Armando Manzanero y su legado musical a México y el mundo

Armando Manzanero Canché (Mérida, Yucatán, 1935), dejó en sus más de seiscientas canciones un legado para la música que ha sabido arropar el mundo, tal como lo muestran los reconocimientos dados a su trabajo: dos Latin Grammy; un Lifetime Achievement Award Grammy; el nombramiento de la Organización de los Estados Americanos (OEA) como Patrimonio Cultural de las Américas, gracias a su influencia en la música hispanoamericana; la Medalla Héctor Victoria Aguilar 2016, máximo reconocimiento del Congreso del Estado de Yucatán; la presea Gran Maestro otorgada por la SACM, y el Premio Trayectoria Artística de los Billboard de la Música Latina.

Para rendirle homenaje, juntamos a personalidades con las que colaboró, cuya memoria, experiencias y cariño nos permitirán revelar la esencia y atributos que trascendieron al  músico, compositor, arreglista, productor, conductor y sibarita nacido en Mérida; una leyenda para la música popular y un cómplice que impulsó a nuestra industria. Acompáñennos.

“Perseguí ser un compositor de canciones que perduraran, que gustaran… que me gustaran a mí”.

 

Fanático de ti

Productora, fundadora de Magnos, Brenda Salayandía fue cómplice en varios de los proyectos que involucraron al maestro desde 2005 al 2020:

“Crecimos en una familia de radiodifusores que escuchaba música de boleros y para nosotros, Manzanero era un clásico de siempre, estábamos muy familiarizados con su música. Cuando empezamos Magnos, en 2005, produjimos el Festival Internacional de la Ciudad de Chihuahua y ahí fue la primera vez que lo conocimos y tuvimos un clic muy profundo. De ahí hicimos una relación —que mantenemos hasta la fecha también con Laura Blum, su manager—. Hubo una querencia muy fuerte y puedo decir que fuimos la empresa con la que más conciertos realizara con el maestro Manzanero desde aquel encuentro en Chihuahua”. 

Por su parte, el ingeniero de grabación, Icautli Cortés, comenta que compartió y capturó en su memoria y discos el quehacer del maestro hasta días antes de su partida:

“Trabajé con él diez años, lo conocí cuando se hicieron las reuniones para el desarrollo del Centro Cultural Roberto Cantoral, en específico el área del estudio de grabación. Mi primera sesión con él fue más o menos en 2012, cuando hicimos unos demos para un disco que finalmente se concretó ahí en el estudio del Centro Cultural Roberto Cantoral”.

Entre estas personalidades musicales con las que el maestro Manzanero colaboró, también se encuentra Mario Santos, quien fungió como arreglista, además de compartir el piano como medio de expresión como intérprete y compositor: “Mi primer contacto con la música de Manzanero fue en la infancia: mi madre ponía sus discos y yo recuerdo que desde pequeño ya oía sus canciones y me atraían”.

Seguido de Mario, Nacho Rettally, músico y diseñador sonoro, cuenta que prácticamente fue un hijo más y un ahijado profesional de Armando Manzanero:

“Armando llegó a mi vida porque es el papá de uno de mis mejores amigos, Juan Pablo. Claro, independientemente de que fuera el papá de mi amigo, no dejaba de ser el famosísimo Armando Manzanero, pero nuestra relación en aquel momento no era musical en lo absoluto, sino de familia. Cuando Juan Pablo sacó su primer disco me llevó a tocar con él y Armando veía todo eso; luego nos vio haciendo nuestros pininos y un día nos soltó una película para musicalizarla y luego otras más. Mis vivencias se remontan a la estrella que era el papá de mi amigo y luego a quien me apoyó para otras cosas”.

