¿Mayor profundidad de bits significa necesariamente mejor sonido?

Por Gonzalo Ramos*

En audio digital existe una asociación casi automática entre mayor profundidad de bits y mayor calidad sonora. Si 16 bits son suficientes para un CD, parece lógico pensar que 24 bits deben sonar mejor y que 32 bits deben ser todavía mejores.

Pero la realidad es más interesante: más bits no significan necesariamente un sonido mejor. Significan, fundamentalmente, una mayor capacidad para representar el nivel de una señal y un mayor margen frente al ruido de cuantificación. Que esa capacidad adicional se traduzca en una mejora audible depende de dónde y cómo se utilice.

¿Qué hacen realmente los bits?

La profundidad de bits determina cuántos valores diferentes pueden utilizarse para representar la amplitud de cada muestra digital.

Con 16 bits disponemos de 65,536 niveles posibles. Con 24 bits, de 16,777,216. La diferencia es enorme en términos matemáticos, pero no significa que una señal de 24 bits contenga “más detalle”, de la misma manera que una fotografía con mayor resolución contiene más pixeles. Cada bit adicional proporciona aproximadamente 6.02 dB de rango dinámico teórico. Por ello, un sistema de 16 bits alcanza aproximadamente 96 dB, mientras que uno de 24 bits llega teóricamente a unos 144 dB.

Sin embargo, esos 144 dB son una cifra teórica. Ningún sistema real de grabación y reproducción alcanza ese rendimiento completo. El ruido de los circuitos analógicos, los convertidores, los micrófonos, los amplificadores y, finalmente, el propio entorno de escucha, limitan el rango dinámico efectivo. La literatura técnica de la Audio Engineering Society muestra que incluso sistemas de muy altas prestaciones están condicionados por toda la cadena, no solamente por la profundidad de bits.

Más bits no significan necesariamente un sonido mejor. Representan, fundamentalmente, una mayor capacidad para representar el nivel de una señal y un mayor margen frente al ruido de cuantificación. Que esa capacidad adicional se traduzca en una mejora audible depende de dónde y cómo se utilice.

Entonces, ¿por qué se trabaja habitualmente a 24 bits?

Aquí está la verdadera ventaja. En una grabación a 24 bits podemos trabajar con muchísimo más margen entre el nivel de la señal y el ruido de cuantificación. Esto permite registrar una señal con niveles relativamente conservadores sin acercarnos peligrosamente al límite digital, lo que resulta especialmente importante durante la grabación y la producción, donde una señal puede sufrir múltiples operaciones de ganancia, mezcla, automatización y procesamiento. El objetivo no es conseguir que cada instrumento alcance un nivel próximo a 0 dBFS, al contrario: disponer de una mayor profundidad de bits permite trabajar con niveles inferiores, manteniendo un margen extraordinariamente amplio respecto al ruido de cuantificación. Por eso, 24 bits son extremadamente útiles durante la producción, incluso aunque el formato final vaya a tener una profundidad menor.

El límite no lo ponen solamente los bits. Supongamos que tenemos un sistema digital teóricamente capaz de ofrecer 144 dB de rango dinámico. Para aprovecharlo completamente necesitaríamos que el resto de la cadena pudiera mantener un rendimiento comparable. Pero una grabación real empieza mucho antes de la conversión A/D. Tenemos el ruido propio del micrófono, el preamplificador, el convertidor, la acústica de la sala y el ruido ambiental. Después aparecen el convertidor D/A, la amplificación, los altavoces y el espacio donde escuchamos. Por lo tanto, el rango dinámico de un sistema no es simplemente el número que aparece al lado de bit depth.

Esta es una de las razones por las que afirmar que 24 bits “suenan mejor” que 16 bits puede resultar técnicamente incompleto. En determinadas circunstancias, la diferencia puede ser irrelevante, porque el ruido existente en otras partes de la cadena ya está muy por encima del ruido de cuantificación. Investigaciones publicadas por la AES señalan precisamente que, en material musical, el ruido presente en la propia grabación puede convertirse en el factor que determina el rango dinámico efectivo.

Y aquí aparece el dither.

Cuando reducimos la profundidad de bits aparece un fenómeno fundamental: el error de cuantificación.

Al convertir una señal a una resolución inferior, los valores originales deben aproximarse a los niveles disponibles. Si el proceso se realiza de determinada manera, ese error puede manifestarse como distorsión relacionada con la propia señal.

El dither introduce deliberadamente una pequeña cantidad de ruido para aleatorizar ese error y evitar que la cuantificación produzca determinados tipos de distorsión correlacionada con la señal. El resultado puede parecer paradójico: añadimos ruido para conseguir una representación más limpia de una señal de bajo nivel.

Además, mediante técnicas de noise shaping es posible desplazar parte de ese ruido hacia regiones de frecuencia donde resulta menos audible. Los estudios de la AES han demostrado que estas técnicas pueden aumentar considerablemente el rendimiento perceptual de sistemas de menor profundidad de bits. Por eso, 16 bits correctamente tratados no equivalen simplemente a “poca resolución”.

¿Puede el oído distinguir 16 de 24 bits?

La respuesta correcta no es un simple sí o no. En condiciones ideales y con determinadas señales y procedimientos de prueba, pueden existir diferencias detectables, pero eso no significa que una grabación de 24 bits vaya a resultar automáticamente más musical, más definida o más “analógica” que la misma grabación convertida correctamente a 16 bits. De hecho, la propia AES señala que la cuestión de qué ventajas perceptuales proporciona una profundidad de bits superior debe considerarse dentro del rendimiento de toda la cadena de reproducción y no únicamente desde las especificaciones del archivo.

En una producción musical normal, el beneficio fundamental de 24 bits se encuentra en el margen de trabajo, no en una supuesta obligación de utilizar todos esos bits para que la música “tenga más detalle”.

Más bits no compensan malas decisiones

Una grabación realizada a 24 bits no puede solucionar una mala elección de micrófono, una sala deficiente, ruido excesivo, una interpretación problemática o una conversión de mala calidad.

Tampoco una mezcla se vuelve automáticamente mejor por utilizar números mayores. La profundidad de bits es una especificación técnica, no un criterio absoluto de calidad sonora.

La conclusión más precisa sería esta:

Más bits proporcionan una mayor capacidad técnica. No garantizan, por sí mismos, una mayor calidad audible.

En producción profesional, 24 bits ofrecen una ventaja práctica enorme, porque permiten trabajar con un margen muy amplio y reducir la relevancia del ruido de cuantificación. Pero una vez que ese ruido queda suficientemente por debajo del resto de las limitaciones del sistema, añadir todavía más bits no implica necesariamente una mejora audible.

En audio digital, como tantas veces ocurre en ingeniería, más capacidad no significa automáticamente mejor resultado. Lo importante es que la capacidad disponible sea adecuada para el trabajo que estamos realizando y que toda la cadena sea capaz de aprovecharla.


* Ingeniero de Sonido. · Miembro votante de Grammy Awards y de Latin Grammy Awards · Mentor en el Programa Grammy U Mentorship, de The Recording Academy · Miembro votante de NAMM TEAC Awards · Ingeniero de grabación, mezcla y mastering en Recorded in Los Angeles (USA) · Director de Dreams Records · Web Oficial: GonzaloRamos.es. Estos temas y otros relacionados son analizados en profundidad en los Cursos de Sonido Profesional y Cursos de Grabación y Mezcla realizados en español y de manera online desde España por el autor de este artículo.