En toda esta extensa comunidad llamada medio musical, los artistas estamos realizando proyectos constantemente, ya sean propios, de terceros, o por encargo. En cualquier caso, buscamos que la música contenida en dichos proyectos pueda darse a conocer, conseguir el objetivo de compartir nuestro arte y trabajo, con un cierto público. Una pregunta se queda siempre por responder: ¿De qué depende que un proyecto tenga éxito y genere una demanda en el medio musical?

Una pregunta se queda siempre por responder: ¿De qué depende que un proyecto tenga éxito y genere una demanda en el medio musical?

¿Qué es lo más importante para ti?

En lo personal, nunca trabajo pensando en que un proyecto vaya a gustar o no al público. Para mí, lo primero y más importante es generar algo con valor artístico, honestidad, con gente talentosa, con quien pueda crear música a través de un proceso creativo enriquecedor. La añeja idea de generar un proyecto a partir de las tendencias de la moda que el público consume me interesa solo en los casos en los que el proyecto original tenga una propuesta de tendencia. Inventar un proyecto en un concepto determinado porque está de moda, sin que el artista o banda sean parte del mismo, es algo que jamás me ha interesado, algo que finalmente se percibe como falso y no genuino. Hoy existe mucho público exigente que busca y sigue artistas y bandas verdaderas, no proyectos efímeros u oportunistas. Prefiero hacer un disco con unos soneros de Oaxaca auténticos que aman su música, que la desarrollan a través del trabajo y la exploración, que hacer un disco de un cantante que adopta un estilo de alta demanda en el público, solo porque desea volverse popular, famoso y tremendo influencer en redes sociales. Si bien, no tiene nada de malo por supuesto, ser un influencer, no me resulta atractivo desarrollar un proyecto musical con alguien a quien le interesa todo, menos la música. ¿Por qué? Porque personalmente me interesa la música, antes que nada.

El medio musical actual está formado por compositores, músicos, cantantes, bandas, productores, ingenieros de audio, DJs, artistas firmados en compañías grandes, artistas con un proyecto independiente, managers, miles de técnicos dedicados a la producción de conciertos, compañías que venden instrumentos musicales, equipo de grabación, iluminación y sonorización en vivo; por toda la gente que trabaja en la parte administrativa de la música: editores, administradores de los derechos de autor y ejecución pública, venta discográfica, portales web de venta de música vía digital, promotores, gerentes de mercadotecnia, administradores de recursos, directores artísticos y muchos más.

Muchos artistas sonoros suponemos que nuestra música captará la atención de un cierto público, consideramos que nuestra música puede tener cierta demanda dentro del gusto de un grupo de gente y aunque estamos concentrados en el lado artístico, finalmente deseamos compartir la música que hacemos: nadie desea que su proyecto se quede atrapado sin haber sido publicado o tocado en vivo y que se desvanezca en el olvido sin haberse compartido con alguien más.

Dice Tad Lathrop que en algunos casos se necesita la misma creatividad que se utiliza para producir o componer una canción que para colocarla con éxito en el mercado.

Talento para crear y para promover

Dice el autor Tad Lathrop, amante de la música y hombre de negocios en el entorno musical norteamericano, que en algunos casos se necesita la misma creatividad que se utiliza para producir o componer una canción que para colocarla con éxito en el mercado y venderla. Lathrop es una de las pocas personas que asegura tener una fórmula para que un proyecto musical anónimo se convierta en un proyecto comunitario o fenómeno cultural y que sin importar el estilo musical, se requieren cuatro puntos cardinales:

1. Una o varias fire songs, una gran canción u obra musical: un tema, un EP o disco que mueva tus sentimientos a cualquier extremo del espectro mental y emocional, que vuele tu cabeza por varias razones, sentimentales, conceptuales o técnicas; que te conmueva, que se convierta en una obra que quieras tocar tú mismo, que te deje satisfecho o te haga bailar, que provoque que medites, reflexiones, que te haga pensar en cosas relevantes para ti, que cambie tu día, que no puedas olvidar que la escuchaste y que desees oírla de nuevo, varias o muchas veces.

2. Un fire artist (banda, solista y demás), que el artista tenga una propuesta, que tenga algo valioso fuera de lo común, que represente un ideal en muchos, que sea un líder vocal o instrumental, que conecte con el ideario del público que lo consume, que no puedas olvidar el nombre del solista o de la banda: que comiences a partir de conocer el proyecto, a buscar su música en internet que conectes con su visión y actitud ante el mundo.