Con Aranza
Con Mario Santos

Durante su larga y fructífera trayectoria, Armando Manzanero tuvo como aliados a figuras como Roberto Cantoral Zucchi y Martín Urrieta, quienes junto al maestro, en la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) estuvieron al pendiente del bienestar de sus colegas en una lucha que tiene más de treinta años:

“Gracias a la relación personal de mi padre (Roberto Cantoral), con él y al asumir la dirección de la SACM en 1982, cuando Armando inició como vicepresidente, pude trabajar con ambos en esa gran lucha para fortalecer y consolidar el Derecho de Autor en México por casi treinta años”, relata Roberto hijo, mientras que Martín Urrieta comparte: ‘Sé de la trayectoria del maestro desde que empezó Carlos Lico a cantar su canción ‘Adoro’, aunque ya había hecho canciones para Angélica María. Desde entonces le admiré, pero jamás pensé que iba a tener una relación tan cercana con él, porque duré prácticamente diez años siendo su vicepresidente ejecutivo y sentado en el Consejo a su derecha, me contaba sus cosas personales y sus chascarrillos, con ese sentido del humor maravilloso que tenía… fuimos amigos de años”.

No se tú, pero yo… talento, disciplina y profesionalismo

Acerca de su trabajo en las producciones en vivo con Armando Manzanero, Brenda Salayandía recuerda: “Desde 2005 a 2020 no dejamos de hacer proyectos con él y cada año era algo diferente. Era muy respetuoso con las iniciativas en cuanto a los diseños de escenario, de las partes que uno podía conceptualizar, los ritmos del concierto, la iluminación y las áreas de cada quien. Era muy práctico, siempre muy puntual. Si le molestaba algo en escena que se debía corregir, que si el piano, el banco, el micrófono, lo hacía inmediatamente; prevenía mucho y de manera sutil”.

“Algo que también le agradecí y admiré es que siempre hizo ensayo y prueba de sonido. Muchos artistas no lo hacen y para él era obligado el soundcheck, el ensayo, ver dónde iba a trabajar y eso ayudaba a todos: músicos, técnicos, la producción porque ya era prevenir y tener un gran concierto. Su disciplina y puntualidad era perfecta. Era muy sencillo en sus indicaciones, pero eran muy profundas, adelantadas a lo que podíamos resolver a la hora del concierto”.

“Tenía control absoluto, sabía qué pasaba en backstage y el escenario. Trabajamos en teatros, al aire libre, lugares chiquitos, foros, salones y su manejo del escenario y del público era admirable, no muchos artistas tienen esa versatilidad. Él se hizo en los escenarios desde los quince años, tenía una experiencia gigantesca”.

“Hicimos el primer concierto que hubo de la Big Band Jazz de México y Armando Manzanero en Ciudad Juárez y luego en el Festival de Chihuahua. Ahí se estrenó el proyecto y luego conceptualizamos y buscamos los recursos para hacer el disco, de la mano de los hermanos Ramos en la parte de arreglos y lo musical. Después desarrollamos Jazz en el Mar, en Yucatán, donde fue figura principal acompañado de Natalia Lafourcade, Aleks Syntek, Kalimba y la Mérida Big Band Jazz, con arreglos de Luis Portillo, quien también fue su director musical. Armamos su participación en el Festival Fiestas del Pitic en Hermosillo, un concierto junto a Fernando de la Mora y Lila Downs que detonó colaboraciones entre ellos. Estuvimos en el Festival de Tamaulipas con una gira entre Armando Manzanero y María Medina, porque Yucatán fue el estado invitado del festival. Fuimos a Tamaulipas, Matamoros, Reynosa y Ciudad Victoria, todo en carretera. También hicimos ‘Las mujeres de Manzanero’ con Tania Libertad, Eugenia León, Guadalupe Pineda y él”.

“Sus pruebas de sonido eran rapidísimas, a menos que fuera ensayo o montar un repertorio nuevo, pero siempre era muy eficiente en los ensayos y pruebas. Para él había de dos: sonaba o no sonaba, y si no, no hay más que hacer”.

En lo que al estudio de grabación se refiere, el trabajo de Icautli Cortés con el maestro Manzanero le dejó importantes aprendizajes:

“El maestro era imponente. Después de romper el hielo y superar mi nerviosismo, hicimos el primer disco y fue muy aleccionador respecto a sus indicaciones, diálogos, cómo pedía las cosas y la forma en la que tenía que responder a los tiempos de ejecución. A partir de ahí comenzamos a trabajar de forma muy constante”.

“Yo no había entrado tanto al género de los boleros o había grabado música romántica. Él me enseñó, digamos, la ortografía de su música: cómo hacer un acento con un corno o con una trompeta, me mostró cómo sacar ciertos adornos. Para mí fue instintivo, porque creo que todos tenemos en nuestro ADN la música de Armando Manzanero y sólo tuve que re-escucharlo. Empezamos a llevarnos muy bien muy rápido. Entendí cómo quería las cosas y las sesiones de escucha para revisión eran muy rápidas, una o dos vueltas a la canción, me corregía y entregaba. Hicimos nueve discos juntos”.

“Los últimos dos discos que hicimos fueron de él, sus canciones. De los otros hubo uno con Aranza (“Sólo Manzanero”), que me tocó estar junto a él curando el material que quería darle; me di cuenta de que el maestro no escogía las canciones sólo desde el punto de que fueran a funcionar, sino que se metía en el sentimiento y la historia de la canción, pensando en quién la cantaría. Yo creo que cada disco me dejó un aprendizaje en específico, a veces algo técnico, a veces algo literal, musical; en específico los últimos cuatro discos fueron preciosos, no los podré olvidar”.

“La gente no puede imaginar su vitalidad; las responsabilidades del maestro eran gigantes y por ello sus tiempos de producción los tenía muy acotados, para que funcionaran. Planeaba perfecto las grabaciones, prácticamente me daba una lista de qué íbamos a hacer y cómo y yo tenía listos los sets de cambio de microfonía para irnos uno tras otro y que en un solo día termináramos la producción. No podíamos perder tiempo, teníamos que ser un cronómetro junto con él; era muy disciplinado”.

“Para grabar su voz, al principio utilicé un clásico U87 con un preamplificador 1081 de Rupert Neve, no me dio el sonido que imaginaba o como podía sonar y haciendo prueba y error, llegué a la mejor combinación: un AKG C12 con un Manley Vox Box que me permitía tener una perilla de input con la que prácticamente yo iba haciendo el compresor de la grabación: le iba bajando o subiendo. Hacía una toma normal de corrido y veía cuáles eran los valles donde el maestro subía demasiado la potencia y me preparaba para ir bajando la ganancia”.

Con Icautli Cortés en el estudio del Centro Cultural Roberto Cantoral

“No necesitaba demasiadas tomas de él. Hacía esa primera para marcar dónde iba a meter mucha potencia y después hacíamos tres o cuatro tomas y con eso era suficiente para tener todo perfectamente grabado. No recuerdo ninguna canción en la que haya yo tenido que hacer más de cuatro tomas. Luego venía, se sentaba, me hacía ponerle ciertas partes de las tomas y tenía perfecto en la cabeza qué había hecho en cada una, lo que le había gustado y él armaba su toma. El maestro tendría muy buena voz para grabar unas cuatro canciones en una tarde y así lo hacíamos”.

“En vivo lo grabé en algunas bohemias que armó la SACM. También en algunas participaciones de él con artistas como lo que hizo con Javier Camarena en la Sala del Centro Cultural, a piano y voz —con el piano Yamaha CFX bellísimo—, y usamos también micrófonos ambientales alrededor del teatro, en Decca Tree, y un par de shotguns para tomar los aplausos de las primeras filas”.

En palabras de Mario Santos:

“Fue un artista tremendo y un hombre comprometido con su propia música. Tocaba muy bien el piano, colocaba muy bien sus manos, sabía lo que sonaba bien. Cuando hablaba de crear canciones decía: ‘puedes decir lo mismo que todo el mundo, pero el artista siempre tendrá una forma de ver las cosas que nadie más tiene, decirlo de una manera particular’.

