“Es el primer proyecto personal que hago tras muchos años en los que el oficio como músico me ha llevado a hacer arreglos, producir o componer para otros colegas; hacía tiempo que quería presentar mis propias inquietudes de expresión artística y ahora fue posible”, comparte Rosino Serrano, “El Capi”, quien forma parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte y pudo con apoyo de éste materializar su proyecto, la Orquesta Moderna, que interpretó bajo su dirección, sus composiciones y arreglos para orquesta y jazz: “Postulé el proyecto en el FONCA para composición de obra original y para arreglos a la música de Enrique Nery y Eugenio Toussaint. Al acabar, llegó el momento de presentarlo y fue así que se dio el concierto en el Centro Cultural Ollin Yoliztli”.

Convocar a los solistas invitados implicó un trabajo logístico que hiciera coincidir las fechas con sus agendas y apoyarse en la tarea de producción ejecutiva y técnica con alumnos de las carrera de Ingeniería en Producción Musical Digital del TEC de Monterrey.

Producción colaborativa

Con sala llena, el recital de la Orquesta Moderna presentó la visión de extender la sonoridad tradicional de una big band, como ensamble de gran formato en el jazz, añadiendo cuerdas e instrumentos no usuales como la armónica, el vibráfono, el salterio y el pandeiro, tal como describe Rosino: “Con la inclusión de instrumentos mexicanos en algunas piezas quise acercar varios géneros como el vernáculo con el jazz, el chorinho y la samba de Brasil; hice varios huapangos, una pieza solista para el pandeiro e incluí los salterios, que tuvieron una aparición breve pero, creo, muy luminosa. La Orquesta Moderna está en ese contexto casi sinfónico con cuerdas y algunas expresiones de madera. También busqué hacer doblajes en la sección de saxofones con las flautas, clarinetes, clarinete bajo y desde luego, el uso de las sordinas para el metal, todo esto con la idea de ampliar las posibilidades tímbricas de una big band”.

Dar vida a la Orquesta Moderna supuso convocar a un grupo de músicos colegas y amigos con quienes ya había un vínculo de colaboración y complicidad: “Con la Big Band Jazz de México (BBJM) he colaborado hace tiempo, escribiéndoles arreglos para diversos proyectos, de manera que los tuve como un ensamble ya constituido”, menciona Rosino; “luego se convocó a una sección de cuerdas y los salterios, con quienes trabajé en la grabación del disco de la Orquesta Típica de la Ciudad de México. En el caso de la armónica, tengo amistad de años con Gian Luca Litera, le compuse específicamente las obras que estrenó y como estaba en México en ese momento, aprovechamos su estancia para armar la presentación”.

Convocar a los solistas invitados como Iraida Noriega (voz), Aarón Cruz (contrabajo), Pancho Lelo de Larrea (guitarra), Juanjo López (guitarra) y Alex Mercado (piano), implicó un trabajo logístico que hiciera coincidir las fechas con sus agendas y apoyarse en la tarea de producción ejecutiva y técnica con alumnos de las carrera de Ingeniería en Producción Musical Digital del TEC de Monterrey, donde Rosino imparte cátedra: “Sólo tuvimos una semana intensiva de ensayos porque no fue nada fácil armar la logística para hacer coincidir las agendas de los solistas que tuve la fortuna que me acompañaran en esta aventura; me siento muy afortunado y bendecido de que hayan estado conmigo en un momento tan especial. Sólo la BBJM empezó a ensayar unas semanas antes para ir leyendo la música”.

Rosino Serrano continúa: “También me siento muy afortunado de ser profesor de cátedra en el TEC de Monterrey porque muy generosamente los directores de carrera de los campus Ciudad de México y Santa Fe, la maestra Diana Urquiza y Mijael Gutiérrez, respectivamente, ofrecieron convocar a un grupo de alumnos para grabar tanto audio como video del concierto, además de apoyar con equipo para la sonorización, todo esto como parte del programa de desarrollo de sus estudiantes, quienes así se enfrentan a experiencias profesionales reales; estoy profundamente agradecido con ellos”.

“Por la acústica que tenemos en la Ollin Yoliztli, realmente no fue necesario tener demasiadas referencias, sino únicamente dar un poco de base y listo; no añadí ni plug-ins ni compresores externos, ocupo lo que trae la superficie”. Arturo León.

La premisa acústica

Arturo León “Mc Arthur” ha sido ingeniero de sala y monitores de la Big Band Jazz de México por siete años, de manera que delegarle el monitoreo del concierto fue natural: “Los dos últimos años hemos usado la mesa Behringer X32 con buenos resultados, porque entramos en los 32 canales y para las salidas es la que se adapta mejor a lo que hacemos, además de ser un equipo compacto que podemos llevar a todos lados. Nos hemos acoplado muy bien con esta mesa porque nos permite incluso hacer sala y monitores; en shows como éste amerita tener un operador para cada área y así se decidió. Por la acústica que tenemos en la Ollin Yoliztli, realmente no fue necesario tener demasiadas referencias, sino únicamente dar un poco de base y listo; no añadí ni plug-ins ni compresores externos, ocupo lo que trae la superficie”.

