“Para lograr este nuevo disco he tardado más de 15 años, pero he llegado a donde quería. Los actores y músicos que admiro, cuando estaban jóvenes no tenían tanto que contar, pero la vida nos va llenando de experiencias. En mis grupos anteriores todos éramos súper jóvenes, nuestro objetivo era poner a bailar a la gente, pero poco a poco se descubren otros recovecos de la vida y del alma y ahora tengo más cosas que contar; he ido lento, pero seguro, madurando. Este disco lo disfruté mucho en esta construcción minimalista, mantuvimos la sencillez en la dotación, pues sólo somos tres músicos, y a través de esa limitación se generó todo el asunto”, continúa Ari.La grabación, a detalle


El propio Ari grabó guitarras, teclados, coros, trompetas y programaciones, pero, “todo lo de Juan Cristóbal lo grabé en mi casa, pasándolo por un Twin Track Pro, de Focusrite, directo a la computadora. Las guitarras acústicas, voces y trompetas las grabé con un AKG 414”.
“El disco fue armado lo más sencillo posible, pensando en que lo tocaremos en vivo, aunque con algunas secuencias, pero básicamente sólo los tres. Las baterías las grabamos en Piedradura e hicimos una o dos tomas de cada canción; la idea fue llevarme ese material y jugar con él, editarlo y buscar la manera de usar algunas partes como secuencias. En algunas canciones lo edité, lo procesé y quedaron como loops y al mismo tiempo puse la toma original de la batería”, comparte Ari.

 
Para este segundo trabajo Ari llamó a Eduardo Del Águila y Carlos Walraven, ingenieros que también participaron en su primera producción: “Lalo es un tipo con un súper oído y tenemos una gran comunicación. Trabaja muy rápido y es lo que estaba buscando. A diferencia del disco anterior, que también mezcló él, casi no estuve presente en las horas más intensas de trabajo y cuando sintió que ya estaba listo fue cuando me pude asomar y sólo se cambiaron detallitos. Al final del proceso, nos reunimos y limpiamos rola por rola. Tanto Lalo como Carlos son garantía de una calidad incuestionable. Con Carlos ya había gozado el proceso de ir a su estudio en Tepoztlán. Vas creando como una familia y entre más trabajamos, más nos entendemos”.

Entre sus influencias, Ari cuenta con Tom Waits, Gustavo Cerati, Café Tacvba, Natalia Lafourcade, Kevin Johansen, Lisandro Aristimuño, Jeff Buckley y Elliot Smith, pero sobre todo al canadiense Patrick Watson; referencias que han servido al músico mexicano para establecer que “en mis canciones, por más tranquilas que sean, está la actitud y el sabor a rock. Sin embargo, algo que he reflexionado es que no me molesta que digan que hago pop. Puede ser que lo mío sea un pop acústico alternativo y en las letras, las armonías y la actitud está el rock”. Como logro que Ari Brickman valora extensamente, su música ya ha llegado al cine, con canciones previamente hechas y otras ocasiones con temas creados desde cero. “Esto me permite jugar en diferentes estilos, no tiene que ser tan contundentemente como el mío”.
Eduardo Del Águila: el aliado


Desde Mono Mixing Room, su estudio en la colonia Roma Norte en el que puso su parte para el disco Escapar, Eduardo del Águila relata su segunda experiencia junto a Ari Brickman: “Trabajar con un artista como Ari es un placer, tiene bastante claro lo que hace y por dónde quiere que se vaya, sónicamente hablando, así que con buenas pláticas y 15 días aproximadamente, logramos terminar la misma cantidad de canciones y estamos muy contentos con el resultado. Admiro mucho la pasión con la que compone y lleva su música; es de los artistas necios que creen en su música y eso lo hace aún mejor, sobre todo en estos tiempos complicados de la industria de los discos y los conciertos”, considera el colaborador de otros artistas como Zoé, Jaguares, La Barranca y Alfonso André.

Crecer entre una familia de músicos resultó casi traumático para Ari Brickman. Cuando era adolescente, era obligatorio entre los suyos saber cantar o tocar un instrumento y, en rebeldía, prefirió hacerse actor para olvidar esa presión. Ya con casi dos décadas de camino en ambos mundos, hoy reconoce con humor que, a pesar de aquel episodio, no ha podido escapar del universo de los sonidos. Con esa convicción, el artista chiapaneco vuelve al ataque con su segundo disco como solista, Escapar (Fonarte Latino, 2012), tras haber editado Todo este querer en 2009 y haber sido parte de grupos como Siconauta y Niños Héroes.   
Construido de manera minimalista, tanto a nivel estilístico como de producción, Escapar reafirma la propuesta personal de Ari Brickman: un pop alternativo que, aunque mantiene un sabor acústico e íntimo, por momentos también se deja teñir de actitud rockera. Para su concreción no solamente convocó de nueva cuenta al contrabajista Juan Cristóbal Pérez Grobet, sino que sumó a Juan Carlos Novelo en la batería. Además de fungir como autor, cantante y multiinstrumentista en las 15 canciones del álbum, grabó y produjo todo el repertorio en su estudio casero, pero en particular, las baterías se registraron en el Estudio Piedradura, de Luis Ernesto Martínez Novelo (productor de Niños Héroes) y para el proceso de mezcla y masterización hizo equipo con Eduardo del Águila (Mono Mixing Room) y Carlos Walraven (Zona de Intolerancia), dos personajes también presentes en su disco previo.“La música es algo de lo que me quise escapar en la adolescencia por rebeldía y no lo logré”, inicia Ari. Por momentos hubo mucha presión y entonces, la actuación era un lugar como para rebelarme; sin embargo, luego me encontré con la guitarra eléctrica y no pude evitar seguir en la música”.

En términos técnicos, Eduardo desgrana el equipo que seleccionó para este proyecto: “La mezcla la hice en Pro Tools 10 con convertidores Apogee y master clock Big Ben de la misma marca. Usé la tarjeta UAD de Universal Audio para todos los plug-ins y la señal pasó por un sistema de grabación Shadow Hills Equinox y utilicé monitores Adam Ax7 y Yamaha NS10”. Finalidad cumplida: un disco de manufactura minimalista pero bien cuidada, de actitud fuerte pero melodías amigables. Es posible.