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Su nombre es reconocido a nivel mundial gracias a su calidad interpretativa y excepcional proyección escénica; sin embargo, Miguel Bosé es un personaje que, más allá de los reflectores, lleva el mando de su carrera artística en todos los niveles, desde la composición de los temas que integran su repertorio hasta el arte gráfico que acompaña sus álbumes. En ese sentido, Miguel también está inmiscuido en la producción de sus temas y su más reciente obra, Amo, no es la excepción. En entrevista exclusiva, el hombre se acaricia la barbilla mientras comenta: “Hombre, a mí me gustaría no hablar de mis discos, pero no me queda de otra. Tengo que hablar mucho cuando soy Miguel Bosé; sin embargo, cuando sólo soy Miguel, hablo poco”.

Y es él, el tipo que habla mucho quien explica lo que su más reciente plato contiene: “Once temas que fueron elegidos de entre muchos otros porque cada cual tiene su sentido y se merece su espacio. Esto lo comento porque entré a producción con 17 canciones, pero al arranque de la historia contaba con treinta y tantas composiciones”. Miguel afirma que vivió un momento de extrema cordura cuando encontró que no quería hacerse cargo de la producción de dicho disco: “Uno de los momentos más lúcidos que he vivido fue cuando decidí, casi después de dos décadas, no producir un disco mío; no producir Amo. Y ocurrió porque quería oírme de lejos. Siempre he sido vigilante de que no se pierda el espíritu de las canciones que escribo, pero esta vez le pasé la visión sonora a alguien más”. El cantante se refiere a varias personas: Andrew Frampton, quien ha trabajado con The Script, Natasha Vedingfield y Kylie Minogue, entre otros; Andrés Levin, quien ha colaborado con David Byrne y John Legend; Héctor Castillo (Björk) y Brubaker XL (quien hizo los arreglos de Aire soy en la versión que el español cantó al lado de Ximena Sariñana). Finalmente, la mezcla la realizó Andrew, en Londres.

Los antecedentes de Amo
“Todos ya habían trabajado conmigo antes –explica Miguel; aunque a Héctor lo conocí gracias a que estuvo como técnico de sonido en el disco Mediocre de Ximena Sariñana y me encantó su labor. Además, el hombre cuenta con un historial espectacular. A Andrés, bueno, alguna vez le comenté que éste era el momento ideal para trabajar juntos porque él tiene un sonido contundente, muy urbano. Por su parte, Andrew ha mezclado conmigo del disco Papito para atrás y tiene un historial donde eclecticismo es el término constante; y es que a mí me atrae que dentro de un mundo existan diversos paisajes, apartados diferentes; no me gusta sostener una sola línea de sonido a lo largo de un disco, es decir, conservar el mismo sonido de una tarola, por ejemplo, yo no soy así. Y Andrew ha trabajado en proyectos como El señor de los anillos, así como con discos de Pet Shop Boys; ha hecho de todo, por eso le encargué la mezcla de Amo. Total, que para este disco me rodeé de un equipo maravilloso”.

1400X1400_COVER_AMO¿Cómo se comporta Miguel Bosé en el estudio de grabación? Él mismo responde: “A ver, de entrada no hay estudio como tal, ¿sabes? Trabajo con Pro Tools en casa. Ahí tengo un espacio acondicionado acústicamente. En realidad, vivo procesos de preproducción muy largos y finalmente grabo durante mucho menos tiempo, rapidísimo. Hace mucho que no acudo a un estudio propiamente dicho. Y es que cada uno tiene su forma de trabajar en sus espacios naturales, por ejemplo, Andrew trabaja con Logic y yo con Pro Tools, una reconversión que no parece obvia, aunque tampoco imposible”. Miguel explica que cuando graba voces, les gusta repetir tomas, una y otra vez: “Las hago y las vuelvo a hacer y uso mucho Lexicon porque le va bien a mi voz pero, ¿sabes qué me ocurre? Siempre me quedo con la primera versión. Algo tiene la primera impresión que se queda como la mejor opción. Por otra parte, suelo cambiar de micrófonos constantemente; Shure, Sennheiser, Telefunken. Y esto ocurre porque me gusta usar diferentes colores para mi voz y en eso el tipo de bulbos que se usa es determinante. Mi voz está plagada de graves, así que es un infierno grabarme porque tengo una cavidad sonora que me hace ser barítono, entonces recorto mucho para ganar ataque y no cansarme. En general, trabajo bastante seco, de pronto a algún tema le agrego un poco de ambiente si éste lo amerita”.

Como sobreviviente de una época analógica, el español no observa con nostalgia los viejos días de cintas: “Cuando abro mis sesiones en formato digital me pregunto ¿dónde estuvo la tecnología de hoy día hace años? Y pienso cómo trabajábamos antes, ¡hombre, por Dios, qué demencia! Pensar en el mundo analógico me parece de ciencia ficción; el hecho de haber hecho cortes para unir bombos, o a la hora de la mezcla ir corriendo con cintas por diferentes ciudades. ¡Cómo es que hicimos cosas semejantes! En contraste, la mezcla de Amo la hicimos on line ocasionalmente, en tiempo real; las demás veces tuve que mantenerme en contacto vía correo electrónico para hacer correcciones. Sí, hubo situaciones, detalles, que tuvimos que discutir frente a frente Andrew y yo porque no había otra opción; pero el resto fue a distancia. Así fue como llegamos a diversos acuerdos”.

En este punto, hablando del proceso de masterización de Amo, Miguel Bosé se muestra especialmente interesado en ahondar: “Yo puedo hacer el esfuerzo de no producir un disco mío con tal de incorporar la visión de alguien exterior. Incluso puedo ausentarme de la mezcla hasta el punto donde deba tomar decisiones clave (la voz no puede estar tan comprimida de modo que extravíe su dinámica natural, porque entonces se vuelve fría, por ejemplo), pero lo que jamás dejaré en manos ajenas es la masterización. Generalmente, desde la mezcla yo ya estoy trabajando de modo tal que sé por dónde va a ir el mastering. Abro márgenes de trabajo en ese sentido para que cuando se escuchen mis canciones en la radio no se tenga que decir: ‘a este álbum hay que subirle de volumen. Ahí sí soy implacable”.

Y así como el intérprete se muestra poco nostálgico con los antiguos modos de producción, luce nada molesto respecto a la forma en la que actualmente se reproduce la música, y así concluye: “Me da igual que escuchen mi disco en un celular. Y lo digo porque las personalidades están diversificadas. Cuando alguien me dice: ‘oye, este es un sonido malo’, yo le cuestiono: ‘¿desde qué punto de vista?’. Es decir, para qué sirve, porque en mis producciones hay sonidos que están ahí por algo, porque no hay otro mejor que los remplace. Entonces tal sonido es malo, ¿cierto? Pero cumple su función. Hay producciones con una calidad bajísima de producción, pero funcionan y suenan genial en un teléfono celular. De hecho, hay discos con tales características que ya no te los puedes imaginar de otra manera”.