Orgánico. Alejandro sabe que el sonido es una consecuencia de la vida y que viene de familia. En casa, se le inculcó desde niño el amor por la música clásica, Pink Floyd y los Beatles. Su padre, Juan Carlos Abara, es un cantante talentoso, que tuvo grandes logros como artista, ejecutivo, compositor y productor: “De alguna forma, siempre estuve en algún estudio de grabación o en un set de televisión, con mi papá”, recuerda de entrada.

Alejandro cobró su primer sueldo a los seis años, haciendo coros en un disco del Duende Bubulín; pero lo simpático es que, con el dinero que ganó por grabar Polito polito, se compró un juego de biología Mi Alegría. Con el tiempo, estudiaría la carrera de Químico Farmaco Biólogo con maestría en Administración y Marketing en la Universidad La Salle. Desde entonces opera en ambos lados del sonar.

En los tiempos en que su padre estuvo a cargo de la editora América Musical, donde había un estudio para hacer demos, Alejandro pasaba las vacaciones echando un ojo y aprendiendo a grabar 100 por ciento análogo, con un portaestudio Tascam de ocho canales.

 
  El ingeniero y productor actualmente administra el estudio Fábrica de Éxitos, un laboratorio creativo en la industria del espectáculo, donde nos recibió para conversar sobre el aspecto más importante de la existencia: su futuro.

¿Encontraste una relación entre biología y música? ¿Cómo fue?
“La música está en la naturaleza y ambas son ciencias exactas. Hay matemáticas, al igual que en el audio, sobre todo en la parte física. Además, casi todos los sonidos generados por la naturaleza, que son hermosísimos, los emiten seres vivos. La relación es muy grande”.

¿Qué pasó entre esa primera grabación a los seis años y tu maestría universitaria?
“Siempre estuve pegado con mi papá. Me encantaba acompañarlo a los estudios de grabación cuando tenían alguna mezcla. El cambio desde entonces ha sido muy brusco, porque aunque tuvieras un porta estudio de ocho canales, limitado, era equipo caro. Estaban los estudios grandes, con cintas de dos pulgadas; las consolas que había eran MCI y Sony. Poner un estudio no era fácil y sí bastante caro. No era sencillo hacer las instalaciones”.

“A partir del ADAT de ocho canales, los que podías comprar por dos mil dólares, con seis mil dólares tenías 24 canales; mientras que una grabadora de 24 canales costaba entre 50 y 100 mil dólares. Ahí es donde empieza a abaratarse la industria del disco; pero también se da entrada a que muchos grupos, compositores y productores independientes puedan crear sin tener grandes presupuestos. Es cierto: se abarata el negocio, pero también se da salida a más creatividad”.

¿Cuándo comenzaste a trabajar en La Fábrica de Éxitos?
“Se fundó en 1999. Antes estábamos dentro de otro estudio que se llamaba MCD que ya no existe. Yo era el gerente del estudio y tenía un apartado donde empecé a hacer mis cosas. Cerró el estudio, pero se pudo comprar la casa donde estamos actualmente. Se adaptó y remodeló; se compraron equipos”.

“Quien se encargó del diseño acústico fue el ingeniero Enrique Sánchez, mientras que la instalación electrónica la hizo Carlos Cuevas; entre los dos levantaron el estudio y a la fecha tenemos diez años de funcionamiento. Siempre se necesitará un buen estudio de grabación porque, si no tienes un registro decente, no tienes show: el disco es la tarjeta de presentación. Hay que seguir haciendo buenos discos, produciendo cosas interesantes que, aunque sea de forma independiente, puedan tener impacto”.

Actualmente, ¿cuáles son los retos de dirigir un estudio como éste?
“Estamos en un punto intermedio, sin embargo hemos crecido en número de clientes, y además permanentemente estamos adquiriendo y renovando nuestro estudio con lo mejor de la tecnología”.

“Hemos sabido manejar un punto de equilibrio, con buenos equipos, tratamiento acústico, servicio y atención al cliente con precios razonables. Me da tristeza decirlo: muchos estudios importantes han cerrado porque sus costos de operación eran muy altos y aparte pudo haber quejas de servicio. Siento que los costos de operación y tratar de dar un servicio cálido y personalizado es lo que hace que estén volviendo constantemente los clientes”.

Estás impartiendo las jornadas educativas dentro de La Fábrica, ¿no es así?
“Es un punto interesante; no nos consideramos una escuela, simplemente enseñamos lo que es el audio:¿qué son son los equipos, cómo funcionan y para qué? Esto, independientemente que trabajen en otro lugar o por su cuenta; es importante que quienes se dedican a esto tengan los conocimientos para leer un manual, un flujo de señal o que, cuando entren a una escuela profesional, puedan entender todo”.

“Estas jornadas son muy dinámicas. Se da teoría, pero nos enfocamos a la parte práctica: que aprendan sobre la marcha. Les permitimos que estén en las sesiones que tenemos. Es una oportunidad de ver grabaciones, tanto con artistas independientes como reconocidos, y conocer cómo fluye una producción en un estudio”.

 
  “Son 40 horas intensivas, pero en las que conocen un buen equipo. Aquí tienen ecualizadores Pultec, preamplificadores Neve y sobre todo, la oportunidad de manejarlos. Eso les dará otra percepción cuando salgan. Considero que no es lo mismo que aprender con plug ins u otro tipo de equipos”.

“También aprenden cómo se panea y se manejan niveles. Se les enseña a soldar cables, los tipos de micrófonos, las características que tienen y que algunos que no son tan costosos no necesariamente suenan mal. Se hacen conscientes que con poco presupuesto, se pueden lograr buenas cosas. Muchos músicos vienen a grabar las baterías de su proyecto, terminan en su casa lo demás; vuelven para grabar voces y mezclar. Eso les permite abaratar costos, porque ellos están pagando sus proyectos.

La última: ¿cómo te imaginas la industria en cinco años?
“Los cambios van por internet. Creo que las disqueras evolucionarán en una especie de editoras musicales, donde el disco físico, como ya estamos viendo, está acabando. La venta será virtual y quién tenga los derechos de las canciones, que son las editoras, son quienes estarán haciendo negocio”.

“Lo que falta a las editoras que sí tienen las disqueras, es promocionar los temas en radio. Creo que éstas tendrán que fusionarse con las editoras en algún momento, para poder controlar, promocionar y vender vía internet. Considero que hacia allá va el negocio”.

Lo vemos: conocer los misterios de la vida ha sido el mayor éxito para Alejandro Abara.