Con tres discos en su haber: “Licencia para ser libre”, de 2011; “Rawayanaland”, de 2013, y “Trippy Caribbean”, de 2016, la funky-fiesta del cuarteto venezolano Rawayana, formado por Alberto Montenegro (voz, guitarra), Antonio Casas (bajo, coros), Andrés Story (batería, coros) y Alejandro Abeijón (guitarra, coros), ha tomado los escenarios desde 2007. A finales del año pasado presentaron el sencillo “#Sádico”, y ello abrió la ocasión para indagar en los elementos del proceso creativo y de producción del grupo plasmado en su trabajo en estudio.

“#Sádico” surgió de forma experimental en uno de los conciertos de Rawayana y a partir de ahí, el final de año nos tomó en esa etapa creativa, muy inicial. Por la situación que se vive en nuestro país, la banda está separada por todo el continente y nos hemos visto obligados a adoptar esa dinámica de trabajo en la que no necesariamente estamos cara a cara, por lo menos en quienes recae la mayor responsabilidad a la hora de componer, así que trabajamos de forma individual y luego nos juntamos a intercambiar ideas, debatirlas y mejorarlas”, menciona Andrés Story.

“Varias ideas vienen de nuestro vocalista y luego ya las convertimos en algo más cercano a lo que se escucha en los discos. Estamos disfrutando esta nueva etapa para la banda y el proceso porque habíamos trabajado más como en formato de jamming (“palomazo”), tocar en conjunto para pulir las ideas y ahora nos hemos orientado al espectro digital como herramienta inicial; estamos preproduciendo más con computadora, haciendo maquetas para satisfacer la parte de no estar todos juntos con la orquestación completa”.

En la producción de “#Sádico”, la evolución del sonido de la banda revela la experiencia y la dedicación, como describe Andrés: “Hace diez años éramos ingenuos, no teníamos muchos conocimientos técnicos ni de producción o trabajo en un estudio profesional e incluso no todos estaban tan comprometidos con su instrumento. Si comparamos nuestro primer disco y el último, se nota que la diferencia ha sido abismal. Hay crecimiento y evolución gracias a los años, pero también a tantas horas invertidas en aprender y crecer como músicos, involucrarnos y entender la dinámica del estudio, los equipos, la ingeniería y un poco de producción. Es notable la diferencia”, continúa el baterista.

“En cuanto a la producción, algunos han sentido mayor curiosidad por esa parte del proceso y poco a poco, de manera informal vamos aprendiendo cuando nos rodeamos de profesionales que llevan tiempo en ello y son talentosos; uno les aprende y añade cosas por aquí y por allá. En 2018, formalizamos más para crecer en ese aspecto: investigamos, buscamos tutores, cursos y demás. Habíamos estado enfocados más en la música y apoyándonos en las personas que hemos elegido como nuestros productores e ingenieros, pero ahora hay un sentimiento particular de aprender y poder aplicar lo aprendido”.

Oídos externos, siempre aliados. “Hemos procurado que cada canción de Rawayana tenga su personalidad y vibre con base en lo que pide la letra y la música, y tomar la decisión de involucrar a otros al principio del proceso no es algo que tengamos tan claro. Por ejemplo, ahora estamos disfrutando de trabajar solos sin ayuda de nadie, pero eso no quita que eventualmente, cuando tengamos más pulido el material, nos apoyemos en otra cabeza que llegue con ideas frescas y reinterprete lo que venimos haciendo”, continúa Andrés Story.

“Pasa lo mismo con la mezcla; nos apoyamos en ingenieros con quienes hemos tenido el honor de trabajar y confiamos. De pronto había sido fastidioso el proceso de mandar el material y sólo intercambiar a distancia opiniones y comentarios, pero ahora tenemos como meta que el proceso lo podamos hacer presencialmente, que podamos viajar o estar donde se encuentre el ingeniero y en una sesión escuchar juntos”.

Entre el sencillo y el álbum, la justificación artística. Así lo evalúa el baterista de Rawayana: “Nos hemos ido adaptando al lanzamiento de la música y el consumo, y nosotros pensamos que ambas opciones son válidas y las hemos usado en distintos momentos, como decíamos de nuestro sencillo “#Sádico”, que salió y no fue parte de una obra global, digamos. Pienso que, siempre y cuando esté justificado musicalmente, puedes optar por los dos. A nosotros nos atrae más el tema del álbum como formato, principalmente porque permite crear un universo un poco más amplio artísticamente hablando, hacer una obra que no es sólo una canción”.

“También hay un tema de economía en esto, en el sentido de que para algunos nichos, artistas y proyectos les es mejor gastar sólo en grabar un tema, luego ocuparse en otro y volver a grabar y así sucesivamente; hay cierta lógica ahí, pero siempre es más barato, creo, grabar varias canciones en un único proceso, que hacer varios por canción. Pudiera ser que por liquidez sea más fácil trabajar por sencillo, pero cuando sumas cuánto inviertes en cada uno, es mejor hacer un disco de diez temas. En lo personal, no soy muy fan del tema de los singles pero somos muy abiertos a experimentar y es muy interesante lo que ocurre actualmente. La clave es tener clara la justificación artística de por qué un single y no hacerlo porque exista una presión de mercado solamente”.

Finalmente, dada la exploración de ritmos y géneros de marcada influencia caribeña, reggae y pop, Andrés Story menciona: “Mis primeras experiencias musicales están relacionadas con música como el metal; luego abrí el espectro y gusto a otras cosas y hoy es muy variado lo que escucho, también porque vengo de un país y una ciudad (Caracas), donde hay una influencia de todo el mundo importante, entonces escucho mucho jazz en esta onda más moderna como Robert Glasper y Christian Scott que mezclan jazz con hip hop. También me gusta muchos discos de finales de los años noventa; soy muy amante del pop, del trabajo de Michael Jackson, Stevie Wonder y The Temptations, esos músicos que justo hicieron cosas modernas con mucha sustancia musical, que dedicaron su vida a aprender y estudiar su instrumento. Conecto mucho con ese pop sajón que me parece más evolucionado, no este pop básico y digerible. Hoy me gusta lo que hace Tame Impala o Mark Ronson, un pop no empaquetado para un fin comercial que siento sí nos pasa un poco más en lo latino”.

Entrevista: Nizarindani Sopeña / Redacción: Marisol Pacheco