“La primera vez que trabajamos juntos fue con la Big Band Jazz de México. Empezaba a escribir cosas para big band y, Ernesto Ramos y Alberto Delgado me dieron la oportunidad de escribir un arreglo para que conociera mi trabajo. A él le gustó mucho, hicimos el disco de la Big Band Jazz de México y me acogió como uno de sus arreglistas”.

“Luego produje algunos temas con él y me llevó a dirigir una Orquesta Sinfónica a la Ciudad de Aguascalientes, porque no tenía director y necesitaba a alguien de confianza. Armamos un concierto en la Grutas de Cacahuamilpa, algo increíble, con Filipa Giordano. De ahí, en Sony Music, un pequeño concierto a trío de jazz, también con Filipa. Otros más y luego tuvimos la oportunidad de presentarnos en el Auditorio Nacional en 2018, donde participó Guadalupe Pineda, Filipa Giordano y Tania Libertad, en el que escribí arreglos y llevé la dirección musical”.

“Pocos artistas he conocido que tengan tan claro lo que quieren. Armando fue el único artista que me citó en su oficina para hablarme sobre lo que iba a escribir; me orientaba mucho sobre lo que quería y me daba licencia de hacer otras cosas, aunque musicalmente era muy claro con lo que quería. Nunca lo vi llegar a un estudio o concierto sin saberse la canción o lo que iba a hacer. Era extremadamente profesional. Además tenía un sentido muy agudo para entender los procesos creativos dentro de un proyecto”.

Nacho Rettally recuerda:

“Armando te enseñaba haciendo. Era como un libro. Siempre que podía enseñar algo o decir algo lindo, lo hacía. Era la escuela de la vida, con golpes y experiencias”.

“Como soy parte de la SACM seguí viéndolos a él y a Juan Pablo; siempre supo en qué andaba yo y le daba mucho gusto. Reconocía que era amigo de la familia y también mi parte profesional

“Si colaborabas con él, te pedía las cosas de una manera sumamente cálida y, aunque te equivocaras, te hacía ver cómo hacerlo mejor. Es lo que más me queda de aquellos años en que me pedía ayudarle con sus demos y trabajar lo de las películas, su trato”.

Los derechos autorales

“Esta lucha del maestro Manzanero cubrió el impulso por la Ley federal de Derechos de Autor para regular internet y tener medidas precautorias que garanticen el reconocimiento y pago de estos derechos, así como sensibilizar a los diferentes usuarios de la música en la necesidad de cumplir con una obligación legítima del autor y fortalecer la imagen a nivel internacional de nuestra sociedad, que hoy está entre las diez más importantes del mundo”, menciona Roberto Cantoral Zucchi.

“Lo que le quedó pendiente, y seguiremos atendiendo, es conseguir aplicar el Derecho de Autor por concepto de remuneración compensatorio por la copia privada. Nuestra lucha ha ido en conseguir que se asigne un pago a los autores que ponen el contenido en estos equipos”.   

“El maestro siempre estuvo muy enterado de todas las tecnologías, lo legal, el consumo de la música y lo que pasaba en los estudios de grabación, por la gran experiencia que tenía como productor. Fue un apasionado de todo el trabajo que hacíamos”.

Martín Urrieta complementa: “En la SACM, el maestro Roberto Cantoral prácticamente sentó todas las bases para adquirir conciencia sobre el pago por el Derecho de Autor, que ahora tiene una importancia muy grande para toda América Latina porque incluso había países que no tenían sociedad de compositores y nosotros fuimos a apoyar en Centroamérica, e incluso, Venezuela”.

“El legado que nos dejó Cantoral fue el que seguimos en el Consejo, Armando Manzanero, Felicia Garza y yo, que éramos los veteranos. El maestro Manzanero siguió los lineamientos que nos dejó el maestro Cantoral y durante su administración nos convertimos en la sociedad autoral más importante de América Latina, en los 75 años que tiene de vida. Hoy, con la pandemia incluso, salimos con números positivos gracias al buen manejo que hemos hecho de los recursos”.

El compositor ahora ocupa el lugar de Presidente interino de la SACM: “Fui nombrado para conservar la secuencia y continuidad de todos los proyectos que tenemos pendientes, siendo el más importante y en el cual el maestro estaba abocado complemente, acerca del pago de la copia privada, algo que existe ya en países como Alemania, Estados Unidos y Francia”.

Contigo aprendí… las lecciones

“Su disciplina, su practicidad porque a veces nos complicamos en hacer o no algo, su aterrizar las ideas, no nada más soñar y platicar. Decía que la suerte existe pero pasa a las 7 de la mañana: ‘sí, somos afortunados y suertudos pero no hay como estar dándole temprano’. Su tenacidad, el ser incansable e imparable. Me dio muchos consejos como profesional y como ser humano. Fue amigo, un ser valiosísimo, de otros mundos y de todas las épocas. Su edad no lo representaba: siempre estaba a la vanguardia, te sabía de toda la música y de todos los que sonaban en la radio. Algo que siempre le admiré será su energía. Era imparable, estaba todo el tiempo creando, produciendo. Hubo momentos de mal humor y, como todos, cada quien sus modos y su carácter, pero siempre mantuvo una energía espectacular y ganas de vivir”, menciona Brenda Salayandía.

Icautli Cortés menciona acerca de su aprendizaje con Armando Manzanero: “Aprendí humildad, trabajo, entrega, alegría. Me di cuenta de que estoy muy lejos de ser nada ni nadie, simplemente alguien que está al servicio de la música. Fue un caballero, un hombre que daba y ayudaba, no se imaginan la cantidad de cosas que dio, en todo momento, a todo mundo. No me alcanzan las entrevistas para decir los miles de buenos detalles que tuvo conmigo, no voy a olvidar en toda mi vida haber podido hacer ese sueño realidad, musical y técnicamente. He sido enormemente afortunado de vivir lo que viví con el maestro”.

Por su parte, Mario Santos comenta: “Aprendí mucho de su humildad: tenía tanto éxito y logró tantas cosas (sus canciones se escuchan en todo el mundo), y eso habla de su grandeza. Su sentido del humor que era tan negro. Su admiración por la belleza de la mujer (su disco Las Mujeres de Manzanero es una metáfora preciosa de su vida). Su energía. A su edad seguía trabajando como si tuviera veinte. Creía en el talento joven, apoyó a muchísima gente. Cuando fundé el Centro de Creadores Musicales —en ese entonces AB Musiq—, le pedí que fuera a la inauguración. No pensé que llegara y lo hizo. Me dijo: ‘Tengo que estar aquí porque debo apoyar proyectos como el tuyo y los de otros que están preocupados por seguir haciendo compositores’.

Como alguien cercano en un tiempo con el maestro Manzanero, Nacho Retally recuerda: “Me enseñó a trabajar. Él se lo rompió el lomo años y sí, era sumamente talentoso y tocaba el piano como nadie, pero con lo que más me quedo en mi vida profesional es que nos decía: ‘Si quieres ganar dinero y ser alguien, trabaja. Ensaya, compone, métele a los fierros… ponte a trabajar’, pero también me enseñó a descansar y a disfrutar también”.

Roberto Cantoral Zucchi hace memoria en este sentido: “Como persona, para mí fue un gran amigo, compañero de mil batallas en la lucha por el Derecho de Autor. Fue alguien con una gran sensibilidad y lo único que tiene la familia Cantoral para la familia Manzanero, es un eterno agradecimiento, porque conmigo y mis hermanos fue una maravillosa persona. Martín Urrieta menciona: “Fue mi maestro de constancia, persistencia y tenacidad”.

