De Perú. El sonido forjado por Alejandro y María Laura devela pop y electrónica, más la visión de las artes escénicas y visuales de su formación, como se plasma en su sencillo “Siempre, siempre” que trabajaron en coproducción con Javier Barría, mezclado por Alejandro Rivas y masterizado por Francisco Holzmann; trabajo que da testimonio de la buena salud de la que goza la escena de cantautores en toda América Latina.   

Del DIY a la colaboración. “Hemos hecho música toda la vida, yo con piano, guitarra y cantando y Alejandro con el chelo y la guitarra. Es una formación que ha estado siempre; llevamos 11 años en este proyecto y cuando empezamos nos gustaba hacer las armonías de voces; con base en eso armamos unos primeros demos, con guitarra y piano, se los mandamos a Matías Cella (Jorge Drexler, Kevin Johansen), con quien tuvimos la primera experiencia en tener un productor musical, hicimos dos discos con él y entendimos que podíamos trabajar y confiarle el sonido de un disco a otro”, recuerda María.

Aprender sobre sintetizadores y cajas de ritmos fue el punto de partida para la experimentación con las guitarras de Alejandro, al tiempo que María exploraba con los teclados y el Ableton: “Siempre hemos sido cancionistas, pero nos importa mucho y le tenemos mucho respeto al sonido, a saber cuándo es el mejor momento para que algo suene en un momento de la canción”, expone Alejandro. 

Después de Matías, fue con Juanito “El Cantor”, con quien colaboraron bajo el modelo de coproducción, precedido de un trabajo más sólido con su propia banda. Luego llegaría Javier Barría, chileno, con quien armaron a distancia sus recientes canciones, con bajos secuenciados con MIDI, sintetizadores y ritmos de samples o cajas de ritmo, todo bajo un arreglo específico, donde han podido participar instrumentos muy puntuales, de viento o cuerdas: “Tenemos el arreglo en partitura, lo mandamos por correo a nuestros amigos, quienes lo graban desde sus propios espacios. Ha sido interesante y nos gusta todo lo que ha pasado en el proceso”, afirma Alejandro y María añade: “Hace muchos años queríamos trabajar con Javier, es un productor alucinante que se ha producido sus propios discos y como nosotros, comenzó a producir a otros artistas; lo admiramos como productor y compositor y ha sido una suerte que la pandemia nos llevara a trabajar a distancia, porque así estamos aprendiendo todos los trucos de Javier como productor que, en lugar de hacer las cosas, nos explica cómo y acá lo realizamos, porque tenemos un estudio para ello”.

Eso ha permitido que a la par de su música, ahora produzcan otros proyectos (María José Montijo, Números Primos, Moncho Berri, entre otros), además de diversificar las tareas: Alejandro en la grabación y producción, María Laura en la atención a las redes, el planteamientos de los streaming, además de los momentos para practicar y componer y atender a su hija. “Es curioso, porque en este momento estamos haciendo más música y tomamos conciencia del reto que implica ser músicos como nosotros, sobre todo si no tienes un manager o un equipo grande de gente que te ayude con eso, la inversión y los tiempos para producir y que apenas salgas con lo invertido. A nosotros nos ha ido muy bien, hemos podido estar en varios festivales como Estéreo Picnic, ir a México y demás, pero este año ha sido de estar en casa y componer y también está muy bien”, reflexiona María. 

Formado por un live room y control room, las herramientas esenciales del estudio de Alejandro y Marías Laura son equipos como el secuenciador Arturia OPZ, la interfaz Apolo de Universal Audio, plug-ins y emuladores como el compresor y preamplificador 6U76 y Focusrite ISA, además de amplificadores Mesa Boogie, sintetizadores y modulares Moog y otros. La microfonía luce un 441 dinámico de Sennheiser, A.E.A. N22 de cinta y el Sphere L22 de Thownsed Lab con dos cápsulas:

“Esto es buenísimo para las transmisiones en vivo, porque tiene también un software que te deja emular cosas y al tener dos diafragmas, sirve como micrófono estéreo y te deja hacer figuras de 8, cardioide/supercardioide. Hace de todo, muy bueno para grabar!”, afirma Alejandro, al tiempo que añade como clave la adición al rider del estudio de la grabadora Zoom H6 de seis canales que se conecta directo al cel y ha sumado a depurar la captura y envío del sonido de sus sesiones en vivo en tiempos de confinamiento.

“Tenemos un lugar para grabar y hacer mezclas donde ahora podemos dejar un set fijo para las transmisiones en vivo, porque la verdad sí implican un tipo de producción y planeación para que se vean y escuchen bien. Aprovechamos los espacios y estamos descubriendo el mundo del streaming que en nuestra primera transmisión reunió 15 mil personas, lo que que quizá sí pueda ser parte de un modelo de negocio que se quede y ayude a descentralizar las escenas”, amplía María.

Un modelo híbrido. Con la ilusión de poder presentar en vivo su nuevo disco, la dupla vislumbra el plan de armar un encuentro virtual desde un local con atención dedicada al audio y video para la transmisión: “Lo más saludable es no hacer muchos planes y esperar. Hacer el disco, canción por canción, que nos da disciplina y concentra la creatividad en una sola cosa”.

“Para mí ha sido bueno darle ese espacio a cada canción. Ahora, con lo digital, hemos trabajado mucho en el proceso de cada una, añadir material adicional y que la gente lo pueda valorar. Por ahora, es importante que sigan las entrevistas virtuales, vuelvan los conciertos presenciales y se establezca un modelo híbrido”, comparte para despedirse ilusionada María Laura.