente del concierto pudo mantenerse fiel a una presentación en vivo, gracias a que el vocalista de The Flaming Lips realizó su tradicional paseo por el público en su propia burbuja. Para complementar, se soltaron pelotas de colores con las que el público pudo interactuar y confeti para aumentar la emoción del momento.

Desde cada burbuja se podía ver al resto de la audiencia bailar y disfrutar, ayudando a generar una atmósfera de celebración. Para sustituir los aplausos del público, estos golpeaban su burbuja para generar ese ruido que tanto anima e impulsa a los artistas a dar lo mejor de sí.

La salida del concierto se realizó de forma divertida, siendo una parte importante para la experiencia, pues cada burbuja debía moverse a la salida y al encontrarse frente a la puerta podía por fin salir de ella, no sin antes ponerse su cubrebocas.

El show lleva hasta el momento dos presentaciones en enero y tiene un tour planeado para los próximos meses, siendo las primeras fechas en el mismo recinto, del 11 al 14 de marzo, con un costo por burbuja de entre 200 y 400 dólares, sin importar si es para una o tres personas. Dos de estas fechas son ya llenos totales y para entrar al recinto se necesita, además, una carta responsiva para proteger al inmueble debido a los difíciles tiempos en los que nos encontramos.

Este concepto va muy de la mano con la historia de presentaciones de The Flaming Lips; sin embargo, es una buena propuesta para reanudar los conciertos en vivo, ya que se puede adaptar a las necesidades y agregar diferentes aspectos que armonicen con la imagen de cada artista.

Se debe tener en cuenta que pueden aumentar los costos y es una inversión a considerar, pues las burbujas se deben mandar a hacer, hay que considerar las máquinas para inflarlas, así como los altavoces que el asistente debe llevar al cuello y la manera de mantener fresca a la audiencia. Así mismo, la contingencia sigue vigente, por lo que la responsabilidad de llevar a cabo uno de estos eventos es muy grande para lograr no exponer a nadie a un posible contagio, ni a la audiencia ni al personal de apoyo. Esto sumado a las necesidades  y requerimientos comunes de un concierto en vivo.

En un contexto como el actual, en el que las vacunas todavía no son una opción para todos y la urgencia por eventos en vivo es más intensa que nunca, cada nuevo formato que se presenta debe ser analizado para considerar su aplicación en futuros espectáculos de todo tipo de música en vivo.

Conforme más avance el tiempo y el encierro continúe, más ideas para eventos en vivo surgirán, pues la necesidad de distracción se mantiene y los artistas y compañías promotoras buscarán nuevas y más innovadoras maneras de mantenerse vigentes para sus audiencias y seguir conectando y generando contenido.

En algún momento, los conciertos en vivo regresarán como los conocíamos; no obstante, en lo que eso sucede, aquellos que se adapten primero y sepan sacar provecho a esta situación, generando nuevas propuestas, como el caso de The Flaming Lips, sobresaldrán cuando regresemos a los conciertos presenciales.

Las “burbujas espaciales” generan una nueva posibilidad que esperemos algunos artistas se animen a aplicar, pues la necesidad de volver a salir de forma segura, es inminente. Seguiremos al pendiente de cada nuevo formato, esperando con ansias el día que podamos salir, pero con la esperanza, de que en estos tiempos de incertidumbre surjan ideas que prevalezcan en formato presencial por lo maravilloso y fascinante de su concepto.

Por María Castro*

*Es estudiante de la carrera de Dirección de Empresas de Entretenimiento en la Universidad Anáhuac y está haciendo su especialidad en Eventos Masivos. Su enfoque es hacia festivales musicales o eventos culturales, como teatro, ópera o ballet.