La labor en sala estuvo a cargo de Roberto Collío, quien regularmente colabora con la BBJM y conoce el trabajo de Rosino: “Es un colaborador constante de la Big Band, ha sido arreglista de muchos temas pop que se han usado en las colaboraciones del conjunto y tenemos una amistad de años, así que fue natural convocar este grupo y sumarse al proyecto”.

El set up del concierto consistió en 32 canales y la microfonía cubrió una dotación de orquesta más batería y guitarra eléctrica, procurando una captura acústica ambiental con dos sets de Shure para percusiones y batería, otro en los metales y uno más en el piano (los modelos SM58, SM57 y SM7B), mientras que en cuerdas se hizo una combinación de AKG 414, 451 y C430, con un set orquestal de Rode, más Neumann KM184 y U87. La mezcla de audio en sala se realizó con la consola Avid S3L con Pro Tools 12.4 para la mezcla en sala y la grabación multi-track y se añadió un front-fill con altavoces HK de la Serie Pulsar Linear 5 con subwoofer.

“En esta mesa tengo filtros y flat con los que di algunos retoques ligados a la acústica de la sala por la retroalimentación que tuvimos de tener 32 micrófonos abiertos todo el tiempo; muy poco procesamiento, un poco de reverb para las cuerdas y algo en los metales, tratando de recrear este concepto de refuerzo sonoro de lo que estamos oyendo en la sala con ayuda de la microfonía para que todo se escuchara de manera más clara y precisa. Sólo hubo una intervención vocal con Iraida Noriega y para ella mandamos un poco de reverb y delay, pero nada más. Los ensayos y montaje fueron largos, al igual que el soundcheck, porque se trata de piezas largas y complejas. La música de Rosino es bastante interesante. Estoy contento porque fue un reto para todos los que nos involucramos y es un orgullo ser parte de proyectos así”, concluye Roberto.

“Tuve filtros y flat con los que di algunos retoques ligados a la acústica de la sala por la retroalimentación que tuvimos al tener 32 micrófonos abiertos todo el tiempo; tratamos de recrear el concepto de refuerzo sonoro de lo que estamos oyendo en la sala con ayuda de la microfonía para que todo se escuchara de manera más clara y precisa”. Roberto Collío.

Profesional, así en el aula como el campo laboral

Parte clave del éxito en la producción ejecutiva y técnica de este recital de celebración para Rosino Serrano fue sumar al staff a una cuadrilla de los alumnos de la carrera de Ingeniería en Producción Musical Digital de los Campus Ciudad de México y Santa Fe del TEC de Monterrey, representando el reto de vivir una experiencia real de trabajo en su campo. A su cargo estuvo realizar un primer registro audiovisual de grabación en vivo del proyecto, parte del montaje y la producción,  que incluyó el préstamo de equipo para la captura del audio, como detalla Juan Santos Castañeda, quien coordinó la grabación de audio junto a Roberto Collío:

“Me tocó coordinar la parte del montaje de la microfonía y la captura multi-track del concierto que se complementará con el registro en video que también se realizó, con la idea de presentarlos como una producción del TEC”. Por su parte, Pamela Cuevas, estudiante de la materia de Apreciación Musical con Rosino, reitera la valía de enfrentarse al campo laboral mediante estos proyectos: “He participado junto con Juan en otras grabaciones de audio en vivo y estar en este tipo de producciones enriquece nuestro desempeño, no sólo en el área que nos corresponde, sino también para conocer el panorama completo de lo que implica hacer que un show así se lleve a cabo de manera impecable”. Junto a ellos, Iván Rodríguez, Carlos Rodrigo Yamada, Rodrigo Medel, Salvador García, Javier Padilla y Eduardo Williams complementaron el staff.

“El equipo de producción del TEC está conformado por alumnos de todos los niveles de la carrera y esta práctica ha sido fructífera para todos porque hemos podido apoyar en diferentes niveles con cosas básicas o complejas de ingeniería para que el concierto se realizara adecuadamente, al igual que la grabación. Estamos agradecidos con el apoyo de nuestros directores de carrera, Mijael Gutiérrez López del Campus Santa Fe y Diana Orquiza en Ciudad de México, porque su labor nos permite este tipo de práctica; maestros como Rosino se vuelven fundamentales, porque además de su experiencia en el aula, nos brinda oportunidades como ésta para nuestro desarrollo, de tal forma que ya algunos compañeros trabajan de manera profesional con él”, finaliza Juan.

Al final, se trató de una noche memorable, donde la visión e ingenio de este prolífico compositor, arreglista y músico tuvo como protagonista su propia firma. No hay mejor forma de celebrar más de treinta años de trayectoria que dirigiendo tu propia obra, tener la complicidad de los colegas que creen y gustan de tu quehacer y la alianza de los que vienen detrás. ¡Enhorabuena, “Capi”!