Hablar de perfección es considerar estar libre de defectos, alcanzar el máximo nivel posible en todos los sentidos, pero, ¿cómo puede ser esto posible cuando nos referimos al arte? Esto en sí mismo encierra mucha subjetividad; la belleza del arte es interpretada con base en la sensibilidad y la experiencia del espectador y es totalmente cierto que existen estándares que nos determinan un nivel o punto de partida mínimo para ser considerado como profesional, sublime o de buen gusto, pero la codificación final la dará el espectador, con los elementos que tenga para interpretarlo. Es común que exista una persona que le pueda parecer extremadamente atractiva a alguien, mientras otros estén en total desacuerdo, o personas que difieran de la belleza del océano frente a sus ojos; es decir, cada observador necesita de particulares estímulos que logren “encender” el cerebro y su apreciación estética.

En ocasiones, una toma con la intención, emotividad o ejecución idónea para el tema, siempre será mejor conservarla, ya que en ocasiones le aporta mucho más a la canción.

Excelencia y perfeccionismo no son lo mismo

Afortunadamente, en muchos de los casos, existe una visión en la que la percepción de la belleza es más o menos la misma; a una gran parte de los espectadores les genera placer de una u otra manera experimentar alguna obra artística y eso se convierte en el referente de “perfección”. En el caso de la producción musical, que es todo un proceso de “construcción” de un  producto, suceden cosas similares, gustos, influencias y tendencias distintas al momento de trabajar de lleno en esta área y que en ocasiones se contraponen, por ello es de vital importancia desarrollar la habilidad de construir un lenguaje común que garantice un buen desenlace.

A través de los años se han confundido algunos conceptos que en ocasiones dañan los procesos. Excelencia y perfeccionismo no son lo mismo, buscar la excelencia en nuestras producciones es una virtud, hace que nuestro trabajo sobresalga de lo ordinario y de alguna manera nos dignifica, mientras que perfeccionismo normalmente limita la obtención de los buenos resultados, se sufre, se juzga y por tanto limita el potencial original de una obra.

Bien, vayamos ahora directamente a lo concreto; podemos encontrar varios ejemplos de esto y aquí mencionaré solo un par. Escuchemos el famoso tema “(I Can´t get no) Satisfaction” de The Rolling Stones: en el segundo 0:35 se puede escuchar claramente en la grabación, el switch del pedal cuando nuevamente ponen la distorsión a la guitarra. Esto lo convierte en imperfecto bajo una critica perfeccionista, pero ¿deberían retirarlo? ¿El tema consiguió transmitir lo que buscaba a través de esa producción?. Otro ejemplo lo encontramos en la histórica interpretación en vivo de “Double Trouble” de Joe Bonamassa: en el minuto 6:36, el baterista falla en el tarolazo, pegándole al aro en ese golpe. De la misma manera, Podemos encontrar miles de ejemplos en infinidad de temas que al igual que los anteriores son obras maestras, pero que contienen “detalles” humanos de menor peso que la obra en sí misma.

Con todo esto no estoy sugiriendo que pases por alto los detalles o errores que estén en tus manos corregir, lo que intento decir es que, en ocasiones, una toma con la intención, emotividad o ejecución idónea para el tema, siempre será mejor conservarla, ya que en ocasiones le aporta mucho más a la canción que otras tomas sin “detalles”, pero sin esa magia que nos brindaba alguna de las anteriores.

En el caso de la producción musical, que es todo un proceso de “construcción” de un producto, suceden cosas similares, gustos, influencias y tendencias distintas al momento de trabajar de lleno en esta área que en ocasiones se contraponen.

Pensar en el público

Por el contrario, también abundan los temas técnicamente “perfectos”, aquellos en que es prácticamente imposible encontrarles algún error de principio a fin, pero que carecen de carga emocional, les cuesta trabajo transmitir una emoción y por lo tanto, comúnmente pasan desapercibidos. Lo ideal siempre será el equilibrio entre una producción libre de errores, que sea creativa, que potencie la interpretación y una ejecución que logre transmitir lo que pretende la canción, vistos como una unidad, todo de una manera genuina, sin forzarlo ni fingirlo. Para ello, el dominio de la técnica, la experiencia, sensibilidad estética  y un equipo de trabajo en sintonía será lo que permita que una producción fluya de principio a fin, guiada por la música en sí misma.

Quiero dejar claro que no se trata de buscar errores a las producciones, sino de disfrutarlas y dejarlas que hagan su trabajo por sí mismas, transmitir y no juzgarlas. Una mente concentrada en construir siempre será más útil que aquella concentrada en evitar errores. Además, los juicios muy a menudo están basados en nuestros propios gustos y es ahí donde pierden objetividad, sobre todo si estás haciendo música para el público y no solo para ti. Es necesario pensar en la audiencia, en trabajar para estilizar cada obra, enfocándonos en que genere algo al espectador. Un ejemplo de esto es que como productor, en ocasiones recibimos 30 canciones para hacer una selección de 10 o 12 para un disco y una vez que presentas tu selección, lo primero que preguntan es: ¿Esas son las canciones que más te gustaron? Con mente de productor, claro que no es así, seleccionaste aquellas que consideras que mejor conceptualizan el disco, aquellas que se complementan, que abarcan el público buscado y que le dan un equilibrio al material, sin ser precisamente los temas que a ti más te gusten, siempre pensando en que pueda ser un producto que le guste a la mayor cantidad de personas posible.

Dicho esto, podría concluir que la producción perfecta no existe; por ello, enfoquémonos en llegar a la excelencia en nuestro desempeño, llevar nuestras producciones al máximo nivel como nos sea posible, ser un medio al servicio de la música y sobre todo,  dejarla fluir, disfrutar del proceso de creación y dejar tu huella en cada una de las notas que serán compartidas. Que tu objetivo sea lograr tocar el alma del público y no la adulación de tus colegas.

Espero de corazón que este artículo haya sido de utilidad, sobre todo a quienes se están iniciando en el mundo de la producción musical. ¡Nos leemos en la próxima!

Por Ferrer León*

*Es productor musical, ingeniero en audio y músico y cuenta con 25 años de trayectoria en diversas áreas de la producción, participando en diferentes proyectos dentro y fuera de México, que abarcan música regional, pop, jazz, rock y orquestas sinfónicas, así como música para empresas y soundtracks. También está a cargo de la producción de audio en la Dirección de Innovación de la Secretaría de Educación Pública. Es miembro votante de los Latin Grammy y cuenta con su propio estudio de grabación, AntenaStudio, en Guadalajara, Jalisco. Pueden encontrarlo en: ferrer@antenastudio.com y www.antenastudio.com