3. Una fire production, una producción excelente: que suene muy bien, agresivo si es necesario o atmosférico, estético o bizarro, si es el caso; que otros músicos o productores deseen usar sonidos o conceptos incluidos en él. Aquí existe una polémicam, porque nos preguntamos por lo pronto hoy: ¿Qué tan importante es para la gente que un disco se escuche bien o qué tanta conciencia tiene de ello? Si pensamos que en 2017, el 87 por ciento de la gente en Estados Unidos escuchó su música reproducida por un teléfono celular con una compresión exagerada, en audífonos de baja calidad, podemos imaginar que el público en general no es muy consciente de lo que está escuchando en términos de calidad. Hace poco escuché a un audiófilo conocido decir lo que parece ser una sentencia: entre peor suena un disco, más le gusta a la mayoría de la gente. Es un tema polémico, porque considero que tal sentencia depende mucho del entorno musical, país o de la cultura auditiva de quienes consumen la música. A reserva de tales reflexiones, lo que sí debo mencionar como inadmisible y no recomendable en cualquier circunstancia, es escuchar música con las bocinas de un celular o bocina china comprada a la salida del metro. A menos que viva uno en prisión y sea ésta la única opción para aliviar las penas. 

Los involucrados en la industria musical artistas sabemos que nuestro trabajo vive y se desarrolla independientemente de quien se muestre interesado por él.

4. Una fire promotion, promover con fuego y como un loco: donde tenga que ser expuesto y publicado, en contacto con el público interesado, sin volverse un spam cualquiera por la frenética angustia de darlo a conocer, con presencia de manera constante y de acuerdo a una estrategia, planeando con datos reales no imaginarios, asumiendo que debes dirigirte a un grupo específico de gente interesada, sin pensar en la vieja escuela publicitaria de vender a través de la intrusión masiva; hoy nadie compra un shampoo porque lo anuncie alguien famoso, hoy la gente se interesa por lo que le produce emociones y por lo que le recomienda alguien de confianza.

Si la fórmula es tan lógica, simple y definida ¿porqué no todos los proyectos tienen éxito? Porque según Lathrop, confundimos alguno de los cuatro punto cardinales. Creemos tener un buen artista, una buena canción y una buena producción cuando no la tenemos, y creemos estar promoviendo adecuadamente cuando no es así.

La música que componemos es una parte de nosotros que es expresada de muchas formas, a través de un tema musical, a través de una canción con letra, de una obra para guitarra sola, a través de un cuarteto o de una ópera monumental. Los artistas sabemos que nuestro trabajo vive y se desarrolla independientemente de quien se muestre interesado por él. La realidad es que existe público que admira tu música, existe público que es indiferente a ella y existe público a quien de hecho, le desagrada lo que haces. Como dijo Steve Jobs: “Saber que vamos a morir sin poder evitarlo, nos debe hacer conscientes de que al vivir, no tenemos nada que perder”. Lo que piensa el público no debe regir lo que hacemos: debe en todo caso ser un acuse de recibo de lo que hacemos.

Por lo tanto, más que concentrarse en encontrar una fórmula para ser aceptado por el público, un artista debe, en mi opinión, olvidarse de eso y concentrarse en desarrollar su lenguaje, experimentar y trabajar horas extras con dedicación y pasión en todo momento, crecer y ser autocrítico. Es más probable que siguiendo este camino, sea el público quien encuentre finalmente al artista, lo aprecie, lo siga y se aficione por su arte, que un artista inseguro y desorientado, buscando públicos afines para poder sobrevivir.

Por Mario Santos*

*Es músico, pianista, compositor y productor musical mexicano con 35 años de experiencia en el medio musical contemporáneo. Ganador de un Latin Grammy como productor musical, ha sido director y arreglista en múltiples proyectos y con diversos artistas: Natalia Lafourcade, Café Tacvba, Filippa Giordano, Gustavo Dudamel, Eugenia León, Cecilia Toussaint y Fernando de la Mora, entre otros. Ha sido compositor para diversos proyectos de cine, teatro y danza y es fundador de CCM Centro de Creadores Musicales, pedagogo, conferencista e importante impulsor de la educación musical en México.