La visibilización de las mujeres en el gremio del audio profesional en México y el mundo es cada vez más evidente y necesaria. La unificación de éste ha dado grandes resultados, aunque hay solitarias y aguerridas figuras que siguen haciendo su aparición en producciones de diferentes ámbitos.

Siempre a superarse

Silvia Judith Álvarez Gutiérrez nace en Guadalajara y en un momento coyuntural, su camino profesional dentro de la administración gubernamental la encauza hacia el mundo de las consolas, monitores y escenarios. La misma Silvia narra su historia: “Yo me autodenomino operadora de audio, no ingeniera. Empecé tarde en el audio. Tengo veinte años en esto y tomé la decisión de estudiarlo después de tener a mis cuatro hijos. Soy gestora y promotora cultural y estoy a punto de jubilarme después de treinta años de servicio en la Secretaría de Cultura de Jalisco. Ahí precisamente fue donde nació mi amor por esta carrera. Soy la menor de cuatro hijos quienes tenemos una formación cultural encaminada a practicar las bellas artes. Mi hermana era bailarina del Ballet Folklórico de la Universidad de Guadalajara y todos los domingos la íbamos a ver al Teatro Degollado. A mis ocho años yo ya entraba al recinto y miraba todo el conjunto, el edificio, las luces y lo que era estar atrás de un telón, y ya me sabía de memoria las localidades del teatro y cómo se conformaba. Quince años de mi vida estuve repitiendo esta misma rutina todos los domingos y en algún momento se me vino a la mente que algún día yo pisaría ese escenario, pero jamás me imaginé de qué forma”.

Silvia continúa: “Yo entré a trabajar al Gobierno del Estado en 1991 y formo parte del área administrativa en el Instituto Cultural Cabañas. Ahí me encargaba de contratar todos los requerimientos técnicos para las actividades culturales, además de desarrollar los eventos masivos del área. Yo me encargaba de hacer los riders y contrariders de los proveedores, pero tenía uno de ellos muy especial, que era el único al que le asignábamos los servicios, ya que en ese tiempo no había más empresas que nos pudieran prestar esa calidad y cantidad de equipo. Esa persona era Manuel Domínguez, de Servicios Star”.

Nuestra entrevistada relata una curiosa anécdota, la cual fue el hecho concreto que la impulsó a sumergirse en el audio: “Fue en un evento en el que colaboramos con don Manuel en la Plaza las Américas en Zapopan. Él hizo un comentario que incluyó la frase: ‘no sabe nada de audio’, refiriéndose a mí, creyendo que yo no escuchaba. Aclaro que el hombre es muy reservado, propio, íntegro y duro, pero a la vez noble, amable y cariñoso. Un día me dijo: ‘¿por qué no te metes a estudiar audio, si tanto te gusta?’. De esa plática hasta que me decidí pasaron ocho años, ya que no era el momento y tenía otras prioridades como persona y madre de familia”.

Educación para el progreso

“Tomando la iniciativa, en ese tiempo descubrí Uxmalase, institución para estudiar audio. Ya que era una escuela cara, no estaba al alcance de mi economía, pero quien me apoyó para lograrlo fue mi padre, quien me costeó la carrera, la cual llevé al final. Pasó el tiempo y esperando el momento de poner en práctica todo lo aprendido, llegó una administración que confió en mí. En ese tiempo, el Director de Adquisiciones de Bienes y Servicios del Teatro Degollado, llamado Mario Vargas Saldaña, me dio la oportunidad de hacer el audio de un gran evento de flamenco. Ese fue mi primer escenario grande. Jamás pensé que iba a cometer un error; sólo pensé “voy a hacer el audio en el Degollado”. Nada relajada, Invité a Alfio Trigueros, a quien conocía tiempo atrás, para apoyarme. Hicimos line check e inesperadamente y en la tercera llamada, Alfio me mandó un mensaje de texto diciendo: ‘¡Tú puedes!’, y me dejó sola en la función!. Con la adrenalina corriendo por mi cuerpo y las manos sudando, saqué adelante la función. Aprendí que hacer audio no sólo es pararte frente a una consola, sino toda la responsabilidad que uno asume”.