Adoro… su legado

“Siempre estaba fusionando: así hizo ‘Las mujeres de Manzanero’, los proyectos de Big Band y más. Siempre estaba buscando con quién y qué hacer. No se quedaba al margen de él con su grupo y es algo que yo incluso aplico como productora: hacer alianzas, renovarte y buscar la manera de hacer más enriquecedor tu trabajo, sumar otros talentos y artistas para engrandecer los proyectos, sobre todo pensando en el público para que se interese”, menciona Brenda Sayalandía y continúa: “Nos quedaron cosas pendientes y se le va a extrañar mucho, pero conforta el enorme aprendizaje y legado que nos deja como una de las figuras más importantes de la música y como ser humano. Felizmente tuvo muchos reconocimientos en vida y nos queda lo mejor que es su música”.

Icautli Cortés añade: “Fue un ser humano vital, bueno, amable, caballeroso, educado. Incluso en situaciones incómodas se portaba a la altura y cada cosa que le vi fue una lección de cómo ser. Musicalmente son incontables las lecciones. Fue un ser humano espectacular. Es una de las figuras más importantes de la música mexicana; la relevancia de su obra como compositor e intérprete cambió la idea del romanticismo en una época donde teníamos la invasión británica, lo anglo, junto a los boleros y la música de Álvaro Carrillo y Pepe Jara, y apareció este hombre con imágenes en sus letras que, creo, nadie había imaginado”.

“Fue un hombre que ligaba todo lo que vivía a su música. El legado de sus canciones radica en eso, a todos nos ha dejado pensando. Fue un incansable, nunca terminó de trabajar”, menciona por su parte Mario Santos.

“México tuvo grandes compositores y de repente ya no están. Es una cuestión de evolución y de crecimiento, claro, y creo también ahí vienen los que tomarán esa batuta, pero la están construyendo. Él lo hizo con frases fuertes pero sencillas, sin rebuscamientos”, comenta Nacho Rettally; “el concepto de decir cosas o escribir cosas como ‘Adoro la calle en que nos vimos’ sólo se le ocurrieron a él. No es un luto nacional, sino mundial. ‘Somos novios’ debe ser una de las canciones más grabadas y traducidas. Su partida es una gran pérdida y también es una manera de entrar por la puerta grande a la inmortalidad; construyó como pocos esa puerta y va a vivir para siempre”.

Finalmente, Roberto Cantoral Zucchi menciona: “Musicalmente, Armando Manzanero generó una época con un estilo propio, poseía una gran habilidad para hablarle al romanticismo. La magia que tuvo para conectar con el corazón de los enamorados es indiscutible e insuperable y quedará por muchas generaciones más. Con el tiempo nos daremos cuenta aún más de su gran importancia y talento”.

Citas de Armando Manzanero: Cuaderno de trabajo Curso “Composición, inspiración y pasión”, COMPASSTAGE

Entrevistas: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco

 

Manuel Mora Valverde, Ingeniero de sala Armando Manzanero.

 

Trabajar con Armando Manzanero

“Me encontraba trabajando en el Centro Cultural Roberto Cantoral, sonorizando las bohemias y festivales de otoño. Un día, el maestro Manzanero me dijo: ‘Oiga, Manolito, ¿no quiere trabajar conmigo en mis conciertos?’. Por supuesto, acepté”.

“En una ocasión estábamos en Costa Rica, nos presentábamos con una Big Band y no llegaban los atriles de lectura; yo los exigía y él me dijo: “Manolito, vinimos de tan lejos a este país maravilloso, con muchachas tan lindas y comida sabrosa a resolver problemas, no a causarlos; en lugar de preocuparse por atriles, vamos a cantar. ¿Qué más se puede pedir de un artista que ama su trabajo y enseña a amar la música como lo hizo el maestro conmigo y sus músicos?”.

“Hasta el final pensó en su equipo de producción y de hecho, solicitó que no dejáramos de tener ayuda en el fin de año, como lo hizo durante la toda la pandemia”.

“Es importante para un ingeniero aprender a trabajar con su artista, pero cuando además es gran músico y gran amigo, es maravilloso. Hemos tenido una gran pérdida para el mundo de la música, siempre generoso, gran persona y ciudadano del mundo”.

“Nos hizo falta tiempo… gracias, maestro.