De Coatepec, Veracruz. Hija de lauderos amantes de la música y la literatura. Silvana Estrada creció entre instrumentos musicales, poesía y la escucha del folclor de Violeta Parra, Soledad Bravo y Mercedes Sosa. Con formación jazzística, convivió y compartió música en Nueva York junto a Charlie Hunter, Michael League (Snarky Puppy) y Antonio Sánchez quienes con su guía le ayudaron a encontrar la voz que hoy plasma en canciones que gozan del elogio de colegas como Natalia Lafourcade, Caloncho, Jorge Drexler, Julieta Venegas y Alex Ferreira.

Se trata de una de las artistas más escuchadas en streaming y dará su primer concierto en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris para estrenar este 18 de mayo su disco “Marchita”, bajo la producción de Gustavo Guerrero: “Soy fan de su música y su trabajo con Natalia Lafourcade. Creamos un lazo musical fuerte y de amistad. Estaba haciendo el disco, pero el camino que quería no fluía y pensamos en él para construir el concepto a través de los arreglos”, expone quien grabó su primer álbum (“Lo sagrado”), de manera casera.

“Luego me fui a Nueva York y con Michel League (líder de la banda Snarky Puppy), hice mucho trabajo de back vocalist (voces y coros para soul, gospel, son cubano, entre otros) en su estudio. Ahí aprendí a cantar, a entender que las cosas se hacen en tres tomas, pagan por hora y no nos podemos equivocar. Eso luego lo ocupas para tu proyecto”.

“Para ‘Marchita’ grabé en el estudio El Desierto y encontré algo nuevo: un ambiente artístico donde se te olvida que estás frente a un micrófono y hay alguien usando Pro Tools. Eso no me había pasado y lo agradezco mucho, porque si llegas a un sitio donde todo es gris, la vibra es pesada y yo me pongo súper nerviosa. La experiencia de grabar además con los músicos en un espacio amplio sin separarnos, también fue maravillosa”.

Vínculo con la música: “Ser parte de la fiesta y sentarse a tocar es lo que más influyó para hacerme sentir la música como una labor bellísima y muy noble. Mis padres son lectores y la combinación de ambas cosas hizo natural en mí hacer canciones”, expone quien inició su instrucción con un piano de pared y la atención melódica a la flauta y la trompeta. “Luego encontré el cuatro y con él compuse todas las canciones del nuevo álbum, que están muy arraigadas al sonido de la madera y de sus cuerdas. El primer cuatro que tuve tenía como cincuenta años; el que que tengo ahora me lo hizo mi papá y está bellísimo”, se congratula.

Lo genuino. “Me fui a Nueva York porque quería conocer la vida jazzística que estaba estudiando en ese momento. Aprendí muchísimo y viajé, y eso me dio un parámetro de cómo están las cosas en México, notar que las canciones y el folclor que hacía era lo que me daba un valor especial, más allá de la escuela y los géneros. Es muy loco pero a veces hay que salir para darse cuenta. Eso me lo enseñaron también Lee y Antonio: encontrar un lugar y trabajarlo hasta que sea tuyo, luego salir”.

“Crecí viendo a aquellas mujeres como Mercedes Sosa y Violeta Parra llenando teatros; se clavaron en mis oídos y en mi forma de hacer las cosas y eso también me dio seguridad. No dudé de mi capacidad por pensar en que no hay mucha representatividad femenina. Invito con mucho cariño a conocer mis canciones porque son muy honestas, en español con influencia folk y poética latinoamericana; se identificarán y además es música para todo el mundo”, finaliza.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco