Era el primero de abril de 1995 y el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México estaba al lleno total, abríamos el concierto de Pedro Fernández. Yo era en ese momento guitarrista de la actriz Paty Manterola y horas antes, durante el soundcheck, se me inflamó el dedo índice de la mano izquierda (ya en la noche anterior, en el transcurso de nuestra presentación, se me inflamó también el hombro derecho). Recuerdo que al otro día me desperté con inflamación y dolor muy fuertes en la espalda, sentía tanto dolor que no podía creer, que estando consciente, estuviera experimentando tal umbral; era algo nuevo y desconocido para mí. Mi madre me llevó al hospital del gobierno y la espera fue tortuosa para ambos; en mi desesperación, me enojaba con ella y la culpaba sin sentido. Cuando por fin me atendió el médico residente y me revisó, comentó con frialdad y sin verme a los ojos aquello que me marcaría por años: “Usted tiene artritis reumatoide crónica degenerativa deformante y es mejor que se prepare, porque en un año ya estará en silla de ruedas con el cuerpo deformado”, y así lo creí, comencé a comportarme de acuerdo a ese diagnóstico, a limitar y terminar todo plan que tenía en la vida. Había empezado entonces a preparar con anticipación lo que sería mi trágico destino.

La fuerza de la voluntad

Dentro de las enfermedades reumáticas (ER), la tendinitis es común; sin embargo, se puede padecer sólo tendinitis sin tener ER. Los especialistas a consultar son los reumatólogos, ortopedistas traumatólogos y terapeutas físicos (TF) o fisioterapeutas. La tendinitis es la inflamación aguda o temporal de un tendón, el cual es la estructura fibrosa que une el músculo con el hueso. Se produce por el uso excesivo de los tendones, debido a movimientos repetitivos y continuos por fatiga en la sobrecarga de actividad que provoca dolor y aumento de sensibilidad alrededor de las articulaciones, así como inflamación y limitación. Los músicos y también los ingenieros de audio somos susceptibles a desarrollar tendinitis durante los años de uso articular repetitivo y rutinario.

Con frecuencia, la tendinitis se puede convertir en una patología crónica y es habitual la confusión entre tendinitis y tendinosis. La primera es un proceso inflamatorio agudo que no produce cambios estructurales en el tendón, mientras que la tendinosis es crónica, tiende a una degeneración y daño gradual. En ocasiones, puede suceder un atrapamiento de los tendones flexores para los que se requiere cirugía y así poder liberarlos, como por ejemplo, el dedo en gatillo en la palma de las manos. Las tendinitis se pueden producir en cualquier tendón del cuerpo y entre las áreas más comunes se encuentran los hombros, talones, codos y las muñecas.

Estos padecimientos generalmente se producen en adultos jóvenes, como consecuencia de un esfuerzo repetitivo (a menudo realizado en una mala postura) o por una sobrecarga en alguna zona del cuerpo. El síndrome de túnel carpiano, por ejemplo, es una afección de un anillo fibroso a nivel de la muñeca y de la mano, ya que por él pasan varios tendones flexores y nervios, pero la sintomatología es predominantemente nerviosa, ya que los nervios son estructuras mucho más sensibles ante la compresión que genera dolor, inflamación y pérdida de fuerza en la zona.

Para una buena higiene músculo-esquelética es importante combinar la actividad con los descansos y la buena nutrición. Los músicos y los ingenieros podemos trabajar, tocar y ensayar más de diez horas al día cuando tenemos oportunidad y también desvelarnos seriamente. Sugiero reposar las manos y los dedos, evitar los movimientos repetitivos que puedan afectar a las muñecas y aplicar compresas de frío o calor en la zona afectada (los sacos térmicos terapéuticos son una excelente opción para aliviar la molestia así como la inflamación que ocasiona la tendinitis). Tronarse los dedos es una acción brusca para las articulaciones, ya que éstas liberan oxígeno y por eso chasquen. La fisioterapia ayudará a fortalecer la zona, recuperarla y prevenir futuras lesiones.

Es importante también realizar estiramientos corporales completos con respiraciones profundas y calentar bien antes de iniciar la actividad, así como recuperar la temperatura ambiente de las manos y el cuerpo gradualmente. Mojarse las manos con agua caliente o fría sólo puede provocar, en algunas personas, dolor muscular por el cambio brusco de temperatura, pero jamás es origen de la artritis; las ER tienen origen por afectaciones muy complejas del sistema inmunológico.