Obstáculos para el blindaje

Desafortunadamente, Silvia encontró la crudeza de los obstáculos que el machismo de la época ofrecía: “Tuve la experiencia de que desgraciadamente, en el gobierno y como en todas las empresas, hay sindicatos, y me sacaron. No soportaron mi preparación. Sigo pensando que todos tenemos la capacidad y la obligación —si estás  al frente—, tanto en una empresa como en un teatro, de estar preparándonos y actualizándonos. Desgraciadamente, no tuve el apoyo suficiente para continuar y me sacaron. Después de esto, apagué mi audio por un período para administrar  el Teatro Alarife Martín Casillas y de ahí me fui al Foro de Arte y Cultura. Al tomar el puesto de este último, me encontré con una consola Yamaha LS9, que para mi gusto es muy noble y manejable, pero también me encuentro con una serie de cosas en el escenario en condición de deterioro. Empecé a adecuar el espacio y se restableció por un programa federal de infraestructura y rehabilitación de espacios culturales. En ese tiempo yo cubría lo que eran ensayos, funciones, montajes y desmontajes, pero siempre cuidando el audio. Estuve ahí año y medio, pero volví a sufrir la destitución del sindicato por parte de una líder sindical. Mujer, irónicamente”.

La travesía de Silvia continuó: “Después de eso, emigré a operar el auditorio de la Casa de la Cultura Jalisciense, un lugar pequeño, con la consigna de equiparlo y manejarlo. De esta manera estuve al frente. En ocasiones hacía iluminación, ya que no había nadie que lo hiciera en un DMX sencillo, pero lo hice con mucho gusto y al mismo tiempo me seguí preparando, pero no para el gobierno, sino para mí”.

Cruce de caminos

Un hecho fortuito se presentó para labrar un nuevo camino en la trayectoria de Silvia: “Un día cualquiera, una banda sinaloense me invitó a trabajar. Confiaron en mí y fue así como me di a conocer en el ámbito de los eventos sociales y festividades foráneas de Jalisco. No fue fácil, ya que me veían y desconfiaban, ya que decían que eso era de hombres. Incluso en una de esas ocasiones llegué al grado de poner a un compañero para que le dijera al cliente que él haría el audio y cuando se fuera, hacerlo yo”.

La nueva veta de trabajo de Silvia continuó: “Hubo alguien que confió en mí: Carlos Peregrina, quien me invitó a trabajar en el Palenque de Tlaquepaque. Yo hice el opening con un grupo norteño y ya estando ahí, me preguntaron si haría el acto principal que era la Banda Machos y dije: ‘¿por qué no?’. De ahí, Carlos me invitó a las Fiestas de Octubre y después, al Río Nilo Music Center. No es fácil sonorizar una banda. Hay gente que me dice que eso es puro ruido y yo respondo que hasta ahora han escuchado puro ruido, pero que me inviten y no se escuchará el ruido” bromea.

Silvia comparte sus metas y aspiraciones: “Ese es un dato curioso: yo me estaba preparando en audio y siempre decía que haría jazz o a la Orquesta Filarmónica de Guadalajara. Tengo la certeza de que llegará el momento. Otro proyecto a futuro es irme de gira con un artista. Ese es mi sueño, a pesar de que esto implicaría no llegar a casa en un mes. Me gusta vivir las experiencias y que no me lo cuenten”. Actualmente, Silvia labora en la empresa Servicios Mil, de Miguel Laure, donde ha podido desempeñarse plenamente: “Con él he construido una excelente relación de trabajo”.

Así se despide Silvia: “De alguna manera, agradezco todos esos obstáculos que me pusieron para que finalmente yo me desarrollara. Me he dado cuenta de que nada es imposible, pero tu subconsciente debe seguir trabajando la idea y hacerla llegar al consciente. Si eres positivo, llegas a la meta, pero si eres conformista, sólo lo sueñas. Nuestra parte pensante y reflexiva da pie a que lo podamos hacer, buscando la manera y preparándonos continuamente para lo que venga y tener esa satisfacción personal. Este es un mundo muy pequeño y hay que abrirnos camino y hay que relacionarnos”, finaliza.