El reumatólogo y el ortopedista traumatólogo pueden diagnosticar y brindar tratamiento médico adecuado para proteger y cuidar nuestras articulaciones, así como tener apoyo del rehabilitador, que usa máquinas láser, ultrasonido, tens, ems, férulas y ejercicios específicos. Cerca del quiropráctico, debemos hacer un breve y respetuoso análisis, sin prejuicio alguno, para tomar en cuenta, que debido a su preparación con base en diplomados y no propiamente a una licenciatura académica, sugerimos medir sus alcances en la medida que le funcione al paciente, ya que muchas personas confían plenamente en ellos y en sus resultados. Los sobadores de huesos se consideran un riesgo, porque dentro de una lesión hay que valorar el grado de la misma con radiografías y estudios. Las lesiones, secuelas, historia personal y funcional de tu sistema músculo-esquelético no necesariamente se ve y por lo tanto, todo daño potencial que tengamos en el cuerpo está por dentro.

Resignificar la realidad

Ahí donde habita el silencio fue donde me quedé vacío frente a aquel médico residente, su brutal diagnóstico fue amedrentador a través de esas palabras técnicas que no entendíamos. Ahí donde cantan los sonidos, mi madre necesitaba escuchar la música de la esperanza, aquella que le gustaba oír cada vez que yo tocaba en mi recámara y en los conciertos y que ahora, ante ese diagnóstico, la guitarra se apagaría y no sonaría ya jamás ante el escenario del mundo, el cual se iba cerrando por la tramoya y la cortina del final y la muerte ante el show de la vida. Al pasar de unos meses, perdí mi trabajo con Paty Manterola.

Han pasado 23 años y mi cuerpo nunca alcanzó la mencionada deformidad, ni tampoco estuve en silla de ruedas el resto de mi vida; empecé a estudiar e investigar mi enfermedad, comencé a pensar de manera científica y a buscar la objetividad y los avances médicos, confronté a mis especialistas y discutí muchas veces fuertemente con ellos, leí libros de reumatología y ortopedia a los cuales no les entendía, llegué incluso a discutir en la sala de preparación antes de las cirugías, leí la ley general de salud y conocí mis derechos y obligaciones, también aprendí a conocer buenos médicos, científicos y humanos, con principios y verdadero compromiso ético.

Lo anterior me ayudó a poner en orden mis ideas, aclaré falsas creencias y conocí realidades de nuestra cultura sobre la abundante sugerencia de recursos caseros, alternativos y espirituales para entender qué cosa me funciona y qué no. Entendí que la ciencia es una forma de pensar, que no se trata de batas blancas y laboratorios solamente; comprendí también que en la fe hay ciencia, pues debe haber fruto en todo aquello que nos proponemos lograr. Tengo catorce cirugías por tendinitis y artritis reumatoide en las manos, un tendón reconstruido del dedo medio de la mano izquierda; mi mano derecha está dañada y sub-luxada, pues los cartílagos ya no sirven y los dedos se desviaron considerablemente. Pese a los daños de cartílagos en mis hombros, los tendones están bien y puedo tocar mi guitarra de nuevo. Hay días que amanezco inflamado y adolorido después de tocar, aunque no siempre.

Resulta para mis doctores y mi familia un poco complejo e irónico entender, en ocasiones, por qué hago ciertas actividades y cómo manejo mi voluntad. A estas alturas de mi experiencia en las que he probado muchos recursos para mi salud, no es fácil explicar qué hago y para qué. Se supone que la mente, la razón y el diagnóstico me piden cierta actitud y manejo con mi cuerpo para el cuidado, y por otro lado, todo aquello que es posible para mi cuerpo, mi mente no lo entiende, ya que mi cuerpo es capaz de hacer cosas increíbles que no dejan de sorprenderme y llevarme más allá de mis límites.

Dejar de tocar por unos días la guitarra, cuando tengo dolor e inflamación, es adecuado y sensato, pero aun así no dejo de hacerlo. Entonces, ¿para qué lastimarme? me cuestionan los que se preocupan. Algo sucede dentro de mí, donde siento que el placer viaja a través de mis tejidos y tendones, algo pasa que oigo y siento la música que me lleva a aquel silencio donde me quedé vacío pero que ahora, ese silencio es de una infinita tranquilidad y está lleno de asombro. Ahí donde cantan los sonidos, donde el ego se resiste a morir ante la bella vulnerabilidad de lo inevitable, el placer y el dolor pierden su sentido y la música sigue sonando.

*Guitarrista, compositor y productor. Ex-guitarrista del grupo Kerigma (1989 – 1993), grabó el disco “Esquizofrenia”. Como solista, sacó su primer disco instrumental “Horizontes” en sound:check Xpo 2018. Psicólogo educativo, psicoterapeuta corporal y de pareja, conferencista, consultor en sexualidad, cuenta con el Postgrado CORE Institute of New York. Es empresario, filántropo, fundador y director de la fundación Más allá de la Adversidad AC, para apoyo de personas con enfermedades reumáticas.

Por Mérlindon Crosthwaytt*